A esta altura, ya no es novedad: el tango sigue en un nivel de producción superlativa. Con una escena, quizás, sí más dispersa pero siempre muy profusa. En De Coplas recorremos discos actuales que sirven como pequeño botón de muestra. En diálogo con el territorio, esta música ciudadana sigue teniendo cosas para decir.


Huella – Orquesta Invisible

¡Ah! El irresistible sonido de una orquesta de tango. Cómo no rendirse. Viejo es el viento y sigue soplando y también el formato orquestal tiene sus años y sin embargo. Y sin embargo, lo recién dicho: qué embelesador su sonido. Podría aventurarse y decir que Julio Coviello hace rato ya que tenía, entre ceja y ceja, las ganas de comandar una típica. Luego de un primer y formativo primer paso por la Fernández Fierro el muchacho estuvo inmerso en varios proyectos: dúos, el Trío Cañón, al servicio del Cuarteto Cedrón y más. Lo que se traduce en toda una escuela. Pero ahora es que se despacha con la Invisible, la orquesta nacida al calor de la casa cultural porteña La Tierra Invisible, que también lo encuentra al frente.

A su modo y considerando su justa escala, Centenera abre el disco y funciona casi como una brevísima obertura: de menos a más, instrumental (como todo el disco), compuesta colectivamente, un tango con su justísima carga de drama y tragedia. Un despliegue total como carta de presentación del ensamble. Obertura y declaración de principio, entonces.

Pasan tantas cosas hermosas al mismo tiempo.

Las composiciones que conforman Huella se reparten entre algunas de Julio que datan de años –ideas, esbozos, cosas más o menos cerradas que lo acompañan desde hace tanto tiempo y que ahora encontraron su cauce cierto; y otras en coautoría con otros integrantes de la Orquesta. El propio Julio Coviello comenta: “Podemos decir que son todas composiciones actuales, porque las estamos tocando en vivo en cada actuación. Pero cada una la compuse en momentos diferentes. Desde Lengua seca, que es el primer tango que escribí en 2005, pasando por los temas que hice para Tango Cañón y las coautorías con Elbi Olalla, Agustín Guerrero, Pablo Gignoli, Alejandro Guyot, Nicolás Di Lorenzo. Se puede decir que hay un tránsito desde el género musical ´tango enojado´, algunos le dicen de ruptura, hasta un tango más cantado, un tango que se pueda silbar. Influyó mucho en que tome esa dirección el Tata Cedrón, y los cuatro años que toqué con él en el Cuarteto Cedrón. Y de las composiciones colectivas, hay dos temas que los compuso la orquesta entera durante los ensayos. Y uno que compuse con Rodrigo Almonacid, compañero de fila de bandoneones. En una banda de rock puede ser más habitual la composición colectiva, pero en el tango no. El primer tango que escribimos fue Centenera. Lo empezamos al final de un ensayo. Se tenía que ir un músico, quedábamos rengos en el ensayo y les dije. «Bueno, vamos a componer un tema». Después de esa primera experiencia, se desató la voluntad de escribir en toda la orquesta. El próximo álbum no va a tardar en llegar”.

Clave Blanca tiene su nudo en el Río de la Plata. La Orquesta camina toda sobre el umbral de la milonga y el candombe; sino, escuchen ese piano como si fuera una cuerda de tambores.

Los matices, el tono vivaz, la paleta tímbrica que ofrece el formato desplegada y abierta. Por momentos, al piso. Por otros, al cielo. Julio deja en claro la premisa y dice: “Que parezca tango. Esa es la búsqueda estética. Que se pueda silbar. Que se pueda bailar. Que se pueda sentir. No siempre cuando buscamos encontramos, pero esos objetivos nos guían la acción. La identidad propia aflora por el trabajo, en los ensayos, en las actuaciones. La identidad de la orquesta se forma con la identidad que cada músico y música, y cada persona es única. Por eso no me desvela la idea de buscar forzadamente un distintivo de la orquesta. Somos lo que somos. Como referencia, Troilo es la referencia suprema. Es melodía, es poesía, es música, es danza, es una manera de ser”.

Recostado sobre un estilo clásico, a la vez que milonguero y fino, la Orquesta Invisible, con un disco debut de muy buena factura, se asume como tal y despliega un riquísimo abanico tanguero. Lo dicho al comienzo: ¡ah, el sonido de una típica! De esta típica. Una que apunta al centro exacto de tu quijada y corazón tangueros.

 

¿Qué pasa en la música popular hoy? – Orquesta Típica Di Pasquale

Otro ensamble típico y tanguero. Otra orquesta. Pero esta vez, bajo ese formato, bajo esa tímbrica característica (piano, contrabajo, línea de bandoneones, línea de cuerdas –violines, viola, violonchelo) el sonido se abre un poco más allá. El nuevo trabajo de la Típica Di Pasquale (que lo tiene a Juan Ignacio Di Pasquale en piano, dirección, composición y arreglos) trasciende el género.

El desafío se abre a partir de la pregunta que da título al disco. Es, acaso, una inquietud retórica. Es, acaso, una inquietud no tan retórica que encuentre una o algunas respuestas en el recorrido del disco.

Lo dicho, ¿Qué pasa en la música popular hoy? se corre de lo estrictamente tanguero y enlaza con variados géneros populares: folclores (chamamé, candombe, vals, milonga, aire de bolero, tonada andina), jazz, canción. Entonces: es la tímbrica característica del tango, el sonido total de un ensamble de ese estilo al encuentro con esas otras músicas que no le son, desde el vamos, tan familiares. El disco es de alguna manera la conclusión de un proceso que llevo tres años aproximadamente, a través de un ciclo de presentaciones donde la Orquesta anfitrionó a distintos referentes y músicos y músicas de la música popular. Muchos de ellos terminaron grabando en el disco. El registro opera como un desprendimiento natural de esa serie de conciertos.

Entonces, alguna respuesta posible está dada ahí mismo: en el recorrido amplio de los géneros. Otra réplica posible está en el repertorio, en las canciones y los compositores de esas tonadas revisitadas. Así las cosas, en muchas de las canciones, el autor de la composición también está como invitado, en un doble y rico juego. Por ejemplo, en Castigo (Seba Espósito) grabaron el mismo Espósito y Marcelo Moguilevky; misma dinámica en Doña Carmen de Carlos Moscardini, San Camilo de María Pien, Electricidad de Carmen Sánchez Viamonte, Candombe bailador de Volonté/Maza y más. Por caso, enEl extrañante de Gabo Ferro, la voz invitada es Luciana Jury, que aporta bravura y vínculo esencial. Quizás, una ofrenda –otra- para la desmesura y el vendaval artístico que significó, y legó, Ferro. Quizás, las líneas que dicen «Tanto confiar en tu voz me dejó en esta angostura, sin flor y sin hermosura, puro filo y en barranca» cobren hoy nuevos sentidos. Y el desafío propuesto también es doble: la Orquesta corriéndose de lo estrictamente tanguero y los invitados, las más de las veces, cantando junto y con esa máquina musical ensamblada detrás. Y, por ende, buscando la emergencia de algo nuevo.

Es larga y variada la lista de los y las invitados e invitadas que grabaron: Pipi Piazzolla, Daniel Maza, Marcelo Moguilevsky, Sebastián Espósito, Abel Tesoriere, Inés Cuello, Eliana Zarabozo, Flor Bobadilla Oliva, Luciana Jury, Carlos Moscardini, Nadia Larcher, Andrés Pilar, María Pien, Carmen Sánchez Viamonte, Nacho Mozetic. Un recorrido colectivo que, sugiere y aporta una respuesta posible a esa pregunta. El propio Di Pasquale es quien estuvo a cargo de los arreglos. Nuevas formas posibles para las canciones de hoy. Doña Carmen (Moscardini), Polacos (Pipi Piazzolla), La vida, la muerte (Juan Saracco), La Espera (Laura Urteaga), San Camilo (María Pien) se encuentran entre los momentos más altos del disco.

Estas canciones, entonces, una muestra, una pequeña muestra del panorama al que apunta aquella pregunta.

 

Tangos del conurbano – Troylo Delay

En algún momento alguien tendrá que tomar la posta y dedicar un breve análisis sobre el anclaje y la importancia del conurbano –y sobre todo del lado sur- en el tango contemporáneo. La respuesta está soplando en el viento, pero hay que bajarla y encararla. Pasado este desvío, a lo que convoca.

Tangos del conurbano es el debut de Troylo Delay, ensamble formado por Oscar Fernández en la voz, Álvaro del Águila en bandoneón, Jorge Montt en guitarra, Hernán Paglia en contrabajo y Nacho Cabello en guitarra, composición, letras y arreglos. Lo musical del sexteto anida, ya viene anunciado por la tímbrica y la formación, en el tango canción, en el vals, en la milonga urbana. Quizás, corresponda decir: conurbana.

Si toda música tiene territorio; bueno, ok: acá, ahí está. Casas bajas, chamuyo en la vereda, ladrones de poca monta, historias de amor entre medianeras, laburantes y viandantes en las lindes de la gran ciudad. En definitiva, historias a ras del piso. La Avenida Alvear en Tres de Febrero, la calle Chilavert en Villa Celina, el Puente la Noria, el entramado del barrio Liniers. Hacia allí apuntan todas estas tonadas. En ese bosque suceden

«Nunca fue padre ni tampoco fue un buen hijo/Sólo fue un muchacho, un muchacho sin canción» (Conurbano sur); «La chanchita ya suena, por las calles provinciales/bajo la sombra de un árbol sacó un tabaco y pensó: la libertad es pa’l que tiene y pa’l que no, la prisión, ¿dónde vas?» (Cuero mojado); «Por la avenida, donde corta la zanja de Alsina reculan los nenes de la capital/Los pibes que limpian los vidrios en cada esquina, el loco que baila hasta el amanecer/Vengo rifando mi suerte por Alvear/La cancha de fútbol, la de los tres colores, se cuelga en mi espaldas un grito de gol/El sol que se esconde cerca del Posadas, el fuerte Los Rusos, Derqui Pineral» (Por Alvear, un tangazo hecho y derecho). Ese es el tenor, la narrativa de estos tangos del conurbano.

En el tango, larga es la tradición de este tipo de abordaje “criollo”. Desde el dueto ya clásico e histórico de Troilo-Grela (hay una clara cita, o un claro homenaje desde la tipografía y el arte de tapa) hasta parte de la narrativa de Francisco García Jiménez con, por citar un ejemplo, Suerte loca (1924). Y en la actualidad, cómo no, vale decir el trabajo que vienen llevando Juan Serén y el Quinteto Criollo González Calo. Recomendadísimos sus dos trabajos: Milonga Conurbana (2019) y Escaleras, candilazos y baldíos (2025). Aunque un poco más alejado pero no por ello menos justa la cita, el gran disco Canto mi canto (2025) de Nahuel Roht también se alista allí.

El disco cuenta con algunos cantores y cantoras invitadas, de estirpe reconocible: Hernán «Cucuza» Castiello en Por las calles de Liniers, Alfredo «Piro» Rinaldi en Virgen de los caminos, Tita Print en Como un trompo y Leonardo Pastore en Milonga del conurbano y Cuero mojado. Además de las voces citadas Juan Manuel Costa (violoncello), Christine Brebes y Gemma Scaglia (violines), Maite Unzurrunzaga (viola) aportan las cuerdas en Por las calles de Liniers. Canción que presenta una lizagón más que obvia con En las calles de Liniers, de Hermética. Al margen de esas dos preposiciones que diferencian, ambas apuntan a lo mismo. Comparten el centro tonal de la historia. Como ayer: ácido argentino. En la producción estuvo Pelu Romero, miembro de Orquesta Los Crayones. Romero que se adivina como una fija en la producción de discos de tango contemporáneo.

Así las cosas, el ensamble Troylo Delay tiene entre manos un trabajo de buena factura. Una muestra más de que el tango sigue sonando y reverbera. No solo en la gran ciudad, sino también y a veces, un poco más allá. Bienvenido.

 

Y nosotros lo hemos matado – Odisea Tango XXII

Justamente, hablando de futuro.

Pues bien: este texto empezó con una Típica a la cabeza y se cierra con algo muy difícil de definir. Si hubiera alguna analogía posible: del sonido del tango perfectamente ensamblado a la posibilidad del sonido del tango al romperse. O al menos estallando en electricidad. O algo así.

¿Cuán irreverente se puede ser frente al tango, con menos de veinte años? Bueno, justamente, todo lo que se pueda. Odisea tango XXII –sexteto formado por Ulises Thayer (piano y composición), Facundo Díaz (guitarra), Elías Alem Domínguez (batería), Miguel Thayer (contrabajo), Agustín Matera (sintetizador Moog) y Mateo Pérez Valente (bajo eléctrico)-  excede lo exclusivo e intrínsecamente tanguero. Es, casi siempre, un punto de partida hacia algún otro lugar. Neo-tango, post-tango (tal como rezan ellos mismos, partiendo y tomando prestada la idea de Gerardo Gandini), música progresiva, jazz, ¿trash-tango? Todo eso y algo más.

Ahijados, hijos putativos del compositor y pianista Agustín Guerrero. Hay cierta afinidad con, por ejemplo, el trío de Manu Barrios. Por fuera del género, también con los momentos más progresivos y tangueros de, por ejemplo, la banda de rock Pez. Ulises Thayer, principal compositor del ensamble, además apunta a un enclave: el conurbano sur de Buenos Aires. Dice: “Más que de la escena contemporánea del tango, somos parte de una corriente musical que se da mucho en el conurbano sur, con una fuerte raíz tanguera, aunque desprendida de lo tradicional; llámese tango fusión, tango progresivo, supratanguismo cuántico o como sea. Pero es un hecho que, desde hace muchos años, propuestas como el quinteto de Néstor Ibarra, el Agustín Guerrero Quinteto, Pampa Trash y Hojarasco (de Nicolás Toniola), entre otras, apuntan y contribuyen a un sonido muy característico de esta región, del cual también somos parte”.

Acá, como allá, también: pasan demasiadas cosas al mismo tiempo.

En la tapa, la oreja cortada de lo que parecería ser una estatua. El Y nosotros lo hemos matado del título. Otra vez, la irreverencia, la encantadora irreverencia de la juventud. El parricidio tanguero vuelve a suceder. Es fama: un mapa no es el territorio.

Por caso: en la canción que da título al disco es el bajo el que lleva, antes que todo lo demás, todo el tiempo la oreja al tango. Gran parte de las canciones hacen caer en la trampa: tienen todas un yeite –o casi- que lleva el oído hacia el tango. Y luego deviene lo furibundo que suena Odisea. Aunque hay lugar para cierto reposo. Por ejemplo, con Los Candiles, una pieza pianística, rota, rara. Un juego, un corte deforme –y aún así, ciertamente bello- entre todo lo demás. En Brindis por Pillud asoma lo rioplatense. Proyecto lluvia tiene pasajes que recuerdan a Invisible. Orfeo, que abre el disco, es una pieza ardiente. Contrario al mito que le da nombre, más que apaciguar, con esto las fieras se han de poner bravas. ¿Por qué el tango, aún, entonces? Ulises ensaya una respuesta posible: “Hoy en día la enorme mayoría de la música que se escucha y se hace es una bajada de línea del norte que contribuye a un vaciamiento de la cultura, y del sentimiento. Como juventud, transformar, reinventar y proyectar una nueva música argentina es un acto de rebeldía. Con mi generación comienza una nueva odisea: llevar el tango hacia el próximo siglo. Y hacia allá vamos, con algo más que suerte, llevando con nosotros la música de Buenos Aires”.

La manija es total.

Sí, Odisea Tango XXII pareciera estar más cerca de Piazzolla y La Máquina de Hacer Pájaros que de Troilo y Grela. No importa. Con todos, se cargan la tradición encima y van para adelante, con el cuchillo entre los dientes.

 

Foto de portada: Gentileza prensa Orquesta Típica Di Pasquale

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