El sexteto Duratierra editó su séptimo disco, La patria viva – El folklórico vol. 2, que habla de “una patria federal, criolla, originaria, villera, conurbana, marrón, negra, campesina”. Micaela Vita y Juan Saraco explican las canciones y dicen: “La creación de La patria viva nos transformó la vida”.
¿Cuántas visiones de la patria pueden abrir las canciones? ¿Cuántas emociones sobre el territorio compartido en sus memorias, luchas y cuentas pendientes? Las preguntas son nortes para el grupo Duratierra a partir de su nuevo disco La patria viva – El folklórico vol. 2. Es “una crónica artística y emocional de este tiempo. De lo que nos conforma, de lo que nos falta aprender y de lo que está en el camino. De todo lo que queremos”, cuentan la cantante y compositora Micaela Vita y su pareja, el guitarrista y compositor Juan Saraco. ¿Cómo viven la idea de patria -popular, mestiza, multicolor- que rodea al disco? “Cuando apareció ‘la patria viva’ surgió la idea de juntura y nos gustó. El disco es nuestra necesidad de expresarlo”.
Duratierra lo presentará el 20 de noviembre en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875, San Telmo). Será el reencuentro con el público porteño del sexteto que completan Nicolás Arroyo en percusión y voz; Tomás Pagano en contrabajo; Valen Bonetto en guitarra y voz; y Martín Beckerman en percusión. Una noche de “abrazo colectivo y trinchera” para atesorar la patria viva a la luz de la desazón por la crueldad institucional y gubernamental que vive la Argentina. Porque hay otras patrias, sin exclusiones ni odios, por reclamar y celebrar.
¿Qué significa, sino, La patria viva – El folklórico vol. 2? Como dicen con claridad en la formulación oficial, el disco es “una crónica emocional de nuestros días. Le pone voz -una voz que suena a grito- a los muchos sentires que hoy habitan esta patria. Son canciones que señalan, necesariamente, a quienes han decidido traicionarla pero que, al mismo tiempo, no pueden dejar de invocar la esperanza: aquel tesoro, vital y urgente, que nos recuerda que los pueblos llevan siempre consigo la fuerza para transformar la historia”.
También dicen que se trata de un disco “cargado de amor a toda esa patria viva. Una patria federal, criolla, originaria, villera, conurbana, marrón, negra, campesina. De barrio y fiesta popular, de gente en las calles, de jubilados/as que dejan la vida, de Malvinas nuestras y pañuelos blancos. Folklórica, telúrica, tanguera, murguera. Patria de pago chico y aldea. Patria también grande y latinoamericana”. Y, como dice Juan Saraco, el título del disco estuvo antes que todo: “En contestación a este presente tan cruel, hubo una necesidad artística de nombrar de otra manera a esta patria tan hermosa y que tanto amamos”.
Y el proceso de composición de las catorce canciones estuvo determinado por esa línea. “Este disco canta el deseo profundo de una patria que tenemos que seguir entendiendo cómo construir. Nos falta volver a dar las cartas en muchos sentidos y constituir una mejor versión de lo que somos”, dice Micaela Vita. Hay algo que “deseamos profundamente: el bien común. Así que fuimos a buscar todos aquellos lugares donde está viva la patria para nosotros. Eso fue un tema de reflexión, porque aludir a la patria tiene algo de incómodo, también: hay mucho horror detrás de esa palabra. Pero nombrar ‘patria’ fue un acto de valentía y nos hacemos cargo de lo que estamos diciendo”.
En el disco La patria viva combinan gato, chacarera, zamba, huayno, estilo cuyano, escondido, milonga y murga porteña. Los sonidos se entremezclan y hay varias participaciones: las voces de Liliana Herrero, Noelia Recalde y Cucuza Castiello, la poesía y el recitado de Susy Shock, el violín de Pablo Farhat, los pianos de Clara Presta y Emiliano Greco, el bandoneón de Federico Siksnys y los coros de Federico Nicolao y Diego Cortez -quien también sumó sus vientos-. Luego del disco A los amores – El folklórico Vol. 1, que recibió el Premio Gardel 2025 como Mejor Álbum Grupo de Folklore, Micaela Vita y Juan Saraco cuentan cómo son las catorce canciones de La patria viva:
Tesoro (gato cancionero con compás de yapa): “Esta fue una de esas canciones que se manifiestan -dicen ambos-. En un punto, se hizo sola. Tenía que ser algo que fuera al hueso y así se presentó. La letra es muy sintética y dijimos: ‘Este es el espíritu que queremos que se refleje como primera canción del disco’. Y luego tuvimos la suerte de contarle esto a Susy Shock, pidiéndole que escribiera algo para un recitado, y nos respondió inmediatamente con el texto que se escucha en medio del tema. ‘Tesoro’ apareció con la claridad de esta frase: ‘Los pueblos siempre pueden transformar la historia’. Entonces, es una canción que invita a pensar todo lo que se va a decir en las demás”.
Como el color a las flores (el escondido): “Esta canción dio batalla porque yo nunca había hecho un escondido -cuenta Juan Saraco-. Ése fue el desafío. Este tema fue compuesto desde la música íntegramente. No tuvo letra durante mucho tiempo. Una cosa que hicimos fue que yo tocaba el tema y en el grupo bailaban la forma. Y veíamos cómo estaba la energía de la canción en relación con la danza. La frase que le da el título al escondido apareció enseguida y todo el resto de la letra nos costó un montón. Después apareció Noelia Recalde en el estudio y grabó unas frases, así como Valen Bonetto. Así que la canción se encaminó mucho al tocarla”.
Gato para toda la vida (gato con introducción de afrecho popular): “Un poco jugamos con los géneros y las especies y las formas de nombrarlas. Este gato tiene una introducción que nosotros llamamos de ‘afrecho popular’, del calor, del fervor de lo popular. Y todo el set percusivo que armaron Nicolás Arroyo y Martín Beckerman es alucinante. También hay mucho detalle en las cuerdas -con guitarrón, requinto y requinto cuyano-. Con esta canción empezamos a necesitar que este disco tuviera una energía musical más rústica, más potente que el anterior: que fuera un disco folklórico para que la estética sonora fuera un poco más enérgica, sin recurrir a los dos bombos, como fue el previo. Inventamos otras sonoridades y los chicos se pusieron a trabajar en ello desde la percusión, con metales y maderas. Nosotros imaginamos la rusticidad desde la juntura de metales y quedó”.

Duratierra. Fotos: Gentileza de los artistas
Si digo noche estrellada (estilo cuyanizado con final épico): “Hace muchos años que me viene gustando mucho el estilo como género -dice Saraco- y tardé mucho en animarme a intentar hacer uno. Son investigaciones que uno va haciendo compositivamente, con mucho respeto por el género, que es muy viejo y profundo. Intenté hacer una décima glosada, que es un juego de escritura que usan los payadores. No me salió exactamente la idea que buscaba pero empecé a puntear con la guitarra y me gustó la idea ‘si digo noche estrellada’. La melodía es más vieja y me remite mucho a los últimos años que vivimos en las sierras chicas de Córdoba. Así que empecé a puntear sobre esa sensación de mirar la noche, los caminos, e ir contando lo que uno va sintiendo en esa percepción. La letra es contemplativa y trae tiene una cierta nostalgia. A cierta altura de la vida, uno siente que transcurrió un tiempo y puede mirar hacia atrás y entender muchas cosas de su vida. Por eso dice: ‘Aunque este tiempo oscurezca mi vista, lo veo claro. El mirador lo han tallado años de ver primaveras, flores en la vereda, música en los parlantes”.
¿Qué le pasa a mi patria? (chacarera triple con agite): “Valen Bonetto trajo un pedacito y empezó a cantarnos: ‘¿Qué le pasa a mi patria? Le andan faltando palabras, se le confunde la libertad con una aldea de soledad’. Y dijimos que estaba buenísimo y que había que terminarlo. Y desde el principio tuvo la forma de una chacarera larga, con tercera. Nosotros le decíamos ‘La triplecita’. De hecho, Valen le inventó una danza, que es bien de agite, y sentimos que el tema es una especie de colectora de todo el proceso creativo del disco. Así que suena tradicional, pero no tanto, y dice: ‘De aquellos patios sencillos brotan miradas hermanas que alcanzan gritos de comunión y le recuerdan su corazón. Que despierte mi patria’”.
Las manos de mi familia (murga porteña): “En un principio esta canción no iba a entrar al disco -dice Micaela Vita-. Pero en un momento yo me acordé de ella, Juan me la mostró y yo empecé a llorar instantáneamente. Y le dije: ‘No podemos grabar este disco sin que entre esa canción’. Había una idea que era ir al registro del pueblo, y de todas las patrias chicas que existen en este país hermoso. Y todo el registro de esa intimidad que uno genera con los espacios que habita. A eso terminamos llevándolo bien al barrio y ahí apareció la murga como una cosa muy evidente. Martín Beckerman, el percusionista, es murguero y tiene mucha cultura de bombo y platillo; de hecho trajo eso también como algo fuerte a la banda. Así que fue por ese lado”.
Las sartenes (milonga porteña con aires de Lali): “Teníamos la idea de hablar de las comidas; de cómo identitariamente constituyen una gran parte de lo que somos. Y, también, de este absurdo de que habiendo tanta abundancia tengamos tantos pibes pasando hambre. Pero eso vino después, porque el tema empezó cuando estábamos leyendo el Canto popular de las comidas, de Armando Tejada Gómez: es muy hermoso por cómo está escrito. Entonces empecé a puntear por ahí: por hablar de las comidas -dice Saraco-. Pero todos aparecieron en el proceso creativo y Tomy, el bajista, trajo lo de las ollas populares. Y eso le dio una lectura más política. Y lo de Lali tiene que ver con un juego interno nuestro. En un momento del tema hay un homenaje a su canción ‘Disciplina’. Y cuando empezamos a armar la canción como murga apareció el estribillo final, que es: ‘Murga del furgón, murga de las napas, ¿cómo sabes tanto del amor y del dolor?’. Y tenemos la suerte de que esté Cucuza Castiello de invitado, que nos encanta”.
A los hombres rotos de la Patria (chacarera con tercera): “Esta letra es un poco más críptica y si la explico pierde un poco su sentido -dice Saraco-. Tiene una estética poética y narrativa y me están llegando algunas interpretaciones que me gustan más que la idea original. Yo diría que es un tema para ejercitar la virtud de la compasión. Es otra chacarera con tercera; Clarita Presta tocó hermosamente el piano, Federico Siksnys el bandoneón, y la letra en un momento dice: ‘Es tarde y estás podrido. Tu amor es un trapo viejo. Guardá los pies en tus zapatos. Llevate tus pasos, lejos. Y la camisa te aprieta el odio entre las costillas; cegó tu alma y no ves la Patria en la maravilla. ¿Qué le pasó a tu corazón?’”.
Cara e’ perro (chacarera legal): “En todos nuestros discos siempre hay un tema en que cambia la voz principal. Este tema lo canta Nicolás Arroyo y la música ya estaba también desde el principio del proceso creativo, sin letra. Y lo del perro apareció porque en un encuentro intensivo de creaciones que hicimos había un perro que no paraba de ladrar. Así que la canción era siempre ‘la del perro’. Y cuando empecé a buscarle la letra se me vino lo de ‘cara e’ perro’, y el tema es un poco una mezcla entre la personalidad de Nico y la historia de un paisano en un rancho. Tiene una parte muy conmovedora: cuando ves al paisano que labura en el campo. Y la letra trae un poco ese universo: el vínculo con el folklore, la radio, la tierra, el alambre y la mano laburante”.
La giradera (chacarera floja de papeles): “Esta es una chacarera de gira: es la joda total. La fuimos escribiendo con Valen Bonetto -cuenta Saraco-: la idea original es de él y después yo le hice unas cositas. La idea era hacer una chacarera que contara cosas de la gira y después se nos fue yendo para cualquier lado. Es una chacarera en juego y trae un poco de humor, que también le hacía falta al disco: el humor que está bastante arraigado en el folklore popular. Además es un poco de hablar de nosotros mismos, y de cómo nos imaginamos que nos miran desde ciertos sectores tradicionalistas, cuando decimos en el tema: ‘Será como dice el dicho que cuchichean las peñas. Dura tiene menos tierra que una plaza porteña’”.
Cielo bonaerense (estilo cuyanizado II): “Este pedacito de música instrumental nos gusta mucho. Es el famoso separador en un disco que venía muy intenso. La música es la misma que está en ‘Si digo noche estrellada’. Básicamente era la coda. Así que todo ese pedacito tan lindo que nos quedó afuera lo transformamos en un separador. Es simplemente un fragmento sonoro para respirar un poco antes de las últimas tres canciones, que vuelven a levantarse”.
Regreso cantando (zamba sin introducción arranca en el adentro): “Es una zamba que trajo Valen Bonetto y le dimos un giro a la letra. Pero sí nos gustaba la energía que tenía la melodía y la armonía de la zamba. Yo después le cambié un pedazo de la música y la letra terminó hablando de la tierra, de la cosmovisión, de la identidad, del mestizaje, de los pueblos originarios, de la Patria Grande, algo que no estaba dicho en el disco. Por eso un momento de la letra dice: ‘Mi tierra hoy, dejá que tu furia crezca, indígena y criolla. América va, por los aguaceros, como el cóndor en los vientos. Zamba americana, rastrera del suelo’”.
Flores de mayo (huayno con aire unquillense): “Yo la empecé a componer haciendo un juego sobre otra letra escrita -dice Vita-. Y apareció la melodía jugando a eso. Y yo vengo habitando mucho ese desarraigo con Unquillo, ese lugar de Córdoba que también nos conforma. Fue muy potente para nosotros esa vivencia. Y no sólo las vivencias, sino las amistades. Toda esa otra tribu que forma parte de nuestro ecosistema amoroso. Y en Unquillo, una de las maravillas que sucede todos los años es que el 1º de mayo hay una fiesta popular que se llama El locro del Dani, en medio del monte, y hay un escenario popular. Todo el día hay gente tocando canciones y cantando. Y durante muchos meses el pueblo trabaja para ese locro. Nosotros tuvimos la suerte de formar parte de ese ritual mientras vivíamos allá. Y esa nostalgia empezó a venir en la letra cuando empezamos a escribirla. Por eso la letra dice: ‘Todas las voces del pueblo subidas al escenario, plegarias de los fogones, ya los escucho cantar. Soy de aquí, de este lugar, y en este suelo yo quiero estar. Soy de aquí y, aunque me fui, guardo este cielo serrano en mí’”.
La Patria Viva (huayno-taqui-marcha-manifiesto): “Esta canción es muy emocional y me cuesta mucho analizarla racionalmente -dice Saraco-. Como dije antes, me encanta la idea de la juntura a partir de la cual se arma algo nuevo. Tiene la participación de Liliana Herrero, que fue un sueño. Para nosotros es una superheroína de la patria. Fuimos a su casa, discutimos la letra, charlamos, intercambiamos y percibimos su emoción. Después, la canción nació como una especie de huaynito, se fue transformando en una especie de taquirari y terminó siendo como una especie de marcha, de algo que avanza. Una parte de la letra dice: ‘A cada paso anda la patria viva, anda la patria viva, por las junturas. Clara mañana siento la patria viva, en la frescura. Y en las alforjas cargo la patria viva sobre las mulas, y las misturas sobre las tumbas”. También esa idea de patria tiene algo de bruma, de la ilusión, y es algo que hablamos mucho con Liliana. Liliana nos dijo: ‘Desde ahí vuelve la patria, de la bruma’. Y eso nos encantó. Y, como manifiesto, cerramos el disco diciendo: ‘Viva la patria viva. Viva la patria viva. La patria, viva’. Cada disco es un aprendizaje, y el proceso de un año y medio de creación de La patria viva nos transformó la vida. Sentimos que la música que hacemos es lo mejor que podemos aportarle a este suelo y a esta tierra”.
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