La legendaria cantante, pianista y creadora de canciones en varios frentes de lucha (el feminismo, el anticlericalismo, el veganismo y el antiespecismo) vuelve a la Argentina para presentarse por los cincuenta años del golpe del ‘76 y dice: “La violencia que vivimos es directamente proporcional al sufrimiento que provocamos en los animales”.
“La mejor manera de continuar con la violencia es comiendo un animal. La mejor manera de perpetuar el patriarcado es comiendo un animal”. La voz -en la poderosa canción La mejor manera– resuena en su campo en México: Liliana Felipe levanta las manos del piano, deja por unos segundos ese placer y mira el cielo, “de una contundencia, una hermosura y una belleza tan despampanante, que avergüenza pensar que aquí una parte de la población se dedica a estar jodiéndoles la vida a los demás”.
La cantante, compositora y pianista cordobesa Liliana Felipe, afincada en México desde 1977, expande -hace años- su universo mordaz de canciones feministas, antirracistas y anticlericales con otra ética militante: el veganismo y la defensa de los derechos de los animales no humanos. Como dice ella: “Comer animales es una adicción promovida por el patriarcado con todas sus instituciones: familia, iglesia, educación, industria alimentaria y farmacéutica. ¿Para qué? Para controlar el mundo y tenernos siempre medio atontados y enfermos. Dejar de comer carne es un acto de conciencia que libera al ser humano”.
En 2024, Liliana Felipe editó el segundo volumen de su disco Liberación Animal (su creación número 26 en una vasta vida de canciones y obras conmovedoras), en su largo trabajo de “vegangelización” en contra del especismo -la discriminación por especie-, y ahora prepara su repertorio para su nuevo regreso a la Argentina, en este caso por los cincuenta años del golpe cívico-militar de 1976: Liliana presentará En Concierto 1976-2026 en Rosario, Córdoba, Villa María, La Plata, entre otros lugares, y en Buenos Aires cantará los días 27 y 28 de marzo a las 21 en el Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934).
La convocatoria es para pensar “aprendizajes, tareas pendientes y qué nos falta”. Y lo primero que faltan son los seres queridos: en 1978, cuando Felipe ya estaba en México, la dictadura militar en Córdoba desapareció y asesinó a su hermana Ester Felipe, psicóloga, y a su cuñado Luis Mónaco, periodista, ambos militantes del PRT-ERP. Y desde entonces no dejaron de buscarlos. Esas ausencias definieron su espíritu de lucha y, en los últimos años, se conectaron con su ética vegana y antiespecista.

«El capitalismo patriarcal, blanco, hegemónico, tiene como sus principales víctimas a los individuos de cualquier especie». Fotos: Rancho Frenesi
Lo explicó Liliana el 8 de noviembre de 2023, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, de la ciudad de México: “La desaparición forzada es un dolor indescriptible y eterno -leyó-. La desaparición de mi hermana me provocó buscar en mí en dónde seguía siendo injusta. Y entendí que la violencia que vivimos es directamente proporcional al sufrimiento que provocamos en los demás animales. El feminismo antiespecista incluye a las hembras de todas las especies. Por eso yo lucho por ese feminismo: dejemos de comer animales”.
¿Qué sucederá en el concierto en Córdoba? “Sucederá lo que entre todxs hagamos que suceda. Quiero ir al centro clandestino de detención La Perla, donde ha comenzado la excavación para encontrar los huesos de nuestros seres queridos”. Entonces Liliana se queda pensando: “Sería un triunfo de la memoria y de la resistencia. Pero, con huesos o sin huesos, mi hermana me falta siempre”.
-¿Cómo te pesan los cincuenta años de la dictadura militar del ‘76?
-Me considero una sobreviviente. Hay mucha gente que ya no está con nosotros. Yo era una estudiante de música a la que le cerraron la Escuela de Artes y por eso aproveché para ir a dar unos conciertos a Perú, en enero del ‘76, sólo porque no podía ir a la universidad. Y en marzo del ‘76, cuando yo estaba en Perú fue el golpe militar y vino todo el desbarajuste.
Pero “yo no soy la representante de nadie: ni la representante del exilio, ni de las luchas de aquella época, ni de nada -distingue Liliana-. Simplemente soy alguien a quien le tocó vivir el tema derechos humanos, primero, y luego continuó con los derechos de todos los animales”. ¿Y eso qué implica? “Bajarnos del pedestal de considerarnos los más inteligentes, sensibles, racionales. Hemos vuelto el mundo un basurero, un enorme campo de concentración y un gran matadero a la vista de todos. Y podemos comprobarlo con Gaza, pero también tendríamos que desmontar las mentiras de la proteína animal o lo venenosos que son los lácteos para los animales humanos y, más allá de eso, lo que se hace sufrir a las vacas y sus becerros. O sin ir más lejos, lo que está ocurriendo con la Argentina: este monstruo aprieta donde sea”.
Y allí “podemos ver que el capitalismo patriarcal, blanco, hegemónico, tiene como sus principales víctimas a los individuos de cualquier especie: da igual. Y, en ese sentido, así como el genocidio que ocurrió en la Argentina a partir del ‘76 fue un negocio, lo que ocurre con los animales es un negocio”, manifiesta Liliana mirando el cielo. Y “los animales tienen sentimientos. No sólo dolor, sino angustia y afecto. No nacieron para ser engordados y maltratados en feedlots”.
¿Cómo entenderlo? “Es un negocio de la derecha también promovido por la izquierda, lxs ecologistas, feministas, luchadorxs de derechos humanos y humanistas. Entonces ahí es donde se me hace un nudo y digo: el origen de la violencia es uno solo y, puesto que la hemos construido, podemos tirarla abajo. Y soy muy feliz de no ser cómplice: de no colaborar y de no tener mi sangre manchada o llena de la sangre de otros seres. De haber dejado de parasitar por encima de todos los demás animales”.
Contra el supremacismo
Se ilumina el cielo del campo, aquí está el piano y Liliana Felipe extiende su mirada: “La especie más violenta de todas es el ser humano. No hay nada peor que un humano aburrido haciendo crueldades. Quien es violento con los animales no se va a detener. El especista no se diferencia de un racista ni de un fascista”, dice ella, casada hace años con la actriz, dramaturga, performer y exlegisladora mexicana Jesusa Rodríguez, con quien comparte creaciones y la lucha vegana y antiespecista.
-¿Cómo llegaste al veganismo y al antiespecismo, a la par de tus otras causas?
-Fue por una mezcla de cosas. Por un lado, con Jesusa un día vimos un camión lleno de cerdos, nos impresionó y ahí decidí ya no participar más. No sabía lo que era el veganismo ni el especismo, aún. Por otro, fue una consecuencia del juicio por la muerte de mi hermana en Córdoba. Por distintos lados entendí que había algo que tenía que revisar en mí: en dónde yo seguía reproduciendo este esquema de violencia, de injusticia, y era en ser parte de la explotación animal.
Pero no hay ciego fanatismo en el veganismo de Liliana Felipe: su amabilidad está a la par del humor que plasma en sus canciones como armas de transformación social. “Cuando uno se asoma al tema no hay marcha atrás -dice-. Para mí, el veganismo fue una inyección de energía y una transformación total”. Y amplía: “El veganismo es un detector de mentiras. Vos me podés decir que sos un luchador por la justicia, por el medio ambiente, contra la violencia, por el feminismo, a favor del agua y de los bosques. Pero si en tu plato hay un animal todo lo demás sale sobrando. Para mí, el límite está en lo que nos llevamos a la boca”.
Y allí enlaza a la industria alimentaria con la desaparición de personas. “El origen está en el supremacismo. Cuando tú consideras que tu vida es más importante que la de cualquier otro, ahí empieza el asunto. Y tú puedes ser muy luchador, pero si de tu plato brota sangre, ahí se genera una violencia imparable. Antes nos perseguían, nos mataban, nos secuestraban, y ahora nos matan por la boca, o dejas de ser una persona y comienzas a ser una cosa, como son los animales según el sistema”. “Ay, pero no me vas a comparar con una vaca”, podrá decirle alguien a Liliana. Y ella responderá: “Mi recomendación honesta, sincera y fraterna es no compararse, porque vamos a salir muy mal parados”.
-¿Cuáles son los aprendizajes pendientes a cincuenta años de la dictadura?
-Poder ver en qué nos falta trabajar contra la violencia. Afortunadamente, Argentina tiene la maravilla de haber enjuiciado a los que se creían superiores. Pero hasta que la sociedad no entienda hasta dónde ha sido cómplice, no podremos desmantelar este aparato. Y la violencia continúa incólume. ¿Por qué? Por este sentimiento supremacista de que nuestra vida es más importante que la de los demás. Y, cuando logras comprenderlo, el mundo que se abre es de una enorme congruencia y felicidad. El cuerpo comienza a funcionar de otra manera. Todo se relaciona contigo de una manera mucho más amable. Y la tarea pendiente es, como digo, dejar de ser cómplices.
¿Qué siente ahora Liliana? “Que cualquier lucha que no considere a los animales está cooptada por el lobby ganadero para seguir con su explotación. Porque el capitalismo está basado en la explotación de los animales”. Y cuenta que días atrás vio un cuadro “muy sencillo” que le clarificó el tema: “16 kilos de granos -trigo, maíz, etc.- alimentan a veinte personas. Esos mismos 16 kilos de grano, dados a una vaca, producen un kilo de carne, el cual alimenta a sólo dos personas”.
Sonríe Liliana bajo las estrellas: “¿Se ve la comparación? O sea, ¿quién produce los pobres? Quienes comen animales. El negocio de los animales es el más brutal, más monstruoso y más asqueroso del mundo, y empieza con el consumo de leche: la leche es violar vacas y robarles a sus criaturas apenas nacen -o sea, desaparecerlas- para quedarnos con un líquido que a todos nos hace mal. No sólo a la población intolerante a la lactosa. A todos nos hace mal, física y éticamente, estar robando algo que no necesitamos, simplemente para darles dinero a unos señores que decidieron que eso es un negocio”.
-¿Cuál es el primer foco para considerar los valores de la gente antiespecista?
-Dejar de consumir lácteos. El consumirlos te garantiza tener un cuerpo enfermo, alergias, la esclerosis múltiple, etc. y ahí está la unión con la industria ganadera y la farmacéutica. El consumir lácteos les garantiza tener becerros para enviar al matadero. Todo está relacionado.
-¿Cómo evaluás al gobierno ultraderechista de Javier Milei?
-Todas las decisiones que han tomado son muy brutales, como las de Donald Trump, y siento que han desbaratado las conquistas que costaron muchas vidas, muchos años: me puedo imaginar la angustia, la desesperación de la gente pensante y de toda la gente. Y ahora también a los animales les va peor. Se vanaglorian de aumentar las exportaciones de cadáveres. Y por eso es tan importante que la gente tome conciencia de que comer animales o tomar leche no es sólo un crimen: es a la vez, un suicidio. Por eso siento que lo que yo puedo ofrecer es una llave a la felicidad: a poder decir la palabra libertad con conciencia y la palabra justicia con armonía. Armonizar lo que crees que eres con lo que eres. Eso es todo lo que quisiera. Pero esto no es una secta. No se puede obligar a nadie a ser feliz.
Porque también Argentina “tiene a la Unión Vegana Argentina y a la Jueza Elena Liberatori, quien logró la liberación de la orangutana Sandra. Tiene a Domingo Astorga con la Quinta La Vegetariana, de 1912. Tiene la Ley 14.346 de protección animal de Perón, de 1954. Tiene a Malena Blanco, a Checha Merchán, a Erica Rivas, a Alejandra García y a Hugo Carrión. Ya no hay elefantes prisioneros en zoológicos. Hay muchos santuarios antiespecistas; hay gente que lucha por cerrar el inmundo Mundo Marino y todos los acuarios, zoológicos, tambos y mataderos. Esa es la Argentina que late en mí”.
-¿Qué fue lo más hermoso que te pasó en todos estos años de lucha antiespecista?
-La relación con los demás animales. Es muy hermoso ver cuál es el lazo que se crea con los animales que huelen que no tienes un cadáver adentro. Además, el haber sido parte de la formación de la Red Veganas Antiespecistas, que actualmente reúne a ochenta mujeres de toda Latinoamérica, es integrar una plataforma donde poder soñar, hacer y a la vez descansar. Me hace muy feliz poder pertenecer a esta red: se van uniendo personas que tienen ganas de activar por la liberación animal total y de dejar el mundo un poquito menos mal de como lo recibimos.
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