Sol y barro es el nuevo disco de Juanpaio Toch, uno de los integrantes del trío cordobés Toch que acaba de editar material solista. Con Chango Spasiuk y Noelia Recalde como invtados, se trata de doce canciones a guitarra y voz en tono íntimo. “Me interesa la búsqueda de la sencillez y la profundidad”, dice.


Juanpaio Toch –nombre artístico de Juan Pablo Theaux- es un creador de canciones. La composición es un oficio que lleva en el corazón y que desarrolla en cada uno de los proyectos que integra. A mediados de septiembre, el músico lanzó su segundo disco solista, Sol y barro (2025). Nacido hace 43 años en Gonzales Chaves, en el interior de la provincia de Buenos Aires, Paio heredó el espíritu inquieto y nómade de su familia. Se crio en Córdoba, vivió siete años en Madrid –entre 2006 y 2012- y actualmente se reparte entre las sierras cordobesas y la capital provincial. “Mi familia fue nómade, viajó muchísimo y se estableció en Córdoba en 1988. Desde ahí vivimos casi toda la familia acá. Yo me siento cordobés y madrileño. Madrid también es mi casa”, dice el cantante, compositor y bajista. “Me fui a España a comienzos de 2006, viví todo el año allá, pero a fin de ése año falleció mi viejo y me volví a Córdoba. En ésa época armamos Toch –con su hermano Andrés y Martín Ellena-, estuvimos unos meses acá, pero después nos fuimos los tres a Madrid, hasta diciembre de 2012”.

Juanpaio Toch. Fotos: Juli Baravalle

Una vez instalados nuevamente en Córdoba, con base en Agua de Oro, el trío Toch –que combina con personalidad cancionera el folklore, el rock, el reggae y la cumbia- se consolidó en la escena cordobesa y logró una expansión por otros rincones del país –Buenos Aires, la Patagonia e incluso el vecino Uruguay- a fuerza de una propuesta artesanal, amorosa y autogestiva. Pero el bichito cancionero y musical no se agota en Toch. Con su compañera Julieta Baravalle conforma el dúo Cúcus y junto a su hermano Andrés y el bajista Federico Seimandi le dan vida al trío instrumental y experimental Sei Nou Mandi. En 2020, un mes antes del confinamiento de la pandemia, el músico publicó su primer disco solista, titulado simplemente Juanpaio Toch (2020).

“El disco tiene una temática clara: son canciones que reflejan el encuentro con mi compañera Juli y de alguna manera abrió el canal para poder sacar temas por fuera de la banda. Porque eran tan personales salieron bajo mi nombre como solista”, explica sobre ese trabajo que reúne nueve canciones acústicas, intimistas y despojadas que desbordan belleza y sensibilidad. Entre la canción folk y el folklore, hay gemas preciosas y luminosas como Día de lluvia, Parece una construcción de mi mente, La vida linda te llama y Reciclar veloz. Sin embargo, su disco debut como solista nunca tuvo una presentación oficial ni tampoco encontró en agenda un tiempo para mostrar en vivo este repertorio de canciones. “La fecha de presentación que tenía era el 21 de abril de 2020. Pero se esfumó con la pandemia. Después no lo toqué oficialmente en ningún lado”, explica el artista afincado en barrio Paso de Los Andes.

Y retoma: “Una vez, sí, en La Minerita toqué estas canciones para poca gente cuando recién se empezaba a abrir, a finales de 2020. Pero nunca hice una presentación oficial. Fue pasando el tiempo y con Toch y Cucús tenía mucha tarea. Entonces, fue quedando en segundo plano. Y ahora me pasó lo mismo: saqué el nuevo disco, pero también sacamos el de Toch en noviembre, Pulso inicial (2025) ¡Y se llenó de fechas de Toch! Entonces, se volvió a prorrogar la presentación”. Luego, el músico hace una pausa y revela: “Después de las fechas con Toch vamos a hacer un parate con la banda. Porque hace cuatro años que no paramos ni un ratito. El 13 de marzo lo presentamos en Córdoba, el 15 en el Xirgu de Buenos Aires y en abril en Montevideo. Después, en mayo, nos vamos a Europa y luego tocamos el 6 de junio con Duratierra en Córdoba. Y ahí sí hacemos un parate… no sabemos hasta cuándo.”.

 

Días soleados

Grabado íntegramente en Córdoba en estudio Islandia con Juan García Álvarez como co-productor e ingeniero de mastering, Sol y barro es un disco de doce canciones a guitarra y voz que profundiza en la búsqueda intimista, personal y minimalista de su antecesor. Son canciones que hablan del mundo propio de Paio, de su entorno, sus aventuras, sus vínculos, sus dolores y virtudes. “El sol como el corazón, como la autoexpresión sincera, como esa sensación de construir desde adentro. Después de haber tenido mucho contacto con construcciones de barro y momentos de naturaleza muy fuerte sentía que el disco tenía mucho de eso”, explica sobre el concepto del título. “Este disco creo que es la continuación en cuanto al trabajo introspectivo y el hecho de bucear en mis horizontes personales. Hay temas que hablan de cosas a corazón abierto, como la muerte de mi padre o las despedidas”, confiesa.

“En el tema A Madrid hablo de ese momentazo de mi vida que fue atravesado por la muerte de mi viejo en noviembre de 2006”, grafica. “Mi viejo siempre nos decía que teníamos que cantar, porque nosotros solo tocábamos instrumentos. Éramos músicos que acompañábamos gente o hacíamos música instrumental. A él que le gustaba mucho cantar, era músico amateur, cantaba en todas las guitarreadas; entonces, nos dejó el legado. Ahí arrancamos a cantar”, cuenta. La mayoría de los temas del disco son nuevos. Fueron escritos en los últimos tres años. “Fue bastante rápido el proceso”, dice. Después del parate con Toch, una de sus ideas es grabar una serie de temas viejos junto a la pianista y cantautora cordobesa Clara Presta. Y ahí sí: presentar los tres discos juntos.

– ¿Por qué te interesaba profundizar la búsqueda de la introspección y la austeridad?

– Porque un poco nacen las canciones así y las respeto un montón. Lo mismo hacemos con Toch y con Cúcus. Los proyectos respetan mucho el momento que salieron y lo que va a decir de íntimo. En el caso de estos temas salieron a guitarra y voz.

– ¿Cómo elegís qué sonido o ritmo va a tener cada canción? Hay algo folklórico, pero también está la canción siempre por delante.

– A mí me sale naturalmente. Crecí escuchando folklore y en Córdoba. Entonces, hacer un huayno, un bailecito o una chacarera me resuelta familiar. De alguna forma no está buscado conscientemente, sino que aparecen y van tomando forma de canción. De hecho, las chacareras de los dos discos tienen forma de chacarera, las zambas también tienen forma de zamba y se pueden bailar. Salieron así de tanto escuchar esa música y vivirla tanto acá en Córdoba. La obra de Atahualpa Yupanqui, por ejemplo, está atravesada por el lugar donde vivía. Y estar acá cerca del río, del monte y con mucha gente también te repercute. Creo además que la comunidad hace mucho a las composiciones que después salen en el disco, porque muchas veces estoy haciendo los temas y se me aparecen los vecinos, la familia. En la Chaca garabato se me aparecen los pueblitos de las Sierras Chicas, Traslasierra, Córdoba capital también. Y de los viajes al norte, al sur y Uruguay. Tiene mucha comunidad mi música.

«Cuando está todo convulso el artista tiene material para pescar». Fotos: Juli Baravalle

Pero sos, ante todo, un cultor de la canción…

– Sí, porque también crecí escuchando a Spinetta. Las influencias siempre fueron cancioneras, como Los Redondos, incluso hasta en las canciones folklóricas que me llegaron. Los temas de Peteco Carabajal que más me emocionan son canciones, tienen una letra profundísima e incluso las que no tienen una forma tradicional folklórica también son parte fundamental del cancionero de Peteco. También las canciones de Eduardo Mateo y Fernando Cabrera, muchas influencias que respetan eso: la canción por delante. Y eso de respetar también cómo salió el tema de una: si tenía ritmo de chacarera, milonga o una forma cancionera más lenta. Acá en cualquier lado hay una guitarreada y el folklore cuenta con los festivales grandes. En Córdoba el folklore va por la sangre.

En el nuevo disco, hay canciones con aires andinos, como Maimará, Meli marinera, Canario y Solcito, la chacarera Chaca garabato y la zamba Eterna voz. Pero también hay un chamamé canción con la colaboración del acordeonista y compositor Chango Spasiuk, Sol y barro. “Era un chamamé, por eso lo invité. Después me dijo que no era un chamamé”, se ríe Paio. “Él nos empezó a etiquetar en Instagram por su programa Enramada en el que ponía Plantas y Famatina, de Toch. Entonces, una vez le agradecimos y nos dijo: ‘Un día quiero tocar con ustedes’”, cuenta. “Cuando me salió Sol y barro me sonaba chamamecero, entonces le mandé el tema por mail y lo invité a grabar. Fue un sueño para mí, porque es un referente total para nosotros. Por su postura como artista desde lo musical hasta lo más político”, resalta. La otra invitada del disco es la cantautora entrerriana Noelia Recalde, que aporta su voz de río en Los hilos. “Nos tenemos mucho cariño y admiración mutua”, dice.

– ¿Cómo convive tu obra solista con Toch?

– A nivel artístico convive lo más bien. Porque a veces me sale una canción que yo sé que es para mi proyecto solista y se la muestro incluso a los chicos. Otras veces pasa que sale una canción que es para Toch y voy rápido a mostrárselo también a mis compañeros. Y lo mismo con Cucús y Seinoumandi. Siempre está activo mi proyecto solista puertas adentro. A nivel presentación y shows también me pasó que mi proyecto solista tiene una llegada muy particular, no es que a toda la gente que escucha le gustó. Entonces, tiene un trabajo lento, va gustando de a poco. Hay gente que le resulta demasiado tranqui. Me interesa la búsqueda de la sencillez y la profundidad, que el folklore también lo tiene.

– ¿Te interesa dejar una obra propia?

– Al tener tantas plataformas de expresión hace que ni lo piense. Estoy constantemente creando o teniendo esa posibilidad de estar en contacto con eso divino que es la canción. Si se me ocurre una idea, la registro de manera inmediata. En cuanto a lo de hacer obra no es para que se me reconozca en el futuro, sino que largo temas porque sé que van a tener algún tipo de conexión con la gente. Una canción para curar el desamor puede ser un yuyito que sirve para aliviar el cuerpo. Eso hace que tenga la prisa para sacar los temas, cuando tienen esa sustancia. Me encanta publicar una canción cuando siento que puede tocar un corazón. Este disco solista tiene ese arriesgue de quizás abrir el corazón sin saber cómo una historia personal de repente va a tener una respuesta.

– ¿Cómo repercute este contexto social, cultural y político, este cambio de época, en las canciones?

– Creo que es combustible. Como todos los momentos de crisis al arte lo va nutriendo. Como dice el Mati Mormandi: «Si no tiene hambre el artista y la obra después es muy difícil que transmita». Siento que cuando está todo convulso el artista tiene material para pescar. Abrís la antenita, tirás la red y de repente pescás algo. Porque estás más permeable al inconsciente colectivo y al movimiento de la sociedad. Y como dice el “Destino del canto”, el poema de Yupanqui, tenés que vivir con el pueblo.

 

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