El cantautor y multiinstrumentista chileno habla de su concierto del 16 de mayo junto con Duratierra en Buenos Aires, describe los procesos creativos de su disco Refugio, analiza el nuevo gobierno derechista de Chile y dice: “Mi desafío es ser una voz que aporte perspectivas sin caer en el panfleto”.


Nano Stern abraza a la trova chilena, al folk y a la canción popular con fe en el cambio social. En su casa en la comuna céntrica Ñuñoa, en Santiago de Chile, el cantautor y multiinstrumentista de barba y pelo largo castaño despliega sus procesos creativos a la par de su convicción en un mundo más igualitario. En una de las paredes hay un sitar, un tiple, un guitarrón, un cuatro, una lira cretense y un ronroco, y él, de 41 años, lleva una remera de la banda Smashing Pumpkins: la actitud de rock también es parte de su respiración. Todos los caminos sonoros confluyen en la música de Nano Stern con el mismo pulso creador.

Y también puede entregarse con potencia al jazz. En la canción que le da título a su onceavo disco Refugio, de 2025, suenan las escobillas, el piano y el contrabajo, y en su estribillo él canta, con su voz enmaderada, para conjurar dolencias y distancias: «Sigo buscando un refugio, sigo buscando un lugar. Un rinconcito tranquilo donde llegar. Sigo buscando un abrazo, sigo queriendo encontrar una mirada tranquila y crepuscular. Crecen los niños, caen las hojas, pasa el invierno, vuelve a brotar. Parten los viejos y el calendario sigue su andar».

El 16 de mayo, Nano Stern compartirá en Buenos Aires un recital con el grupo de raíz folklórica Duratierra en La Trastienda (Balcarce 460) y mostrará alguna de las canciones de Refugio, a la par de los temas que lo volvieron una voz esencial de la música latinoamericana. Será, como dice la convocatoria, “un viaje sonoro y profundo”. Y allí Nano Stern y Duratierra unirán sus universos comunes: “Folklore, rock, jazz, cueca, festejo, carnavalito, cumbia y pop se entrelazarán en un concierto que recorrerá obras de sus discos e invitará a escuchar, a bailar y, sobre todo, a dejarse atravesar por la emoción”.

Será un abrazo trasandino -primero los sets de cada uno y luego la reunión- para congregar canciones, preguntas y certezas alrededor de la música que busca encaminarse a un mundo mejor. ¿Cómo es la relación, de largos años, de Nano Stern con Duratierra? Así la describe el creador chileno: “Me une una amistad con ellos y en particular con Micaela Vita, su cantante. Hemos cantado un montón de veces y pasado por momentos lindos e intensos: por cosas muy emocionantes y profundas. Y a nivel ético, tanto como estético, tenemos mucha similitud. Hay una búsqueda parecida a ambos lados de la Cordillera”.

Y profundiza: “Yo soy fan de Duratierra y me acuerdo perfectamente cuando escuché su disco A los amores – El folklórico Vol. 1, de 2024, y pude ver con mucha alegría lo que fue pasando con ese trabajo y cómo su carrera ha tomado ahí un impulso distinto. Los últimos años para ellos han sido fenomenales. Y, dicho todo esto, hay una alegría muy grande de poder reencontrarnos. Esta fue una invitación que ellos me hicieron a mí, así que tocaremos cada uno su set y luego haremos alguna cosita juntos. Y después viene lo mejor: tomarse unos vinos y seguir cantando en el camarín, que es siempre lo más lindo de los conciertos”.

– ¿Cómo percibís que es el público que te sigue en Argentina?

– En Argentina existe un cierto segmento, un mercado musical que aquí en Chile no es tal, que se desprende del mundo del folklore. La energía es muy fuerte y no es costumbrista, sino completamente contemporánea, y esto de ir a las peñas y ver gente joven bailando zambas y chacareras y escuchando canciones es algo que tenemos poco en Chile. Existe un poco con la cueca, pero es un mundo más subcutáneo y menor al de Argentina. Cuando empecé a ir me parecía muy refrescante y sorprendente ver que existía este mundo con sus distintas vertientes. Y, por lo mismo, tocar con Duratierra no podría ser más indicado, porque creo que son públicos muy, muy afines. A la gente que le gusta un proyecto le va a gustar el otro, sin duda. Así nos lo han hecho saber en los comentarios en las redes sociales. Así que queda la mesa puesta para que ellos también puedan venir a Chile.

Sonríe Nano Stern en la sala de los instrumentos de cuerda colgados en hilera en la pared. ¿Cómo describiría su espacio inspirador? “Tiene poco que ver con el espacio físico que me rodea: cuando estoy concentrado en una energía creativa -que en mi caso es música y palabra- es una sensación espacial, pero interior. Es como un abismo: una cascada hacia adentro de uno mismo. Algunas veces, al crear, me veo un poco vagando por el desierto. Es una sensación linda, vertiginosa, y que se asemeja un poco a la caída libre. Y es muy hermoso cuando realmente siento que estoy encontrando algo ahí: es una vorágine”.

Entonces capta los períodos de alternancia en sus procesos compositivos: “Pueden pasar años en que no hago ni una canción, y después capaz que en dos semanas me vienen las cosas y sale un disco entero. Me imagino el asunto algo así como en el surf. Yo no sé hacer surf, pero he visto cómo lo hacen: hay algo un poco indefinible e indescriptible y quizá la palabra más cercana es la inspiración, que no sé bien qué es. Hay algo que no depende de la voluntad de uno, sino de cosas circunstanciales que van y vienen, como las olas: que no dependen del tipo que está en el agua muerto de frío con su tabla y su traje”.

Más o menos uno puede anticiparlo, “pero lo que sí depende de tí es que, cuando viene la ola, estés en forma, hayas hecho tu entrenamiento y puedas remarla, nadarla, aguantar y subirte. Porque sino, la ola, por hermosa y grande que sea, te arrastra. A mí la sensación que me da es similar. Procuro estar en el equivalente a la tabla: estar preparado con mi guitarra. Esto en términos musicales, y de concentración, y también en términos líricos: estar en forma. Yo siempre estoy jugando, buscando y explorando, pero eso no es lo mismo que estar creando. Son estados distintos y procuro, de manera metódica, estar ahí en el engranaje”.

 

El refugio y la experiencia

Lo lírico se encuentra con el jazz; la emoción con la interrogación personal. Refugio es el primer álbum de composiciones originales de Nano Stern desde Aún creo en la belleza, de 2022 (en el medio había editado Canta a Víctor Jara, de 2023). Refugio fue grabado en directo en los estudios EastSide Sound de Manhattan con un selecto trío: el pianista español Yago Vázquez y los chilenos Pablo Menares, en contrabajo, y Rodrigo Recabarren, en batería y percusiones. Juntos recorrieron un repertorio que da cuerpo a las raíces latinoamericanas, con jazz e improvisaciones, alrededor de las obsesiones sonoras y líricas de Nano Stern.

En el disco Refugio participa la cantante chilena Claudia Acuña, una de las más reconocidas del jazz latino: con Nano Stern ella interpreta Desorden (que coescribió) y El tiempo nos dirá. Entre los ocho temas suenan Las últimas flores, sobre el desamor y la ausencia; la vigorosa y reflexiva El limón; y cierra con La rueda de la fortuna, cuyo texto fue escrito por Eduardo Carrasco, histórico miembro de Quilapayún. A ese tema luego Nano Stern lo volvió a editar junto a los propios Quilapayún. Y, en 2025, Nano Stern visitó escenarios en Norteamérica, Europa y Asia: su voz de raíz latinoamericana se expandió en lo universal.

Pero, ¿de qué deseo o interrogante nacieron las canciones de Refugio? El chileno lo explica: “Es un disco que responde a un quiebre amoroso y doméstico -revela- y que tiene una particularidad: a la canción que le da nombre, que a mi parecer es la más power, la había escrito antes de que pasaran las cosas que después se desencadenaron rápidamente. Con esa canción yo me estaba diciendo a mí mismo cosas con las que en ese momento no estaba preparado para lidiar y quedó en una repisa. Después mi vida se dio vuelta y la canción pudo salir. Cada quien tendrá sus maneras de mirarse a sí mismo, de entender las señales que le está dando su cuerpo, su inconsciente, y en este caso fue muy claro. La canción ‘Refugio’ me vino como una avalancha de cosas que vivían dentro de mí antes de volverse realidad”.

– ¿Qué te hacen redescubrir de vos mismo estas nuevas canciones?

– Todavía no están en un momento en que me hagan redescubrir cosas de mí mismo. Me parece que hay tres etapas en mi relación con las canciones que yo he hecho (las más antiguas tienen un poquito más de veinte años). En la primera etapa uno siente en tiempo real lo que la canción quiere decir, y lo que le está pasando todavía, y después viene un largo invierno con lo que pasó antes. Pero luego hay una tercera etapa, que hasta ahora no termina, en que la canción ya se convierte en una cosa en sí misma: te hace darte cuenta de otras cosas y te habla desde otro lugar. Es casi como si la hubiera escrito otra persona. Ya allí puedes relacionarte con esa canción desde afuera, te emociona y te dice cosas.

Así, el disco Refugio funciona a la par del discurso político y social que es parte indudable del acervo de Nano Stern y, a través de los terrenos del jazz, capta otras poesías y otras atmósferas. ¿Por qué decidió ese sonido? “Fue una cuestión un tanto circunstancial -dice-, porque yo venía hace mucho tiempo queriendo colaborar con estos músicos, que son tremendos y que viven en Nueva York. Y se empezaron a dar unas confabulaciones del destino. Yo tenía una gira en Norteamérica, en marzo del año pasado. Había un par de días libres y, entonces, decidimos hacer una sesión con ellos tres”.

En un principio “pensé que íbamos a revisitar canciones de mi repertorio, pero justo había pasado por un período de composición intensa: entré en una de esas vorágines creativas, y, al saber que ésta iba a ser una producción con una búsqueda más cercana al jazz, con músicos que improvisan y con cierta manera de trabajar y de grabar que tiene mucho que ver con la frescura y con la espontaneidad, me permití componer en lenguajes mucho más cercanos al género, sin perder la canción popular. Por primera vez en un disco mío hay una milonga como ‘Las últimas flores’ o un landó como ‘La rueda de la fortuna’”.

Lo piensa así ahora: “Seguramente, si hubiese tenido en mente grabar con músicos que venían más de la canción latinoamericana, habría buscado desde la composición una cosa más de fusión, porque eso está siempre en mi ímpetu: intentar explorar un poquito”. ¿Qué siente al haber vuelto a grabar La rueda de la fortuna con los legendarios Quilapayún? “La historia es muy curiosa y parte de la composición de la canción -rememora Nano Stern-. El texto está escrito por Eduardo Carrasco y yo cambié sólo un par de cosas. Fue una colaboración con él desde el principio”.

Eduardo Carrasco le planteó: ‘Oye, Nano, ¿por qué no hacemos una canción juntos?’. “Y eso partió de una cuestión humana, porque atravesábamos momentos de la vida distintos, pero un poco homologables -recuerda Stern-. Hay que imaginarse lo que es para alguien como yo, tres generaciones después, poder colaborar con Quilapayún y no solamente en un concierto o en alguna versión, como ya ocurrió, sino desde la creación. Es otra cosa. Ya había grabado la versión de ‘La rueda de la fortuna’ para el disco Refugio en Nueva York, aún no estaba lista la mezcla, llegué a Santiago y los Quila también quisieron grabarla. Fue muy emocionante”.

Y, poco tiempo después, “Eduardo Carrasco, que es de los únicos miembros originales de Quilapayún, se fue a Francia a vivir para no volver -cuenta Stern-. Se fue a morir allí. Él es viejo, es filósofo y tiene la capacidad de decir las cosas con esa franqueza. Esto quiere decir que muy posiblemente ‘La rueda de la fortuna’ sea una de las últimas grabaciones de él con el conjunto. Y para mí es muy grande poder haber sido parte de eso desde la composición y desde la interpretación. Hay que pensar que las primeras grabaciones que Eduardo hizo, con Quilapayún, fueron con Ángel Parra y con Víctor Jara. Así que me siento extremadamente honrado de que ‘La rueda de la fortuna’ sea una de sus últimas grabaciones”.

 

La política chilena y el rol del artista popular

Nano Stern. Fotos: Gentileza del artista

El miércoles 11 de marzo, el derechista José Antonio Kast asumió como Presidente de Chile tras el gobierno de izquierda de Gabriel Boric: las obsesiones de Kast, además de la liberalización de la economía, son la seguridad, la inmigración y la delincuencia. Lo evalúa Nano Stern: “Estamos un poco desconcertados y es difícil ponerse a dar opiniones grandilocuentes y tajantes respecto de temas técnicamente muy complejos. En otro momento tuve mucha cercanía con el gobierno de Boric, porque es amigo mío y pude verlo de cerca. Toda esa experiencia acumulada me hace ser un poco cauteloso en no lanzarme a una verborrea militante. Pero las primeras señales concretas son muy preocupantes”.

Esos indicadores muestran “a una administración que va a gobernar desde una mirada ideológica muy fuerte y muy conservadora -observa Stern-. Es un fenómeno muy distinto al de Javier Milei. Si bien hay una cuestión violentamente neoliberal, como en Argentina, en Chile también hay una cuestión rancia, católica y conservadora, que yo no he visto en Argentina. Empiezan a haber ciertos sabores y reminiscencias de la dictadura en Chile: una nostalgia a los peores momentos que hemos vivido. Y en lo que a mí me compete directamente, que es el mundo de la cultura y de las artes, la situación es muy compleja porque se está comenzando una campaña de disminución de fondos en todos los niveles”.

¿Qué desafíos vislumbra Nano Stern frente a ello? “Desde mi oficio me toca estar muy muy atento a lo que vaya pasando y ojalá poder aportar en el debate con ideas y con una visión crítica, no necesariamente panfletaria. Yo creo que ese es el reto. Mi desafío personal es ser un aporte, una voz que aporte perspectivas y espacios de comunión y encuentro sin caer en el panfleto sordo, porque eso a mí no me interesa”.

Nano Stern pondera algunos avances culturales que había logrado el gobierno de Boric: “Hubo ciertos programas puntuales exitosos y particularmente el de Puntos de cultura, que tuvo que ver con cambiar un poquito la lógica de cómo el Estado subvenciona los proyectos culturales, ya no sólo a través de los fondos concursables, sino a través del financiamiento más constante y permanente de ciertas instancias, agrupaciones, lugares físicos y personerías jurídicas que realmente aportan desde las comunidades al quehacer de la cultura. Y yo creo que eso hay que defenderlo, sobre todo, a nivel presupuestario. Porque la gracia de ese modelo es que los recursos se entregan y son los propios puntos de cultura los que hacen y cómo lo hacen. Creo que ese fue un avance importante”.

En el gobierno anterior, explica Stern, “también hubo un esfuerzo grande por aumentar el presupuesto en cultura, pero eso es hoy una pelea absolutamente perdida, porque así como el gobierno de Argentina entró con la motosierra de Milei, lo primero que hizo José Antonio Kast, el día después de ganar, fue ir a sacarse una foto con Milei. Es curioso, porque el nuevo ministro chileno de las Culturas, Francisco Undurraga, cuando era diputado tuvo muchas peleas públicas con Kast y presidió un partido en el extremo liberal de la derecha de Chile, lejos de Kast. Al menos Undurraga tiene algún grado de entendimiento de que no se puede venir con un discurso moralista y aplastante de la cultura, porque sería absolutamente incompatible con el mundo que dice representar. Hay que esperar, pero tenemos en claro que el asunto presupuestario en cultura va a ser una batalla muy dura y muy difícil”.

Ante estos tiempos de incertidumbre, ¿cuál es el rol del artista popular y cómo se resignifica? Nano Stern no duda al pensarlo: “Yo creo que lo más importante que nosotros podemos ofrecer son espacios de comunión, espacios de encuentro, espacios para sentir que no estamos solos, y que desde la cultura es posible enarbolar una resistencia a los cambios difíciles que vienen. Y entregar también un lugar de cariño porque -y basta ver la tele- vienen tiempos realmente muy complicados para todos. Y aquí recurrimos a las canciones. Y ellas siempre estarán allí”.

 

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