Junio es un mes muy futbolero. Y donde hay fútbol, hay música. Y donde hay música, se hace aire la poesía, el sonido de una guitarra, las letras de siempre. Comenzó un nuevo Mundial, se cumplen 40 años de los históricos goles de Maradona a Inglaterra. Hay ruido de pelotas en el aire; hay acordes de zamba en los recuerdos. ¿Caben en una historia los sonidos de la guitarra y la música de las tribunas? Este breve recorrido se asoma a la vida de jugadores que repartieron pasiones. El chamamé del litoral, el sentir del conurbano, la argentinidad del sentir santafesino. Pasen y vean, que mientras la pelota sale a rodar, la música suena desde alguna radio, un equipo de audio o baja desde las tribunas.

 

Pancho, para los amigos

A Francisco Pedro Manuel Sá todos le dicen «Pancho». Es el futbolista que más veces ganó la Copa Libertadores -el ansiado trofeo sudamericano que ni Diego Maradona ni Lionel Messi pudieron ganar- y su trayectoria deportiva lo convirtió en ídolo de dos equipos de los llamados grandes: Boca e Independiente. Pero el formoseño de Las Lomitas no nació con la pelota entre los pies, sino que nació cantando.

Corría la década de los años 60 cuando en la capital de Corrientes, límite con los pagos de Sá, se formó el grupo Los Cambá, pionera entre las formaciones del chamamé. El debut fue en el Festival del Folklore Correntino de Santo Tomé, en 1967, donde se quedaron con el galardón Conjunto Vocal, lo que les permitió presentarse en el Festival de Cosquín en 1968, donde ganaron el premio Camín Cosquín. Luego llegaría la grabación en estudio de varios discos y el reconocimiento por el aporte al cancionero argentino. “Yo no conocía a ninguno de los muchachos. Vine a la casa de Antonio Pittorino, me probaron y estaba más o menos en la voz que necesitaban”, cuenta Pancho Sá.

Pancho Sá en concentración de Boca.

Claro está, la vida propuesta por el trajín de los festivales, los ensayos, las grabaciones hacían incompatible los tiempos con el de jugador de fútbol. Sá decidió tras una charla con José María Silvero, quien en ese momento era director técnico. “Tuve que tomar una determinación. Él me dijo: ‘Mirá, Pancho, yo sé que te gusta la música y que sos un buen futbolista, pero ninguna de las dos se combinan, porque con la música anda la noche y con el fútbol por la mañana. Yo te recomiendo que te dediques al fútbol. Y tomé una determinación y me fui a decirle a los muchachos: ‘No voy a cantar más con ustedes’. Casi me matan”. Pero no colgó la guitarra, sino que se convirtió en el animador de largas concentraciones previas a los compromisos deportivos.

El formoseño había iniciado su trayectoria en Huracán de Corrientes, luego se fue un año a River y en 1971 cruzó el puente Pueyrredón para firmar en Independiente, donde fue campeón local, de la Libertadores (1972-1973-1974 y 1975) y hasta campeón Intercontinental y de la Interamericana. En 1976, cuando en Argentina iniciaba el proceso militar más cruento del siglo pasado, Sá firmó con Boca, donde otra vez se consagró otra vez campeón del máximo cetro latinoamericano y del título mundial de clubes. Mientras que su hijo Javier también eligió el camino de la música, Pancho sigue cantando y haciendo sones con su guitarra.“Lo que trato es de transmitir un sentimiento, una emoción. Cada canción que elijo tiene que tener una relación muy íntima conmigo, con mi historia y mis vivencias, para poder transmitir esa emoción”, dice el ex defensor, que llegó a jugar varios partidos en la Selección argentina y fue amigo de Mario Bofill, el gran referente del chamamé y la música litoraleña, de gran popularidad en el noreste argentino.

 

Horacio: pueblo y fóbal

Dicen algunos de los que dicen, que el fútbol no tiene su origen oficial en Inglaterra, donde en 1863 se estableció el primer reglamento, sino que la historia había comenzado mucho antes y que fueron los guaraníes, la comunidad indígena de Sudamérica, los verdaderos precursores. Existen documentos legados por los jesuitas del siglo XVII, que detallan cómo esta comunidad ya jugaba con una pelota usando los pies, mucho antes de que en Europa surgiera el concepto del football. ¿Verdad o una teoría más? Los fragmentos de las Cartas Anuas enviadas por los jesuitas al Vaticano, afirman que los guaraníes fabricaban sus propios balones inflados a base de pulpa de árbol y jugaban a la pelota con los pies descalzos. Después de la misa dominical, los guaraníes se dividían en equipos y jugaban hasta el agotamiento: cuando las piernas decían basta, el juego se terminaba.

Carnet de Guarany

Lo que sí está confirmado es que Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo nació el 15 de mayo de 1925 en Las Garzas, Santa Fe, y era hijo de un campesino guaraní y una madre española. Y que adoptó el nombre de Horacio Guarany. Dueño de la letra de algunas de las canciones más emblemáticas del folklore, Guarany siempre hablaba de fútbol e incluso fue amigo de varios jugadores. Él mismo contó en varias entrevistas que era hincha de Colón de Santa Fe desde chico. Explicaba esa elección como una identificación con los sectores humildes de la ciudad: «los crotos éramos de Colón y los pitucos de Unión». Para él, el equipo sabalero representaba al pueblo trabajador y mantuvo ese sentimiento durante toda su vida. Cuando falleció en 2017, los hinchas rojinegros lo homenajearon públicamente y lo recordaron como uno de los artistas más representativos vinculados al club.

De tanto andar, de tanto descorchar tintos en sobremesas, Guarany cultivó amistad con varios jugadores y entrenadores. Una de las más conocidas fue con Matías Almeyda. Aunque Guarany también simpatizante de Boca según algunos testimonios, tenía una relación muy cercana con el ex jugador de River, a quien consideraba casi un hermano. Incluso le dejó un recordado mensaje de aliento cuando atravesó momentos difíciles en su carrera deportiva. Más allá de los clubes, Guarany utilizaba frecuentemente metáforas futboleras para hablar de la existencia, la perseverancia y el esfuerzo. En una de sus frases dirigidas a Almeyda comparó la vida con un partido en el que se gana y se pierde, pero donde lo importante es el coraje para seguir jugando. El vínculo de Horacio Guarany con el fútbol fue el de un hincha apasionado, identificado con los sectores populares que veía reflejados en Colón, y de un hombre que encontró en el lenguaje futbolero una forma natural de expresar su filosofía de vida.

 

El arquero cantor

El arquero cantor

La oralidad vinculada al fútbol dice que si un arquero comete una falta muy grave, se convierte en cantante. Ese dicho remite a Julio Iglesias, quien en su juventud llegó a ser arquero de la inferiores del Real Madrid español, pero la carrera quedó trunca por las consecuencias de un accidente automovilístico. No sucedió nada parecido con otro arquero, convertido con el paso del tiempo en uno de los grandes referentes. Se trata de Julio Elías Musimessi, guardavallas de ídolo en Boca Juniors, donde jugó 155 partidos entre 1953 y 1959. Jugaba los domingos y cantaba chamamés cuando se lo proponían. Había nacido en fecha patria, el 9 de julio de 1924, en Resistencia, provincia del Chaco. De pibe era un apasionado por el básquet pero luego se encontró al frente de un arco de fútbol debido a la lesión de un amigo. Sorprendió a todos y se quedó debajo de los tres palos.

Boca Unidos de Corrientes fue su primer club y a los 19 años viajó a Rosario para unirse al plantel de Newell ‘s Old Boys. Con la Lepra estuvo 11 años, donde se consagró como uno de los mejores arqueros del continente. En simultáneo, cantaba, dando recitales en directo y a través de la radio, donde llegó a tener su propio programa y donde era conocido como el “arquero cantor”. En 1954 fue su año consagratorio en Boca que se quedó con el título y Musimessi con la valla menos vencida: le hicieron 26 goles en 30 partidos, pero él, que faltó a los primeros cinco encuentros, recibió solo 16.

A Musimessi le gustaba frecuentar salones de baile y las audiciones radiales de su tiempo. Cantaba acompañado por guitarras y en su amplio repertorio del litoral incorporó un chamamé que escribió junto a Amadeo Cipriano y Eduardo Pauloni. La canción se llamó Viva Boca y se corvitió en un emblana del equipo azul y amarillo. Fue grabada en el año 1954, en un registro de 78 rpm para el sello TK.

Ya retirado del fútbol, continuó con sus canciones como solista y tuvo algunas participaciones con el conjunto Santa María, integrado por los hermanos Luis y Publio Zamudio, Tilo Escobar, Carlos Serial y Alberto Gonzalez. En 1971 se presentó en el Festival del Folklore del Litoral, en su edición de 1971. Pasaron los años, siguió muy vinculado a la música y en 1985 fue invitado del grupo Cruz de Papel para  incorporar al disco Nuestra esperanza la ya célebre canción boquense. Musimesi llegó a tener su propio espacio en Radio Argentina, donde los domingos por la noche se juntaba con colegas a analizar lo que había pasado en la fecha. Invariablemente, invitados por el carismático anfitrión, los invitados terminaban entonando canciones, en un clima de camaradería que dejaba bien claro que la rivalidad terminaba a la tarde una vez que sonaba el pitazo final.

 

Maradona y Soledad, dos a quererse

El fútbol siempre será el simulacro de la vida. La música también. Se unen en algún vértice, se abrazan, se pasan letra. Los acordes del folklore y de tantos géneros han llegado a las tribunas. La cumbia, el candombe, el rock, el folklore… Muchos son los géneros que se han instalado en las gargantas de los hinchas, dueños de una particular poética de convertir letras tradicionales en  canciones de cancha. “Yo te sigo a todas partes adonde vas, cada vez te quiero más”, dice un himno incorporado en el Candombe para José, la canción de Roberto Ternán, escrita a principios de los años setenta. Muchas de las canciones de Victor Heredia –Sobreviviendo, Razón de Vivir o Todavía Cantamos– son al oído del fútbol una fuente interminable de sensaciones. Hay mucho de folklore en el fútbol: hay mucho fútbol en el folklore.

Diego Maradona me venía a ver siempre a todos los shows, en mi debut en el Gran Rex, vino y se bailó un chamamé, me escuchaba mucho en las concentraciones, esa misma canción que le canté en el Gran Rex (Brindis) es la que escuchan muchas veces Messi y los jugadores de esta Selección en las concentraciones”, recordó la Sole acerca de su relación con el Diez. Maradona no sólo se vinculó con la música folklórica, sino que se involucró con el tango (es muy conocida su versión de El Sueño del Pibe) y con otros géneros musicales. Merece un informe aparte, pero es bueno aquí hacer un breve resumen de las canciones que la música popular le ha dedicado a Maradona.

Desde el rock a la cumbia, pasando por el tango y las canciones infantiles, la figura de Diego fue fuente de trabajo para los músicos y artistas. La canción del brujito, de Peteco Carabajal y Jacinto Piedra, dice que «Sobre el barrial rodó la luna/los grillos dieron la señal/Y al corazón de un niño/llegó la gracia»; al tiempo que Dale diez, escrita y musicalizada por Julio Lacarra dice «Quería verte de nuevo/sobre el rectángulo verde/donde mueren las palabras, /y tu zurda le habla a la gente«. La Zambita para Dieguito, de la cantante paulista Roseli Martins, la Milonga Maradona, de Hugo Basualdo o el candombe Un Diego son dos Pelé se suman a la lista.

 

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