Los Tipitos
Tipitos de ayer, Tipitos de ahora, por siempre Tipitos
Los Tipitos ya son una marca registrada con canciones que llevan la huella del rock argentino. Raúl Ruffino, uno de los líderes del grupo, habla de Boludo, el nuevo disco del grupo y cuenta por qué Armando Camaleón fue su álbum bisagra.
A veces es complejo encontrar qué historia propia, que sea íntima y sensible, está detrás de la historia de una banda que a uno le gusta mucho. Y este es el caso de Los Tipitos. Pero esa complejidad no es porque no hay nada puntual, relevante o noticioso, no, nada de eso, es todo lo contrario. Es que son tantas las cosas que me unen a Tipitos que parece mezquino nombrar solo una.
En un random desparejo que hago por mi memoria, me viene aquella nota en la que hice para el diario La Capital, de Rosario, y que entrevisté cara a cara a los tres Tipitos originales, que son los que continúan en este 2026: Walter Piancioli, Raúl Ruffino y Federico Bugallo. Estaban con toda la buena onda, pero se respiraba un tufillo a ausencia, hacía poco tiempo que se había ido Pablo Tévez, después de 25 años de estar detrás de la bata en la banda. Recuerdo que era por julio del 2022 y tengo el recuerdo de una charla distendida, en donde sentí que no hablaban como estrellas, sino como laburantes de la música (un perfil que siguen manteniendo), que nos reímos de pavadas, nos tomamos un café e hicimos la foto de rigor para las redes.

Y si me voy más atrás, busco en Google y me aparece esta nota, del 30 de mayo de 2019. Fue una columna de opinión que titulé “La remera stone se hizo poncho”, porque la banda venía de sacar un disco homenaje al rock argentino («es mi escuela, mi yugo, mi condena», escribía Piancioli en el cuadernillo interno del CD Rock Nacional) y lejos de cualquier prejuicio lanzaban a continuación un álbum dedicado al folclore, al que llamaron De mi flor. Entonces ahí Los Tipitos me interpelaban, porque primero cantaban “Mujer amante”, de Rata Blanca, y “Cuando pase el temblor”, de Soda Stereo; y un disco después se mandaban con “La sanatera”, con Peteco Carabajal, o “Los hermanos”, con el Chaqueño Palavecino, que es un músico que nunca me gustó pero si cantan con ellos ya lo miro de otra manera. Y lo particular es que no era rara la mixtura, porque todo sonaba con la impronta Tipitos, con ese juego de voces tan único, con esas armonías amables pero nunca simples. Tipitos, fueron, son y serán Tipitos, y ahí reside su máximo logro.
“Che, Pedrito, llegaron Los Tipitos, buscá un fotógrafo y haceles la nota”. Así, palabras más, palabras menos, me dijo mi jefe de Espectáculos otra vez que llegaron al diario en tour de prensa y nos sentamos en una mesa incómoda rodeada de diarios viejos. Hasta recuerdo que como estaba ocupada la sala que siempre se usaba para las entrevistas la terminamos haciendo en el archivo de la Redacción. Recuerdo que los cuatro estaban como en su casa y eso me encantó, creo que sería 2010 y la prensa local era la querida Maia Rizza.
Pero claro, el principal golpe al corazón siempre viene del lado de esas melodías que cuando llegan no se van. Quizá por eso, cuando entrevisto a Raúl Ruffino para esta nota en decoplas.ar por Boludo, el flamante lanzamiento de la banda, me asegura: “Vamos a celebrar con todo orgullo las hermosas canciones de Boludo porque llegaron para quedarse”. Y sí, las canciones de Tipitos, al igual que muchas de Charly, de Fito, de Soda, de Calamaro, están ancladas en ese playlist emocional del rock nacional que nunca queremos dejar de escuchar.
Ruffino tiene bien en claro cuándo ocurrió el hecho bisagra que les dio identidad en el rock argentino, y lo cuenta así: “El sonido Tipitos se logró en Armando Camaleón, con la mano de Pablo Guyot, después, a lo largo de todos nuestros discos, nos mantenemos como podemos. A veces los tiempos son adversos y están de moda otras cosas, pero lo cierto es que la canción siempre perdurará y creo que nosotros tenemos oficio en eso, modestia aparte”.
Y claro que tienen oficio en eso, basta ver qué pasaba en la carrera de la banda con Armando Camaleón, lanzado en 2004, y que hace un par de años tuvo su reedición en vinilo para celebrar dos décadas de su edición. El disco tiene 12 temas, de los cuales 8 siguen siendo clásicos y suelen integrar el setlist de sus shows: “Campanas en la noche”, “Brujería”, “En el cielo”, “Sábados blancos”, “Algo”, “Silencio”, “Por qué” y “Sólo figuras” (con León Gieco como invitado).
A partir de allí no pararon más, fue como el efecto de El amor después del amor en la carrera de Páez. Tipitos demostraba que eran herederos de lo mejor del rock argentino y venían a decirte en este amanecer del cambio de siglo que se le podía cantar al amor desde el humor (“Brujería”), desde el dolor (“Campanas en la noche”) o desde el silencio que no es silencio (“Silencio”). Pero además evocaban la esperanza, una marca indeleble en su historia, y hasta le daban un cachetazo al derrotado invocando una autorreferencia con el objetivo de generar el efecto espejo: «Algo me tiene que despabilar, la suerte va a cambiar, hace cuánto no ganás una» (“Algo”).
Ahora bien, todo viene a cuento por Boludo, el disco que te habla en código argentino desde la tapa hecha con un fileteado porteño que parece decirte «somos de acá». «Nunca tendremos raíz, nunca tendremos hogar, y sin embargo ya ves, somos de acá» cantaba Charly en modo Serú, allá por “La grasa de las capitales”. Y Tipitos parece hacerle un guiño a esa frase, como rezaba el tema “Los sobrevivientes”, aunque el término boludo esté lejos de sonar como peyorativo.
– Boludo es una palabra argenta por naturaleza, pero al escuchar el álbum no está asociada a la letra de alguna canción en particular. ¿Cuál fue la idea de titular así este disco y por qué motivo lo focalizaron en esa palabra?
– La idea no fue que la palabra describiera el disco, ni las canciones. Fue simplemente titular una obra que nos representa a nosotros como argentinos y la música, es una circunstancia de lo que somos: músicos.

Los Tipitos
Si vamos a la historia, el origen de la palabra boludo se remonta al siglo XIX, cuando los gauchos batallaban como podían contra los representantes de la corona española por la independencia de la Argentina. En la primera línea, como cita la escritora María Laura Dedé en su libro Delenguados, estaban los más valientes, llamados pelotudos porque portaban pelotas de piedra amarradas con tiento; en la segunda línea iban los lanceros, con cañas a las que ataban con un facón para convertirlas en lanzas; y en la última línea estaban los boludos, portadores de boleadoras, que cuando impactaban en la cabeza de los realistas quedaban boleados, otra expresión que aún se sigue usando.
Pero más allá de las citas históricas el disco apunta a esa argentinidad al palo, que alguna vez Bersuit también tomó como bandera (no sin polémica). Y desde el primer tema ya hay un posicionamiento hacia cierta distancia sensible con los avances tecnológicos. «Vos decís que estoy muy desactualizado, que no va a funcionar así, que vivo en el pasado». Esa es la primera frase de “I A”, y en vez de citar las ventajas de la Inteligencia Artificial, tan exacerbada en medios de comunicación, redes y demás yerbas, destacan las falencias: «No te da miedo perder y así tampoco ganarás». Incluso desafían la tan mentada humanización tecnológica: «Siempre estarás junto a mí, aunque domines hoy el mundo, nunca amarás y eso no se olvida más».
Los Tipitos redoblan la apuesta en temas clave que atraviesan en más o menor medida toda su discografía. Siempre dan la batalla pese a todo, proponen que valga la pena seguir viviendo sin perder la identidad, le cantan a combatir el dolor y jugársela por amor, también sostienen la alegría como bandera sin golpes efectistas (lejos del “Color Esperanza” de Diego Torres, por ejemplo) y gran parte de sus canciones están atravesadas por la resiliencia.
Eso respira Boludo ya desde los títulos “Voy a ser, vas a estar”, “Una vida”, “Lo peor ya pasó”, “Mi camino” y “No perdí”. Cada canción de Tipitos te conecta con algo luminoso, te da ganas de corear un «oooooooooo» como cuando tu equipo juega de local con su clásico rival. Si querés algo bien arriba ponés un disco de Tipitos, a mí al menos me pasa todo el tiempo.
Sin embargo, hay que contarlo, el tema que más me sacude es un lentazo de aquellos. Es más, mientras escribo estas líneas lo pongo de fondo. Es “De este lado de la noche”, y está en Tan real, aquel disco en que los cuatro estaban de smoking y moñito tomando una copa de champagne con el agua hasta las rodillas bajo un cielo tormentoso, una imagen cargada de simbolismos.
«Traspasó la pared/ el jardín y la flor/Corazón delator/ no sabrás de mi deseo. Mira cuánta gente sola/de este lado de la noche/Corazón delator/ no sabrás de mi deseo». Deseo, soledad, oscuridad, poesía, todo eso bajo un juego de voces que se superponen arriba de un piano intimista y una batería que marca un ritmo tan sutil como imprescindible.
Estos Tipitos siguen ahí. Los mismos que se reían de alguna pavada en aquella entrevista en el diario, los de “Silencio” y “Brujería”, los que me siguen hablando del deseo oculto de este lado de la noche, los que volví a disfrutar en esta nueva etapa de mi vida en una noche inolvidable de octubre 2025 en Jaguar Haus, los que le cantan al rock y al folclore sin ponerse colorados; y también los que ahora se mandan a titular un disco con letras gigantes con la palabra boludo, pero no tienen ni un pelo de zonzos. Tipitos de ayer, Tipitos de ahora, por siempre Tipitos.
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