El cantautor santiagueño habla de su disco homenaje Te voy a cantar un sueño, en el que versiona temas icónicos del mítico Jacinto Piedra -fallecido trágicamente en 1991- junto a Gustavo Patiño, Raly Barrionuevo, Franco Luciani, Dúo Coplanacu, Peteco Carabajal, Malena Garnica, y a los propios hijos de Jacinto.


La voz sin igual de Jacinto Piedra se sigue elevando a treinta y cinco años de su muerte: tiene mucho para decir, y para decirles, a los jóvenes de Santiago del Estero. A todos. Su canto sin comparaciones en la música de raíz folklórica aún interpela: desciende del mito trágico y se vuelve un hecho cotidiano y revelador. El 25 de octubre de 1991, a los 36 años, Jacinto Piedra murió al volcar su auto cerca de La Banda, en el cruce del ferrocarril Mitre, de Santiago. Y se volvió un ícono popular.

Se llamaba originalmente Ricardo Manuel Gómez Oroná y lo velaron en La Casa del folklorista, en medio de un frenesí de música, bebidas e invocaciones. Una multitud acompañó el cajón hasta el cementerio: Peteco Carabajal destilaba melodías en el violín; a don Sixto Palavecino se lo veía tranquilo, paternal; Juan Carlos Carabajal saludaba a los vecinos uno por uno y explicaba los hechos. La gente se acercaba preguntando por qué, quién se lo había llevado. Tiempo después, varios fueron a su tumba en el cementerio de Santiago y afirmaban haberlo escuchado cantar.

Jacinto Piedra se expandió en círculos concéntricos luego de su muerte: cantaba desde que era chango, recorría festivales y lo llamaban “Ricardito, el niño cantor”. Nacido en el ‘55, se dejó subyugar por el rock; con su eterno amigo Peteco Carabajal se sumaron en los años ‘80 a Músicos Populares Argentinos (MPA), la revolución sonora que dentro del folklore encaró el Chango Farías Gómez junto a Peteco, Jacinto, Verónica Condomí y el Mono Izaurralde. Luego Jacinto rumbeó con Peteco de vuelta para su provincia para formar Santiagueños junto al bailarín Juan Saavedra: fue otro antes y después en la raíz folklórica, que marcó generaciones, como se oye en el disco Transmisión Huaucke, de 1988. Y de a poco -aunque esporádicas- Jacinto Piedra fue dejando sus canciones.

Y la mayor de ellas, el símbolo que dejó en su voz, fue el aire de chacarera “Te voy a contar un sueño”: la primera que habla específicamente de las desapariciones durante la dictadura militar de 1976. De todo ese legado se armó el cantautor santiagueño Franco Ramírez, de 38 años, para lanzar, el 15 de mayo de este año, el disco homenaje Te voy a cantar un sueño: allí reúne a referentes como Gustavo Patiño, Raly Barrionuevo, Franco Luciani, Dúo Coplanacu, Peteco Carabajal, Malena Garnica, y a los propios hijos de Jacinto Piedra –Gregorio Gómez Oroná, Francisco Gómez Cantos y Lucina Ferraris– para atesorar la obra del cantor y compositor, cuya voz aún es inigualable en la música de raíz folklórica.

Pero Franco Ramírez no buscó hacer una interpretación lineal ni un homenaje nostálgico a Jacinto Piedra: quiso revisitarlo a la luz de hoy. “Me di cuenta de la potencia de su obra, a la que antes no le prestaba tanta atención como a su voz -dice Ramírez-. Cuando se habla de Jacinto Piedra se habla de un tipo que revolucionó el canto del folklore y la influencia de ‘Te voy a contar un sueño’. Pero me acuerdo de que yo cantaba en una ronda de músicos, aquí en Mercedes, Buenos Aires, donde ahora vivo, e interpreté su tema ‘Malos gobiernos’. Alguien, que no es del palo, me preguntó: ‘¿Quién es Jacinto Piedra?’. Y para un santiagueño es sorpresivo que le pregunten eso. Ahí me di cuenta de que aún mucha gente no lo conocía, no conoce su obra, o la conoce por arriba, y dije: qué potente sería volver a cantarlo”.

¿Qué preconceptos íntimos tuvo que atravesar? “Yo temía no poder abordarlo al nivel del propio artista, o no cantar en los mismos tonos, pero quise romper con esos temores y hacer versiones distintas, en el tono que ameritara -dice Ramírez-. Creo que la obra de Jacinto Piedra es muy potente, muy actual y bien ideológica también: son tiempos para cantar a Jacinto Piedra. Me parece necesario hacerlo”. ¿Cuál era su contacto previo con Jacinto? “Él murió a los 36 años, teniendo más o menos mi edad. Muchos lo idealizan porque no lo conocieron, es verdad: Jacinto Piedra tenía muchas contradicciones. Era un ser humano. Pero mi contacto con él fue desde muy pequeño: mi viejo me contaba muchas historias sobre él. Entonces, al no conocerlo, al no verlo y palparlo, fue como un espíritu muy fuerte que rodeó mi infancia”.

Eso “le dio otra entidad en este mundo, en la vida terrenal”. Y lo distingue de Peteco Carabajal, el gran amigo de la infancia de Jacinto Piedra: “Para mí, Peteco sigue siendo un ídolo, una figura referencial para todos, y al que hay que valorar porque está aquí. Pero la particularidad de Jacinto, del indio, es que se fue muy joven y tan trágicamente, y eso le dio una entidad mítica que la vida a veces tarda en darte”. Aquí Ramírez se queda pensando: “El indio fue el espíritu de un montón de changuitos que hemos querido cantar y dejar un mensaje, y hacer nuestras canciones con una convicción ideológica, parados de un lado de la vida. Aunque, es cierto, su muerte fue la disparadora de todo ese sentimiento santiagueño que hoy podemos ver en un joven en torno a Jacinto”.

 

Cómo es Te voy a cantar un sueño

¿Cómo decidió Franco Ramírez el repertorio y los invitados para este repertorio y para que acompañaran a su voz en el disco Te voy a cantar un sueño? “Fue difícil sacar algunas canciones. Al principio la decisión tenía que ver con cómo me quedaban a mí, más que otra cosa. Al final decidí que los temas de Jacinto versionados también hablaran un poco de mi vida, de mi conexión con ellas. Generar esa piel con la canción: eso es lo más importante, me parece. No quería imitar a Jacinto sino aportar desde un lugar genuino, y tratar de ser yo mismo abordándolas desde hoy. Esa fue la búsqueda”.

Un vector para ello está en los invitados: con sonido moderno, con brillo bien folklórico pero también con algunas estelas intimistas de rock, Franco Ramirez canta “Canción del quenero” con el charango y la quena de Gustavo Patiño; hace “Malos gobiernos” con Raly Barrionuevo; recorre “Perfume de carnaval” (de Peteco) con la armónica de Franco Luciani; le toca el turno a “Fueguito de la mañana” junto al Dúo Coplanacu; “Como hilos de plata” suena junto a Nelson Giménez; “Chacarera del cardenal”, con cierta insinuación peruana en la percusión y en la guitarra, es versionada con Peteco Carabajal; “Te voy a contar un sueño”, vibra con el violín de Malena Garnica y “Nuevo”, el tema que cierra el disco, se impregna en los oídos gracias a las voces cantoras de los hijos de Jacinto Piedra junto a Ramírez. También él versiona en soledad “La mamá naturaleza”, “Salsa por la paz” y “Romance de mis tardes amarillas”.

Franco Ramírez. Fotos: Gentileza del artista

¿Cómo recuerda Ramírez el peso de los invitados? “Me parecía icónico que Peteco Carabajal estuviera cantando una canción del indio -dice-. Luego, Roberto Cantos, de Los Copla, fue cuñado de Jacinto Piedra, y ellos fueron grandes compañeros míos de ruta durante años, en los festivales. Luego me imaginé a Gustavo Patiño siendo un poco ese quenero del tema, más allá de que tengo entendido que Jacinto escribió el tema para Jorge Cumbo, otro gran referente. Además está Malena Garnica, que, si bien es de la nueva camada, toca como si tuviese una experiencia de mil años con el violín”.

Y Nelson Giménez “me parecía una voz muy linda para compartir ‘Como hilos de plata’. Y haber juntado a los hijos de Jacinto –Gregorio Gómez Oroná, Francisco Gómez Cantos y Lucina Ferraris-, que nunca habían grabado juntos, fue muy importante, muy simbólico. Luego, en el caso del Raly Barrionuevo, él pudo ver los últimos tiempos de Jacinto Piedra y es un dato clave que él también pueda estar en el disco. Además, en su momento Raly fue integrante de MPA, en una reunión puntual, en reemplazo de la voz de Jacinto Piedra. Así que todo tiene un sentido, para mí, dentro del disco Te voy a cantar un sueño.

El tema “Nuevo”, inédito, de Jacinto Piedra, estaba registrado en un casete que tenía Franco Ramírez: es una versión que el propio Jacinto grabó en una portaestudio, y que se habían ido pasado distintos grupos santiagueños. “Ahí terminé de escuchar el tema -dice Ramírez-. Si bien hay canciones inéditas de Jacinto que él no llegó a producir, hay grabaciones en las que lo escuchás cantando ‘Nuevo’, así como ‘Malos gobiernos’ y ‘Salsa por la paz’. Yo me acuerdo que tenía ese casete, de changuito, lo presté, no sé a quién, y se perdió. Pero por suerte todo eso está en Internet y es accesible para la gente. Entonces pude versionar ‘Nuevo’”.

-¿Qué te pasa al escuchar tu propia voz en las canciones y con los invitados?

-Fue un trabajo muy arduo mío el meterme mucho en la práctica, cantar mucho y abordar cosas que no me quedaban cómodas siempre. Eso me terminó de exigir una práctica: me reeducó musicalmente. Noto que ahora evolucioné en una técnica mucho más sencilla y sin tantas complicaciones a la hora de cantar: es como volver a la raíz. Para mí eso es una evolución, al encontrar el origen de por qué cantás y cómo lo hacés, sin tanto firulete, más que en la conexión plena entre lo que sentís y lo que sale de tu boca. Me gusta escuchar la diferencia con otros discos míos. Después, el público dirá, pero a priori siento que hemos logrado lo que queríamos.

Franco Ramírez hace memoria: “Hace como diez, doce años que tenía el deseo de este disco. Empecé a escribir un intento de relatos sobre Jacinto Piedra y después dije ‘voy a hacer una película’, hasta que comenzó el motor del disco. Primero pensé ‘¿cómo voy a grabar un álbum cantando canciones de Jacinto Piedra?’. Me parecía un sacrilegio. Pero lo que tuvo que pasar para que terminara de decidirme fue romper con ese prejuicio. Fue todo un proceso de laburo personal, de dejar atrás las inseguridades y de sentirme sereno a la hora de creer que lo que estaba haciendo estaba bien, porque me comprometía con eso y porque soy genuino a la hora de hacerlo. Entonces, todo fue cerrando y el homenaje tomó forma”.

-¿Cuál fue el impacto que tuvo la voz de Jacinto Piedra en tu generación?

-En principio, creo que llegamos a Jacinto por el relato popular. Jacinto es hoy lo que es por la memoria, por su vida transitada y por las acciones que realizaba. Por ahí alguien de tal barrio contaba que, en Santiago, Jacinto pasó por una obra en construcción, los albañiles le dijeron “vení, Jacinto, cantate una canción” y él fue y dijo “listo, vamos a cantar”. Ese tipo de anécdotas me impactaron, relatadas por mi viejo, y después, al escucharlo y entender lo que había hecho, lo que estaba en juego, en ese momento, en lo artístico, fue definitorio. Tanto con MPA, con Santiagueños -con Peteco y con Juan Saavedra-, o como solista, Jacinto dejó una obra icónica y muy humana. Y quienes pudieron escucharlo de primera mano y lo aplaudieron en un momento, trascendieron la barrera del tiempo e hicieron que conectáramos mejor con la obra de Jacinto Piedra: con su potencia política y con su voz eterna. Entonces, hay que seguirlo cantando.

 

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