El cantautor uruguayo habla sobre su obra, el poder comunitario y transformador de las canciones, su actual ciclo de recitales Hacernos casa y su identidad trans: “Siento que con mi obra aporto visibilidad”.


Suenan las cuerdas, se oye la leve batería y Mocchi se entrega a los secretos de la canción Los días nuestros: «Sabrás que tengo heridas y que a veces lloran. Y que quiero volver a respirarte cerca, mi vida es una casa con la puerta abierta. Y si esto nos conmueve, seremos sol y nieve. La ruta a la ciudad y el corazón al frente». Canta Mocchi en el arranque de su disco El frío que nos convoca, de 2024, y se multiplican los encuentros y los abrazos para acompañarlo en el viaje: el cantautor trans uruguayo celebra la cercanía y los espacios de afecto -íntimo, colectivo- que generan sus canciones como refugio ante la desazón del mundo. ¿Qué territorios y cuerpos cobijan sus melodías? ¿Qué desafíos urgentes?

El 11 de abril será la segunda fecha del ciclo Hacernos casa y el 5 de junio la tercera en Quetren Club Cultural (Av. Olazábal 1784, Buenos Aires). Lo había inaugurado el 6 de marzo con su público de distintas edades alrededor de una convicción: las canciones no se escinden de la emoción ni de la gravitación política. Con ellas Mocchi se expone, e interpela a estos tiempos de dolores generalizados proponiendo un nuevo mirar, siempre hacia adelante. Como dice la convocatoria: Mocchi “confirma su lugar como una de las voces más singulares de la canción contemporánea”, con la música como “una forma de contener, abrigar y crear comunidad”.

En el ciclo Hacernos casa, con el que abarca -ante su público conmovido- temas de sus cinco discos y canta como una invocación a la transformación social, lo acompañan cada fecha músicos distintos. En marzo estuvieron Noelia Sinkunas en piano, Rodrigo Gambetta en guitarra, Christine Brebes en violín, Caro Rodríguez en viola, Marcela Vicente en cello, Lucila Pivetta en bajo y Esteban Blanca en batería. Y como un nuevo ritual popular, el recital de Mocchi del 11 de abril en Quetren tendrá sorpresas, invitados y, seguro, algunas de las canciones nuevas que también disparan sus reflexiones sobre estos años convulsionados: para Mocchi, toda creación es un hecho político. Para esta ocasión lo acompañan Luis Volcoff en piano, Caro Rodríguez en viola, Marcela Vicente en cello y Esteban Blanca en batería.

«Es momento de construir hogar donde sea que podamos, y en mi caso lo conseguí tocando con mis amigos». Foto: Milagros Morcella

¿Y cuál es el poderoso sentido de la idea de Hacernos casa? Mocchi reflexiona desde Buenos Aires y dice: “Yo siento que el derecho a la vivienda es fundamental y muy poca gente lo tiene cubierto en este país, en el continente y en el mundo. La crisis habitacional es algo histórico y humano y no pudimos resolverla. Entonces, es momento de construir hogar donde sea que podamos, y en mi caso lo conseguí tocando con mis amigos, diciendo ‘bueno, creemos aunque sea desde lo simbólico: un lugar al cual pertenecer y al cual ir a sentirnos bien, y donde elegir quién entra por la puerta’. Me parece muy flashero que se dé eso en un concierto, donde generalmente no va la policía y donde no nos pueden reprimir”.

También es un espacio “con gente muy distinta, pero sintiendo cosas en común, y eso es una casa. Por lo menos, es la casa que yo quiero construir”, divisa Mocchi, nacido en 1990 en Montevideo y con una larga trayectoria de canciones con el alma rioplatense y la fe autogestiva que atraviesa sus cinco discos: La velocidad del paisaje, Mañana será otro disco, 1990, La certeza del dolor y El frío que nos convoca. “Un recital es un lugar donde hay algo que está pasando y hay un montón de gente que se emociona -dice Mocchi-. Eso hoy tiene un valor muy alto. Cuando salgo de gira me siento reflejado al habitar los espacios, ver a la gente y charlar con las personas. Ahí hay un montón de información que me inspira y que por momentos me hace creer que puedo hacer algo más que cantar”.

Y las imágenes para las propias canciones brotan de lugares inesperados, aunque no todas terminen, luego, en el estudio de grabación: “Por ahí me pasa que tengo una historia que me parece espectacular y que digo ‘esto tiene que ser una canción’. Me siento y se me pierde, porque estoy contaminado sin querer de un contexto hostil y todo se me termina empapando. Arranco a hablar de lo lindo de estar en la vereda con amigos y eso luego, por ahí, se me va de la cabeza. Así que tengo que encontrar un punto de equilibrio, porque sino todo es muy dark y no está bueno”.

En este momento de su vida, ¿qué le revelan de sí mismo sus propias canciones? ¿Cómo se redescubre Mocchi a través de ellas? “Siento que mis temas son una gran autobiografía y de repente me encuentro en algunos lugares, o recuerdo los momentos en los que compuse algunas cosas, y me parecen como un gran cuadro, una gran foto o un collage de partes de mí: como una obra gigante en la que te acercás y ves los detalles”. Y allí tiene una certeza: “Yo siento que ninguna de esas partes se fue. Se va agrandando el cuadro, pero sigo siendo todo eso. Sí me fui transformando, pero con todo lo bueno y todo lo malo. Hay gente que dice ‘yo ya soy otro’, pero yo no creo eso de mí. Sí voy construyendo capa sobre capa”.

Portada de El frío que nos convoca.

Igualmente a eso lo vive con aceptación: “Las mismas relaciones son una superposición de vínculos. En algún momento aprendiste tanto que llegaste a un lugar que te hace feliz y en el que estás cómodo, que es lo que me pasa ahora con Belu, mi esposa -sonríe Mocchi-. En otro momento la comodidad era otra cosa y siento lo mismo con las canciones. Miro mi obra de hace veinte años, las canciones de mi primer disco, que son durísimas, y pienso ‘¿yo estaba escribiendo esto?’. Ahora me cuesta un montón sentarme a escribir algo así. Pero siento que hay un eje común, que está en la historia de uno”.

Así, Mocchi no evita su más arduo reflejo en las canciones. En la honda y potente Menos mal que estamos juntes, de El frío que nos convoca, canta, dejando atrás sus demonios y viejos consumos: «Menos mal que estoy sintiendo, menos mal que estoy viviendo. Las cosas que tomaba un día quedaron lejos y me curé las manos y me abracé al espejo. Menos mal que estoy sintiendo, menos mal que estoy sintiendo». La canción Menos mal que estamos juntes se hace coro en sus recitales, expresando los deseos de bienestar de su comunidad de oyentes, y Mocchi siente, acompaña y vive a la par de los demás.

¿En qué medida las épocas autodestructivas de otros años lo interpelan al componer? “Yo creo que eso aparece todo el tiempo, viniendo de otro lugar -analiza-. Es re loco, pero siento que siguen estando todas mis partes, observadas desde distintos lados. Así también hoy rescato toda la supervivencia, frente a esa autodestrucción, y creo que el relato que elijo dar es más desde un lugar de ‘hagamos algo con esto’ y no tanto de desahogo. Obviamente, el desahogo es hacer algo, pero creo que hay algo más desde el lugar más político y, si se quiere, militante. ‘Te está pasando algo, bueno, ¿qué hacemos?’. Ahí ves todos esos momentos autodestructivos, elegís y decís ‘¿cómo quiero ser yo’? En ese camino te encontrás con gente a la cual eso no le es indiferente. Y eso te ayuda”.

 

La política de la creación

En el disco El frío que nos convoca, de 2024, Mocchi lanzó un tema que va camino a volverse un clásico, y más aún luego de que Liliana Herrero lo versionara en su disco Fuera de lugar, de 2025: Compostaje. Entre la poesía, la rima y la interpelación política, dice: «Y un gobierno que escupe tóxico contra un pueblo que siente el vértigo, de un canalla que hoy sin escrúpulo reventó el corazón, el músculo. Y el encuentro se me hace lámpara de cualquier sentimiento unido entre lagos que tienen mística y canciones que son relámpago». Y sigue: «Se atraviesa un camino empático cuando todo se vuelve bélico. Abrazarse resulta empírico y el camino se hace poético cuando intento sobrevivir».

¿Cómo lo inspira la coyuntura al componer? ¿Se distancia de ella? “No me sale dejarla pasar. Lo he intentado, pero no me sale -asume Mocchi-: me atraviesa. El otro día le dije a un amigo que tengo ganas de componer otra cosa que no tenga nada que ver con el país, con Latinoamérica, porque siento que me canso de mí mismo. Me canso de caer siempre en los mismos lugares y que también suceden un montón de cosas lindas que no puedo ver. Y eso me parece un bajón”. Y dice: “Por ahí hago canciones que hablan del caos y del desastre mundial, pero no tengo ganas de darle eso a la gente. Prefiero que escuche algo que le haga mover la patita. Yo no quiero oscurecer mi poesía: cuando es oscura es Mocchi por diez”.

Aunque en otras instancias también halla realidades transformadoras y luminosas: “Los recitales son un momento inspirador. Me pasó cuando fui a ver a Silvio Rodríguez al Movistar Arena: vi a muchísima gente creyendo en una idea y me fui con un montón de esperanza adentro, que se me fue en el momento en el que miré la cartelera y recordé que ahí había estado Javier Milei la semana anterior. Pero un concierto es siempre un espacio revelador”.

En la canción más pop Puedo imaginar, de El frío que nos convoca, Mocchi canta con Martín Buscaglia como invitado: «Una trinchera que sirva, que abrace y que dé ternura. No acepto más distracciones ni medir lo que yo siento. Yo sé que el camino es lento, no es soplar y revolución. No creo que nada encastre si me tapa el corazón». Y Mocchi, desde su lugar, también siente que puede construir sus pequeñas revoluciones: “Yo siento que la revolución es algo medio inalcanzable -dice-. Es una cosa muy idílica en la que creo, como la utopía. También siento que cuando abrimos demasiado el horizonte de lo que para nosotros es revolucionario, esa revolución termina siendo imposible”.

Pero “si la revolución, tal como yo la creo, es encontrarme con alguien, preguntarle qué le pasa y hacer algo con eso, la revolución es algo bastante más sencillo -evalúa-. No creo que eso tenga un impacto grande en la geopolítica mundial: creo que debería ser un cambio masivo para que eso ocurra. Pero sí soy un militante: en los espacios que manejo, y en el dinero que yo manejo, yo quiero construir un universo distinto, diferente. Yo no puedo manejar la redistribución de la riqueza, aunque me encantaría. Sí creo que tenemos una incidencia como ciudadanos, en la democracia, con el derecho al voto. Sí creo en todo eso, pero que funciona muy a largo plazo. Aunque sí puedo elegir cómo redistribuir la guita en mi proyecto: decidir cómo es ‘el mundo Mocchi’, como dicen entre mis músicos y los técnicos”.

Y “el mundo Mocchi” “funciona distinto al de otros -sabe el cantautor-. Es re loco, porque la gente que se acerca al proyecto se va con una forma distinta de hacer las cosas y eso me parece revolucionario, en una escala muy ínfima, porque no me considero tan especial, ni soy un artista tan masivo. Si lo fuera, creo que la película sería otra: quién te dice, capaz que en algún momento lo sea. Nunca se sabe. Pero creo en democratizar los medios de producción: si no lo hace el Estado, yo, en la medida que pueda, quiero contribuir con eso”.

En su recorrido personal, que también es político, Mocchi supo abrazar a otres y hacerlos sentir en compañía: nunca en soledad. En medio de la hostilidad del gobierno argentino para con la lucha LGTBIQ+, piensa ahora qué pudo aportar a la lucha por la visibilidad trans y por los derechos trans en la Argentina. “Al lado de todo lo que han aportado grandes referentes yo me siento muy chiquito -dice-. Sí siento que con mi obra aporto visibilidad de cara a un tipo de persona que ni loca iría a ver a alguien trans”.

Tiempo atrás “fue a mi concierto una señora que no tenía ni idea quién era yo: había escuchado una nota, pero tampoco sabía que yo soy trans. Me vio en la puerta y me dijo ‘¿vos sabés quién es Mocchiok?’. Pensaba que yo me llamaba ‘Mocchiok’ por mi cuenta de Instagram. Le dije: ‘Sí, soy yo’ y me miró como diciendo ‘qué carajo’. Eso me parece interesante, porque hay mucha gente grande que me escucha y que nunca pensó en escuchar a alguien como yo. Yo sé que les genero preguntas y está bueno. Pero no siento que haya aportado tanto a la visibilidad trans, desde mi lado. Capaz podría aportar más”.

-Mocchi, ¿tenés algún sueño aún no cumplido con la música?

-Mmm, creo que no, que todo lo que ya sucedió superó bastante mis expectativas en la música. ¿Me encantaría llenar un estadio? Tal vez. Pero la música me dio mucho más de lo que alguna vez me pude imaginar. Es tremendo. Sí me encantaría mejorar algunas condiciones para poder girar más en banda, pero no sé si es un sueño: es algo que quisiera que suceda. Sí sueño con otras cosas. Sueño con que la gente esté mejor, o quisiera en algún momento tener un peso político mayor: llamar y que me atiendan y poder influir con mi opinión. Creo que sigo ese camino: desde mi lugar, poder ayudar a que éste sea un mundo mejor.

Foto de portada: Marcos Mezzotoni

 

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