Amor y rock
El rock hace silencio por los gritos revelados del amor
Desde Charly a Babasónicos y de Vilma Palma y La Mosca a Las Pastillas del Abuelo y Los Tipitos, todos siguen haciendo canciones sobre corazones rotos o para celebrar la llegada de Cupido. Las mil y una maneras de expresar a través de una melodía el más genuino de los sentimientos sin soslayar el dolor y la pasión.
Una canción tiene tantas significaciones como personas que la escuchan. Cada cual hará su propia lectura o tejerá su particular fantasía de aquello que sonó en la voz de su artista preferido. Cuántas veces sucedió que alguien se imaginó una historia romántica o lloró a moco tendido a través de una letra y cuando leemos al autor o autora contar en qué se inspiró, descubrimos que se inventó toda la historia porque estaba aburrido/a, o porque estaba en medio de un viaje de sustancias o porque se le ocurrió rimar «amor» con «rumor». Y el amor, específicamente en el rock argentino (basta de decir rock nacional, suena a escarapela eso), está abordado desde distintos espacios, como si fuera un prisma que brilla con distintos colores dependiendo de la luz que le toque. Y si hablamos de brillos, el famoso estribillo «A brillar mi amor», de “La bestia pop” de Los Redondos es toda una ironía y está directamente vinculado a una critica airada al encantamiento efímero de las bandas de moda («yo sé que hay caballos que se mueren potros sin galopar») y no hace referencia al amor de corazoncitos dibujados en barquitos de papel.
Pero quizá el ejemplo más contundente, o al menos el que más rápido se me viene a la cabeza en la banda de sonido de mi vida (sé que es una frase remanida, pero me calza justo) es “Canción para mi muerte”, de Charly García, que fue la que hizo que todos y todas nos enamoremos perdidamente de Sui Generis allá por los convulsionados y apasionados años 70. «Te encontraré (Charly la cantó siempre sin tilde en la e final para que la musicalidad sea más cálida) una mañana/dentro de mi habitación/ y prepararás la cama para dos» decía García revoleando su melena desprolija cuando aún no tenía ni bigote bicolor y nos maravillaba en aquel rústico escenario de la peli “Rock hasta que se ponga el sol” (Aníbal Uset, 1973). Hablo por mí (¿por quién si no?), pero siempre imaginé que el tipo estaba por tener un encuentro sexual amoroso con esa piba que le volaba la peluca. Y al final cuando decía «te suplico que me avises/si me vienes a buscar/no es porque te tenga miedo/ solo me quiero arreglar», yo pensé que el quía se quería empilchar para estar con toda la onda cuando venga la mina a buscarlo a la casa. Claro, “Canción para mi muerte” es el tema que abre el disco “Vida”, el primero de Sui Generis, de 1972, con Charly a sus 21 años, mientras yo tenía solo 11. Ahí se entiende la lectura y la intención de cada uno. Es más, cuando Charly la volvió a grabar años después con su banda en plan solista (última edición de “Piano bar”) modificó el «solo me quiero arreglar» por «es que me quiero matar». Era otro Charly, claro, y yo también era otro. Nadie se baña dos veces en el mismo río, había escrito Heráclito, y estaba en lo cierto.
La palabra amor no solo es frecuente en la literatura, en las obras de teatro, en las películas y en las comedias musicales, también lo es en las baladas románticas y boleros. Es más, allí, puntualmente chorrea como dulce de leche el amor. Pero aquí vamos a ocuparnos, en un recorte arbitrario y antojadizo -como son todos los recortes temáticos- de las canciones de rock argentino de distintas bandas y solistas, que usaron la palabra amor tanto en los títulos de discos como en las composiciones, o bien en los siempre determinantes estribillos a lo largo de su historia, que serían unos 60 años, si consideramos a “La balsa” (1967, de Nebbia/Tanguito), como el tema fundacional del género en este país.
“Amor de primavera” aludía a un amor fugaz «que anda dando vueltas», sin precisar si era una mujer, sino que utiliza un recurso simbólico y sugerido para hablar de una sensación que le permite «volver a vibrar» y comunicarse con una «línea directa al infinito». La versión original de Tanguito parece surgida en una guitarreada de fogón, tan imperfecta como bella, quizá como una metáfora del amor. En una sintonía de vuelo poético mucho más elaborado y existencialista se ubica Luis Alberto Spinetta. El Flaco había hablado sobre amor sin nombrarlo en la inolvidable “Muchacha, ojos de papel”, en tiempos de Almendra, pero necesitó ponerle cuerpo y letra explícita luego de un golpe sentimental al hacer “Seguir viviendo sin tu amor”, quizá una de las pocas canciones hiteras y ya pieza habitual de los karaokes. «Y hoy que enloquecido vuelvo/buscando tu querer/no queda más que viento», clama Luis, y aquí aparece una cuestión recurrente en las canciones de amor y es la cita al amor perdido.
Es que las canciones de amor suelen ser melosas cuando la relación atraviesa un estado de plenitud. Los ejemplos más concretos son los de Alejandro Lerner con “Por un minuto de amor” o “Amarte así” y podría citarse gran parte del cancionero de César «Banana» Pueyrredón, como “Cuando amas a alguien” («cuando amas a alguien/se te enciende la vida») y “Por siempre mi buen amor” («un amor de verdad/que me hace llorar/ llorar de emoción, mi buen amor»).
En cambio, al cantarle a un amor finalizado se aprecia otro enfoque. Vilma Palma e Vampiros es un buen reflejo de este caso. Suele citarse a la exitosa banda rosarina para las ocasiones más festivas, pero eso es caer en el lugar común. Hay muchos temas de su larga discografía que apuntan a otras direcciones. Y uno de ellos es “Otra canción de amor”, del logrado “3980”. Sobre la cadencia de un mid tempo rockero y una guitarra que exuda dolor en el punteo, el texto indica: «Sólo sé que es tan difícil/intentar no pensar para no recordar/que te he perdido para siempre/me gustaría poderte abrazar/Adiós, adiós, estaba escrito en nuestras vidas». Mario «Pájaro» Gómez, consultado especialmente para De Coplas, dijo: “Creo que “Otra canción de amor” es otro de los temas emblemáticos de la banda, y es una de las primeras canciones que yo le pasé a Jorge (Risso) porque en Vilma siempre él hacía la letra y yo la música. Fijate la época, era 1990, habíamos perdido la final de un Mundial como ahora, así que me acuerdo bien. Nunca imaginé que con esta canción, como con tantas otras, nos iba a pasar lo que nos sigue pasando todavía con la gente. La música tiene mucho de “Purple Rain”, de Prince”. A su turno, Risso dio más detalles sobre la letra: “Otra canción… fue un homenaje a una pareja caótica que tuve por finales de los 80. Una persona con la que llegué a un amor profundo, pero que en los papeles no marchaba como correspondía. Es el dolor del amor que no devuelve. Estaba escrito en nuestras vidas”.
Otro ejemplo de amor finalizado o perdido está en “Sin tu amor”, de Lerner, pero ya todo un clásico en la voz de Sandra Mihanovich: «Sin tu amor soy un manojo de recuerdos/soy la sombra de lo que algún día fui/sin tu amor la habitación es un exilio/sin tu amor». Habla de la despersonalización, de una sensación de angustia extrema.
Sin embargo, hubo otros artistas que le cantaron a la pérdida del amor desde un lugar menos triste y hasta como un paso de comedia. Es el caso de Estelares con su clásico “Ella dijo”. Es la mujer que le dice que le encanta ir a la cama con él pero no quiere nada más, y Manuel Moretti (porque se autocita como Manuel) lo asume y le confiesa que él tampoco corresponde ese amor: «Ella dijo/ y yo dije/no eres mi amor».
Quizá en una sintonía similar, y a tono con un rock popero disruptivo y desestructurado, Virus supo cantarle desde otro lugar a un amor pasajero y tóxico, que invitaba a reiniciarse para buscar un vínculo más sano. Y se ve en “Amor descartable”: «Vos sos mi obsesión/quisiera atraparte/vos sos mi destrucción/no puedo dejar de pensar/Tengo que ordenar/esta confusión/quiero estar libre/para un nuevo amor». Incluso la impronta bailable de este temazo de los 80 también servía para quemar las penas sin tanto drama, era el espíritu del grupo de los hermanos Moura.
En esos mismos tiempos, García mencionaba al amor para hablar del exilio, nada menos. Cuando muchos podrían pensar que al cantar “Tuve tu amor” le estaba hablando a un amor perdido, Charly lo hizo de nuevo y así como nos hizo entrar en la historia de muerte/amor en Sui Generis ya reseñada en este texto, aquí hace foco en el dolor de partir hacia otros rumbos de forma obligada: «Susana se escapó/Miguel también/Ana se quedó/Te tengo que abrazar/como si fuera un bebé/No importa dónde estés». Y ya más explícito aún reza «el exilio te vistió de actriz/ porque alguien se confundió/alguien te descubrió». Incluso también se refirió al amor cuando Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) le rechazó el título de un tema que se iba a llamar “Mi amor” debido a que ya estaba registrado. Charly, irónicamente, compuso un rock rabioso en su excelente “Piano bar” donde expresó su disconformidad a viva voz e hizo un juego de palabras donde su enamorada era el nombre de la canción : «Mi amor, no te puedo amar/estás prohibida ya/pásenla en la radio/Por mi amor».
El amor también fue cantado para darle una bienvenida cuando aparecen las segundas oportunidades. Y el ejemplo más inequívoco está en “El amor después del amor”, que es la llegada de Cecilia Roth a la vida de Fito Páez luego de Fabiana Cantilo. El tema fue tan exitoso -incluso el disco del mismo título se convirtió en el más vendido en la historia de la música popular argentina- que hasta Andrés Calamaro tiempo después sacó un tema que se interpretó como una respuesta a aquella propuesta supuestamente poética y algo edulcorada de un nuevo sentimiento de pareja. Y lo hizo con “No se puede vivir del amor”, que parecía contestar la frase «nadie puede vivir sin amor» de Páez.
Es que el poder arrasador del amor no se discute, ya lo decía la canción icónica de la película “Tango feroz” (Marcelo Piñeyro, 1993) que fue “El amor es más fuerte”. Pero ojo que acá no se hablaba de ella o él, nada de eso, era la voz de Tanguito clamando por el amor a la libertad, a la creatividad, a que lo dejen expresarse y en rechazo al sistema opresor: «Pueden robarte el corazón/cagarte a tiros en Morón/pueden lavarte la cabeza/por nada. /Pero el amor es más fuerte», sonaba en la interpretación de Ulises Butrón, que doblaba la voz de Fernán Mirás en la canción compuesta por Daniel Martín y Fernando Barrientos.
Gustavo Cerati en su álbum solista “Amor amarillo” hacía una referencia a una sensación que podría ser sexual o no, quién sabe, pero la imagen que planteaba era muy sugerente: «Adentro tuyo/caigo del sol/adentro tuyo/ es único». En la vereda opuesta La Mosca cantaba «Todos tenemos un amor/que nos rompe el corazón/ y nos complica la vida», siempre dicho en modo festivo, claro, al estilo de la siempre vigente formación de Guillermo Novelis, pero cuántas personas pensarán exactamente lo mismo mientras mueven los piecitos por la madrugada en medio de una fiesta de cumpleaños o de un casamiento.
También hay amores para ponerse colorados. Y si no escuchemos a Babasónicos: «Somos culpables de este amor escandaloso/que el mismo fuego de pasión alimentó/que en el remanso de la noche impostergable/nos avergüenza seguir sintiéndolo» (“Irresponsables”, otro hitazo de la banda de Dárgelos). Pero claro, se insiste, los temas de amores perdidos suelen ser irresistibles. Litto Nebbia lo sabe bien y lo hizo, por ejemplo, en “Dorado amor”: «Cómo harás para entender al fin/que hoy necesito de ti/ y tú precisas de mi». Y si buscamos un enamorado del amor, valga la redundancia, ahí aparecen Las Pastillas del Abuelo con su “Rompecabeza de amor”: «Te me metiste en la piel/me sobornaste la razón», canta Pity Fernández. Acá también aparece la despersonalización pero por elección, no por la ausencia de amor, sino porque «con caricias de alto nivel/domesticás hasta un león/y a mí no me piensa el corazón».
Lo que demuestra que hasta los más duros se quiebran por amor. Ya se vio en La Renga con “Triste canción de amor” o el ex Riff, Jaf, con la balada hitera “Todo mi amor”. Y si alguien tenía fama de hombre de camperas de cuero y de tachas llevar era Pappo, quien sucumbió también ante Cupido. La prueba concluyente fue “Buscando un amor”, el último disco que hizo en su vida, que incluyó el tema más romántico de su carrera, “Juntos a la par”: «Nada como ir juntos a la par/y caminos desandar/el honor no lo perdí/es el héroe que hay en mí/nada como ir juntos a la par». ¿Se puede perder el honor o el heroísmo por amor? Por lo visto Pappo se lo planteaba al componer esta melodía eterna. Por lo pronto, el amor es más fuerte y aunque venga después del amor o no se pueda vivir del amor, bien vale la pena escuchar a Los Tipitos y hacer “Silencio”: «Hoy que mi corazón/se aturde en silencio/hablando solo cuando es tarde y ya no hay nada más que hablar/hoy que mi corazón/se agita en silencio/por los gritos, revelados, del amor».
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