La obra de Eduardo Falú sigue viva y renovándose. El Guitarrazo, un ensamble de 38 guitarras acaba de editar un disco en homenaje a su prolífica obra. Nuestra canción repasa obras de Falú en formato orquesta de guitarras y contó con invitados de lujo como Milagros Caliva, Cecilia Pahl y Juan Falú, sobrino de Eduardo.


«Antes, los peluqueros, en provincias, solían ser también buenos guitarreros. Entre corte y corte de pelo, tocaban la guitarra. Yo concurría a las peluquerías, a aprender algo de esos barberos guitarristas que me embelesaban. He sido, en realidad, autodidacta siempre, salvo cuando comencé estudios superiores, especialmente de armonía, con el maestro Carlos Guastavino, pero no con respeto a ejecución guitarrística, sino en cuanto a composición». Hay que hurgar en el archivo y llegar hasta las páginas centrales del número 77 de la revista Folklore, editada en septiembre de 1964, para encontrar la frase de Eduardo Yamil Falú, el enorme guitarrista y compositor argentino nacido en El Galpón, a 160 kilómetros de la capital de Salta, el sábado 7 de julio de 1923. Aquellos cimientos, ese andar entre veredas angostas «rejuntando estrellas altas», esa curiosidad por el sonido de la guitarra, el transcurrir de la infancia repartida entre el pequeño pueblo natal, después Metán y más tarde la ciudad de Salta, en el preludio de la adolescencia. Todo ese rumbear sin prisa, al amparo de Juan y Fada Falú, inmigrantes sirios, sus padres. La guitarra de modo autodidacta: mirar, escuchar y copiar. Se iba alegrando el camino, salían a flor de la tierra las canciones de amigos, Falú imprimía un capítulo de la historia de la música, su corazón mestizo dejaba huellas marcadas en el cancionero de la música popular, de un folklore incipiente que madrugaba en virtudes.

 

Zamba de La Candelaria

que cuando amanezca irá,

rejuntando estrellas altas

los ojos que me hacen a mí trasnochar.

 

Acaso alguno de aquellos barberos salteños haya sido la primera inspiración para Tabacalera, ese canto al trabajo jamás superado («Desde que ha salido el sol / siempre pegado a la tierra, / me alegra y me da dolor / mi tierra tabacalera»), compuesta junto a César Perdiguero; o para Albahaca sin carnaval («Cuando florezca la albahaca, / colla, te voy a llevar / a los bailes y a las carpas, / colla, para el Carnaval»), con el mismo autor.

Eduardo Falú y Ernesto Sábato.

Un día Falú dejó a Salta -la linda-, cruzó varias provincias y encontró en la mundana Buenos Aires el espacio para su devenir. Su nombre ya era un nombre propio. Falú, un modo distinto de hacer sonar las seis cuerdas de la guitarra. Aquel andar entre copleros de su tierra, había trascendido espacios y fronteras; ese decir de la guitarra en la tregua laboral de sus mayores, había calado profundo en las entrañas de un músico que cruzó los mares y los continentes con su música y su voz fulgurante. Falú le dio música a piezas folclóricas de inestimable valor, tanto desde la armonía como desde lo estético. Musicalizó sobre letras de grandes poetas: Jaime Dávalos, autor de Zamba de la Candelaria, Las Golondrinas («Adónde te irás volando por esos cielos, / brasita negra que lustra la oscuridad, / detrás de tu vuelo errante / mis ojos gozan la inmensidad, la inmensidad»), Trago de sombra, Tonada del viejo amor Y nunca te he de olvidar / En al arena me escribías / El viento lo fue borrando / Y estoy mas solo mirando el mar»), La Caspi Corral, Renacer, Amor, se llama amor, Milonga del alucinado; también de Manuel Castilla, en Minero Potosino, Celos del viento, Puna Sola; Osiris Rodríguez Castillos, León Benarós, Hamlet Lima Quintana y Marta Mendicute, y tantos. Otra composición épica es Romance de la Muerte de Juan Lavalle, junto al escritor Ernesto Sábato y José Hernández, sobre textos nada más y menos que de Jorge Luis Borges. Su pasaporte fue sellado en cuarenta países de América, Europa, Asia y África durante 34 años de andar el mundo.

Ganó el Konex de Platino 1985 como Instrumentista de Folklore, el Premio Nacional de Música, los premios Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes, Konex, Clarín y Gardel; la Legislatura de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires reconocieron su legado. Desde el 16 de abril de 2011, en el 429º Aniversario de la fundación de la ciudad de Salta, un anfiteatro tiene su nombre. Para sostener vigente e íntegra la memoria, el enorme Eduardo Falú fue la inspiración para El Guitarrazo, la orquesta escuela de guitarras fundada en 2002 por Roberto Calvo y Juan Falú,  actualmente coordinada por Ignacio Eguía y Daniel Schneck.

En ese hurgar en la herencia de Falú, De Coplas fue a buscar la mirada de uno de los hacedores del disco que homenajea al autor de La atardecida. “Eduardo Falú es un emblema fundamental de la cultura argentina, incluso con una proyección internacional enorme. Es impresionante todo lo que ha aportado: la profundidad de sus canciones y de sus interpretaciones, su calidad como guitarrista, su obra para el instrumento y también sus colaboraciones con grandes letristas como Jaime Dávalos y Manuel José Castilla. Todo eso lo convierte en un artista inmenso. Y eso se refleja en que muchas de sus canciones forman parte del cancionero popular argentino. Son obras que atraviesan generaciones, que se cantaron y se siguen cantando”, dice Ignacio Eguía. Y agrega que “su música para guitarra se interpreta en todo el mundo, tanto en ámbitos académicos como fuera de ellos. Tiene un lenguaje muy propio, un modo de tocar absolutamente reconocible, que lo hace único. A partir de ahí nace también nuestro deseo de homenajearlo. El título del disco, Nuestra canción, toma una frase de Río de tigres («Toda el alma mía te quiero entregar / en una mirada profunda y astral / Quemarme en la hoguera de tu corazón / y, de sangre en sangre, fecundar la muerte / Fecundar la muerte con nuestra canción») y tiene que ver con esa idea: sentir que sus canciones también son nuestras, que forman parte de nuestra identidad. Las retomamos, las resignificamos y, sobre todo, nos siguen emocionando”.

El disco, que será presentado el 9 de mayo a las 20.30 en el Teatro Empire, de la ciudad de Buenos Aires, hace un recorrido que incluye La nostalgiosa, Río de tigres, Zamba de la candelaria, Oro verde, Cueca del arenal, La atardecida, Golondrinas, La angaquera y La huarmillita, todas creaciones de Falú, que en esta edición tienen arreglos de Ignacio Romero, Lucas Bragán, Nacho Eguía, Daniel Schneck, Milagros Caliva y Juan Falú.

Eguía cuenta que “la grabación de El Guitarrazo, con 38 guitarristas de distintas edades, formaciones y también profesiones, fue un desafío muy grande. Sobre todo porque, si bien apuntábamos a un resultado lo más profesional posible, muchos de los integrantes no se dedican exclusivamente a la música, entonces hubo un trabajo importante de preparación y concientización para llegar a esa instancia. La grabación nos llevó a encarar el trabajo de una manera distinta a la habitual. A lo largo del año ensayamos, sumamos repertorio y hacemos conciertos, pero en este caso, además, se trataba de un material nuevo preparado especialmente para el disco. Eso implicó un nivel extra de compromiso: más estudio, más ensayos, incluso ensayos adicionales. También estaba el desafío de funcionar como un conjunto grande —38 guitarristas— durante varios días intensivos de grabación, con todo lo que eso implica. La experiencia fue muy positiva: hubo mucha organización, un gran compromiso de todos y todas, y creemos que eso se refleja en el resultado del disco”.

El Guitarrazo se presenta el 9 de mayo en el Teatro Empire (CABA). Fotos: Gentileza prensa El guitarrazo

Y hablando del apellido de Falú, se cuela Juan, el eximio músico y sobrino del salteño. Nacido en Tucumán y director artístico del ciclo musical Guitarras del mundo, el encuentro que reúne guitarristas de todo el mundo desde su fundación en 1995. “El concepto de Orquesta de Guitarras es relativamente nuevo, considerando la añeja historia de la guitarra y sus instrumentos predecesores. Tal vez se sitúe allá por los ’70, con experiencias realmente pioneras en España y Japón, rápidamente emuladas en un importante ensamble de guitarras de Costa Rica y luego en diversos países de todos los continentes. El Guitarrazo abre caminos en este tipo de formaciones, con la particularidad de haber asumido el lenguaje musical argentino como la marca distintiva de la formación. La claridad en el manejo de ese lenguaje por parte del colegiado que dirige El Guitarrazo, es fundamental para lograr que esos sonidos suenen como mandan sus estatutos, pues se inspiran en los saberes que aseguran una identidad estilística. Estamos, pues, ante un ensamble que hace honor a nuestras pertenencias sonoras y que, además,  es en sí mismo una escuela para quienes van habitando ese espacio. Por supuesto, merece nuestro mayor respeto la iniciativa de honrar la memoria de Eduardo Falú en ese registro, incorporando obras de un creador tan sublime que, vale decirlo, merecería ser visitado más frecuentemente por quienes amamos, defendemos e interpretamos la música argentina. Honrado por haber sido invitado, he podido comprobar en vivo la mística y la pasión que une a sus integrantes y a quienes ejercen la dirección musical de un espacio noble, horizontal y gozoso”.

«Quiero quedarme, aún, cuando me vaya, / en la memoria de quienes me han querido, / en los versos triviales que repita / con su cantar algún desconocido; / o regresar en el perfil de un hijo / como ese amanecer que ha renacido», escribió Albérico Mansilla en Tiempo de Partir, bellamente musicalizado por Eduardo Falú. Ahí radica el tiempo, la vigüela sigue sonando en el aire. El Guitarrazo templa las cuerdas multiplicadas, “hacer honor a estas músicas implica conocerlas en profundidad: saber de dónde vienen, cómo se tocan, cuáles son sus rasgos estéticos y técnicos. Que una zamba suene a zamba, o una música del litoral conserve su identidad. Ahí aparece también la idea de cuidar lo construido, de ser respetuosos con cada lenguaje”, dice Nacho Eguía. La música nacida en aquella niñez curiosa, entre boliches salteños y barberos con ángel de poetas, vive en la guitarra eterna del eterno Eduardo Falú.

 

 

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