La pianista cordobesa editó Folclorito, un disco de ocho piezas con tinte folklórico que la música compuso para evocar la sonoridad de su infancia. “Tengo muchas influencias desde niña, pero nunca me había puesto a componer una chacarera o una zamba”, dice.
En 2024, en plena gira por España, Clara Presta tuvo una especie de revelación. De repente, en medio de un concierto, sintió un cosquilleo en todo el cuerpo al interpretar canciones tradicionales del folklore argentino. Se encontraba en Madrid, a más de 10 mil kilómetros de su Córdoba natal, frente a un público no tan acostumbrado a escuchar zambas, carnavalitos y chacareras. “En esas fechas me daba cuenta que cuando tocaba músicas folklóricas pasaban otras cosas en el ambiente y generaba algo muy hermoso en mí”, recuerda la pianista, cantante y compositora que se abrió camino con dos discos más volcados a la canción: Casa (2018) y Pájara (2021).

«Desde que soy niñita toco folklore, me gustaba mucho». Fotos: Gentileza de la artista
Después de esa gira europea, la artista nacida en Villa Dolores se dio cuenta de que tenía “muchas ganas” de hacer un disco de música folklórica argentina, con composiciones propias. “Para mí era un desafío hacer un disco conceptual específico de folklore, porque mis trabajos anteriores tienen que ver con mi mundo creativo y mis formas de decir y de tocar. Pero no los había craneado tanto como en una cuestión de concepto o género tan específico”, resalta Presta. “Ahí empezó un viajecito muy especial que significó componer folklore, porque en mi música siempre estuvo presente, tengo muchas influencias desde niña, pero nunca me había puesto a componer una chacarera, una zamba, un bailecito o un gato”, distingue.
Coproducido junto a Lisandro «Laicha» Mansilla -músico cordobés radicado en España-, Folclorito (2026) es un disco que incluye ocho canciones que transitan con libertad y soltura por ritmos asociados al amplio universo de la música de raíz folklórica argentina. “Al comienzo la idea era hacer un disco instrumental de solo piano, pero a mitad de camino me dieron muchas ganas de escribir letras. Entonces, tiene una parte instrumental y una parte cantada”, dice. Las tres piezas instrumentales son Carnavalito, Gato negro y la cueca cuyana Santa alegría. Las canciones con letra, en tanto, son Bailecito primavera, la chacarera La escondida, la zamba Las dos Marías (con la colaboración de Lola Parda), el huayno Para renacer (con Miryam Latrece) y la vidala Besos frutales.
El disco, que tendrá una edición en vinilo, fue grabado de manera acústica y orgánica, con piano acústico y músicos tocando completamente en vivo en un estudio de Madrid, Mapa Studio. Entre ellos, participaron el percusionista cordobés Martín Bruhn y «Laicha» Mansilla, que además de coproducir canta y toca el saxo en el disco. “Yo sabía que me gustaba algo medio fisurado en el sonido, como esas grabaciones viejas de pianistas como el Cuchi. Pero a su vez quería que fuera un sonido actual. No tuve referencias, pero si tuve muy presente a mis referentes”, precisa antes de la presentación oficial: el sábado 14 de noviembre a las 17 en Teatro del Libertador San Martín (Av. Vélez Sarsfield 365), Córdoba. “La idea es empezar a circular esta propuesta el año que viene en otras ciudades, como Buenos Aires, Montevideo y Madrid”, promete.
– ¿En esta gira por España venías tocando motivos folklóricos y canciones tradiciones?
– Casi nunca tocaba composiciones de otros en mis conciertos y justo en ese viaje, que quizás compartía fecha con Laicha y otros músicos, era medio inmediato tocar tal zamba o chacarera. Entonces, aparecieron en el repertorio de los conciertos un par de canciones tradicionales del cancionero popular. Eso también hizo como una base sólida en esa recepción de transmitir nuestra música allá. Mirar también a la distancia te hace recuperar algunos valores que en el cotidiano no los ves tan claramente. Me re pasó eso. Desde que soy niñita toco folklore, me gustaba mucho. Pero tuve una época de dejarlo un poco de lado en mi adolescencia, porque me dediqué al jazz, entonces me revelaba contra la «simpleza» del folklore. Mucha gente me decía “vos tenés que tocar esto, porque ahí está tu esencia”. Y yo no y no. Creo que el disco también tiene que ver con el título, con la niñez, con los inicios. Cuando hice ese clic me hizo muy bien musical y humanamente. Sentí una madurez muy linda.
– Naciste en Villa Dolores y vivís en Córdoba, una provincia muy folklórica. Pero estos años te moviste más por el circuito de la canción, ¿no?
– Me moví durante varios años en otros terrenos, sí. A veces aparecen estas canciones que tienen la llevada de un huayno o una milonga, pero nunca específicamente folklóricas. Fue un desafío decidir y limitar un campo. También fue una búsqueda de investigación y de encontrarme conmigo misma. ¿Qué tengo para decir yo acá, en el folklore? ¿Cómo digo yo un carnavalito? Porque también fui media auto-exigente en este plan de no querer sonar a los otros, a los autores o a los referentes. Es decir, no querer sonar «pianísticamente» ni a un Adolfo Ábalos ni a un Negro Aguirre, que son las personas que desde distintos puntos me influenciaron. Yo quiero sonar a mí. ¿Y cómo hago? Eso fue un arduo trabajo y re lindo. Porque buscás la chispa medio auténtica y a la vez te vas encontrando con vos ahí. Escucho folklore desde muy chica, mi referente máxima fue la pianista cordobesa Hilda Herrera.
El título del disco nace de una palabra inventada que repetía siempre Presta. “La usaba por la ternura del diminutivo, por la picardía y porque me remitía a la infancia”, explica. “También fui descubriendo que aparecen (en el universo folklórico) palabras como ‘bailecito’, ‘carnavalito’, que son como diminutivos pero no usados como diminutivos”, distingue. En líneas generales, las composiciones respetan ciertas formas y dinámicas propias de la música de raíz folklórica, pero buscan también llevarlas hacia un lugar propio y actual. La artista cordobesa se toma algunas licencias al momento de abordar los motivos folklóricos. Hay un enfoque lúdico y abierto, a veces experimental. “No quise buscar rupturismo, no fue por ahí. Me pasó componer una zamba, yo hubiera querido hacer algo más tradicional, pero me salió una zamba que es muy balada y tiene algo de jazzero también”, dice en relación a Las dos Marías. “Lo dejé ser. Me salió intuitivo y espontáneo lo de las rupturas. No fue a adrede”, confiesa.
– ¿Cómo encontraste tu modo de abordar y decir el folklore en este disco?
– La intención era que no sonara tradicional. En cuanto a la voz propia fue algo que busqué. Pero creo que también es mi forma de tocar y hacer música en general. Cuando estudiaba jazz u otros géneros no quería copiar esos estilos, sino que quería rescatar elementos de cada cosa pero después hacerlas carne y voz propia. Al principio hubo un trabajo de investigación. Cuando, por ejemplo, quise componer un bailecito, tuve que buscar su forma; cuáles son los yeites, los giros; cómo es la danza, cuál es la temática y la región del país donde sucede esta música. Entonces, ahí me fui empapando de cuestiones conceptuales y teóricas. La base fue estudiar la música y tener a mano herramientas que hacen que suene a eso: los giros armónicos de un carnavalito, los finales; todo eso hace que la música suene a eso. También empaparme de los paisajes, ver documentales…
– A partir de allí, compusiste tu propia obra.
– Sí, con esas herramientas empezó el momento de la creación; hacer una melodía que tuviera alguno de esos giros armónicos y si me quería ir para otro lado, me iba. Tener la base y las herramientas sólidas, que son la tradición y la raíz, que está ahí en la profundidad. Como he tocado mucho folklore desde chica también tengo en mi raíz ese swing. Es mucho de eso: poder sentir la soltura y el cuerpo tocando esta música. A partir de esa raíz poder florecer con mis palabras, con mis divagues armónicos, pero no yéndome tanto por las ramas, sino siendo consciente de esa raíz, porque ahí quiero estar.
Durante los días de grabación en España, la cordobesa invitó a participar a la cantora madrileña Miryam Latrece -corista de Jorge Drexler- en el huayno Para renacer. “Me gustó esa mixtura de traer España al folklore nuestro. Con Miryam quería hacer algo porque somos amigas y tiene una sensibilidad muy especial para cantar”, cuenta Presta. “Lola (Parda) aparece después. Yo me vengo a Argentina con esa zamba grabada en vivo y la quería cantar a dúo con una mujer. Pero tenía que ver con quién. Se me vino enseguida Lola, porque estaba muy copada en ése tiempo con su disco Dolores (2024), que es muy jazzero pero a la vez arrabalero”, revela. “Ella tiene esa cosa muy del tango, con esa mugre. Y cuando le mandé la zamba le encantó. No coincidimos en encontrarnos al mismo tiempo en el estudio, porque ambas estábamos de gira, pero quedó casi como si la hubiésemos grabado juntas”, dice sobre Las dos Marías.
– El folklore tiene etapas de auge y otras de sosiego, al menos en Buenos Aires, porque en el resto del país nunca pierde vitalidad. Ahora estamos transitando un momento de efervescencia de la música de raíz folklórica en los centros urbanos y los medios de comunicación. ¿Cómo ves este momento del folklore? ¿Hay un contexto favorable para este tipo de música?
– Sí, hay viento a favor. Está siendo valorado en este momento el folklore. Cuando toco una chacarera la gente se prende fuego y lo festeja. Me pone contenta que nuestra música nos haga sentir en esta comunión. Que nos represente, que nos identifique y que sea parte de las generaciones actuales. Eso también me abre toda una reflexión en relación a las modas. Está el lado súper positivo, como que un artista como Milo J haga escuchar folklore a los pibitos, que es un folklore también vestido de un montón de cosas. Entonces, por un lado, la alegría de esta comunión musical, pero después el otro borde que tiene que ver con la moda o hacer las cosas con poco cuidado. Yo no hice un disco comercial, ni siquiera en la estética del audio. Podría haber hecho un disco folklórico «más vendible», pero era un terreno que yo no manejaba. Quería manejar las riendas del disco y no depender del audio o los productores. Esto soy yo desde que tengo cinco años de edad.