Kike Zabala y Fiamma Funes conforman el dúo cuyano Zabala Funes. Acaban de editar su segundo disco, El lugar que somos, en el que recorren canciones propias para relatar el paisaje de San Luis y también temas prestados de diversas latitudes, pero siempre con el sabor a cuyo. Lo presentan en abril
Si pensábamos que los dúos de voces eran un clásico de las interpretaciones del folklore, el Zabala Funes dúo viene a reafirmar esa vigencia indiscutida de las armonías de primera y segunda voz. Él, Kike Zabala, es puntano, de Concarán, heredero de José «Cuchu» Zabala, familia de músicos tradicionales de la zona. Y Fiamma Funes, bonaerense de Tres Lomas, que por adopción, lleva en su voz y su canto el claro color del sol y los viñedos. Se unen y deciden iniciar una profunda búsqueda de identidad en la región cuyana. Los cuyanos, poseedores de diccionario regional propio, establecieron el “a dos picos” a partir de la letra de la famosísima cueca Calle angosta, compuesta por Alfredo Alfonso y José Adolfo Zabala -«Un tun-tun – ¿Quién es? y estaba / a dos picos la tonada…«- como estructura fundamental para esa forma musical. Y evidentemente, el formato de dúo vocal no está agotado. Adquiere la capacidad de adaptarse a nuevos contextos y está presente en todos los géneros. Cuando se unen dos voces se vuelven cómplices en un serpenteo musical y se va revitalizando ese ensamble, va subiendo, va trepando hasta volverse enredadera de latidos que hacen vibrar el corazón.
Su primer disco fue Vuelo azul (2023). Este segundo disco: El lugar que somos, viene a continuar con la belleza y a explorar en la cultura y las raíces que, según ellos, se manifiestan dentro de un contexto cada vez más complejo. Lo componen catorce temas, cuatro de ellos son de autoría propia, algunos compuestos por la dupla Kike Zabala – Julieta Miguel y otro en donde Kike trabaja junto a su padre. Abren la lista de temas con un valsecito de Alberto Rojo y siguen su andar con una invitación a matear, a sumarse a la pausa verde del cebar, al rito del pasar de mano en mano un mate y agradecer; a acompañar, a sonreír y a cantar juntos. Dos temas que ofician casi como un manifiesto del dúo.
– ¿Se autoperciben un dúo sin tiempo?
– Nos consideramos un dúo sin tiempo porque desde nuestros inicios tuvimos presente fusionar la raíz del pasado, lo que escuchábamos de chicos con lo que hemos vivenciado a lo largo del tiempo cada uno, y buscamos encarar el repertorio desde la sonoridad tímbrica, desde lo armónico. En las canciones elegimos canciones viejas y de compositores nuevos, como también propias en donde nos encontramos con nosotros.
Entre cuecas, gatos y tonadas el repertorio ofrece una zamba urbana: Mudanza, de Juan Saraco (Duratierra) que les queda maravillosa. El tema arroja una imagen de nostalgia que a la vez es orgullo de nietos cantándole a los abuelos y a un barrio abuelo: «En esa esquina crecí y en este barrio aprendí juncos para el pensamiento. La casa de mis abuelos vendrá conmigo donde vayan los pasos del sueño, hoy siento que los cielos mudan de suelo». También sorprenden con un popurrí de chacareras, o el candombe Quién va a cantar de Rubén Rada, o el icónico tema Pueblos de gesto antiguo, de Hamlet Lima Quintana y Tacún Lazarte, como muestra de la necesidad de que pasado y presente estén en diálogo permanente.
Del abanico de nuevos músicos regionales en La guardiana, cueca bien cuyana de Melisa Budini, participa la guitarrista Daniela Calderón. En Vuelvo a San Luis, tonada que representa justamente el vínculo con la tierra de uno, y donde también tocan Sebastián Luna y Sebastián Henríquez, dos notables guitarristas. Sergio Zabala, hermano de Kike, aporta su magia en guitarrón y los arreglos, suma a la calidez familiar, y deja bien claro por dónde va la verdadera “esencia de lo que somos”.
Con Gato de las quintas y su desenfrenado ritmo para bailar, con la Cueca del retoño, con la tonada Dos caminos, el dúo refiere a la bella geografía otoñal de la región, a las costumbres y se declaran integrantes orgullosos de la cuyanía. El postre del disco es la baguala Solo mi corazón sabe, un latido acompañando sus voces. Una interpretación perfecta, bella, despojada de cualquier exceso y a la vez llena de tierra.
– Vivir en San Luis y llamarse Zabala, ¿qué supone?
– Es muy llamativo, sí. En realidad con Fiamma nos pusimos Zabala-Funes para que nos anoten en una grilla y ahí quedó. Fue muy espontáneo. El apellido de mi familia es una continuidad. Me traslada a la infancia, a los cajones de cassettes de mi papá donde me llamaba mucho la atención que la mayoría de los conjuntos, de los dúos acá en Cuyo, normalmente usaban sus apellidos. Aquí en San Luis, el dúo Alfonso-Zabala es histórico por ser los compositores de Calle angosta, pero no somos parientes.
– «Esos son los otros Zabala» dicen en el Gato de las quintas.
– Mi familia también ha construido un camino musical muy fuerte, tanto mi papá José como mi hermano Sergio, que tiene un gran significado para mí, y siento que ese apellido va cobrando más vida, por eso tratamos de aportar a ese proceso con esta nueva música que hacemos.
Fiamma agrega que, aunque ella no es cuyana, se siente muy agradecida con esta familia Zabala que le ha mostrado la música desde otro lugar, creando nuevas sonoridades y feliz de que esas raíces se sigan sosteniendo.
– ¿Cómo fue el proceso de armado de este nuevo disco, qué tiene de similar o de diferente con el anterior?
– Elegimos las canciones, elegimos el concepto, pensamos cómo producirlas y los invitados y en dos años se grabó en Islandia Estudios de Córdoba, con Sebastián Palacios. Sólo la tonada Una canción se grabó en los estudios ION en Buenos Aires. Con respecto al disco anterior Vuelo azul éste trabajo tiene otra actitud, otra madurez. Y tiene invitados que es algo que no vivenciamos en el anterior. Encontramos otra respuesta, El lugar que somos es más presente y conectado con lo que nos rodea, no tan nostálgico como el otro.
– ¿El lugar que somos va con ustedes cuando viajan? ¿Está con ustedes cuando componen?
– Sí, es una forma de vida, es la cotidianidad. Está con nosotros todo el tiempo. No tiene que ver solamente con ocupar un espacio geográfico sino con la cultura, la memoria, la política, la raíz, la familia, está atravesado por el pueblo de cada uno. Y por todo aquello que nos forma como seres humanos.
– Ambos con su trabajo ejercen una profunda defensa de la identidad. ¿Qué sienten con respecto al contexto, a los nuevos personajes de la cultura, sobre todo los jóvenes artistas que están fusionando folklore con sus características urbanas algunos, y latinas o foráneas otros??
– Sentimos que la música en general y el folklore siempre están en movimiento y en plena transformación, por lo que hoy poder ver a los jóvenes acercándose al folklore nuevamente es un aire de esperanza. Es mantener la raíz viva y aceptar las fusiones con géneros diferentes. Es el presente y lo que los jóvenes tienen para decir hoy. Lo importante es no perder la identidad y saber de dónde viene esa música que hacen. Cuando hay respeto por la raíz cualquier diálogo con otros géneros puede enriquecer y abrir nuevos caminos.
– ¿Cuáles son las expectativas para lo que viene?
– Son muchas pero hay una que es ya mismo, en abril: la presentación oficial de El lugar que somos aquí en San Luis. Y luego esperamos poder llevar el disco a diferentes provincias, Mendoza, San Juan, Córdoba. Y además nos gustaría ir afuera, es un disco para compartir y nos genera gran expectativa que viaje.
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