A los 20 años, la hija de Néstor Garnica busca su impronta en el violín, con virtuosismo, entre la música clásica y el folklore. Se despega de la influencia de su padre, se prepara para debutar como solista en Cosquín y dice: “Siempre trato de tirar magia para que la gente baile”.


Malena Garnica agita su cabello castaño cuando toca el violín y sonríe envuelta en chacareras, gatos, zambas y escondidos. Y al tocar en la Orquesta Académica del Teatro Colón demuestra el fruto sonoro de sus cuatro horas de estudio por día. Entre el virtuosismo del folklore -con marca santiagueña- y la destreza de la música clásica, a los 20 años, la hija del violinista Néstor Garnica busca su estilo y se proyecta a los grandes escenarios: el 22 de noviembre se presentará en el festival República Folklore, en Buenos Aires, y el 27 de enero debutará como solista en el Festival de Cosquín. ¿Cómo es el toque de Malena Garnica?

“Mi estilo es fuego. Es mucha pasión, mucha ansiedad -dice-. A mí me gusta pensar que cuando toco a la gente le da ganas de bailar. Siempre trato de tirar magia para que la gente baile”. Y sabe qué le aporta al violín dentro del folklore: “Un poco más de sabiduría en la técnica del violín. Si bien hay muchos violinistas que no son muy conocidos y que están intentando implementar las técnicas de lo clásico dentro del folklore, yo quiero seguir con ese legado y llevar al violín a su máximo esplendor en el folklore”. Se formó desde pequeña, en su casa, junto a su padre, y lo supo: “Volví a mi raíz y hoy me presento como solista”.

La música clásica fue su otro canal. Si a los diez años ya combinaba el folklore con obras clásicas, luego continuó su formación en la Orquesta Juvenil de San Telmo, en la Camerata Académica del Teatro Argentino, en la Orquesta Juvenil Nacional y, hoy, en la Orquesta Académica del Teatro Colón. Pero el camino no fue fácil: “Cuando era chica yo quería dejar el violín. Tenía 8 años y le decía a mi papá: ‘No quiero tocarlo más’. Y él me contestó: ‘Vos podés dejar todo lo que quieras, pero no te voy a permitir que dejes el violín. Si estás aburrida vamos a una orquesta’”. Y la llevó a la Orquesta Juvenil de San Telmo (OESAT).

“Ahí me di cuenta de que tocar en colectividad es hermoso -confía Garnica-. Es precioso saber que estás respaldado por otros músicos. Se comparten muchas emociones e ideas”. La OESAT empezó a seleccionar a algunos músicos y ahí pasó a la Camerata Templar. ¿Qué ocurrió? “Me dieron la oportunidad de tocar por primera vez como solista, interpretando Las cuatro estaciones de Vivaldi, y también pude tocar tangos como solista. Luego fui a la Camerata Académica del Teatro Argentino, que tenía una gran dinámica y exigencia, y hoy, en la Orquesta Académica del Teatro Colón, sigo cumpliendo mis sueños. La música clásica me exige mucho, porque yo tengo el toque santiagueño en el violín, como mi padre”. 

Hace menos de un mes se mudó a Capital, desde La Plata, para vivir sola: “Tengo muchas actividades, muchos laburos, y me convenía quedarme en Buenos Aires. Del Colón nos empezaron a llamar un montón para eventos privados y, aparte, tengo un cuarteto de cuerdas, Aurum, y también nos llaman mucho para eventos. Además hacemos repertorio para niños”. Y ya a los 16 años se sentía una profesional del violín dentro del folklore: “Después de la pandemia hice giras con mi papá. Luego me fui largando sola en escenarios y peñas. El 24 de septiembre estrené el video con mi versión de ‘Fortuna, fama y poder’, de Peteco Carabajal, y también planeo grabar un disco. Tengo todo por delante con el violín”.

– ¿Qué te distingue respecto de la forma de tocar de tu padre?

– Yo siento que soy más eufórica, más ansiosa. Siento que tengo más power. Igual, al mismo tiempo estoy tratando de cambiarlo, porque a este instrumento siempre hay que estudiarlo y siempre tengo que estar atenta a todo. Entonces siempre trato de mejorar y de cambiar mi sonido. Ahora estoy tratando de ser más serena: de tener un sonido más calmo, más tranquilo. Y, de a poco, voy encontrando una búsqueda que se aleje del sonido de mi papá.

«Cuando era chica nos pasábamos todo el día tocando». Fotos: Gentileza de la artista

2026 es un año crucial para Malena Garnica: “Estoy cumpliendo sueños que ni me esperaba, como tocar ahora en República Folklore y luego en el Festival de Cosquín. Es hermoso. Yo a veces me despierto llorando, en las noches, sabiendo que me están dando esta gran oportunidad de estar en estos dos festivales tan grandes y tan hermosos, y llenos de gente que para mí es referencial, como La Sole, el Chaqueño Palavecino, Abel Pintos o mi papá mismo. Él va a estar en los mismos festivales donde voy a estar yo. Es un honor y me emociona mucho. Y es hermoso para mí estar en Cosquín. ¡Es mi sueño!”.

Para ello armó el grupo con Juan José Do Nascimento en guitarra y Lucero Carabajal -nieto de Cuti- en percusión. “¡Tremenda banda! Somos un trío de bombo, guitarra y violín, y también sumamos pistas y bases electrónicas, tratando de buscar un distintivo y de aportar a la música folklórica -dice Garnica-. Unimos el mundo tradicional y el moderno: el monte y la ciudad. El repertorio va a ser bien santiagueño, como mis raíces. Yo aprendí a tocar por mi papá, que es bandeño, así que vamos a hacer un repertorio bien para los bailarines”. También sumará su voz: “Hace unos meses que soy cantante. Antes no me animaba a cantar, pero me encanta, y estoy teniendo clases con Guadalupe Farías Gómez. Así que avanzo”.

– ¿Cuáles son tus sueños aún no cumplidos con la música?

– Uy, tengo muchos y no sé cómo ordenarlos. Primero, llevar el violín a su máximo esplendor. Luego, poder utilizar todas las técnicas posibles de lo clásico en el folklore. Y poder hacer que nuestra música sea internacional. También, llevar el folklore a un festival de Alemania, por ejemplo, y que a la gente le guste. Y poder llenar teatros. Ése es mi gran sueño. O hacer un Viña del Mar. ¿Quién no querría estar en Viña del Mar? 

Malena Garnica construyó su presencia escénica a partir de sus influencias y de su propia impronta: “Mi papá me ayudó un montón en eso. Cuando era chica nos pasábamos todo el día tocando, y también estudiando. Mi papá me enseñó a estudiar, porque una cosa es tocar el violín y otra es saber cómo estudiarlo rápido. Porque vos podés estudiar, pero por ahí estás perdiendo el tiempo. Y mientras tocábamos nos poníamos a jugar, como si estuviéramos en el escenario. Mi papá me decía: ‘Vos tocá, tocá. Movete, disfrutá lo que hacés’. Y cada vez que tocaba el violín practicaba como si estuviera en el escenario. O sea que estar en el escenario es como estar en mi casa”.

– ¿Qué más te enseñó tu papá?

– Me enseñó la música hermosa que tenemos. Me enseñó que con una simple nota se pueden proyectar un montón de emociones. Me enseñó todos los recursos para poder salir adelante con el instrumento. También me enseñó a construirme como persona, porque no se trata sólo de tocar un instrumento: ahí mismo proyectás el tipo de persona que sos. Si un amigo se pone a tocar, yo me doy cuenta cómo es esa persona. Si toca despacio, porque es tímido. Si toca muy fuerte, porque le gusta destacarse. Si hace una obra difícil, porque estudia mucho. Si hace una obra fácil, pero le pone musicalidad. O sea: si sabe proyectar sus emociones dentro de la música.

«Sigo buscando el estilo Malena Garnica». Fotos: Gentileza de la artista

Y así Malena Garnica vive sus caminos entre lo clásico y la raíz folklórica: “Al principio me costó mucho, porque a la forma santiagueña de tocar la tengo muy arraigada y no la podía sacar de lo clásico. Por eso me gusta tanto lo clásico. Porque me cuesta mucho, son muchas horas de estudio y cuando salen las cosas es una satisfacción muy grande. Pero dentro del folklore puedo demostrar quién soy yo realmente. En lo clásico es difícil mostrarte como sos, porque tiene muchas reglas: yo no puedo tocar Mozart como toco una chacarera en el violín”. 

Hay una serie de obras clásicas de Edward Elgar que la desafían especialmente: “Él las compuso para las personas más importantes de su vida y cada movimiento representa esa personalidad: una se la compuso a su madre, otra a su padre, otra a su mejor amigo, a su esposa, a sus hijos. Para mí, esa fue una de las obras más difíciles de tocar con la Orquesta Académica del Teatro Colón. Eso fue justamente este año. Y de las obras que más me conmueven elijo un concierto de Max Bruch para violín, porque destaca mucho al instrumento y tiene una melodía que te llega al corazón. Sea quien sea el que la toque, algún mensaje te va a transmitir”.

– Dentro del folklore, ¿tenés obras que ya sentís como si fueran tuyas?

– Estoy en esa búsqueda. Porque las que siento que son mías en realidad son de mi papá. Y él me enseña a tocarlas como él las toca. Por ejemplo, a la ‘Chacarera del violín’ yo la toco, pero es muy representativa de mi papá. Me cuesta mucho separar la violinista que él me hizo ser de la violinista que quiero ser yo. Todavía estoy buscando cuáles son mis chacareras, mis zambas, mis gatos, mis escondidos y mis cuecas. Yo intenté que él me ayudara a elegir el repertorio para República Folklore y para Cosquín, pero después dije: “Voy a ir por otro lado, porque quiero despegarme de lo que es él”. Mi manager, y Marcelo Predacino, que es mi productor musical, me ayudaron un montón. 

Este año, con la productora Arte al Andar, Malena Garnica hizo en Unquillo y en Córdoba capital el video de Fortuna, fama y poder, de Peteco Carabajal. “Teníamos apuro de presentar algo nuevo y elegimos esas locaciones porque representan un puente entre dos mundos: el monte y la ciudad”, dice Garnica. ¿Cómo se ve de aquí a diez años? “A los 30 me veo estando en una orquesta estable, más precisamente en la Nacional, en la Filarmónica, o en la Estable del Teatro Colón. Alguna de esas tres. También me veo grabando un montón de discos con gente reconocida, como La Sole o Abel Pintos. Y, si Dios quiere, haciendo un disco con mi papá. Espero poder lograrlo”.

– ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser hija musical de Néstor Garnica?

– Lo bueno es que hay mucha gente que me conoce y no es tan difícil llegar a ella, por el hecho de ser la «hija de». Pero también es un peso muy grande, porque tenés que pasar las expectativas de un montón de personas. Porque mi papá es, para mí, el mejor violinista dentro del folklore, en la Argentina. Y dejó una huella muy grande para todos los violinistas. Muchos quieren ser como él e incluso hacen los mismos arreglos de él. Así que son expectativas muy grandes y espero poder cumplirlas. Pero bueno, yo soy la que soy. Sigo buscando el estilo Malena Garnica y siempre estaré dando lo mejor de mí para lograrlo.

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