Nieta de dos celebridades de potente calibre como Ernesto Che Guevara y Pablo Milanés, Camila reafirma su identidad en una Buenos Aires que la hechiza con su combinación de rock, tango y folclore para aportarle más colores a la mistura que abraza desde su Cuba natal.


A los 26 años y afincada desde enero pasado en Buenos Aires, la cubana Camila Guevara dice sentirse como en casa tanto por seguir la huella de su abuelo revolucionario nacido hace 98 años en Rosario como por habitar la tierra de tres géneros que la cautivan desde distintas aristas: el rock argentino que conoció de niña gracias a su padre Camilo, el folclore y el tango.

Inquieta y curiosa, la muchacha que arrastra otro parentesco legendario por ser nieta, también, del músico y compositor Pablo Milanés (uno de los próceres de la Nueva Trova Cubana y voz de peso en la canción iberoamericana), está viendo de qué modo captura las influencias sonoras que la empapan en vivo y en directo en Argentina para así profundizar lo bosquejado en su EP Vivo en Baires que se lanzó a fines de mayo y que funciona como aperitivo de un disco que continúe de otro modo la senda de su álbum debut Dame flores que le valió una nominación como Mejor Nueva Artista en los Latin Grammy 2025.

“Estoy organizándolo un poco al segundo álbum porque tengo un montón de canciones y eso es un problema que siempre se agradece (risas). Pero de verdad siento que estoy dándole tiempo a las canciones a que se terminen de desarrollar y a que el proyecto como que madure dentro de mí de alguna manera para dar algo sólido y que el resultado final no sea como algo ansioso y de paso”, asegura Camila durante una charla con De Coplas.

Tratando de precisar los afluentes que delinean ese horizonte próximo, la joven insiste con que “realmente cada vez me estoy sorprendiendo de las cosas que me bajan porque yo he tenido cierta influencia de esto y de lo otro, pero a lo mejor no me veía pudiendo hacerlo, pero definitivamente aparecen los ritmos latinoamericanos mezclados con el rock como escuché que hizo Gustavo Cerati en su disco ‘Fuerza natural’ (2009)”.

Y por eso es que sumado a referencias como las de Lenny Kravitz, Elton John o Joan Jett, confiesa que “cuando descubrí el mundo este del rock nacional fue algo que me cambió bastante la cabeza. De repente encontré la manera de decir aquellas cosas que yo sentía y que sí había encontrado en el mundo anglosajón y descubrirlo en mi idioma fue fuerte y, siento también, me expandió mucho”.

Fotos: Gentileza prensa de la artista

 

Rock nacional con acento cubano

– No deja de ser curioso escucharte decir “rock nacional” con tu tonada cubana, aunque he leído que a tu padre le gustaba mucho la música de Fito Páez y te lo hacía escuchar profusamente desde cuando eras pequeña…

– Sí, mi papá era muy muy muy fan de Fito y cuando venía a tocar a La Habana siempre nos llevaba a mis hermanas y a mí. También recuerdo de ir en su carro en los viajes largos y así aprenderme entero el disco “El mundo cabe en una canción” (2006) que a lo mejor no sea su álbum más escuchado, pero yo me lo sé completo por eso.

– ¿Y tuviste la posibilidad de verlo a Fito aquí en Buenos Aires, de cruzártelo?

– No lo he visto en persona, pero sí fui a verlo el otro día a un concierto suyo en el Movistar Arena y fue increíble. Lloré todo el concierto.

– ¿Fue ese recital de la polémica cuando tocó completo el repertorio de su ópera rock Novela?

– No fue esa noche, aunque de ese episodio siento que estuvo bueno porque es como que nos da una sacudida a esta generación para que nos miremos un poquito y nos preguntemos qué estamos esperando. En el concierto en el que fui yo me encantó que nos mandara a callar para que escuchemos lo que estaba pasando y me gustó porque es verdad que tendemos mucho al aplauso, a la ovación por la ovación y no nos damos cuenta que algo está pasando en el escenario puede ser bastante más grande que todo eso.

– ¿Cómo se dio tu llegada a Buenos Aires?

– Vine con ese impulso desde México donde no me hallé en una ciudad tan grande, con tanto ruido y con la violencia tan presente en el día a día. Y llegué para encontrarme con algo aquí, tanto musical como culturalmente. Cosas que siento que tengo que aprender mucho de la gente aquí, de su irreverencia, de su autenticidad y también de la profundidad que, aunque aquí se dé por sentada, se me ha dificultado encontrar en otros lugares. Además me llama mucho la atención que sean tan analizados y con eso conecto mucho porque siempre soy de estar pensando las cosas, analizándolo todo.

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Otras músicas de por acá

– ¿Qué cosas escuchaste en este último tiempo en Argentina que llamaron tu atención?

– Me encanta esta parte más tradicional, por decirlo de alguna manera, que escucho en artistas como Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui. Ellos trabajan ritmos con los que conecto mucho por esa cosa ancestral que comenzó a aflorar en mí desde que empecé a escribir y ahora que lo digo siento que es muy particular porque si bien yo no escuchaba tanto ese tipo de músicas, recuerdo que una vez cuando era chiquita fui a un concierto que mi abuelo Pablo compartía con la cantante venezolana Lilia Vera (habían registrado un disco conjunto en 1981) y pude flecharme con una canción regional. Entonces siento que es algo que viene de atrás y como yo creo en vidas pasadas y todo eso, seguramente está ahí, en mi ADN también.

– Además de esa parte folclórica y sin dejar de apuntar que tu abuelo Pablo grabó y cantó junto a Mercedes Sosa ¿Estando por aquí pudiste acercarte al tango?

– Sí que pude y me pasa de todo escuchando tango. De hecho conocí a Adriana Varela que es muy muy linda y fan de mis dos abuelos. Y pudimos cantar juntas un poco de Garganta con arena. Cada vez que Adriana canta se me eriza todo, me pasan cosas por esa fuerza melancólica del tango y ese arrabal que tiene ella en la voz. De verdad que me traspasa.

 

Ser cubana y nieta de celebridades

– ¿Sentís el peso de tener que hablar sobre Cuba y su modo de vida diferente al de las sociedades capitalistas?

– Yo siento que hay como muchas ideas bastante pre-hechas sobre lo que es Cuba y hay una falta de información que limita al país a ser la tierra del tabaco, el ron, la muchacha linda, la Habana vieja y el Malecón y eso a veces me incomoda aunque lo entiendo.

– ¿Y vos qué Cuba elegís presentar?

– Yo siento que ahora se está haciendo mucha experimentación con la música y que la juventud está tomando más sentido de pertenencia por la parte cultural pero de eso no se habla y se sabe poco.

– ¿Te imaginás sumando el tipo de apertura sonora que aflora en tu música?

– La verdad es que sí, me encantaría como ser un granito de arena más en esa comunidad que estamos haciendo los nuevos artistas  y mostrar que hay otras posibilidades.

Fotos: Gentileza prensa de la artista

– ¿Qué artistas de Cuba podrías nombrar como para poner en esa clave de música nueva?

– Por suerte hay mucha gente que recomendar. Yo diría que si pueden escuchen a mujeres como Cannela que está haciendo una mezcla de cosas que tienen muy presente la raíz. También me gusta Vilu y está Melanie Santiler, que está trabajando a partir de un género tradicional cubano llamado reparto y que está arrasando en este momento en la isla. Considero que ella, fundamentalmente, aportó a la manera de ver a la mujer de un poco menos violento, menos agresivo y más abierto y todo eso siento que lo hace muy bien. También está brillando Chezca Zana, pero hay mucho más que explorar para encontrar esa nueva Cuba.

– ¿Alguna vez pensaste en no usar tu apellido? ¿Qué significa para vos ser Guevara?

– Eso me lo he planteado después de ya haber salido como cantante porque hasta ahí había un nivel de ingenuidad en mi persona y en un punto no me di cuenta de lo que podía significar, pero es mi apellido, me gusta y ya estoy haciendo un recorrido con él. Es evidente que no estamos hablando de personas menores y al final termina afectándome de alguna manera, sobre todo al hacer que todo gire alrededor de esa cuestión sobre una persona que ha marcado una etapa determinada pero que ya no está. Y entonces la gente todo el tiempo quiere atribuirme cosas y expectativas de las que yo no me tengo que hacer cargo.

– ¿Cuán presente está el Che en el recorrido de tu vida?

– He leído algo y lo hago cada vez más realmente. De hecho desde que he venido a Argentina me ha surgido como un interés no solamente por mi abuelo sino también por mi bisabuela, o sea, por mis raíces en general. Siento que hay muchas cosas interesantes ahí en mi historia que muchas veces he querido a lo mejor evitar por una cuestión del peso que tenía y por estar buscando mi propia identidad. Pero ahora me estoy dando cuenta de que al final, evitando todo eso, tampoco me iba a sentir más completa, sino que me voy a sentir más completa al indagar más.

– ¿Qué tipo de abuelo era Pablo Milanés?

– No era que yo lo llamaba y decía, «Ay, abuelo, ¿cómo estás hoy? ¿Cómo te sientes?», ni de él hacia mí, no existía eso en el día a día, pero era mi abuelo, yo lo amaba y él me amaba a mí. Nos veíamos los domingos casi siempre cuando él podía y teníamos ciertos momentos donde compartíamos más con gente que solos porque él siempre estaba rodeado de gente de la familia, de sus amigos, era muy amiguero. Yo estaba en lo mío, creciendo y mirándolo y en ese vínculo me dejó impresiones que me marcaron y que me hicieron crecer con una mirada determinada. Creo que de él aprendí su postura tan crítica a veces, su musicalidad, su interés por la propia música y por hacernos escuchar determinadas cosas, desde jazz hasta Enya y Bob Dylan.

-¿Pudiste llegar a cantar con Pablo?

-No, yo subía después de los conciertos a darle flores. Pero no llegamos a ese momento aunque me hubiera gustado tanto…

-¿Y hacés versiones de canciones de tu abuelo?

-En mis conciertos muchas veces incluyo “Ámame como soy” que es una canción que me encanta y que mis tías han versionado en cuarteto y que siempre me mató. Pero por ahora yo no quiero dejar de buscar mi identidad. A lo mejor es un método de defensa, pero siento que en algún momento seguramente me tocará esa exploración y me tocará indagar más todavía y a lo mejor rendirle más tributos. Por ahora mismo estoy más en hacer la mía.

 

La búsqueda con rumbo al Encantada Jazz Festival en Brasil

La música de Camila Guevara mistura la tradición cubana –expresada en géneros como el son, el chachachá, el bolero y el feeling- con propuestas contemporáneas entre las que se aprecian el neo soul, el pop y el rap además de esta reciente ligazón con el rock local.

Pero, sin embargo, la sonoridad de esta habanera de apellido incendiario y sabrosas raíces, le permite ir más allá de esas casillas y por eso en agosto tomará parte en el Encantadas Jazz un festival que durante los fines de semana del mes se desarrolla en la paradisíaca Isla de Mel, en el estado brasileño de Paraná.

La vocalista y compositora tomará parte del encuentro los días 15 y 16 de agosto, fechas en que también dirán presente las propuestas argentinas del Oscar Giunta Trío y del Pablo Lobos Grupo como parte de una grilla que a lo largo del mes tendrá célebres aportes locales como los de Guinga y Toninho Horta y presencias internacionales llegadas desde Mozambique (Regino Matimbe Group), Paraguay (Raven & Band) y Cuba (José Portillo Trío).

“Me gusta haber sido invitada a Encantada porque aunque no me considero una artista de jazz, hay algo del espíritu de ese género por abarcar y buscar, que me define muy bien”, asegura Camila. Para la joven, esa característica también responde a una herencia: “Mi mamá (por Suylén Milanés) era una persona que escuchaba rock y también cantaba muy bien el feeling y el bolero, pero terminó haciendo una mezcla de música afrocubana con electrónica. Y yo vengo de ahí también, para mí es natural”.

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