La cantante y compositora Julieta Rada habla de Candombe (En Vivo – Teatro Solís): el disco que editó en 2025 como fruto de la presentación del celebrado Candombe. La autogestión, su voz, los procesos creativos y las huellas de su padre Rubén Rada. El 12 de febrero canta con Hernán Jacinto en piano y Juan Chiavassa en batería en Buenos Aires.


Entre Montevideo y Nueva York, Julieta Rada conoce sus retos al son del candombe para este año: “Mi desafío es componer mucho, conmigo misma y con distintos músicos. Sacar temas es lo que hay que hacer para mí, como artista independiente. Un disco me encanta, pero es mucho trabajo y no se termina valorando tanto en los tiempos de hoy”, siente la cantante y compositora de 35 años, en sintonía de candombe en cruce al soul, al rock, al jazz y al pop. ¿Y qué sueña? “Tocar mucho, viajar con la música y tocar en otros destinos”.

Y en eso piensa en los lugares donde ya cantó: “En Nueva York, donde vive mi novio, el baterista de jazz Juan Chiavassa; en Colombia, en Argentina y, desde ya, en Uruguay. Me gustaría ir a Chile, a México y a Europa: tener un circuito de festivales en los que yo pueda tocar todo el año para siempre”. Y con el camino independiente como cotidiano esfuerzo: “Soy una persona libre de hacer lo que se me da la gana. No tengo que cumplir con ninguna compañía ni con tiempos que me estén obligando, ya el mes que viene, a sacar un single”.

Candombe: «Quedaron estos ocho temas en los que sentí que podía aportar algo interesante». Fotos: Gentileza de la artista

En 2024, la hija de Rubén Rada lanzó el disco Candombe, el cual confirmó su mirada abierta para leer el género, pero a la vez conectada a las raíces: esa clave está en sus sonidos, su swing y su voz desde su primer disco Afrozen, de 2012. Ya en 2015 editó Corazón diamante, Bosque en 2019, y Candombe, de hace dos años, proyectó de lleno su apuesta. Grabó las bases en Nueva York y sumó los tambores en Montevideo: al ritmo uruguayo lo mezcló con afro, R&B, jazz, funk, salsa y un poco de tango. La fusión respira en la voz de Julieta Rada.

Y además Candombe tuvo invitados de gran brillo: Fito Páez canta en Adiós a la rama, la portorriqueña iLe en Llamando, Juan Campodónico y Matías Rada tocan en El tambor y su padre Rubén Rada en Botija de mi país: es una pura mixtura de sonidos que tuvo la producción artística del pianista santafesino Leo Genovese -el más importante del jazz en el exterior- y de Juan Chiavassa. Pero también se sumaron el percusionista cubano Pedrito Martínez y el guitarrista beninés de jazz Lionel Loueke. ¿Y las cuerdas de candombe?

Ahí están batiendo sus parches Lobo Núñez, Noé Núñez y Camilo Núñez. Otra estirpe a la par de la de Rada, que -tras haber sido nominada al 26º Grammy Latino en el rubro Mejor Álbum Folklórico por Candombe– el 15 de marzo de 2025 grabó en el icónico Teatro Solís de Montevideo su disco Candombe (En Vivo), con un repertorio extendido y nuevos invitados: lo editó en septiembre pasado. Ya habrá tiempo para hablar de ello, ahora Julieta Rada tiene en mente la fecha del 12 de febrero en Café Berlín (Av. San Martín 6656, Villa Devoto) con Hernán Jacinto en piano y Juan Chiavassa en batería. Una noche de fluidas combinaciones de candombe y jazz más “otros temas míos que se prestan al formato de trío”.

¿Qué adelanta Rada? “Tenemos un repertorio ya armado. Con Juan Chiavassa hemos tocado mucho, por supuesto, y con Hernán Jacinto somos amigos: nos queremos, nos admiramos, y él tocó el 15 de mayo de 2025, en Argentina, en la presentación del disco Candombe”. Pero actuar en trío con Jacinto y Chiavassa tiene otro goce: “Después de sonar con toda la banda, los tambores y los caños, me gusta volver a formatos más íntimos. A veces, quizá, mi voz se pierde entre tantos instrumentos, y cuando es así, más despojado, tiene otra escucha para quien va y también desde mi interpretación. Uno completa los instrumentos en la cabeza”.

¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu forma de cantar?

–  Qué pregunta interesante. No sabría cómo responder eso. Yo voy cambiando mi forma de cantar y también lo que me gusta de mí misma. En mi primer disco, Afrozen, de 2012, yo creí que canté re bien y ahora lo escucho y digo “¿por qué canté así?”. Igual hay cosas que están muy lindas, pero estaba con otra cabeza o con otros gustos musicales. Hoy no cantaría en mi primer disco como canté a partir del segundo, Corazón diamante, de 2015. Si bien nunca fui muy del virtuosismo en el canto, mis canciones sí son difíciles de cantar. Yo siempre fui de escuchar a Whitney Houston, a Mariah Carey, y algo de eso se refleja en mi primer disco y que no me termina de convencer. Siento que a partir del segundo me pude despegar o pude armarme mi propio personaje. Todo es cuestión de maduración vocal.

Y si con su coach vocal Marisol Gómez Alarcon trabaja “la técnica, el instrumento en sí mismo”, ¿qué sucede luego? “La interpretación pasa más por mí”, dice Rada. Más aún cuando se trata de sus propios temas, algo que es nodal en su búsqueda artística. “Sinceramente me cuesta mucho componer -asume-. Es algo que amo, que necesito y que para mí es fundamental en mi vida, pero no fluyo tanto con la composición como puedo fluir en una grabación o en un show en vivo. Quizás le meta mucha cabeza, pero no sé cómo encarar la fórmula para que eso sea más fluido. Históricamente siempre tuve melodías en la mente y me junté con algún músico que me ayudara con las armonías”.

Así ocurrió “con Nicolás Ibarburu, Gustavo Montemurro, Martín Buscaglia, Leo Amuedo, o mi hermana Lucila Rada. Me gusta trabajar con gente y eso colabora con que mi cabeza no sea tan destructiva con las ideas. Al trabajar con otro te vas potenciando. Aunque también me gustaría componer sola desde la guitarra o el piano, pero me cuesta. Cada vez que tengo el tiempo para eso elijo hacer otra cosa. Me remueve tanta energía y tanta emocionalidad que a veces le escapo a la composición”. Y eso que Rada tiene “muchísimas letras e ideas, pero me falta el ejercicio de sentarme todos los días a hacer canciones”.

Hasta que llegue un futuro disco y haya que “poner el culo en la silla y componer, como hice con todos mis discos”. ¿Y qué sucedió con los desafíos del disco Candombe? “Quizá fue el que más me costó, pero no desde el lugar de la composición, porque ahí no compuse yo -distingue Rada-. Mi desafío fue como intérprete, porque fueron todos hits uruguayos recontra conocidos y reinterpretar esos clásicos no fue fácil. De hecho, hubo temas que dejé afuera porque no los encontraba. Hubo un tema de mi padre al que no le encontré la vuelta. Sí quedaron estos ocho temas en los que sentí que podía aportar algo interesante”.

Allí se destacan gemas del universo candombero como Biricunyamba, de Pedro Ferreira; El tambor, de Jaime Roos; Consejo de Eros, de La Calenda Beat; Se abre el portón, de Hugo Fattoruso; Llamando, de Mariana Ingold, y Adiós a la rama y Botija de mi país, de su padre. Lo clásico y lo renovador: la voz de Julieta Rada y, bajo una nueva estética sonora de alcance internacional, los misterios revelados del tambor. Aunque Rada delimita: “Desde mi primer disco ya estuvo el candombe: toda la estética es candombera y estoy en pleno Barrio Sur vestida medio de Mamá Vieja, pero bien moderna”.

Y es muy distinta al universo actual. “Ya desde el principio yo quería hacer algo con el candombe -dice Rada-. Pero Afrozen era mi primer disco y tenía otras prioridades o premisas: yo quería que fuera un disco de baile. Hace dos años, con el disco Candombe, le pude dar un marco más formal al género en un trabajo mío. Pero sí, en todos mis discos siempre hay candombe”. ¿Y qué salto adelante implicó el álbum? “En cada disco uno tiene un crecimiento -contesta-. Yo siento que en cada uno crezco como artista, como intérprete, como compositora, como productora y también como persona”.

 

Swing, tambores y autogestión

 Julieta Rada sonríe en Montevideo pensando en algo: “A todos mis discos los acompañé con terapia, así que puedo ver cosas mías, de mi personalidad, que quizá no me hacían fluir tanto. Ahora ya logro fluir un poco mejor. En otras cosas aún me queda mucho por mejorar”. Y también puede atesorar un camino. ¿Por ejemplo? “Yo tengo muy claras las ideas musicales en mi cabeza -divisa Rada-. Capaz que en otro momento, como era más chica, no tenía la confianza para transmitirlas. Pero hoy, con 35 años, me animo a decir las cosas y también a entender qué es lo que quiero”.

Basta verla bailar con su vestido carmesí, seguir la banda, interactuar con el público, dar pie a los invitados y ser introspectiva o expansiva en el disco -y video en YouTube- Candombe (En Vivo – Teatro Solís), grabado el 15 de marzo de 2025. Allí, una larga pared de candombe, de fluir soul y actitud rock, se enhebra en los temas de aquella noche en la que Julieta Rada se reencontró consigo misma recorriendo los paisajes musicales de su niñez y su toque familiar, en cruce a otros ritmos, sin perder la identidad. ¿Cómo lo recuerda ella? “Para mí fue un salto haber podido cantar en el Teatro Solís. Era un sueño”.

Aunque no fue fácil, claro. “Implicó muchísimo trabajo desde todo punto de vista, y hasta el último minuto me costó que se llenara -revela-. Yo nunca había vendido tantas entradas o había cantado en un teatro tan grande. Pero cuando se llenó fue una alegría inmensa”, goza Rada. Y al ser la presentación del disco Candombe “iban a estar esos temas, aunque también quise recorrer mis otros discos y tocar más que nada los temas más candomberos. Igual, hay temas conocidos míos que no son plenamente de candombe y que no podían faltar: busqué un equilibrio entre los candomberos y las canciones que la gente siempre quiere escuchar”.

«Cuando yo siento un tambor, yo no sé lo que me pasa, la sangre se me alborota (…) en el medio del solar hay un tremendo barullo, suenan los cueros, suenan los parches, y la Negra Tomasa el santo le da baile del candombe», canta Rada, se oyen los teclados y se imprime en el aire del Solís el juego del ritmo negro hecho trance popular. “Como el disco Candombe tiene muchos teclados, a Gustavo Montemurro se sumó Manu Contrera, pero se dio la situación de que estaba Fede Peña, que es otro tecladista increíble, uruguayo y argentino, que grabó en el disco. Desde Washington iba a venir con la mujer después de veinte años a Uruguay; iba a tocar como invitado en dos temas, pero terminó tocando en todo el show”.

«Mi cuerpo me está pidiendo volver a mis temas, a la composición». Fotos: Gentileza de la artista

– ¿Qué recordás de los días y momentos previos al show?

Fue lindo compartir con toda la banda los ensayos, la semana previa. Aunque para mí también fueron complicados esos días, porque yo estaba muy nerviosa: tenía que hacer notas e ir de un lado para el otro. Uno no solo está ensayando, sino que también tiene que hacerse cargo de cosas logísticas de la producción, así que era mucho estrés, pero el resultado final fue completamente satisfactorio.

Entre tantos momentos potentes del show también refulgen los íntimos: Nahuel Pennisi canta y toca la guitarra, junto a Julieta Rada, en el prístino tema Adiós a la Rama, de Rubén Rada, y en Si ya no estoy con vos (de la propia Julieta y Leo Amuedo). “Con Nahuel hace tiempo que queríamos hacer cosas juntos -dice Julieta-. Nos conocemos ya hace tiempo, lo recontra admiro, me conmueve cada vez que canta y le dije: «Che, Nahuel, ¿te animás a venir a Uruguay a cantar?». Él se re copó y cuando cantamos nosotros dos solos fue uno de los momentos más lindos del show. Para mí eso fue hermoso”.

Como la honda presencia de Rubén Rada, con su voz y sus tambores, acompañando orgulloso a su hija. Allí estuvo él, en el Teatro Solís, para hacer con Julieta Botija de mi país, Sudáfrica canción antigua (con Lucila y Matías Rada) y, al cierre, un Medley de Candombe de 13 minutos con joyas de Rada padre como Ayer te vi, Candombe para Gardel, ​​Candombe P’al Fatto y Don’t stop el candombe para cerrar el concierto a toda cuerda de tambores al borde del escenario. Pero, ¿qué le pasa a Julieta Rada al cantar a su padre?

Desde Montevideo la respuesta llega con buen compás: “Los temas de mi padre parecen fáciles y no lo son -dice Rada-. Obviamente los tengo re incorporados desde la escucha, pero no tanto desde la interpretación. Me pasó de cantar canciones de mi padre y de decir ‘no me camina’. Él tiene un flow natural y único. Ahí te das cuenta de lo que es el swing de él. Yo soy su hija y lo mamé desde que nací, pero no es tan fácil encontrarle el yeite de la cantada del candombe. Soy fan número uno de mi papá: en mi primer disco grabé Flecha verde, en el segundo grabé Heloísa y Malísimo, en el tercero un tema que hicimos juntos y que se llama Sirena y en el disco Candombe grabé Adiós a la rama y Botija de mi país”.

– ¿Tenés algún sueño no cumplido con la obra musical de tu padre?

– No lo sé. Yo soy fan de su repertorio, de su catálogo. Quizá en algún momento me gustaría mucho hacer un espectáculo con todos temas de mi padre. O un disco sólo de canciones de él, y en el que estuvieran involucrados mis hermanos. Pero en este momento quisiera volver a mis canciones. Como ya grabé Candombe, un disco con todas canciones de otros, mi cuerpo me está pidiendo volver a mis temas: a la composición. Aunque me cueste.

¿Cuáles son los pros y los contras de elegir el camino independiente?

– Los pros son que no tengo que sacar un single porque me lo imponga una compañía: esas cosas te van quemando mucho la cabeza. En ese sentido soy libre. Y en los contras, uno tiene que remar mucho y ocuparse de todo. Yo puedo cantar bien y hacer un buen tema con mucho esfuerzo, pero capaz que no soy genial en autogestionarme las fechas. Entonces, el músico independiente tiene que manejar mil áreas que no están ligadas a la música. Por eso, capaz que cuando tengo que hacer una canción estoy pensando en mil cosas y digo «ay, quizá no tengo ganas de ponerme a componer». Es una cabeza muy de gestión. Lo independiente te potencia lo musical, pero también puede ser lo opuesto a lo creativo.

Entonces Julieta Rada deja fluir la mente y el cuerpo a un momento epifánico de su búsqueda artística: “Haber elegido la música de adolescente fue uno de mis momentos de conexión más profunda con ella. Por algún motivo elegí esta carrera, y, hoy, con 35 años, no sé si la hubiera elegido. Amo la música, es lo que más me emociona, pero muchas veces yo necesito algo más estable y la música tiene mucha inestabilidad. Al menos la carrera del músico independiente. Después de la adolescencia empezás a trabajar, ves cosas que tenías idealizadas y te das cuenta de que no eran tan mágicas. Aunque también hay cosas mucho mejores de lo que esperás. Ahora estoy en un momento de muchos pensamientos…

– ¿En qué sentido?

– No quiero que quede como que estoy bajoneada, pero me parece que yo siempre entro en ciclos, y una vez que lancé un disco y dio sus frutos, empiezo como en una bajada: es un proceso creativo en el que uno se pone más pensativo y, de alguna manera, más creativo. Entonces siento que estoy en el momento en el que se está por venir un disco, con bajones incluidos. Pero, como dice mi novio, «vos llorá, que cada vez que llorás pasa algo maravilloso».

 

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