Con casi veinte años de historia, este grupo musical santafesino ha sabido conquistar a chicos y grandes con sus canciones que convidan ritmos folklóricos y letras comprometidas. Seis discos editados y uno en plena grabación, shows en vivo, giras por el país y el exterior, construyen un proyecto auténtico para el cancionero infantil.
¿Por qué, por qué?, se preguntan las niñas, los niños, les niñes sobre el mundo que les toca habitar y el grupo santafesino Canticuénticos hace ya casi veinte años que con sus canciones acompaña a las infancias a transitar por esos interrogantes. En esa bella y desafiante tarea de mirar con los ojos de las niñeces, esta banda musical propone acercarles el patrimonio cultural que le es propio, con canciones originales que se mueven con ritmos folklóricos argentinos y latinoamericanos. La sorpresa, el juego, la emoción y la creatividad se ponen al servicio de la canción que es una puerta abierta para imaginar, preguntar y pensar.
“Consideramos a las infancias como reflexivas, con sensibilidad, con inquietudes para ver el mundo y, al mismo tiempo, sabemos que tienen cosas para decirnos, y siempre tratamos de escucharles, qué es lo que nos están contando y qué nos quieren decir”, explica Laura Ibañez (voz y flauta) en la entrevista que junto a Ruth Hillar (voz, flauta y acordeón) compartieron con De Coplas.
Esta propuesta nació en 2007, al abrigo de un taller de composición de canciones de Jorge Fandermole, y se impulsó a partir del anhelo de estos docentes de música por construir un cancionero para las infancias. En 2009 vio la luz su primer disco “Canticuénticos Embrujados” y de la mano vino el espectáculo en vivo y luego le sucedieron cinco discos más “Nada en su lugar” (2013) “Algo que decirte (2015), “¿Por qué, por qué?” (2018), “A cocochito» (2020) y “Para saber que te quiero» (2023).
Además de Ruth y Laura, Los Canti sobre el escenario son Cintia Bertolino (voz), Gonzalo Carmelé (bajo y coros), Daniel Bianchi (guitarra, charango y coros) y Nahuel Ramayo (batería, percusión y coros), y se suman sosteniendo el proyecto desde producción Sebastián Cúneo y en operación de sonido Javier Escandell.
Las redes y plataformas permitieron que estas músicas se extiendan por todos los rincones del mundo,-como dato “La cumbia del monstruo”, superó los ciento cincuenta millones de visitantes en YouTube-, y en estos años se sumaron más de dos mil shows en Argentina, América y Europa. La calidad compositiva y la sensibilidad de los detalles hacen que sea un proyecto musical original que combina lo lúdico con emociones profundas y que crece y se sostiene genuinamente en el tiempo.
“Creo que el crecimiento tiene que ver con una búsqueda constante, con ir explorando los límites del universo de la canción para las infancias. En este aprendizaje permanente, desde el hacer, fuimos encontrando una identidad como grupo y como propuesta artística, con la que nuestro público se identifica de una manera muy intensa y comprometida” dice Hillar y agrega “como desde los comienzos fuimos un proyecto independiente y autogestivo, pudimos tener el control absoluto sobre la creación de contenidos, los tiempos de producción. Nunca tuvimos que aceptar condicionamientos desde afuera y eso nos dio mucha libertad para orientar el camino canticuéntico”.
Con un premio Gardel al Mejor Álbum Infantil («A Cocochito», 2020) entre muchos otros reconocimientos, Los Canti siempre están sobre los escenarios y estas vacaciones de invierno ya se presentaron en Rosario, Paraná, Santa Fe, y la grilla sigue por Ituzaingó, La Plata y casi dos semanas en CABA, antes de partir a España.
Otros mundos posibles
Para Canticuénticos, la canción es la puerta de entrada a universos de colores, personajes, paisajes, culturas e identidades de cada rinconcito latinoamericano. Lejos de minimizar la escucha de las infancias con composiciones simplistas, este viaje recorre cumbias, huaynos, chacareras, joropos, chamamés, cuecas, zambas, chamarritas y otras identidades sonoras y tímbricas que se van transmitiendo en armonía con la expresión poética en un juego de rimas y contrapuntos.
– Hay canciones que son más lúdicas, otras más reflexivas, algunas más responsoriales o íntimas, ¿cuál es la búsqueda compositiva para lograr ese equilibrio?
Ruth Hillar: – A la hora de componer, trato de entrar al territorio de las infancias, que es enorme y de lo más abarcativo. Las nenas y los nenes viven en un mundo tan complejo, sometidos a violencias de todo tipo, descuidados, muchas veces, por sus adultos de referencia, con demasiadas horas de pantallas y poco juego al aire libre. Las canciones buscan dialogar, estimular la curiosidad, proponer otros mundos posibles, siempre teniendo en cuenta que, si queremos acompañar amorosamente esta primera etapa de la vida, no alcanza con lo lúdico, que es a lo que apuntan la mayoría de las canciones para la niñez. Hay mucho más en el universo de nenas y nenes y ahí también la música puede estar presente.
Los Canti ya son la banda sonora cotidiana de miles de familias, que bailan al ritmo de la “Cumbia del Monstruo”, cocinan con “Bate con la cucharita”, se duermen con “Noni Noni”, y descubren los nombres de animales en guaraní con el chamamé “El mamboretá”. Hay otras canciones como la chamarrita “¿Cómo le va Juanito?” que reivindica la educación pública y las escuelas rurales.“Si viene de la tierra”, una cumbia colombiana que invita a pensar acerca del consumo responsable y el cuidado del medio ambiente. La cueca “Para saber que te quiero” aborda el tema de la adopción desde distintos modelos de familias. Todas estas canciones se disfrutan en sus videos de Youtube y se potencian en los espectáculos en vivo. “La conexión es mágica. Cada show es único, y la energía que se genera entre nosotros y los públicos es impresionante. Ver a las familias bailar, jugar o emocionarse es el mayor regalo”, destaca Laura.
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Como un refugio
En este acompañar desde el arte, hay temáticas más profundas que son parte de estas realidades que viven las niñeces. Sin mirar para un costado, sin subestimar la mirada de las infancias y haciéndose cargo, Canticuénticos propone canciones que ponen sobre la mesa esos temas que atraviesan a la sociedad, con una comprometida postura en defensa de los derechos.
Una de esas canciones necesarias es “Hay secretos”, en clave de vidala introspectiva que habilita desde la calma propia del género a abrir puertas para visibilizar y acompañar diversas situaciones de abuso y maltrato a las infancias. En la provincia de Neuquén sonó durante un juicio y es parte del catálogo de contenidos para trabajar la ESI (Educación Sexual Integral) en las aulas (en 2025 fue censurada y sacada de este cuadernillo por el gobierno de Milei y por el reclamo social fue restituida).
– Esta canción se instaló como un refugio, ¿qué les pasa a ustedes con las repercusiones?
Laura Ibáñez: – Con el camino recorrido de la canción que fluye desde la ternura, no podemos dejar de cantarla y de hablar de esto. Es imprescindible que este tema nos siga sensibilizando, porque los números y las cifras de abuso siguen existiendo, y nos debe poner en alerta. La ESI tiene que seguir fortaleciéndose en todas las escuelas, hay que hablar del cuidado, de conocernos, de respetar el consentimiento del otro. Creemos que hay que empezar a hablarlo desde muy chicos y la escuela sigue siendo un lugar de escucha donde se habilita la palabra sobre estos miedos, estas violencias, y agradecemos ser vehículo desde la canción para poder aportar al diálogo.
– Otra canción que se ha convertido en emblema es el huayno “Pañuelito blanco”, homenaje a las Madres y Abuelas…
L. I.: – Sí, esta temática nos atraviesa a todes. En este caso, queremos decirle a las infancias que no queremos que se vuelva a repetir esa historia, es un agradecimiento a esa lucha de las madres y abuelas por reclamar por los derechos. En tiempos de negacionismo, esta canción tiene un compromiso con la historia de nuestro país.
R. H.: – Las canciones con temáticas tan fuertes, posicionadas en un lugar ideológico y de compromiso político y social, son muy especiales en relación al público. La mayoría de la gente que nos sigue, agradece y las adopta casi como himnos. Hay un pequeño porcentaje que cuestiona que incorporemos esas temáticas a un repertorio para las infancias, como si niñas y niños estuvieran a salvo del abuso o no tuvieran que conocer esa historia tan terrible, en la que otras niñas y niños fueron apropiados y entregados a familias que no eran las propias. Creo que el arte en general y, por supuesto, la canción, esa síntesis perfecta de poesía y música, puede ayudarnos a mejorar un poquito el mundo.
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El arte de compartir
Los Canti son inquietos y creativos, y siempre hay canciones latentes esperando su momento de ser. Por eso, están grabando su séptimo disco, y como adelanto, ya se pueden disfrutar en las plataformas las primeras cuatro canciones: “Ha nacido un niño”, un villancico que cuestiona la indiferencia; “Superhéroes”, una canción que busca empoderar a personas con discapacidades; “Jugando a la rayuela”, una invitación a volver a saltar y “En este ratito”, que grabaron junto al Dúo Karma y que le canta a esos momentos compartidos que son irremplazables y más importantes que cualquier otra cosa.
– ¿Cómo se vinculan las letras a la diversidad de ritmos?
R. H.: – La aparición de una temática nueva para una canción y la elección del ritmo sobre el que se va a componer varían mucho de una canción a otra. En “Jugando a la rayuela”, busqué rescatar el juego de coordinación, puntería, equilibrio, salto. Un juego divertido y sumamente saludable, para el que solo hace falta una piedrita y la punta de un zapato, como escribió Cortázar. Se me ocurrió componer sobre un ritmo mexicano, el son jarocho, que se baila bien saltadito. En “Superhéroes», el ritmo de tinku, un ritmo boliviano con mucha fuerza, apoya esa idea del empoderamiento de las niñeces con discapacidades.
Además, en este andar haciendo se encuentran en el camino con otros músicos y músicas para compartir sus canciones. Actualmente están grabando un disco de colaboraciones producido por el maestro «Popi» Spatocco, Canti Duéticos, que ya se publicó una versión de la “Cumbia del monstruo” con La Delio Valdez y la canción de cuna “Noni noni” tuvo su reflejo junto a Nahuel Penissi. “»Noni noni», es una canción muy especial, el acto de acunar es un momento de acompañar, de intimidad, de estar cerca y la voz de Nahuel suma a una experiencia hermosa del compartir con este gran artista”, cuenta Laura.
En la página del grupo dedican una sección completa para la descarga libre de material, tanto las partituras, los cancioneros con los cifrados para tocar, e incluso los karaokes también para cantar. Con una función pedagógica y construyendo un cancionero regional, “todo ese material está disponible para usar en la escuela, en el jardín, en los hogares” dicen y agregan “nos encanta cuando las canciones cobran vida en otras versiones, habitan las aulas y se multiplican”.
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