La banda más salvaje de Luis Alberto Spinetta editó tres discos de estudio, y cuando el grupo ya estaba desarmado en 1976 salió un vinilo recopilatorio que provocó un cimbronazo. Los pro y los contra según la mirada de músicos y referentes de disquerías rosarinas; y por qué, a 50 años de su lanzamiento, sigue siendo un álbum de culto


El pez rompe la pecera con gesto de furia, el filo de un vidrio quebrado lo hace sangrar. Pese a la herida va para adelante. Ahora respira aire puro, disfruta su libertad. Esa tapa plena de simbolismos, realizada por Juan Gatti, fue un mazazo para quienes en aquel 1976, en medio de una incipiente Dictadura, compramos el disco Lo mejor de Pescado Rabioso.

Pero, claro, el arte de tapa de un vinilo, por más impactante que sea, nunca será trascendente si el disco no tiene un peso específico superlativo. Y acá vale detenerse. ¿Puede un compilado hacer historia en el rock argentino? Sí, desde ya, y la explicación se basa en que es mucho más que un álbum de grandes éxitos. En lo que respecta estrictamente a su contenido artístico, su particularidad fue que incluía tres temas que no estaban en ninguno de los tres discos oficiales de la banda liderada por Luis Alberto Spinetta (Desatormentándonos, Pescado 2, Artaud) y que hoy, a 50 años, siguen siendo clásicos incunables: “Post Crucifixión”, “Despiértate nena” y “Me gusta ese tajo”. ¿Sólo tres temas, que ya estaban en lanzamientos simples, y tanto ruido por un disco? Nada de eso, hay momentos en que una canción puede romper esquemas y abrir mentes. Y más si estamos considerando una etapa en la que, al menos en lo personal, todo estaba por descubrirse, pero también todo estaba a punto de destruirse en el planeta. Todavía sobrevolaban las esquirlas de la Guerra de Vietnam, el mundo estaba dividido en dos por la Guerra Fría entre Unión Soviética y Estados Unidos y por estos lares estaba todo mal, Pinochet pisaba cabezas en Chile y un desconocido Videla gobernaba la Argentina con verde militar, lejos del verde esperanza.

El mensaje pacifista y antibelicista de las canciones del Flaco Spinetta eran como un bálsamo en aquellos días. Y vaya que fue una semilla que germinó de la mejor manera, porque llevado al caso puntual de Lo mejor de Pescado Rabioso, haciendo una escucha tema por tema a lo largo de las 11 canciones del disco, no sólo resiste el paso del tiempo, sino que es un espejo donde se miran desde los pibes y pibas que se inician en la música en este golpeado 2026 hasta quienes fuimos contemporáneos con ese lanzamiento.

Pero vayamos desde el comienzo, como para explicar cuál es mi historia detrás de esta historia. Tenía 15 años en el 76 y apenas conocía al Flaco Spinetta por “Muchacha, ojos de papel”, “Plegaria para un niño dormido”, “Las manos de Fermín”, todas en versión intimista; y algo de su pulso rockero en “Ana no duerme” y “Rutas argentinas”. Hasta ahí llegaba mi básico conocimiento del Flaco versión Almendra. Hasta que mi amigo Fernando Tula, spinetteano desde la cuna, me dice “tenés que escuchar a Pescado”. “¿A quién?”, respondí, imaginando que se trataba del sobrenombre de algún solista. Si ya existía un Tanguito, un Moris, por qué no podría haber un Pescado. “A Pescado Rabioso, salame” -porque todavía se usaba «salame» en vez de «gil»- me dice este rockero amigo, a quien respetaba sus gustos musicales porque me llevaba algunos años y por lo tanto tenía mucha más música escuchada.

En esos tiempos, de camisas de bambula, zapatos con plataforma y pantalones Oxford, nadie hablaba del multiverso, pero hoy entiendo que de a poco, con Pescado, estaba abriendo las ventanas del multiverso Spinetta. Porque ya en el 76 Pescado Rabioso no existía. En la Argentina, y especialmente en esos años, siempre llegábamos tarde a todo lo que era “lo nuevo”. En ese año Spinetta la estaba rompiendo con Invisible, sí, aquel power trío junto a Machi Rufino, en bajo, y Pomo Lorenzo, en batería. Ahí descubro que ese tal grupo Pescado Rabioso no tenía nada que ver con Almendra, ni tampoco con la versión más compleja y elaborada armónica y rítmicamente de Invisible.

Entonces, ¿qué era Pescado Rabioso? Y lo primero que pone Fernando en su combinado (¿sería un Ranser?) fue “Post Crucifixión”. El riff me partió la cabeza. Parecía Jimmy Page en “Inmigrant Song”, de Led Zeppelin III. “¿Qué es esto?”, le dije. Como siempre hacía Fernando, una pésima costumbre, te cortaba el tema, y respondía: “Y esto no es nada, escuchá esto otro”. Y clavó “Despiértate nena”, el tema 5. Me acuerdo que me salió una puteada, no pude evitarlo, y lo insulté un poco más cuando antes de que llegara el estribillo del tema cantado por un jovencísimo David Lebón, me pone el track siguiente: “Me gusta ese tajo”. Y ahí me puse colorado, nunca en mi vida a mis 15 inocentes años había escuchado una letra tan atrevida: «Me gusta ese tajo, que ayer conocí, que ya me calienta, la quiero invitar a dormir». Y cuando estaba como loco con esa frase, esta vez me dejó el tema entero para que escuchara lo que venía: «Con sus lindas piernas ella me hace pensar, debo destruir la mierda de mi gran ciudad».

Esos tres temas me metieron en un universo atrapante, ya que al mismo tiempo que descubría que Spinetta tenía un registro musical mucho más rockero y salvaje, también me demostraba que la música de rock podía expresarse sobre el sexo, al amor y la pulsión de vida y muerte, en poco más de tres minutos de una canción.

Puchi Arce, de Utopía Records; Sergio Álvarez, de Music Shop; y el Bonzo Morelli, que entre otros proyectos tiene una banda que reinterpreta la obra de Pescado Rabioso, dan su mirada sobre los pro y contra de ese álbum histórico y cuentan por qué todavía ese disco sigue vigente.

“No te puedo decir que el disco fue un suceso en su momento porque salió un año antes de que yo naciera, pero el atractivo es que incluía tres temas que no estaban ni en Desatormentándonos ni en Pescado 2, y ese era el gancho. Como todo compilado, viene a traer una especie de resumen, es el disco que la gente pide, pero es ampliamente superado por Artaud, que es prácticamente un disco solista del Flaco pero creo que por cuestiones con la discográfica salió como Pescado Rabioso. Y también fue muy vendido Pescado 2, que siempre digo que es como el Álbum Blanco de los Beatles en la carrera de la banda. Lo mejor de Pescado Rabioso tuvo una estética, fue un disco conciso, para el que no conoce a la banda es un disco corto, amable y es un cachetazo, te boxea de primera. En lo personal, Pescado fue la banda más elemental, directa y cruda de Spinetta, pero para ese año ya estaba sonando Invisible, que para mí no solo fue la mejor banda de Luis, sino que posiblemente sea la mejor de Argentina”, dijo Sergio Álvarez, quien además de ser guitarrista de su proyecto solista Alvarez & Los Borges, integra Tiago & Los Pájaros y es uno de los referentes de Piano Bar.

A su turno, Puchi Arce indicó: “Mirá, nosotros con Utopía abrimos en el 78 y el disco había salido en el 76, y lo que recuerdo es que, si bien se vendió mucho, siempre acá tienen más salida los discos de estudio, no los compilados, porque acá vienen más los fans, en este caso de Spinetta y de Pescado. En las disquerías comerciales por ahí sí se venden más los compilados, pero acá te compran primero los tres discos del grupo y después recién el compilado. Siempre funciona así”, dijo junto a su hijo Diego, ambos a cargo del conocido local de Maipú y Córdoba.

Bonzo Morelli también contó su experiencia, pero más desde su faceta vivencial y artística: “A mí lo primero que me impactó fue la tapa, ver un pez, tipo piraña, rompiendo una pecera. Después el disco estaba desfasado en época, porque ya había pasado Pescado y yo ya estaba enganchado con Invisible. Lo mejor… sigue siendo una de las obras maestras de nuestra música. Recuerdo que en ese tiempo yo tenía 13 años, estaba estudiando mis primeras clases de batería, y un compañero mío de la secundaria pone el disco. Cuando escuché ‘Post Crucifixión’ quedé flasheado con ese riff, y quería seguir escuchando Spinetta. Hoy te digo que ese riff es un ejemplo de una escala de blues, que la uso en mis clases con los alumnos y son muchos los que intentan reproducirlo. Ese vinilo todavía lo conservo, porque tiene ‘Credulidad’, ‘Nena boba’, ‘Como el viento voy a ver’, eran tiempos en que Luis tenía una voz súper salvaje y tocaba mucho la guitarra porque estaba mucho tiempo con el Carpo y quería un sonido tipo Pappo’s Blues. Me acuerdo que cuando salió no paraba de escucharlo. Es más, me hice fan de Pescado y a raíz de eso armé una banda que nunca desarmé, y que hice dos conciertos en el Vorterix, en uno de ellos cayó de casualidad uno de los hijos del Flaco, Valentino Spinetta, charlamos en el camarín y sé que habló muy bien de nuestra banda en Buenos Aies. Es posible que arme algún nuevo show con este grupo, porque muchas veces me piden que volvamos con esos temas”.

Sin dudas, es un álbum que sigue sonando en la cabeza de mucha gente. Vuelvo a escuchar Lo mejor… y tengo la necesidad de hurgar en los primeros discos, y es ahí cuando es imposible no emocionarme con algunos temas. Uno de ellos es “Credulidad”. «La letra expresa la necesidad de extirpar los lazos con cualquier pasado penumbroso y ver el amor» se leía en el cuadernillo de Pescado 2. «Lo peculiar de nuestro gran calabozo es esta especie de terror por el bosque. La risa, nena, no podrá surgir a menos que te subas al árbol», cantaba Luis. También impacta el mensaje que se leía en el mismo cuadernillo acompañando a “Corto”: «Poder, sociedad, dinero, polución, coima, terror, vencer, medalla, azufre, ¿Dios?, Futuro, ¿Y yo?».

Las imágenes van y vienen en la línea de tiempo. Y hacen stop en la película Rock, hasta que se ponga el sol, cuando los cuatro de Pescado van caminando por la calle y un sicario emulando un represor de la época le dispara a Lebón en el estómago. «¡Qué hacés loco, ¿te das cuenta?, pero mirá lo que me hizo este pibe, loco, yo esto no me lo merezco!», les dice a sus compañeros. Y ya encarando al tirador, que mira estupefacto, le mancha la cara con su sangre y le dice: «Vení para acá, si yo fuera otro tipo, ¿sabés lo que hago? te meto en cana, en cana te meto, taradito». Y cuando se van yendo, el Flaco se da vuelta, lo mira mordiéndose los labios, lo saluda con una mano en alto y le dice: «Tonto». Me queda esa imagen, que disparó risas en un cine de Rosario (sería El Nilo o el  Capitol, imposible tener la certeza) y un sinnúmero de sensaciones que reflejaban que era posible rebelarse ante la represión, ante la violencia de la sociedad y ante todo lo que no nos gustaba y nos hacía daño.

«El pueblo es la estrella mágica, todos la vemos parecerse al río, los gusanos de los emperadores trepidan en apocalíptico festín. Ellos no tienen tiempo de recurrir a las armas. La estrella las fundió todas en un plano infinito. La cabellera de los torturadores sangra en mi carro. Nosotros: desatormentándonos para siempre». Ese era el texto del sobre interno de Desatormentándonos, primer disco de Pescado Rabioso, toda una declaración de principios.

Sobrevuela por mi cabeza el punteo de Gustavo Cerati de “Cementerio Club” en la coda de “Té para tres”, del disco Comfort y música para volar (Soda Stereo, 1996), y de ahí vuelo al triple disco de Spinetta y las bandas eternas (2010), donde se tocaron nueve temas de Pescado y, claro, cinco de ellos estaban en Lo mejor de Pescado Rabioso.

Vuelvo a la tapa. El pez anaranjado sigue chorreando sangre, los vidrios rotos salen del plano y él se mueve de un lado para otro para tomar aire. Pronto volverá al agua, sabe que quizá algún día le toque en desgracia ser pescado, pero mientras tanto es un pez fuera de la pecera. Y su rabia respira rock.

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