La cantante de Bariloche se consolida, junto al grupo Los Pampas, como una de las artistas emergentes más escuchadas. Aquí anticipa un nuevo disco, analiza su repercusión y cuenta cómo, con el chamamé romántico, pasó de las bailantas camperas a la masividad.


“¡Seguimos, seguimos! Románticos como siempre. ¡Sele Vera y Los Pampas!”, arenga ella en los recitales con una amplia selección de música romántica en tiempo de chamamé, pero también de cumbias y otros ritmos, para encender a su público: desde la Patagonia a todo el país. Sele Vera cumplirá 24 años el 26 de julio y su repercusión no se detiene. Comenzó a los 16, en las bailantas camperas de su Bariloche natal y zonas aledañas; explotó en pandemia con sus videos con versiones chamameceras de varios éxitos; se potenció ampliamente en las redes sociales y, siempre con Los Pampas, expande sus caminos arriba de los escenarios.

El estilo fresco, la voz agreste y el carisma de Sele Vera, junto a la fuerza chamamecera de Los Pampas, garantizan el peso cada vez mayor que tiene el proyecto en Argentina y Chile. ¿Qué ocurrió en 2019, como recordó Spotify al destacarla como una de las artistas más escuchadas en su género? Aquel año, Sele Vera publicó una versión en ritmo de chamamé de “Dueles”, del dúo mexicano Jesse & Joy: fue un fenómeno -hoy supera los 27 millones de reproducciones- y una nueva generación comenzó a acercarse al chamamé con actitud pop. Hoy, Sele Vera y Los Pampas, vestidos con boinas, bombachas de campo y alpargatas, no paran de dar conciertos. ¿Qué anhelos rodean a la cantante?

«Me gusta mucho cantarle al amor, porque es algo que encontrás en todos lados». Fotos: Gentileza de la artista

“Mi mayor sueño cumplido es haber llegado a donde estoy y tener mi casa y mi campo -le dice vía Zoom a De Coplas-. Y el mayor sueño por cumplir es sostenerme en la música y con el proyecto del campo. Mi mayor deseo es poder vivir de estas dos cosas, que son lo que más me gusta”. El 22 de julio, Sele Vera y Los Pampas estarán en Buenos Aires para tocar en la primera de las cuatro jornadas del festival Sapucay. Grito de Fiesta, en Groove (Santa Fe 4389, Palermo). Lo organiza La Porteña y también actuarán el Dúo Coplanacu, Los Manseros Santiagueños, Los Tabaleros, Nahuel Pennisi y Nati Pastorutti, entre otros. ¿Qué siente Vera? “Ya fuimos varias veces a Buenos Aires y tenemos un cariño de hogar. Encontramos un lugar de fiesta, donde todos nos juntamos con la alegría que te da la música”.

-Y el 24 de julio tocás en el Festival del Poncho, en Catamarca. ¿Cómo vivís este momento de popularidad?

– Creo que fui aprendiendo con el paso del tiempo a cómo sobrellevar lo que es ser Sele Vera y también lo que es ser Selena Vera. Me costó mucho diferenciar esas cosas, pero también unirlas en algunas cuestiones donde también es necesario unirlas, ¿no? Así que hoy lo vivo de otra manera, con mayor responsabilidad también, porque cuando era más chica y tenía muchas responsabilidades era un poco difícil. Más cuando no venís del ambiente y no sos del palo: ahí es como si fuese el doble de difícil para poder sustentar todo. No sólo a una como artista, sino a todo el equipo que una tiene detrás.

-A los 16 años cantabas en las bailantas camperas. ¿En qué sentido no sos del palo?

– Porque no es que me preparé toda la vida para vivir de la música: ponele, desde los 7 años. Yo sé que hay gente que dice “mi sueño siempre fue ser cantante y vivir de la música”. No fue mi caso. Yo sé que hay personas que se preparan toda la vida y que persiguen el éxito hasta que lo alcanzan. A mí me tocó que de repente iba caminando y me sucedió. Me topé con eso y acá estoy.

Su hija Julia, de 2 años, aparece junto a ella; Sele Vera le sonríe y retoma la charla. ¿Cómo maneja su presente? “En sí, yo laburo todo el año -dice-. Los únicos momentos en los que me tomo vacaciones son por ahí en el invierno, pero tampoco dejo de trabajar: me dedico a hacer música, a grabar, a terminar algunas canciones. Siempre falta un poquito, cuando algo no me convence, así que trato de buscar el momento para poder cerrar todo ese ciclo de música”. Y revela: “Estamos preparando un disco nuevo para fin de año, si todo va bien. Es un álbum que ya tengo pensado hace bastante tiempo, pero todavía no pude encontrar el contexto exacto, el momento, para poder terminarlo. No me gusta dejar colgadas las cosas”.

¿El repertorio será siempre en la línea del chamamé romántico? “Sí, siempre como en el show, donde la mayoría de cosas que hacemos son chamamé. Después siempre tenemos una cumbia guardada y por ahí un fox-trot. Pero también este año quiero empezar a implementar lo folklórico más tradicional: alguna chacarera, alguna zamba. Las hacía en otros tiempos, pero después dejé de hacerlas porque también depende del lugar: si tocamos en un boliche no sé si está tan bueno hacer una zamba; depende del contexto. Pero sé que el público que tenemos es folklórico y también lo va a aceptar”.

– ¿Lo romántico te obsesionó siempre?

– Yo creo que sí. La verdad que nunca tampoco me senté a pensarlo, pero me gusta mucho cantarle al amor, porque es algo que encontrás en todos lados; en cada cosa mínima. Yo soy una persona muy emocional. No sé si la música me hizo así, pero, por ejemplo, hay atardeceres que a mí me hacen llorar: me emociona el momento en que la vida te está regalando eso. Entonces trato de buscar las palabras para plasmarlo y compongo con la guitarra o me mando audios de WhatsApp a mí misma, con frases o melodías. Me falta mucho para poder plasmar ese sentimiento en palabras y es lo que tengo que trabajar, porque, como digo, no vengo de un ambiente musical con el dialecto para poder escribir canciones un poco diferentes. Sé que es un trabajo muy grande que aún me falta.

– ¿Cómo fuiste construyendo tu estilo?

– Gracias a las críticas constructivas. Abrir el oído y escuchar a los que saben un poco más me ayudó muchísimo a ir formando de a poco mi estilo. También es un tema de gusto, de lo que la gente va pidiendo, y en el show vas viendo la euforia, la alegría, la energía, y ahí ves de poner o no un tema más romántico o mucho más melódico. Yo trato de tener una balanza: de decir tanto lo que me gusta a mí, como lo que le gusta al público. Si fuera por mí, yo haría temas mucho más melódicos, o me iría a ciento por ciento cumbias. Me cuesta encontrar ese punto medio que me guste mucho a mí y que también le guste al resto.

Aunque ella confía en el acompañamiento de Los Pampas: ellos son Esteban Tarifeño, en el bajo; Agustín Curiche y Enzo Napal en acordeones; Lahuen Namuncurá y Agustín Curapil en las guitarras; Jesús Morales en la batería, más el sonido de Cristian Licán y Agustín Toro en la iluminación. “Yo empecé en las bailantas camperas -evoca Sele Vera-, que están por todos lados. Nosotros tenemos, en Bariloche, la Línea Sur, con pueblos a 50, 60 kilómetros: son ciudades muy chicas con parajes alrededor y ahí es donde se hacen esas bailantas camperas. Ahí todos nos juntamos a disfrutar. Y fue muy drástico para mí tener, de repente, que dar un montón de abrazos, y de besos, al público. Yo no era una persona del cariño físico, de que te abrazaran y te besaran. Me costó mucho aprender a recibir ese cariño y también a darlo. El ambiente me fue haciendo crecer en ese aspecto”.

«Busco que las nuevas generaciones tengan como algo natural escuchar chamamé». Fotos: Gentileza Sele Vera

– ¿Cómo viviste la explosión de tu propuesta en pandemia, con los videos en las redes?

– Realmente no fue algo buscado. No fue un trabajo de decir “ah, bueno, vamos a esmerarnos en esto para que suceda esto otro”. Fue una cuestión más de responsabilidad, primero, porque estábamos en plena pandemia, y, segundo, por una cuestión de amor al arte. Imaginate tener 17, 18 años y que te guste cantar, pero estar encerrado y no tener dónde hacerlo. Y, obviamente, mirar a la cámara y hablar es lo más fácil que me pasó en la vida. Y eso me ayudó para poder hablarle y cantarle a la gente que estaba del otro lado, por una cuestión de acompañamiento, porque había mucha gente que vivía sola, se quedó sola o estaba aislada. Y también fue un acompañamiento interno hacia uno y también hacia el afuera, de decir: “Yo sé que en su casa alguien me está mirando”. Podía ser una chica o un chico que estuvieran solos, o familias que estuvieran pasando un momento triste, y una los acompañaba desde ese lado.

Y cuando se liberaron las restricciones y vio que sus videos habían alcanzado una gran repercusión, ¿qué sentía? “No me había dado cuenta del estruendo que habíamos hecho -cuenta Sele Vera-. Nos sorprendía mucho que nos estuvieran mandando mensajes de Jujuy, Salta, Córdoba; de todo el Norte argentino. Y también en el Sur nos empezamos a contactar más entre nosotros. A muchas cosas no les di importancia, pero cuando pasó la pandemia y empezamos a trabajar, ya éramos de salir y cantar de un lado al otro. Y lo que me se me hacía un poco raro o incómodo era el tema de las fotos, los abrazos, los besos. A todo eso lo fui aprendiendo a sobrellevar, pero yo no había cambiado mi perspectiva de vida”.

¿Qué se modificó entonces, aparte del trabajo? “Cuando pasás a ser una persona pública parece que todos tienen el derecho de decir y opinar sobre vos y tu persona: sobre lo que hacés y lo que no hacés. Y, por ahí, mi manera de hablar era más atravesada, pero fui aprendiendo a hablar mejor e incluso a dar notas: yo sé que hablo rápido, pero antes hablaba más rápido todavía. Y no me daba cuenta de que no se me entendía. A esas cosas las fui cambiando”.

– ¿De dónde incorporaste el chamamé de la forma en que lo hacés?

– Acá en el Sur siempre se escuchó eso. Siempre tuvimos gente o músicos de la zona que hacen chamamé, o que agarran canciones y las interpretan y transforman en chamamé. Entonces, se arma un repertorio mucho más amplio, no sólo de chamamé instrumental, sino de chamamé cantado. Los músicos de acá agarrábamos canciones populares, por decirte, no sé, “El mismo aire”, de Camilo y Pablo Alborán, que se escucha en un montón de ambientes. Y veíamos cómo hacerla sonar versionada en chamamé. No sólo porque seas del campo vas a escuchar un chamamé, pensaba yo. Las canciones del cuarteto, o del pop, están en la vida cotidiana de muchas personas, hasta para hacer un video de TikTok. Y así nos fuimos adentrando en las demás generaciones. Yo quise popularizar un poco más el chamamé y a muchos les gustó la manera en que se hizo; a otros no, pero que funcionó, funcionó.

Sele Vera piensa unos segundos y prosigue: “Creo que lo que alguna vez pensé, y me dije, fue ‘quiero plantar esta semillita’. Hacer un chamamé no tan estructurado para poder llegar a distintas generaciones. Creo que hay que ir creciendo a la par de las nuevas generaciones: de lo que van pidiendo. Fue una idea que me surgió y se aceptó. Es como los experimentos: te pueden salir muy bien o te pueden salir muy mal. Y si salió bien, después hay que mantenerlo, ¿no? Yo la verdad que busqué eso y terminó surgiendo esto: que generaciones mucho más jóvenes tengan como algo natural escuchar este chamamé nuevo, por así decirlo. Yo era muy fanática del grupo Los Vecinos, de Corrientes, que son muy criticados por el tipo de chamamé romántico que hacen ellos. Y creo que hoy se merecen una parte de todo esto, porque fueron muy inspiradores para lo que hacíamos nosotros”.

Hoy Sele Vera percibe a su público multicolor: “Te podés encontrar de todo -dice-. Desde el que vive en el campo y escucha tu música, hasta el que trabaja en una oficina. Y lo digo así porque por ahí los gustos musicales también van hacia una cuestión de adaptación de vida que uno tiene, ¿no? Si vos vas a un bar y se escucha esto, o tus amigos también, por ahí le vas agarrando el gusto. Entonces, es muy diverso nuestro público. Nuestra música entró a lo cotidiano y a lo familiar: podés encontrarte a niños pequeños, y si a un nene le gusta Sele Vera y Los Pampas, capaz que al tío le gusta, o no, pero termina yendo al recital para llevar al sobrino o al hijo. Y se termina armando una cadena de un montón de gente que te escucha. A mí me encantaría que alguien dijera ‘sí, cuando yo tenía 5, 6, 7, 10 años, fui a escuchar a la Sele Vera’. Cuando eso marca una infancia, luego esa persona tiene muchos años más, pero se va a acordar. Y eso no deja de ser impresionante”.

– Sele, ¿qué es lo que más te moviliza hoy?

– Lo que genera la música. Me moviliza mucho ver a los nenes cantando, dependiendo del tema. Por ahí es la misma canción, pero a diez personas les genera algo diferente. A unos les genera alegría y a otros les genera tristeza, o euforia. Eso es muy loco: ver que lo que estoy haciendo, lo que está saliendo de mí, es algo que en diez personas da cosas distintas. Es como que vas creciendo, te vas mutando hacia otras personas. Y darse cuenta de eso es un privilegio, me parece. No todos miran alrededor y se fijan, pero es increíble ver que un tema a alguien le genera alegría, a otra persona le da nostalgia, y a alguien más una emoción totalmente diferente. Ver eso en mis canciones es para mí emocionante, siempre.

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