En esta reseña, cuatro discos nuevos de canciones originales y autores que arman una constelación de territorios diversos. Seva Castro, Marina Ruíz Díaz, Leila Cherro y Pablo Bruno lanzan, desde distintos estilos y puntos cardinales, músicas que pintan sus paisajes.
Por un lado, dos compositores con inmensa trayectoria en los escenarios de la música popular, excelentes ejecutantes, eligen el formato trío para su nuevos trabajos, totalmente instrumentales. Seva Castro, salteño radicado en Capital, a partir de la guitarra y la porteña Marina Ruiz Matta desde el piano, ambos con marcada identidad latinoamericana.
Por el otro, dos cantautores muestran sus sentires desde sus lugares de origen. Leila Cherro, desde Chubut, compone canciones de amor y de dolor y lo hace además con el violonchello. Y desde Córdoba, Pablo Bruno con su guitarra nos revela un mundo interior, nos cuenta sobre su entorno y se manifiesta activo frente a reclamos comunitarios.
Seva Castro – El mismo cielo
Sostenido por su columna vertebral salteña, radicado en Buenos Aires desde hace una veintena de años, el guitarrista Seva Castro editó este trabajo puramente instrumental, en formato de trío, manteniendo un anclaje en el folklore. A las melodías que emergen de su virtuosa guitarra, esta vez se sumaron el contrabajo de Maia Korosec y la percusión de Agustín Lumerman, músicos muy reconocidos en la escena popular que con profundidad, aportan a los temas precisión, ritmo, pero sobre todo un mundo interior que acaricia melodías y silencios.
La belleza de su composición está en esa búsqueda, resultado de un sonido colectivo. Aún en los temas tradicionales: Zambas, Bailecitos y el choro brasilero: Lo baiom velo balyla, como en el resto, que son de su autoría, no hay un protagonismo de la guitarra, sino una acertada conciliación entre los graves del contrabajo y la percusión, generando un microcosmos novedoso para el oído. No falla. En El mismo cielo, ese cielo diáfano sobre los cerros que lleva en su memoria, y del cual Seva Castro no puede desprenderse, hay folklore latinoamericano. Ese título oficia de frase integradora para la música exquisita del disco, para lo temas propios y los arreglos inspiradores que dedicó a los clásicos, y a los temas nuevos que proporcionan un sentimiento de abrigo.
Marina Ruíz Matta – Perseverar en el absurdo
Otro disco en formato trío, pero con el piano como líder.
Dentro del universo del jazz Marina Ruiz Matta, excelente pianista que va por su sexto disco de composiciones propias, estrena el segundo álbum en formato de trío. Lo comparte con: Juan Bayón contrabajo y Gabriel Spiller, batería. Marina se desempeña como pianista en la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, es arregladora y compositora con mucha obra creada.
Perseverar en el absurdo combina la improvisación y la integridad de los arreglos en temas originales nacidos de una vertiente latinoamericana y alimentados dentro del jazz contemporáneo. Nombrar al absurdo remite al juego irracional de dejarse llevar y observar el resultado que arroja el trío en su funcionalidad. Propone un diálogo constante en la vía musical de los tres músicos: se esperan, se preguntan, se responden. Y como este género se los permite abren juego a la variedad de ritmos. Incluso a una intervención de brasses, clarinete y trompeta, en algunos temas y la voz de Marina que surge acompañando frases en La madre de Ernesto. Un disco intenso, colmado de momentos, ideal para descubrir lentamente cada uno de sus matices.
Leila Cherro – Del día y la noche
Con una gran producción, con canciones propias, con territorio patagónico tatuado en la creación Leila Cherro, violonchelista bonaerense, compositora, que eligió Trevelin, Chubut, como lugar de residencia, editó su primer disco junto a otros artistas que aportan sus voces y saberes y comparten la cultura de estas tierras de nuestro sur. Tomi Lebrero en voces y bandoneón, las voces de Julieta Rimoldi, Marcelo Saccomano y Shaman Herrera; Gato Urbanski violín, y Pey Etura en guitarra eléctrica, participan de Del día y la noche. También es muy valioso el trabajo de desarrollo sonoro que aportó Hernán Hecht (músico, productor, compositor, ganador de un Latin Grammy) quien realizó la producción artística, teclados, batería y coros y a quien Leila considera parte esencial de este disco.
Es muy interesante la composición desde el violonchelo, instrumento poco frecuente, aunque de bellísima contribución para la canción. Se puede comprobar en varios de los temas, pero sobre todo en El camino es nuestro.
Del día y la noche es un disco magnético. Tiene nueve canciones envueltas en cálidos sonidos, que parecen haber sido compuestas en un refugio. Ellas hablan de amores, de dolores, de sentimientos que afloran -como en Estado de alerta– y hacen mucha referencia a lo natural, a la tierra, como en Tiempo al tiempo.«Reconozco la belleza y agradezco lo que me rodea hoy», declara en el tema Hoy. O en Maitén, donde podemos incluso escuchar la voz misma del árbol aconsejándonos que: «entre mis manos guardo la verdad, lo esencial es respirar naturaleza».
Pablo Bruno – Hogar
Otro nuevo disco de compositores jóvenes es Hogar, del cantautor cordobés Pablo Bruno. La provincia mediterránea brinda a los artistas y músicos la posibilidad de la proximidad con las músicas limítrofes y una conexión con la paz de las comarcas serranas. Esa matriz musical de raíz folklórica brota en canciones donde los autores a la vez integran una comunidad creativa. Pablo Bruno no está exento a esa pertenencia, por eso de sus letras asoman lo comunitario, el territorio, el reclamo por los derechos, pero también lo transformador, el ser, el alma y la esperanza de trascender este tiempo. En ese contexto Hogar no es sólo un deseo individual, sino el concepto desde donde todos partimos a un viaje.
Pablo Bruno es un compositor que milita el sentido. Es un artista transparente, se nota en su forma de cantar la pasión y en la poesía lo natural. Hogar es su cuarto disco de estudio. Un trabajo amoroso para escuchar completo frente a unos leños encendidos. Contiene trece canciones, la mayoría originadas desde bases folklóricas y cuenta con la colaboración especial, en la chacarera Cordillera y quebracho, con el artista santiagueño Raly Barrionuevo. En ella se reflexiona sobre el desmonte y se reivindican los organismos de derechos humanos.
En varias de las canciones del disco hay un recurrir constante al hogar: Sentirme hogar, El abrazo de hogar, Ahicito en los encuentros. El hogar como fogata que reúne y el hogar como primera comunidad, hábitat de los vínculos más cercanos. Sin dudas para Pablo Bruno es allí. Ése es el espacio indicado en donde la creación fluye, o como dice otra de sus canciones, Donde el milagro echa a brotar.
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