Pasó otra edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín y dejó una estela de aire renovado. Nuevas voces, nuevos ritmos, público muy joven y la premisa siempre de seguir enraizando la identidad cultural de nuestro país. En esta reseña, un resumen de lo que se vivió en las nueve lunas.


La 66ª edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín tuvo una alta convocatoria durante las nueve lunas. Con entradas agotadas casi todas las noches, el festival ofreció momentos de alto nivel artístico. Hubo debuts, logrados encuentros en el escenario y artistas consagrados por el público.

Artistas convocantes del universo folklórico, regresos, presencia de delegaciones nacionales e internacionales, homenajes y festejos formaron parte de la atractiva oferta de esta edición. Un condimento adicional y determinante para el éxito de taquilla del festival fue la presencia de artistas del pop, melódicos, del trap y del rap. Este año no se apeló al cuarteto y a la cumbia como en ediciones anteriores.

Cumpliendo con la tradición, la apertura fue con el consagrado el año anterior: Christian Herrera. El cantor salteño, junto al formoseño Lázaro Caballero y al Indio Rojas protagonizó momentos de profunda conexión con el público con sus propuestas representativas de la cultura del monte.  Este año debutó el cordobés Paquito Ocaño, quien venía de consagrarse en Jesús María, con una propuesta cercana a este mismo estilo.

Teresa Parodi emocionó con su música y su discurso. Fotos: Prensa Cosquín

Entre los regresos más relevantes figuraron los de Luciano Pereyra, Jairo, Horacio Banegas, Mariana Carrizo, Orellana Lucca, Cuti y Roberto Carabajal, Pablo Lozano y Teresa Parodi. Algunas ausencias también fueron notorias. Entre ellas la de Sergio Galleguillo, en conflicto con la Comisión, Néstor Garnica por segundo año consecutivo, Chango Spasiuk, Antonio Tarragó Ros, Los Carabajal, Orlando Vera Cruz y Franco Luciani.

Este año fue sorprendente el escaso número de delegaciones provinciales. En esa reducida nómina estuvieron Santa Fe con un homenaje al brigadier Estanislao López, Santiago del Estero con una producción de la ciudad de Añatuya y Córdoba con su homenaje a Yupanqui poniendo el foco en su esposa Nenette. Merced a un convenio celebrado con países latinoamericanos, este año llegaron a Cosquín delegaciones de Brasil (una scola do samba de Río de Janeiro), Uruguay, Bolivia y Paraguay.  De Japón llegó la artista seleccionada en el festival Cosquín en Japón, que se realiza todos los años en la ciudad de Kawamata.

En cuanto a los debuts, el más relevante se dio en la última noche. El trapero Milo J trajo a Cosquín su propuesta con la que se acercó al folklore. Con el repertorio de su disco La vida era más corta, el joven artista de Morón interpeló a la plaza y logró seducirla. Jóvenes muy jóvenes, niños y niñas con sus padres se rindieron ante la contundencia de su desempeño en el escenario.

También debutó este año la rapera jujeña Cazzu, compartiendo parte del show con Los Nombradores del Alba. Dos miembros de la familia de Jorge Rojas pisaron por primera vez el “Atahualpa Yupanqui”.  Aunque tienen mucho por crecer, su hijo Lautaro y su sobrino Matías dejaron una buena primera impresión.

Los homenajes previstos contaron todos con una alta dosis de emotividad. Flor Castro y Rocío Villegas rescataron la figura de Ramón Navarro. Garupá, que también debutó en el festival, tributó a la obra de Ramón Ayala. La nueva formación de Las Voces de Orán homenajeó a Federico Córdoba, uno de los fundadores del conjunto, fallecido recientemente. En las aperturas a cargo del ballet oficial, se reconoció la labor de investigación y recopilación de Andrés Chazarreta, a ciento cincuenta años de su natalicio. Y, quizás en el homenaje que mayor adhesión y emoción produjo en la plaza, se recordó a Mario «Musha» Carabajal en un bloque en el que participaron Cuti y Roberto, Peteco, Orellana Lucca, Coplanacu y El Canto que Emerge.

Cazzu fue una de las artistas que renovó la grilla del Festival. Fotos: Natalia Roca / Prensa Cosquín

Los festejos fueron varios. El que mayor impacto produjo fue el de los treinta años del debut de Soledad en el festival, no solamente por la calidad de la puesta, sino por la épica que le aportó la lluvia. Orellana Lucca celebró diez años de su premio Consagración, Jorge Rojas cumplía veinte años de su debut y consagración como solista en el festival y del Dúo Coplanacu se cumplían cuarenta años de su primera vez en Cosquín y treinta de la apertura de su mítica peña.

Los encuentros en el escenario fueron muy celebrados por el público de Cosquín, algunos, como el producido por Fabricio Rodríguez con Pachi Herrera y Román Ramonda, fueron preparados especialmente para el festival, y otros se dieron espontáneamente. Entre otros cruces, Los 4 de Córdoba y Por Siempre Tucu se unieron para el show «Juntos, la leyenda continúa». Jorge Rojas invitó a Mariana Carrizo para un duelo de coplas y a Los de Imaguaré y luego con Jairo cantaron y se demostraron la admiración mutua. Nahuel Pennisi fue convidado por Raly Barrionuevo y luego por Orellana Lucca, quienes también invitaron a Lázaro Caballero. Peteco Carabajal estuvo con la delegación de Japón y La Sole invitó a su festejo a Pedro Capó, Teresa Parodi, Nahuel Pennisi, Cazzu, La Delio Valdez y a su hermana Natalia Pastorutti. En su debut, Milo J cantó con la murga uruguaya Agarrate Catalina, Soledad, Radamel, Campedrinos y Cuti y Roberto Carabajal.

Los discursos y posicionamientos políticos no son ninguna novedad en Cosquín. El festival siempre resultó una caja de resonancia que hoy se potencia con el fenómeno de las redes sociales. Luciana Jury generó mucha controversia con su discurso entre las diferentes posturas del público, Teresa Parodi opinó en el escenario y en el diálogo con la prensa, Peteco Carabajal optó por dar su mensaje con la inscripción en su remera «si ellos son la patria, yo soy extranjero» y, entre otras opiniones, Lionel Pacheco de Los 4 de Córdoba pidió que los artistas se dediquen solamente a cantar sus canciones. Algunos esperaban el contacto con la prensa de Jorge Rojas y Raly Barrionuevo, pero ambos artistas tomaron la misma decisión que en Jesús María de no atender al periodismo. Abel Pintos fue claro y contundente: “estamos en democracia, debe ser libre la expresión”.

Entre los artistas que se destacaron claramente, estuvieron Maggie Cullen con un exquisito repertorio en el que ya asoman sus propias canciones, José Luis Aguirre simple y profundo, Yamila Cafrune que hizo todo como para llevarse el premio Consagración, el grupo salteño Ahyre que sigue apostando a la calidad y Leandro Lovato que trajo canciones nuevas y logró fuerte conexión con la gente.

Los Manseros Santiagueños, Los Nocheros y Luciano Pereyra no aportaron novedades, pero no necesitan hacer mucho más para seguir instalados en el corazón de la gente. Mostraron su crecimiento y se ganaron la permanencia Juan Fuentes, Nati Pastorutti y Duratierra.

La gran trayectoria de Cuti Carabajal fue reconocida con el Camin. Fotos: Prensa Cosquín

Entre las propuestas innovadoras, encontraron eco en el público Gauchos of the Pampa, Emanuel Ayala, Cristian Capurelli y Ariel Ardit que vino con canciones de Sandro y de Horacio Guarany.

Algunas regiones tuvieron escasa presencia. El dúo Palma-Sandoval fue la única propuesta cuyana este año, Lucía Ceresani representó el canto surero y Yoel Hernández trajo presencia patagónica. Abel Pintos y el Chaqueño Palavecino protagonizaron shows extensos y garantizaron la taquilla de sus respectivas noches.

Del lote de artistas emergentes, se destacaron el armoniquista santafesino Lucio Taragno, revelación del festival en 2024 y los notables exponentes de la danza, un sector que con mucho esfuerzo se prepara y compite para llegar a pisar el escenario mayor del folklore.

No hubo discusión en el otorgamiento del Premio Revelación a la jujeña Wara Calpanchay por su impecable propuesta. El Premio Consagración a Campedrinos generó opiniones diversas. El reconocimiento a la trayectoria de Cuti Carabajal en la entrega del Premio Camin, tampoco generó debate.

Esta edición de Cosquín quedará en la historia por el desarrollo creciente que muestran los músicos, cantores y bailarines consagrados del mundo del folklore, además de la aparición de nuevos valores que van surgiendo en las provincias argentinas. “Que los chicos escuchen folklore”, dijo Milo J en el final de su show, una expresión de deseo que si se cumple garantizará que la historia de “esto que llamamos folklore”, como decía Marcelo Simón, siga siendo la que más nos represente a los argentinos.

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One thought on “Tradición en movimiento que sostiene la identidad nacional

  1. Gloria dice:

    Buenísimo, Pedro. Muy buena nota!

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