Aunque su obra parece ir contrapelo del presente, leer a Armando Tejada Gómez es un ejercicio de memoria que deviene en poderoso alegato del hoy. La edición de Tonada Grande impulsada por el INAMU pone en acto los alcances de una prosa inspirada y valiente que en torno al Nuevo Cancionero cambió la música popular latinoamericana.
El perfil de persona y personaje de Armando Tejada Gómez y su imponente obra poética que, en buena parte, nutrió al cancionero latinoamericano de altas dosis de belleza y testimonio, aparecen plasmados en Tonada Grande, la más reciente publicación del Instituto Nacional de la Música (INAMU) que recupera a una figura medular de la cultura popular.
El voluminoso libro al que puede accederse por descarga gratuita desde la página web del organismo, fue presentado el 4 de junio pasado en Mendoza donde Armando nació el 21 de abril de 1929. Allí confluyen una biografía escrita por el periodista Gabriel Plaza, cerca de una treintena de testimonios (entre ellos los de Suna Rocha, Perla Aguirre, Teresa Parodi, Silvia Majul, Araceli Matus, Chacho Echenique, Víctor Heredia y Julio Lacarra) y un cuerpo eminentemente artístico integrado por partituras y cancioneros que hacen que los textos del autor entren en diálogo con el ambiente histórico, poético y musical.
Paula Tejada, hija de Armando, el músico Ramiro González y Neli Saporiti del INAMU aportan miradas y sentires en torno a Tonada Grande y sus derivas.
“Yo siento que los escritos de Tejada Gómez hablan de las cosas que tienen que ver con la postergación humana. Y desde esa postergación humana ingresan en una universalidad porque cuestiones como el amor, la belleza, la alegría, el jolgorio y las fiestas populares, pero también los momentos tristes y duros, las luchas, las resistencias y el hambre son temas universales que tocan a la humanidad desde tiempos inmemoriales hasta ahora”, sintetiza el trovador riojano Ramiro González durante una entrevista con De Coplas.
El músico y compositor radicado en la cordobesa Unquillo, aportó al volumen un bello texto sobre el poeta que tituló “Militante de un mundo más justo” donde confiesa y subraya su especial apego por dos de las creaciones de Armando que todavía pueblan su repertorio: “Canción para un niño en la calle” y “Peatón diga no”.
Sobre el primer escrito con música de Ángel «Cacho» Ritro, González recuerda que la pudo dimensionar a partir de escuchársela a su co-provinciano Chito Zeballos durante una guitarreada en una casa de la capital riojana tras la última visita del cantante y guitarrista a su provincia natal.
“Cuando yo era pendejo –evoca- no escuchaba folclore, solamente rock nacional del comercial, del que pasaban por las radios; y por ahí cuando mi hermano, que sí era un ávido escuchador, ponía Chito Zeballos yo le decía: ‘sacá a ese viejo aburrido’. Hasta que una noche y después de un recital de Chito al que no asistí, me terminaron invitando a una juntada en una casa y me tocó sentarme enfrente de él en una mesa larga. Durante la noche lo hartaron de pedirle que que recitara ‘Canción para un niño en la calle’ y en un momento lo mira al «Colacho» Brizuela que había tocado con él esa noche y el guitarrista tocó la introducción y Chito lo recitó y me conmovió tremendamente, Desde entonces no solamente tomé conciencia de la dimensión de Chito sino que me apropié de esa canción”.
Sobre “Peatón diga no” (…»Ya tengo la precisa. Digo no, simplemente, y se les viene abajo toda la estantería. Pruebe, compadre, empiece por los no más pequeños, no a la pequeña burla que casi ni se siente, diga no a los legales prósperamente oscuros, a las fotonovelas, al cantante epiléptico; no al opio venenoso de la Tevé y la Radio. Diga no. Es una bomba: y con la mecha ardiendo!…»), recuerda que la conoció recitada por Carlos Ferreyra y caló en aquel adolescente rebelde hasta la actualidad.
Para Ramiro hay algo de la vivencia personal de Tejada Gómez que da carnadura a sus relatos porque, puntualiza, “él fue un niño de la calle, él vio como Toto (uno de sus 23 hermanos) cayó asesinado por la policía y cuando habla de desalojos se refiere a su madre Florencia Gómez desalojada”.
Más allá de esta profunda admiración por el poeta, el compositor de “Estoy donde debo estar”, “Entre tu amor y mi amor” y “El ojo de la tormenta”, por citar apenas algunas de sus creaciones, reconoce las diferencias entre los años donde creó Armando y el tiempo actual y apunta que “como dice el Tato Iglesias de la Universidad Trashumante, las revoluciones son epocales, no se pueden extrapolar. Nosotros estamos atraídos, distraídos, cooptados por la tecnología, los teléfonos que nos sacan de la realidad y nos muestran lo que queremos ver en burbujas que atomizan el pensamiento, el sentir, las emociones. Y por eso vivimos en una sociedad mucho más perversa donde la perversión se ha sofisticado a niveles impensados y la última maldad es la inteligencia artificial”.
González reflexiona al respecto que “ya el hecho de tener canciones que no sean hechas con inteligencia artificial sino con una inteligencia emocional y humana, más allá del contenido poético, me parece que es un montón y muestra como que podemos todavía sobrevivir desde el arte” y en el mismo sentid abunda: “La generación destinada a transmitir los conocimientos, la sensibilidad y un montón de cosas que son fundamentales para que la poesía tenga un contundencia o un peso interesante, desapareció. La mataron, la exiliaron, la murieron de tristeza y a nosotros nos llegaron migajas de algo mucho más profundo y grande que debería habernos nutrido, así que me siento orgulloso de que en medio de esa nada hayamos podido aunque sea mordisquear algunas cositas y estemos tratando de dar batalla”.
Paula Tejada, una de las tres descendencias de Armando y fuerte impulsora por mantener vivo el legado de su padre, celebra la edición de Tonada Grande. Obra de Armando Tejada Gómez y el trabajo “respetuoso, amoroso” desplegado por el INAMU “aunque mi padre no haya sido músico sino poeta y entonces quise que en el libro estuvieran incluidos todos los músicos cuyanos que trabajaron con él”.

Tejada Gómez y Mercedes Sosa. Foto: C. C. Armando Tejada Gómez.
En una conversación con De Coplas desde la ciudad de Mendoza, Paula confiesa que tras el arduo trabajo para el armado de la publicación lo que también la conmovió “fue la presentación que se hizo aquí donde la gente terminó comprando los 50 libros que se trajeron pese a que es un material que no está en venta y la concurrencia excedió la capacidad de la Sala Elina Alba de la Subsecretaría de Cultura pese a que mi papá falleció hace 34 años”.
En esa mirada, Paula resalta que “en sus canciones, en sus libros, en este material del INAMU yo certifico la presencia de mi papá y es como que sigue vivo. A través de la obra es que mi papá no se va a morir nunca y entonces que su obra esté en la calle para mí es importante porque me da la posibilidad de que mi papá no se muera”.
A partir de esa imagen y tomando nota de la dolorosa actualidad de tantos de sus escritos, su hija arriesga que de cara a la Argentina actual “estaría escribiendo furiosamente no solo desde el acto de escribir mucho, sino de escribir con furia y supongo que en algún lugar estaría bastante devastado como todos nosotros sin entender este retroceso histórico ni la gravedad del momento a nivel continental y a nivel mundial, pero sobre todo en su propia patria. Además estaría muy enojado con la entrega de recursos en Mendoza donde nos están rifando el territorio, regalan el agua nuestra y nos están condenando a muerte. Pero creo que compartiría con muchos de nosotros una esperanza de que esto va a pasar y aunque va a costar mucho reponerse, en algún momento vamos a despertar”.
Haciendo equilibrio entre esas memorias de lucha que heredó y el presente que asume con el mismo compromiso, Paula detalla que “en la presentación del libro de Armando estuvieron presentes todos los colectivos que pelean por algo y en los que yo participo: los jubilados, la asamblea en defensa del agua pura y los bienes comunes, el movimiento de solidaridad con Cuba, gente de derechos humanos. Estuvieron todos porque son como mi familia y porque si mi papá estuviera vivo estaría en todos estos mismos grupos”.
Consultada acerca de la necesidad de acercar más y mejor a autores como Tejada Gómez a las nuevas camadas de artistas, la hija del poeta comienza apuntando que la de su padre “fue definitivamente una generación dorada en la música popular argentina que no solamente nos han enriquecido la vida y han aportado importantemente a nuestras posibilidades sensibles, sino que por las épocas oscuras que nos tocaron vivir, en algún lugar también nos salvaron la vida, nos otorgaron la única posibilidad de belleza que teníamos en nuestra existencia”.
Pero inmediatamente consigna que el Movimiento del Nuevo Cancionero “fue planteado como un movimiento y para mí sigue en movimiento más allá de que sus fundadores respondieron a una determinada época. Y aún aquellos que no firmaron el manifiesto como Ramón Ayala, el Cuchi Leguizamón o Hamlet Lima Quintana fueron parte de esa canción nueva que también llegó a Chile, a la Nueva Trova Cubana, a Nicaragua, a México y que fue capaz de abarcar otras áreas al aparecer simultáneamente Piazzolla en el tango o Leonardo Favio en el cine por citar apenas un par de ejemplos”.
Y para fundamentar esa visión que avista un desarrollo sostenido en el tiempo, agrega: “Entonces hubo una corriente continental que quienes integraban el Nuevo Cancionero tradujeron en un manifiesto, pero ese movimiento ya estaba en marcha y tuvo hijos y va a seguir teniendo hijos porque el movimiento está en movimiento, es imparable y no lo podrán detener”.
INAMU: Un lugar de y para la música
El Instituto Nacional de la Música es un órgano público no estatal de fomento para la actividad musical que comenzó a funcionar el 28 de noviembre de 2012 desplegando desde entonces una intensa actividad con un espíritu que Neli Saporiti define a De Coplas como “una construcción de músicos y músicas con impronta independiente y autogestiva”.
Actualmente conducido por Bernabé «Buco» Cantlon y Charo Bogarín en los respectivos cargos de presidente y vice, la entidad sostiene, entre otros emprendimientos, la agregadora de música digital, la hechura del ciclo televisivo “Unísono”, la convocatoria a fomentos locales e internacionales, el rescate de los archivos de Music Hall y la publicación de manuales de formación y de libros de partituras y cancioneros sobre artistas emblemáticos entre los que se cuentan el entrerriano Agustín «Agüicho» Franco, Leda Valladares, Gustavo Leguizamón, Marcelo Berbel, Mario del Tránsito Cocomarola y Virgilio Expósito.

Armando Tejada Gómez. Foto: Tonada Grande
A esta última colección pertenece Tonada grande. Obra de Armando Tejada Gómez en la que la pianista, compositora y cantante Neli Saporiti se encargó de la coordinación editorial. “Como parte de ese campo de cantautores argentinos y latinoamericanos, para mí trabajar sobre Tejada Gómez fue un regalito. Así que lo viví no solamente como un trabajo, sino que también constituyó un enorme placer porque al ser bastante conocedora de esa obra y de lo significó el Movimiento Nuevo Cancionero, de Tejada, también pude disfrutar de la labor del poeta con diferentes compositores, cada uno más interesante que el otro”.
Una vida dando peleas y palabras
“Armando Tejada Gómez no tendría que tener otra biografía que no fuera la de su propia canción. Su historia y la historia del pueblo al que retrató en versos, que fueron poema y se volvieron melodías en el viento, definieron su andar terrestre. Dicen que fue un hombre, pero más se parece a un mito, al personaje heroico que refundó su vida después de leer el Martín Fierro y comenzó a galopar sobre el horizonte, sobre la memoria del viento y el arenal de ese país de rostro anónimo. Entrar en su voz poética, es entrar a una cosmogonía de América Latina, al paisaje social de una época y una generación donde la rebeldía, el sueño vertical de un continente hermanado parecía posible. Entrar a sus versos hoy potencia aquellos ideales, cuando la brecha entre los de arriba y los de abajo sigue siendo más grande. En sus letras, muchas de su primera época musicalizadas por Oscar Matus, inmortalizadas por la voz de Mercedes Sosa -sus amigos y compañeros militantes en el PC en aquella gesta del Manifiesto del Nuevo Cancionero de 1963 que escribió en un patio de una casa en Mendoza-, estaba el futuro de la canción popular argentina”, inicia Gabriel Plaza la biografía que abre el completo trabajo en torno al poeta lanzado por el INAMU.
Allí se repasa la dura infancia de Armando que sobrevivió como lustrabotas, peón, changarín, cosechador, obrero de la construcción o boxeador, pero se topó con Walt Whitman y la poesía que le cambió la vida y bajo su propio pulso febril e inspirado también nos la modificó a quienes despertamos al influjo de sus versos que alumbraron tantas canciones.
Foto de portada: gentileza Centro Cultural Armando Tejada Gómez.
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