La cantante, compositora y trombonista Rita Payés es nacida y criada en Cataluña. Después de algunos discos más vinculados al jazz y otros en parcería con su madre, editó el primer trabajo que lleva su propia rúbrica: De camino al camino. Y justamente ese trabajo es la que la trae por estos días por primera vez a Argentina, en una gira que incluye otras paradas en la región: Brasil, Uruguay, Chile. En esta entrevista con De Coplas, Rita cuenta un poco su recorrido y sobre todo, refiere a su cancionística.


Suave. Suave es su decir. Y aunque se la nota un poco cansada –tuvo una larga jornada de entrevistas con periodistas de aquí y de allá y viene cargando con una extensa gira- más aún persevera su cara aniñada, sonriente.

Rita Payés nació en 1999 en Vilasar de Mar, un pequeño pueblo de Cataluña. Sí, es muy joven. Y desde antes de ser joven es que está en la música. Ocurre que sus padres lo estaban también. “Siempre lo he vivido de una manera muy natural –cuenta ella-, muy orgánica, porque, bueno, era lo que yo tenía en la casa. Ahora sí que me hago esa pregunta porque la gente me lo pregunta, ¿no? Y entonces empiezo a pensar que de alguna manera sí que esto es especial. Pero, claro, eso para mí era mi día a día. En realidad, ellos sobre todo se han dedicado a la enseñanza, pero sí que la música siempre ha estado súper presente. Entonces, no sé, ha sido bonito porque tampoco nunca he recibido como una presión muy fuerte de que yo tenía que hacer eso. O sea, me han dejado también hacer la mía. Y no sé, creo que ha sido como un entorno muy seguro para yo sentir que podía como añadir mi granito de arena aprendiendo de ellos. Y sobre todo como de su manera de entender la música”.

– Esta escucha musical legada, cotidiana decías recién. Contabas de tus padres muy vinculados a la música, sobre todo desde la docencia. Pero, ¿cuándo empieza a aparecer el hecho de que esto sea el motor, el sustento de vida?

– Es que yo me encontré ahí. Nunca he tomado esa decisión. O sea, la he tomado sin ser consciente de que la tomaba, ¿no? Yo empecé a hacer conciertos así más en serio, a lo mejor tenía catorce, quince años. Entonces, bueno, para mí era como vivir un sueño, ¿no? Poder hacer conciertos y vivir toda esa parte romántica, preciosa. Y, claro, de golpe me di cuenta de que sí, de que yo hacía eso.

Rita Payés se presenta jueves y viernes en La Trastienda (CABA). Fotos: Lorena Dini

– De que estabas ahí adentro.

– Claro, entonces era eso: no se me había como pasado por la cabeza esa cosa de `yo de mayor seguro quiero ser músico´. No me recuerdo a mí diciendo eso, pero me encontré ahí. Y muy feliz, eh. O sea, porque al final siempre ha sido un camino que a mí me ha hecho mucho bien.

Y luego, vuelve a decir: siempre ahí adentro.

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En el recorrido discográfico de Rita hay algunas instancias: un primer momento con fuerte vínculo en el jazz, una serie de discos en compañía con Elizabeth Roma, su mamá; de fuerte tinte cancionístico e interpretativo y este, el de ahora, que la encuentra con su primer disco solista y de canciones propias: De camino al camino (2024). Un disco clásico, orgánico, largo, musical, cargado de instrumentos. Que busca una belleza íntima y que la encuentra.

Entonces. El jazz y sus primeros discos junto a Joan Chamorro (Joan Chamorro presenta a Rita Payés, 2015; y Lua amarela, 2016). Ella estudió varios años en la Escola Municipal de Música de Sant Andreu, dirigida por el propio Chamorro. Basta con buscar algunas de las fotos institucionales de la escuela de 2016 y verán a una Rita apenas adolescente, con trencitas, abrazada a su trombón. Luego Imagina (2019) y Como la piel (2021) junto a su madre, Elizabeth Roma. Aún en lo jazzístico que perdura, empieza a aparecer allí la canción. La búsqueda de la propia, la interpretación de la ajena. Un nuevo cancionero que, tímido, empezaba a colarse y a pedir pista. Lo dijo el poeta: lo que entra a la cabeza, de la cabeza se va. Lo que entra al corazón, se queda y no se va más.

– ¿Cuándo es que empieza a aparecer esa cosa de la canción? Un poco corrido del jazz, de aquellos discos con John Chamorro. La canción española, la canción latinoamericana, la canción folclórica, ¿cuándo empieza a aparecer?

– Bueno, en realidad fue un poco a la par; es decir, en mi casa siempre se había escuchado mucho jazz, incluso antes de todo lo de Chamorro y tal, yo ya venía con ese bagaje de jazz, ¿no? Pero sí que una vez entrar ahí a lo de Joan Chamorro, a lo mejor ya por ahí por esa edad, también fue el momento en el que empecé a cantar más. Que eso fue como una especie de revelación. De decir esto también me está gustando, y tiene una letra, y tiene otro espacio, tiene otro juego, tiene otra intensidad. Y entonces ahí también entra la parte de la lengua, ¿no? Pues yo llevaba mucho tiempo pues cantando standards de jazz, que me encantan y que los adoro con toda mi alma. Pero es verdad que es una lengua que, quieras o no, a mí me queda lejana. Y de pronto, claro, alguien te presenta un bolero y dices `ay, espérate, que esto es muy bonito musicalmente` y además entiendo la letra y además lo puedo decir y la adicción ya va conmigo porque yo he crecido un poco por ahí. Creo que un poquito va todo esto linkeado. Que gracias como a estas ganas de cantar o gracias a estas ganas de conocer la canción a lo mejor es que he introducido más el canto.

Y agrega: “ahora siento que, de alguna manera, incluso la canción está por delante”.

Eso: la canción por delante.

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En el derrotero de Rita, De camino al camino opera en varios sentidos. Por un lado, algo de lo ya dicho: siendo el primer trabajo solista, afirmarse en un lugar nuevo para ella, el de la canción, la hechura de la canción propia, en sus múltiples formas. También, correrse un poco del jazz, aunque sea siempre un lenguaje, un modo presente, una música que ella ronda. De hecho, el disco tiene varios pasajes que lo lindan. Es más, De camino al camino abre con un pequeño instrumental que tiene el trombón –en definitiva, el instrumento de Rita- como protagonista. Y quizás, y por sobre todo, la reafirmación, el arrojo a encontrarse con una lengua propia, que le es suya: la palabra dicha y cantada. En castellano, en catalán. Tal vez, el ejemplo más claro de ello –de casi todo eso junto que se detalló apenas arriba- sea El Cervatillo. Una pieza larga, jazzeada por momentos, con una guitarra «aflamencada» y que abraza a la larga tradición de la cantautoría española y que por momentos cruza líneas con el Serrat de las mejores épocas. De «se hace camino al andar» a «voy camino al camino, no hay parada no hay destino», vaya si hay linajes ahí. Si no basta con la escucha ahí está el Tiny Desk disponible (sí, acumulando millones de vistas), para regocijo.

¿Hay, entonces, la reafirmación de una lengua? Ella dice: “Es que al final también, bueno, no dejo de ser muy joven y yo siento que estoy, incluso ahora, en una constante búsqueda de Dios sabe qué, ¿no? Entonces, bueno, que me encasillen en que soy una persona que va a hacer jazz toda la vida a mis quince años es poco realista, también te lo digo. Porque en una vida pueden pasar muchas cosas. También a mí me ha costado un poco hacer las paces con eso y decir ´ah, vale, que no soy solamente esto´ o sentirme cantante. Es que yo siempre me he sentido muy intrusa, porque al final yo no estudiaba cantar, yo estudiaba trombón. Es curioso pensar cómo llegas a un lugar”.

– ¿Y hoy día, cómo es que te pensás: compositora, instrumentista, como sesionista, como cantante?

– No lo sé. Es un poco lo que te decía, que yo pensaba que era trombonista de jazz, pero ahora mismo justamente es donde menos estoy. También por la situación vital, ¿no? Que me impide mucho estar presente con el instrumento y estar presente con el jazz, que es una cosa que ahora mismo no me está saliendo. Estoy en un momento mucho más de hacer canciones, de hacer arreglos, de pensar muchísimo más en este sentido. Y no sé, sí, intento hacerlo como sin juzgarme de que estoy decidiendo esto, ¿no? Porque también a veces a uno se le coloca raro cuando todo el mundo le ha puesto una etiqueta durante tanto tiempo. Pero se siente lindo porque al final es muy gratificante. Por ejemplo, hacer una canción es como un viaje o una cosa de un aprendizaje. De un autoconocimiento y ya no hablo solamente de lo que puedes decir con las palabras. También de conocerte a la hora de escribir o a la hora de las frustraciones que puedes coger cuando estás intentando componer algo. O a la hora de los tiempos: hostia, esta canción me ha salido en dos horas y esta otra llevo dos semanas y aquí no sale nada. Conocerte a ti en, bueno, en este rollo.

Hay más sobre De camino al camino. Por ejemplo, el talante de Rita se descubre como si cantara y compusiera desde hace diez, veinte, cincuenta años. Sino, escuchen Tantas cosas, donde no hay mucho más que su voz, las cuerdas y lo dicho cruzado por la maternidad. Mucha de la narrativa del disco está cruzada por la maternidad de Rita. De hecho, en muchos momentos de las giras y conciertos está la familia completa: ella, sus dos hijos y Pol Batlle, también músico y miembro estable de la banda que la acompaña. El disco puede pensarse como una obra clásica: apertura y cierres instrumentales (intro-outro; ambas comparten un patrón melódico), una duración larga, de casi una hora a través de trece canciones –algunas de ellas de más de siete minutos. Y una tímbrica barroca, cargada. Vean, sino, quienes grabaron: además de Rita en la voz, trombón y composiciones figuran Pol Batlle (guitarra eléctrica), Elisabeth Roma (guitarra acústica), Horacio Fumero (contrabajo), Juan Rodriguez Berbín (batería), Irma Bau (cello), Nina Suyer (viola), Marina Arrufat y Paula Sanz (violín), Yerai Cortés (guitarra), La Tania (voces), Eva Fernández y Miguel «Pintxo» Villar (saxos), Eudald Payés (trompeta, fliscorno y piano) más los y las invitadas; Silvia Pérez Cruz, Lucía Fumero, Karen Brewer, Lau Noah en voces y Toni Vaquer en piano.

Por todo, además, el disco tiene un clima íntimo. Hogareño, por momentos. Sobre eso, dice: “El título ya lo cuenta, ¿no? Esa sensación de que al final el aprendizaje es absolutamente eterno. Yo me siento muy así. Esta idea de ´vale, empiezas un camino, haces todo el recorrido, y llegas al mismo camino, pero es diferente. Yo admiro mucho a la gente que vive la vida así. Siempre pongo de ejemplo al bajista que toca conmigo, que es argentino, Horacio Fumero. Tiene setenta y seis y tío, es un hombre que cada día se levanta y se pone a hacer escalas con su contrabajo, y se pone a sacar acordes con su piano, y va a los conciertos con la máxima onda, y toca con gente, y se ha buscado la vida, y hace conciertos cobrando 50 euros en un bar y después se va de gira con no sé quién. O sea, quiero decir, es gente que la siento viva. La música, en ese sentido, es una gran aliada, porque es muy amplia, no te la acabas nunca”. Y agrega: “Vivimos en una sociedad muy dormida, muy cansada, muy en guerra en general. Hostia, estas ansiedades, estas cosas que no nos dejan vivir tranquilos. Y nos mueven unas cosas muy raras tío, muy poco naturales, muy poco conectadas con la naturaleza y con lo que nos rodea y con la gente que tenemos cerca, ¿no? De alguna manera es lo que decías tú, pues al final también intentar ponerle mirada un poquito a lo pequeño, que es al final lo que está a nuestro alcance y es, pues yo que sé, en mi caso pues mi maternidad, por ejemplo, es como inevitable, ha sido una experiencia súper inspiradora. Y las cosas cotidianas, ¿no? Como de pronto maravillarte por la luz del atardecer, ¿sabes? Y puede sonar muy hippie y muy romántico, pero es que es un flipe, ¿sabes? Entonces, bueno, quiero pensar que la música sirve también para, pues para expresar lo bello, ¿sabes? Porque falta mucha belleza en el mundo”.

Dicen que C Tangana dijo que compuso Comerte entera influenciado por Rita. De hecho, cantaron juntos en la gala de los Premios Goya de 2022. Vaya cita. Pero quizás sea más importante lo que pueda decir Horacio Fumero, compañero y miembro de la banda de Rita desde hace una pila de años. Cuenta él: “Conozco a Rita desde hace muchos años. De hecho, ella fue alumna mía en la Escuela Superior de Música de Cataluña, junto con mi hija Lucía, que también estaba por ahí. Es una música extraordinaria y bueno, es una gran música de jazz, efectivamente, pero también se ha revelado como una muy buena compositora de canciones, de músicas, de letras.  Son canciones de muy buena factura. Del disco, todo lo de cuarteto de cuerdas lo ha escrito Rita, es composición de ella, lo dirige ella. Yo le veo un futuro enorme porque tiene una base muy sólida y no es una persona que se someta a presiones. Ella hace lo que a ella cree, lo que le gusta y lo que de verdad que sabe hacer muy bien. Todo lo que sea música latinoamericana, incluido Brasil, o sea, de castellano hablante, o portugués, también forma parte de su interés, es una buena conocedora del folclore argentino, del tango argentino, del mundo; bueno, de todos los grandes compositores brasileros”. Y agrega: “En el sistema de trabajo de Rita hay una gran apertura hacia ideas de los músicos; o sea, no es una persona que venga con el proyecto totalmente cerrado, sino que viene con un proyecto muy concreto, las canciones están muy terminadas, no hay nada que acabar ahí, está todo terminado, cocido y bien cocido, pero luego a la hora de tocar esto, de hacerlo para un quinteto en este caso, sí que Rita está muy abierta a todo tipo de sugerencias, de ideas, que luego las que mejor funcionan son las que se quedan”.

Vale decir también que en estas canciones aparece, como resonando desde el fondo, la canción latinoamericana, algunos pasajes, aires que traen algo de la canción folclórica de esta parte. Ella no reconoce de donde viene. Dice: “En mi casa no se escuchaba tanto eso, la verdad, no siento que haya aparecido, que haya como llegado a este tipo de música por lo que se escuchaba en mi casa, porque realmente era bastante puro jazz. Pero sí, la verdad es que no lo sé. Son cosas de esas que a veces tampoco sabes cómo has llegado, ¿no? Lucía (Fumero) me ha enseñado un montón de música, creo que ella no es muy consciente de ello, pero sí”.

Por lo pronto, el calendario de Rita se adivina agitado: estas fechas son el final de una larga gira e incluyen Uruguay, Chile y Argentina (jueves 23 y viernes 24 de abril en La Trastienda de Buenos Aires). Y luego, ya de regreso y en plena primavera española, ultimar detalles del disco que están grabando a dúo junto a Lucía Fumero. Porque ella mismo lo dijo: en este ancho camino, las canciones van por delante. Qué duda cabe.

 

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