A fuerza de canciones que delinean su andar itinerante por la existencia y la música, Adrián Berra llega al momento exacto de ubicarse Antes de saltar, un álbum donde revindica la decisión de liderar una banda y salir a encontrarse con un público con el que comparte una lengua y una manera de mirar el mundo.


“Eso de ir moviéndome es algo que me gusta, me entusiasma, me hace bien. Hay gente a la que le da vértigo el movimiento, pero para mí, al contrario, moverme es un lugar seguro porque, además, me cuesta mucho quedarme quieto”, confiesa Adrián Berra durante una charla con De Coplas donde al repasar su manera de caminar la música y la vida llegó naturalmente a Antes de saltar, su reciente quinto disco de estudio.

En ese transitar, el músico y compositor que vivió en Uruguay y en la Sierras Chicas de Córdoba volvió a la Ciudad de Buenos Aires donde nació en 1985 siguiendo siempre una premisa que relata como un mantra leve que le habilita la sonrisa en el rostro: “Me gusta sentirme liviano y no acumular porque no se precisa de tanto para vivir. De hecho no tengo álbum familiar de fotos ni tantas cosas, me gusta andar con lo puesto y lo único que siempre mudo conmigo son los cuadernos con anotaciones y los instrumentos”.

Las páginas entintadas, las cuerdas, los parches, son herramientas creativas de las que se vale para construir una obra que alumbró hace dos décadas cuando dio forma a Un beso en la nariz y conforman la usina que decide llamar “el aljibe”, el espacio (ahora también virtual que habita en computadoras y teléfonos móviles) donde va hallando aquello que necesita para hacer nacer las canciones que pueblan su repertorio de melodías y palabras.

“Es algo que fui descubriendo sin darme cuenta, de a poco. Me encanta sacar los cuadernos y empezar a ver cosas que escribí en otro tiempo y ponerme a dialogar desde mi mirada actual con ese yo del pasado. Es como un método que fui desarrollando y poder decir «bueno, cuando no se me ocurre nada, voy a buscar para atrás». Y cuando voy a buscar atrás, siempre algo traigo, es como ir al súper por un poco de materia prima y sobre esa materia prima empezar a ver qué pasa y eso hace que de alguna manera no se trabaje con la hoja en blanco. A partir de tomar conciencia de ello, empecé a proponerme escribir incluso cuando no estoy inspirado, incluso cuando no tengo ganas de hacerlo y después en otro momento, encontrarme con esas ideas del pasado y poder juzgarlas con más neutralidad que cuando me salen. El hecho de no tirar nada hace que yo escuche y me escuche a mí mismo como si fuera otro y cuando algo me entusiasma, cuando algo me cautiva, cuando algo me emociona, confirmo que es por ahí y entonces lo que me entusiasma es lo que va trazando el camino”, formula con detalle.

Apelando a ese método, pero también a nueva una modalidad de parar la pelota y dedicarse exclusivamente a componer durante un período de tiempo de entre cuatro y cinco meses, Berra alumbró Antes de saltar en un desarrollo que, cuenta, “implicó una dedicación como de escritor en un enfoque nuevo gracias al que aparecieron resultados nuevos y eso me entusiasma un montón. Anteriormente yo iba juntando canciones que iba haciendo a medida que iba tocando, en la ruta, en las giras, en los viajes. Pero en este caso no: Me levantaba, llevaba a mis hijos al colegio, volvía y me quedaba toda la mañana escribiendo y me encantó el hecho de sentarme, hacer foco y pasar por todo ese proceso que es entusiasmo-frustración, entusiasmo-frustración, entusiasmo-frustración pero que al revisarlo me llevó a darme cuenta que todas esas mañanas tuvieron mucho sentido porque cuando parecía que no estaba pasando nada, sí estaba pasando algo y eso le dio un enfoque distinto al de los discos anteriores”.

Antes de saltar se integra de nueve temas: Rotonda, Nunca se termina, Lágrima seca, Antes de saltar, Pasan los años, A orillas de la ciudad, Domingo, Feria de Don Ju y Colibrí, que Adrián cante y comparte con una banda estable conformada por Tomás Sanguinetti (guitarras y coros), Clara Presta (piano, sintetizadores, acordeón y coros), Tomás Boqué (batería, percusión y coros), Lucas Garbarino (bajo) y Alejandro Grillo Ferrero (vientos).

Ese conjunto acuerpará la presentación oficial del repertorio el 15 de mayo a la sala porteña La Trastienda, en una gira nacional que lo llevará por Mendoza (el 30 de mayo en Nido), Mar del Plata (el 5 de junio en Teatro Vorterix), La Plata (el 6 de junio en Teatro Ópera), Córdoba (el 12 de junio en Legrand) y Rosario (el 13 de junio en Centro Cultural Güemes) y que hacia agosto cruzará el mar con destino a Europa.

«El camino está en apostar a la grupalidad porque siempre la grupalidad es algo que nos salva». Fotos: Gentileza del artista

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Promover la grupalidad y surcar el tiempo

– Una característica central de Antes de saltar es ser un disco de banda ¿Cómo se dio eso?

– A mí me gusta que cada disco tenga su impronta o su búsqueda y sentí que había una especie de energía colectiva que se fue forjando en las presentaciones de Respirar bajo el agua (2023) y sentí que esa grupalidad estaba buena que se plasme de alguna manera en un trabajo discográfico. Mis discos anteriores quizás tienen algo más intimista, despojado o minimalista y me gusta que en este caso se genere ese sonido colectivo reflejando un lugar de llegada y de partida después de tres años presentándome mucho en formato de banda por todos lados e inclusive tocando con la gente parada, que fue algo novedoso para mí.

– ¿El hecho de tocar con banda te modificó la manera de componer y de pensar tus conciertos?

– A partir de empezar a tocar para público de pie se dio una situación que marcó un punto de inicio para pensar en las composiciones de Antes de saltar porque esa modalidad antes implicó una adaptación del repertorio anterior para el hecho de tener a la gente parada tuviera un sentido, una propuesta que se notara también desde lo energético. Me di cuenta que había muchas canciones que se la bancaban muy bien, pero también que para que eso sucediera había que tener un repertorio que lo justifique y que le dé sentido a esa decisión y eso me llevó a preguntarme ¿Qué quiero que pase en el show que no está pasando?, ¿Qué me gustaría que suceda? ¿Qué está faltando? ¿Qué está necesitando?

– ¿De qué modo resuena en vos pensar y trabajar en colectivo en momentos de tanto ajuste y elogio de la individualidad?

– Es complejo siempre sacar discos y entiendo que cada persona tiene su realidad y cada proyecto también lo tiene, pero siempre el camino está, de alguna manera, en apostar a la grupalidad porque hay algo de entender que siempre la grupalidad es algo que nos salva. Armar grupo y armar equipo es algo que además trato de pensarlo como una manera de seguir mi deseo y de ver cómo puedo sostener eso.

– ¿Es una demostración de crecimiento del proyecto?

– No lo sé. Yo siento que el crecimiento siempre fue bastante paulatino de la mano de muchos discos, de mucho tiempo. No es que hubo un momento en el que algo pasó, sino que me parece que se dio un crecimiento de a poco que a mí me gusta porque siento que me hace pisar firme en mi música y en la vida también. Por eso me siento más preparado como para salir a compartir la música y a tratar de bancar los trapos y sostener la agrupación hasta donde se pueda porque siento que me representa. Creo que a lo largo de todos estos años fui como gestando el deseo de conformar una grupalidad que ahora es posible y mi deseo es que las cosas crezcan para poder seguir generando cosas en una rueda donde hacer cosas generen otras y en el camino nos encontremos con más gente.

– ¿Tomar nota de ese vínculo con el público es uno de los ejes que marca la ruta que tomás?

– Pese al auge de las redes sociales yo trato de no exponer mucho lo que es mi vida privada, pero sí es verdad que mis discos van exhibiendo de manera muy transparente las distintas épocas que fui atravesando y eso genera una conexión con la gente que me escucha. En ese sentido Viajes a Pequemonia-una película en canciones (2022), que grabamos con la banda en el que era mi lugar en las Sierras hacia el final de la pandemia, es una foto de un momento de mi vida como lo fue Mundo debajo del mundo (2017) que escribí de noche porque había sido papá y era el único momento en que podía componer y grabar. Y ahora me gusta que este trabajo sea palpable que se trata de algo urbano y enchufado.

– En ese sentido, ¿qué es lo que muestra Antes de saltar?

– El nombre del disco vino con la canción porque me gustó la idea de no poner ningún evento como si fuera fantástico y darle una importancia excesiva. En el disco se habla mucho del paso del tiempo y de algo de la etapa de la vida de una persona que está dando pasos para adelante. Entonces una persona está saltando pero no porque está por pasar algo extraordinario, sino que en el salto hay como muchos saltos que son quizás silenciosos o de alguna forma sutiles y que siempre tienen que ver con el devenir de algo. Todo el tiempo siento que estamos dando pasos y saltos y movimientos para adelante y me gustó mucho hablar de eso.

– ¿El concepto del álbum aparece a partir de esa canción o te diste cuenta que tenías un cuerpo de canciones que referían a eso?

– Sí, me di cuenta que lo que atravesaba el disco era el paso del tiempo. Y cuando apareció la canción Antes de saltar me pareció que era interesante poder hablar del paso del tiempo a través de ella y sin nombrar la palabra tiempo y sin nombrar algo que tuviera que ver literalmente con el tiempo. Me parece que este disco, además, en algún punto lo que hace es como una especie de revisión también de eso que pasó y de las cosas que fueron aconteciendo y al mismo tiempo con una visión de futuro porque soy una persona todavía joven, parado un poco más en una mitad del camino que me permite revisar ciertas cosas para atrás y, a la vez, imaginar ciertas cosas para adelante.

 

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