La palabra más maltratada por el gobierno nacional es la más amada para La Renga, Fito Páez, León Gieco, Charly García, Andrés Calamaro, Moris y Litto Nebbia. Del canto revolucionario y el mensaje social de Piero al vínculo entre el captor y el presidiario de Virus. Y por qué se considera que la expresión “libertad” fue la primera desaparecida de la Dictadura.


«En tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos, habrá que declararse incompetente en todas las materias del mercado». Así arranca Fito Páez el tema “Al lado del camino” y la cita sirve como disparador para reflexionar sobre el mal uso de las palabras en el marco del imperio del sinsentido de un país encabezado por un gobierno antipopular bajo el escudo de un partido titulado La Libertad Avanza. Justamente, evocando a Fito, parece que nadie escucha a nadie en esta tierra donde todos están contra todos y donde la mezquindad parece embanderar el sálvese quien pueda.

La palabra maltratada no es otra que «libertad». Y lo más bizarro (y humillante) es que el primer mandatario del país tiene como leit motiv la máxima «viva la libertad, carajo», aunque cada vez más soslayada en sus últimos discursos.

Pero hay más, es tanta la incompetencia en todas las materias del mercado (otra vez gracias Páez), que este presidente en su etapa rockstar llegó a cantar ante su séquito “Panic Show”, de La Renga, acentuando bien fuerte aquello de «soy el rey de un mundo perdido, soy el rey y te destrozaré, todos los cómplices son de mi apetito». Y otra vez la malversación de la palabra. Chizzo hablaba de ese rey representado por un león en el mundo animal, como un poder violento y opresor en medio de las represiones policiales ocurridas en los caóticos años 90. Y justo se metió con La Renga, que deja bien clarita su postura de la libertad en “Hablando de la libertad” (Despedazado por mil partes, 1996):  «Y ahora solo un camino he de caminar/cualquier camino que tenga corazón/atravesando todo su largo sin aliento/dejando atrás mil razones en el tiempo. /Y morir queriendo ser libre/encontrar mi lado salvaje/ponerle alas a mi destino/romper los dientes de este engranaje».

Cuesta pensar que este presidente tan empático con los gobiernos militares y de derecha en todo el mundo se pueda asociar a la libertad, pero mucho más cuesta entender que tenga algún vínculo con el rock argentino, que es el género que más defendió esa palabra desde su infinidad de acepciones, valores y connotaciones a lo largo de sus seis décadas de historia.

Quizá el ejemplo más contundente sea Piero, con aquel himno popular titulado “Para el pueblo lo que es del pueblo”, que arrancaba así: «Libertad era un asunto/mal manejado por tres/libertad era almirante,/general o brigadier./Para el pueblo lo que es del pueblo/porque el pueblo se lo ganó/para el pueblo lo que es del pueblo/para el pueblo liberación».

Basta con revisar las primeras páginas del rock argentino para ver cómo apareció la libertad en sus letras. Es más, quizá una de las primeras desaparecidas, valga la analogía, fue esa palabra en tiempos de gobiernos militares. Es que la primera versión de “Ayer nomás”, creada en 1967 por Moris y Pipo Lernoud, rezaba: «Ayer nomás en el colegio me enseñaron/que este país es grande y tiene libertad/Hoy desperté/ y vi mi cama y vi mi cuarto/En este mes no tuve mucho que comer». Cuando Litto Nebbia la quiso grabar en ese año en el primer disco de Los Gatos, la grabadora le pidió que cambie la letra para evitar cualquier censura del gobierno de Onganía. Fue así que se publicó la versión más conocida del tema donde el foco está puesto claramente en una situación amorosa: «Ayer nomás/pensaba yo si algún día podría encontrar alguien que me pudiera amar/Ayer nomás/una mujer en mi camino/me hizo creer/que amándola sería feliz». En toda la letra, la conflictiva palabrita brilló por su ausencia. Sin embargo, Moris no se quedó con las ganas de grabar la versión original de su canción, y unos años más tarde, precisamente en 1970, lanzó “Treinta minutos de vida”, que incluía esa joya del rock nacional junto con otros temas icónicos como “El oso”, “De nada sirve” y “Pato trabaja en una carnicería”, entre otros, de fuerte alegato social, cuando ya Onganía no estaba más en el gobierno y le había dado lugar a otro mandatario como Levingston, que aunque era de facto, pertenecía a una transición.

Un año después, Nebbia grabó “Despertemos en América” y se dio el gusto de decir esa preciada palabra en su tema “Ámame o déjame de una vez”: «Mucho se habló ya de la libertad/se especuló con la palabra amor/Guerras y crimen en el diario están, ámame o déjame nena». Y en otra parte de la letra, más enfático aún canta: «Mucha gente por hambre protestó/y mucha más por lo mismo murió/El fantasma de la tortura está a nuestro alrededor/por eso hoy/ ámame o déjame, nena».

Entre los pioneros del rock, Charly García también dejó su sello. En la edición especial para coleccionistas que Rolling Stone publicó en 2016 dedicada a la obra del bigote bicolor se publicó una lista de sus cien mejores canciones. Y la que encabezó esa selección, que como toda selección es arbitraria pero en este caso ciertamente objetiva, fue “Inconsciente colectivo” (Yendo de la cama al living, primer trabajo solista de Charly, 1982), aquella de «mama la libertad, siempre la llevarás/dentro del corazón/Te pueden corromper/te puedes olvidar/pero ella siempre está». “Si nos abstraemos del contexto-país y de su impronta psicobolche, es llamativo ver cómo esta marcha fantasmal de pop moderno se convirtió en un himno de patios de escuela y el tema más versionado de García. Algo así como el “Imagine” del rock argentino”, escribió el periodista Pablo Plotkin en esa edición.

León Gieco abordó la palabra desde un costado más romántico y hippie. «Búsquenme donde se esconde el sol/donde exista alguna canción/ búsquenme a orillas del mar/besando la espuma y la sal/ búsquenme, me encontrarán/en el país de la libertad», cantó el oriundo de Cañada Rosquín. Más metafórico y profundo, Andrés Calamaro la describió en una de sus baladas más emotivas: «Creo que todos buscamos lo mismo/No sabemos muy bien qué es, ni dónde está/Oímos hablar de la hermana más hermosa/Que se busca y no se puede encontrar. /La conocen los que la perdieron/Los que la vieron de cerca, irse muy lejos/Y los que la volvieron a encontrar/La conocen los presos/La libertad» (“La libertad”, del álbum El cantante, 2004).

Directo y súper literal, como no podía ser de otra manera, Pappo abordó la libertad desde la ironía y la denuncia. «¿Adónde está la libertad?/No dejo nunca de pensar/Quizás la tengan en algún lugar/Que tendremos que alcanzar. No creo que nunca/No creo que nunca/La hemos pasado tan mal. /No es posible/Es imposible aguantar. /El otro día me quisieron matar/Ametralladora pa-pa-pa-pa/Yo sólo quiero escapar/ De toda su locura intelectual» (“Adónde está la libertad?”, Pappo’s Blues Vol.1, 1971).

En Los Rayos (2004), Vicentico parece evocar a un ex convicto que sale de la cárcel, pero también puede hablar de alguien que intenta salir de un pozo depresivo en “La libertad”: «Esto es pequeño, comparado al despertar/Que va a venir fuera, ya estoy afuera/Y ahora tengo miedo de tanta libertad/Todo ese cielo azul y ver tanta libertad/Me ha dejado quieto/Y al fin puedo llorar/Tanto tiempo yo dormí/Sin poderme despertar».

Roberto Jacoby, el letrista clave de la discografía de Virus, detalló en su libro Superficies de placer. Mis letras para Virus y otras canciones (Planeta), el detrás de escena de “Destino circular”, aquella canción del disco Locura (1985) que hablaba de un hombre que encerraba a una mujer en reiteradas oportunidades y ella volvía a escapar. En la voz de Federico Moura, coautor de esa letra, relataba «es un destino circular/que gira en el mismo lugar/No tengo ganas de seguir/quiero salir en libertad». Así lo explica Jacoby: “Federico tenía muy claro de qué se trataría la canción porque tenía una experiencia puntual en la que quería basarse. Varias veces había dejado encerrada a una amiga que estaba de visita en su departamento. Conversamos sobre la interpretación psicoanalítica del caso y la compleja relación que existe entre el prisionero y el captor, entre el amo y el esclavo. Como se sabe, por los desarrollos teóricos en este sentido, la figura del carcelero es la de alguien que también está preso de su prisionero pues se ve obligado a vigilarlo. En esta letra se trata de romper la circularidad de una relación malsana para emanciparse”, citó Jacoby.

Para cerrar, viene bien citar nuevamente a Páez, quien con aquel tema de su disco Abre fue la apertura, valga la bienvenida redundancia, de este texto sobre el uso de la palabra libertad en el rock argentino. En una entrevista  realizada en ocasión del lanzamiento de EADDA9223, que fue la nueva versión del disco más vendido de la Argentina El amor después del amor, Fito dijo allá por junio de 2023 en el diario La Capital: “Me gusta la palabra libertad”. Y lo argumentó así: “No me gusta la palabra ideológico, pero sí me gusta la palabra libertad y me gusta la palabra política, porque sí es una política decidir lo que uno siente. Estando en el asunto de la música, aquel asunto milenario, aquel asunto desconocido, misterioso también, a mí me da mucha bronca cuando dicen «la música es matemática». Bueno, caballeros, quiero decirles que no, la música es otra cosa. Y es un asunto muy importante para los seres humanos, como la sexualidad o la guerra o lo que coño sea, hay un montón de temas importantes: la música es uno de ellos”.

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