Después de Camp Howard, Nico Perea no volvió al barrio: volvió a sí mismo. Así nació Nico Play, un proyecto íntimo y en español, que cambia el ruido eléctrico por guitarras suaves y canciones que se sienten como una conversación.


Nicolás Perea nació en Ciudad de México y es hijo de Ana Perea Mahoney y Víctor Perea Palencia. A los seis años su familia se mudó a Virginia (EE.UU.), un cambio que marcaría su infancia y sus primeras aproximaciones a la música. Entre los recuerdos más vívidos de esa época están el disco Love de The Beatles, que sonaba en la casa gracias a sus padres, y un DVD de un concierto de The Cure que veía junto a su tía, sin sospechar que esos discos lo llevarían a discutir sobre acordes, posiciones y afinaciones más que cualquier otro tema en su vida.

Tras formar parte del proyecto Camp Howard en Estados Unidos, Nicolás Perea se despegó de la escena indie angloparlante y apostó por algo más personal. Una identidad artística con menos paredes eléctricas y más ventanas abiertas. Más íntima, más directa. Un proyecto en español, introspectivo y experimental, que se aleja del ruido de la industria para hacer canciones que suenan sinceras, aunque el mundo insista en el click.

Para entender el presente que nos trae canciones tan sentidas y variopintas como Bluff —su lanzamiento al mundo como artista solista e independiente—, o La Ciruela —donde podemos navegar por el Río Papaloapan de Tlacotalpan en Veracruz, México— primero debemos llegar a Camp Howard, la génesis del músico que entrevistamos hoy.

Camp Howard es un campamento donde Nico junto a Wes, Matt y Brian pasaban sus veranos juntos —también a la vera del río— en Richmond, West Virginia. Aunque mucho más emparentada con el indie y el britpop, ya se hacían sentir dejos de lo que sería el camino posterior de Perea. Letras tanto en inglés como en español, que le daban otras capas y una sonoridad distinta a las canciones del conjunto norteamericano.

Hay un camino que merece la pena ser transitado desde 2015 hasta la actualidad, que nos trae a composiciones más propias del folklore latinoamericano con canciones tersas y suaves. El arpegio, del acorde desplegado y el sonido de la piel de los dedos sobre el nylon de las cuerdas de la criolla, como marca imprescindible de esta transición.

El cambio no fue sólo estético o sonoro, fue vital. En sus palabras: “Sentía que necesitaba algo que me representara más directamente”. La decisión de cantar en español le permitió encontrarse con su voz interior y también con una audiencia nueva. “Yo creo que es justo por eso que empecé a escribir canciones en español – porque nadie de mis amigos me entendía y me daba una sensación de privacidad”.

– Tu música como Nico Play es bilingüe, combinando inglés y español. ¿Cómo influye tu herencia mexicana y tu crianza en Estados Unidos en tu proceso creativo y en la elección de idioma para tus canciones?

– Mi herencia mexicana influye bastante a nivel subconsciente creo. De repente me salen canciones o frases que me sorprenden, porque salen de mi sangre más que de mi mente. Igual tengo cosas que quiero decir en inglés, porque a veces quiero que la gente que me rodea que no habla español me entienda. También es cosa de aceptar ser humano e intentar de explorar, entender, y expresarse a uno mismo sin miedo de quedarse expuesto.

«Me gustaría ver más poder y dinero en las manos de los artistas». Fotos: Gentileza del artista

Bluff fue todo un puntapié: pop, brillante y de emociones profundas. ¿Qué inspiró esta canción, por qué comenzar con ella este camino y qué esperabas de tu público que te conocía por hacer otras cosas?

Bluff fue inspirado por el juego de cubilete que estaba jugando mucho a principios de 2020 con mi familia y mis amigos. Como era la primera canción de Nico Play la verdad no estaba pensando mucho en los oyentes. Creo que sigue siendo una buena canción, y espero que la gente que la escuche aprecie el arreglo instrumental. Es bastante sorprendente cómo la gente ha conectado con las canciones más acústicas. Me encanta tocar en vivo porque la gente que me viene a ver realmente aprecian las canciones y vienen con la intención de escucharlas. Es nostálgico (hacer música en español) para mi porque es la música que escuchaban mis papás y mi familia en México cuando era chico. A mi papá le encanta Gustavo Cerati. Soda Stereo es de lo mejor que hay de rock en español que yo conozco.

– En el cambio de estilo, has cambiado de audiencias y justamente con eso, ¿cómo te llevas con el algoritmo, con Spotify y con la industria audiovisual que tan importante es en la actualidad? Canción y video, son casi condición sine qua non…

– Para mí (video y canción) son totalmente distintos. La música es lo que realmente importa, y ya luego se hace lo que se puede para promover y reforzar la canción. No compara el tiempo y esfuerzo que le meto a escribir una canción al que le meto a grabar un video. (…) Es increíblemente difícil ganar suficiente para vivir una vida decente como artista, mientras el dueño de Spotify tiene un valor neto asquerosamente alto. Simplemente, como muchas cosas en este mundo, no es justo y es resultado de la codicia. Me gustaría ver más poder y dinero en las manos de los artistas.

– ¿Podés vivir de la música hoy en día y cómo manejás tu carrera en la industria? Mucho de lo que se habla de las plataformas es de lo poco que se reparte las ganancia con los músicos…

– Sí, al momento (y ojalá en el largo plazo) estoy viviendo de esto. Es una gran bendición y estoy sumamente agradecido de estar en esta posición. He trabajado, sufrido, y sacrificado para estar aquí y por eso voy navegando con mucho cuidado en esta industria. He hecho todo lo posible para retener todos mis derechos, el dinero que genero y ser dueño de mi arte. Es posible que lo tome muy extremo porque hasta ahora hago absolutamente todo yo mismo, pero prefiero trabajar más y ganar más que perder un porcentaje de mis ingresos. En algún momento espero llegar a un nivel de estabilidad y promesa financiera que pueda tener el lujo de pagarle a un manager, pero ya veremos.

A diferencia de muchos artistas de su generación, Nico no quiere hackear la industria con sus canciones en los charts. No busca sonar moderno. Ni postmoderno. Ni TikTok-friendly. Sus canciones nacen de experiencias personales —la ansiedad, el amor, el desarraigo— y se sostienen en una estética que dialoga más con la trova y una música más introspectiva que con el pop hiperproducido que la industria demanda. En su música hay guitarras suaves, letras confesionales y una voz que suena a diario, como si nos hablara desde el fondo de su habitación.

Aunque tiene una comunidad creciente en redes y una breve pero concisa carrera con la canción amplificada, su proceso de composición sigue siendo solitario. Hasta confiesa no mostrarle las canciones a nadie: “Estos días no la verdad, prefiero grabar las canciones y sacarlas sin opiniones externas”.

La transición a trabajar solo le trajo un cambio de dinámica profundo. “Son procesos diferentes. Trabajar solo me ha ayudado a confiar más en mi intuición”. Con esa confianza comenzó a construir un proyecto donde la identidad no depende del volumen, sino de la honestidad de cada canción.

En esta nueva etapa, Nico va en busca de lo esencial. Canciones que no pretenden epatar, sino conectar. Desde Vivir sin Ti hasta lo nuevo que esté cocinando, su música transita emociones sin apuro, con arreglos que se sienten como un cuarto en penumbra donde entra luz solo por una hendija. Le canta a lo que duele pero también a lo que sostiene. En cuanto a lo que viene, no duda: “El mayor objetivo ahora es escribir y grabar un gran álbum. Quiero mejorar como cantante y seguir creciendo como compositor y artista. También espero hacer más giras por el mundo, incluyendo Sudamérica”.

En sus shows en vivo, Nico busca recrear ese clima íntimo, pero sin sacrificar la energía del directo: “Mi idea es que la experiencia se sienta honesta. Que haya espacio para el silencio y también para el ritmo”. En ese ida y vuelta, el público conecta con una propuesta sensible, alejada del ruido superficial de muchas escenas.

Su búsqueda no es estética, es emocional. Canciones que no buscan volumen, sino verdad. Nico Play suena bajito, pero pega fuerte.

 

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