El cantautor cordobés conmemora sus quince años de música con la banda La Sinfín, sigue presentando su disco Un temblor y atesora el poder político y sanador de la canción: “Siempre se florece cuando uno guarda la memoria”.
Hay un árbol que se expande en su voz. El cancionista cordobés Lucas Heredia capta la alegoría de un árbol para celebrar sus quince años de música y piensa en “esa belleza que se guarda en las raíces y que se prepara para florecer en otra estación”. Por eso dice: “Una imagen potente en mí es esa presencia majestuosa. Siempre hubo un árbol, como una especie de casa, bajo el que yo me sentaba a cantar. Creo que eso significaba la protección, y los ciclos de la vida, y uno siempre trata de captarlo con la música: copiar en la poesía la belleza que existe”.
Entre la canción de raíz, el folklore y el rock argentino, el compositor, guitarrista y cantante Lucas Heredia construye desde 2010 una fértil producción de discos con la fe -personal y política- en el poder de la canción. Entre Córdoba, donde Lucas Heredia es parte de una firme escena musical, y Buenos Aires, donde se radicó hace dos años, ¿hacia dónde se abre ese árbol en quince años de trabajo? “No es casual que en mis seis discos estén el viento y el árbol -descubre-. Y yo dibujo árboles, no sé por qué. Creo que están en la memoria de mi cuerpo: siempre se florece cuando uno guarda la memoria y está bien plantado para traer la vida. Así que el árbol es la imagen de mi vida y de la canción. Lo veo como una síntesis de mi andar cancionero”.

Lucas Heredia tocará el 5 de diciembre en Platz Espacio Cultural (Av. Maipú 350, Córdoba Capital). Fotos: Genaro Pérez
Y la potencia del árbol también guio a Heredia en la elección del repertorio para celebrar sus quince años de música. ¿Cómo? Recobrando canciones de su discografía completa junto a su banda, La Sinfín –Bruno Cravero en teclados, Exequiel García en batería y Nacho Ramia en bajo- en dos conciertos, con invitados: uno fue el 29 de noviembre en Cultural Thames (Thames 1426, Buenos Aires) y el próximo será el 5 de diciembre en Platz Espacio Cultural (Av. Maipú 350, Córdoba Capital).
¿Cómo fue la selección de temas? Heredia comenzó por el disco Un temblor, de diciembre de 2024, hecho sólo con guitarra y voz, y fue hacia atrás: revisó Los nacimientos, de 2021; Sinfín, de 2017; Puentes invisibles, a dúo con el rosarino Julián Venegas, de 2014; Luz de cerca, de 2012; pasó por sus dos EP’s (Lo mínimo indispensable, de 2021, y Versiones al paso, de 2011) y llegó a su primer disco, Adentro hay un jardín, de 2010.
¿Qué ocurrió allí? Responde Heredia: “Yo me dije: ‘¿Qué canciones marcan mejor el carácter que defendí durante estos quince años?’. Hubiese sido más fácil elegir las que más les gusta a la gente de cada disco, pero decidí elegir las que más representan la permanencia en el tiempo de un sentido común”. Por eso, en sintonía con la imagen del árbol, “recobré una canción que se llama Empujando hacia el sol, del primer disco, que compuse en mi casa en Córdoba. Quizá no sea la más escuchada, pero para mí tiene muchísimo sentido”.
En Empujando hacia el sol, compuesta en pulso de 3 x 4, Lucas Heredia canta, evocando a ese árbol: «Como un brazo de la tierra buscando la luz se levanta delante de mí. Asomando en la ventana en la que prefiero el sol, se despliega el verde que termina en flor». Y en otro pasaje acentúa: «Abrazando el viento empieza una danza sutil. Balanceando el aire en él. De la punta de los dedos aparece una voz. Un silbido que es como una canción».
“Para estos dos conciertos por mis quince años de trayectoria -amplía Heredia- decidí reunir a la banda La Sinfín porque muchos de los temas necesitan esa orquestación para funcionar. Además, la mayoría de estos integrantes estuvieron en casi todos los discos. Hicimos todo esto, bancamos y nos seguimos reuniendo quince años después. Permanecer con estos vínculos es una celebración maravillosa: el balance de mis quince años son las personas con las que me he encontrado. Además, quiero tocar algunos temas medio rockeros y que sólo suenan con la banda. Así que quise agradecerles por seguir conmigo y también necesitaba esa energía”.
Y con La Sinfín trazó un plan estratégico adicional: “Con toda la banda reversionamos Un temblor, el disco que saqué en diciembre de 2024 con guitarra y voz. Es increíble cómo las canciones son completamente distintas: tienen otra energía. Probablemente aparezca un disco con esa versión con banda, porque suena impresionante. Así que en los conciertos van a haber muchas canciones de Un temblor, del cual justo se cumple un año en estos días. El concepto es seguir eligiendo músicas con esa voz que me susurra en la oreja”.
El rompecabezas interior
“Un temblor es una casa donde habitar las profundidades de un tiempo sin tregua. Para rearmarse hay que permitirse romperse como un acto de despojo hacia la vida que viene”, publicó Lucas Heredia en Instagram el 23 de diciembre de 2024. Justo un día después de haber editado oficialmente su disco Un temblor, de guitarra y voz, con once canciones que, como dice en su comunicado oficial, “reivindican la intimidad y la cercanía como mecánica esencial del hecho artístico y transformador. Estas obras habitan una despedida y transmutación de una vida que se quiebra para dar paso a un nuevo tiempo”.
Aquí Lucas Heredia canta al son de la guitarra y deja ver sus luces íntimas como antídoto al dolor. ¿Qué recuerda? “Al disco Un temblor lo grabé en plena separación de mi compañera Vicky, con quien tenía un proyecto de vida de muchos años, con un hijo, Mateo, y con una casa. Estaba quebrado, todavía, y sigo un poquito ahí: los duelos necesitan ser transitados. Pero en aquel momento sentía que quien yo había sido era por las personas con quienes había construido ese hogar, ese tiempo. Y, al no estar más todo eso, sólo me quedaba romperme para rehacerme, porque el rompecabezas que yo había sostenido ya no servía más: quedarse en eso significaba abrazarse al dolor y a la quietud. Así que en eso pensaba. De hecho, grabé dos tomas de cada canción porque no podía cantarlas más que dos veces”.
Y también quería “que Un temblor fuese un mapa de regreso hacia la memoria de lo que significa estar vivo, para transitar esas emociones. Por eso se escuchan respiraciones en cada canción. En ese entonces estaba roto y ahora me estoy rehaciendo de a poquito. El disco me ayudó a encontrar algunas piezas: estaba juntando pedacitos. A algunos los tuve que hacer de vuelta y a otros los tuve que mandar a fabricar, porque no los encontré nunca más”.
– Musicalmente, ¿qué descubriste de vos mismo con Un temblor?
– Yo toco mucho en vivo con guitarra y voz porque a veces es difícil viajar con la banda y porque me gusta mostrar las canciones así. Descubrí que hay algo de lo imperfecto que guarda la fotografía verdadera de lo que uno quiere decir. Y que con pocos elementos podía darle lugar a eso que se mueve: que está vivo. Descubrí la parte que yo no sé que existe de mí y que aparece cuando canto: que hay que dejarla así, con guitarra y voz, para que ese espacio esté ocupado por esos movimientos, esas pausas, esas aceleraciones. Y también supe que es un acto de arrojo y rebeldía permitirse eso que muchas veces molesta.
Hay mucha gente que me dijo ‘no pude pasar del primer tema, porque no soporto físicamente lo que me sucede al escuchar toda esa información’. En Un temblor hay un sinfín de detalles que ponen en evidencia la crudeza de las cosas: verse en el espejo a la mañana y descubrir que eso es lo más hermoso que tenemos. Y saber que eso conmueve un montón: Un temblor es el disco mío que más se ha escuchado en menos tiempo. También noté que en esa memoria hay una necesidad colectiva de volver a la esencia, porque todos estamos medio extraviados. Yo mismo me siento medio extraviado en esta locura de tiempo, pero sé que en el cuerpo está la puerta de regreso hacia lo que se nos escapa.
“Las canciones reparan un equilibrio que demanda la conciencia, tanto emocional, física y de la memoria”, respondió Lucas Heredia en marzo de 2025, cuando le preguntaron por el poder curativo de la canción. ¿Cómo lo siente ahora? El cantautor -que también impulsa el taller La voz habitada para explorar la sonoridad como herramienta de liberación- dice: “El poder sanador de la canción es, primero, reparar los ciclos internos que tenemos. A veces queremos que las cosas sean de una forma y la canción repara el vínculo con la totalidad: con todo lo que existe. Eso también te permite soltar el deseo de adueñarte de las cosas. Porque la canción viene de la intuición y te dice que la soledad es una ilusión: uno nunca está solo. Y la canción te ayuda a no estar abrazando el dolor o a la sensación de exilio que tenemos cuando no sabemos cómo ser parte de lo que nos rodea. Yo creo que la canción repara ese equilibrio. Y yo me siento mejor gracias al disco Un temblor: si no hubiese cantado esas canciones no sé cómo habría dejado aparecer la persona que hoy estoy empezando a ser”.
La germinación por delante
“El árbol es como la profundidad y la inmensidad: eso también defiende mi obra -capta Lucas Heredia-. Ya sea en mi patio natal en Córdoba, o en los majestuosos árboles de Buenos Aires que van abriéndose paso a pesar del cemento, buscando la luz: cuidándose el espacio entre ellos. Creo que me siento un árbol en todo este tiempo que ha florecido. Esa es la imagen que se me viene a la cabeza”.
Y en su mente también hay imágenes de este tiempo crucial en la política y en lo social: “Algo está cambiando de una forma en la que no tenemos dimensión todavía -observa Heredia-. Y eso nos hace desencajarnos con una realidad política que, nos guste o no, sigue siendo el espejo claro de cómo estamos viviendo. Cuando uno está mirando una pantalla y no viendo a quién tiene al lado pasan estas cosas. Los partidos políticos, no importa si son más progresistas, más peronistas o más de izquierda, también dejaron de leer eso. Y también están en la pantallita, mirando cómo miden sus campañas en función de cuántos likes o qué impacto tienen”.
Y prosigue: “Yo tengo una idea política más vinculada a la justicia social: a las banderas que han sostenido la izquierda, el socialismo y el peronismo en toda su historia. Pero hemos perdido la capacidad de sentir el espacio común: no podemos generar una identidad nueva ni una alternativa. Así que estamos perdiendo el cuerpo a cuerpo y las palabras que nombren este tiempo. Y creo que del otro lado hay una cosa coherente: ahí están los dueños de la tecnología y de cómo se construye la narrativa. No me sorprende que ellos estén tan avanzados ahí”.
Más allá de la desazón, en lo personal no dejó de avanzar. Entre 2024 y 2025 Lucas Heredia participó en diversos proyectos que ampliaron su visibilidad en Buenos Aires. Estuvo en el canal de streaming Olga, de Migue Granados, para celebrar a Charly García en el “post-Charly Day”, el 24 de octubre de 2024, y a María Elena Walsh en “El día del revés”, el 8 de agosto de este año. Además, fue parte de los homenajes en el Palacio Libertad (exCCK) a la propia Walsh, el 12 de julio pasado, y a Joan Manuel Serrat, el 20 de septiembre. “Lo que todo eso me aportó es la certeza de que hay mucha gente que resuena con tu música si sos vos mismo -siente Heredia-. No importa si estás en un medio súper mainstream o en un lugar donde vas a cantar ciertas músicas que son parte del cancionero popular. Uno tiene algo para aportar ahí, aunque no te conozcan: hay mucha gente del otro lado, uno puede proponer algo nuevo y eso te permite estar en escenarios a los que no hubieses llegado. Las veces que fui, los de Olga siempre fueron muy generosos conmigo. Nunca me pidieron nada más que lo que yo soy, y eso también me permitió conectarme con un montón de gente”.

«Sé que nunca voy a dejar de hacer estas canciones, estas músicas». Fotos: Genaro Pérez
– ¿Cuál es tu sueño aún no cumplido con la canción o con la música?
– Yo busco la canción que esté a la altura de su tiempo. Me queda esa deuda: no encuentro la canción que ayude a su pueblo a arrancar a la mañana ante una hostilidad sistemática. Siento que me falta esa canción: me falta sentarme con mis compañeros músicos, cantautoras y cantautores, y decir que estamos haciendo esto por nuestro tiempo, como pasó en los ‘70, o con la Trova Cubana. Me falta eso. Sé que va a llegar de alguna forma y es mi sueño que una canción ayude a encontrar el envión para que alguien pueda sentir más llevadero el tiempo que le toca en este país. Sé que lo vamos a encontrar. Y cuando esa canción exista yo voy a decir «ok, ya está».
– ¿El ser parte de la escena musical cordobesa, ¿te generó esa sensación de pertenencia y de aporte a la sociedad?
– Creo que sí. Quizá con el tiempo alguien diga «che, mirá esta canción, esta música». Pero eso sucede en sincronía con cierto pulso popular, y para mí este tiempo ha cambiado su dinámica. Si bien soy parte de esa escena, e incluso he militado ahí, hoy la disgregación es muy grande. Quizá eso germine más hacia adelante hacia otra escena. Quizá nos falte una madurez, y lo que se reventó en los ‘70, y lo que se destrozó en el neoliberalismo de los ‘90, recién esté empezando a rehacerse. Tal vez veamos las respuestas recién dentro de veinte años.
Una casa para los que vienen
Ahora Lucas Heredia mira quince años hacia atrás: al momento en que abrazó la canción de autor, combinando la música popular rioplatense, el folklore, el rock, el pop y el jazz, con el disco Adentro hay un jardín. A la par, con los años se hizo parte de La orquesta emergente, que cruza lo académico y el rock, con banda y octeto de cuerdas y vientos, para versionar discos fundamentales de la música popular argentina.
Pero a mitad del sendero, en 2018, hubo un hito personal que redefinió su mirada de la música y de todo lo demás: fue padre de Mateo. ¿Cómo redireccionó su proyecto de cantautor? “Siempre la música que hice tuvo un directo reflejo de algo que me excede como persona -sabe Heredia-. Haber sido padre me ubicó en la palmera, obviamente. Cuando nació Mateo y todo comenzó a girar en torno a cuidar la vida, tuve dimensión del disfrute como nunca en mi vida y el tiempo se comprimió: uno no duerme más como antes. A la vez, agradecí mucho la vida que elegí y la vida que Mateo me hace sentir. Creo que hice las mejores canciones desde que él nació y la síntesis fue apareciendo más nítida, como un acto de supervivencia: Mateo me trajo mayor claridad. Él escucha mis canciones y me marca cosas desde la espontaneidad de alguien que todavía conserva su pureza existencial. Así que todo tiene sentido: hay que ser mejores y hay que encontrar en la poesía una casa para los que vienen. Eso me da más ganas de seguir haciendo lo que hago”.
– Si ese árbol siguiera extendiendo su follaje, ¿hacia dónde lo llevarías en los próximos años?
– Como el árbol de la puerta de casa, o como los bosques que son más bellos mientras crecen como les pinta, no sé a dónde eso me va a llevar. Sí sé que nunca voy a dejar de hacer estas canciones, estas músicas. Me imagino un disco más luminoso, que estoy armando ahora. Después de tocar fondo, que fue un poco lo que pasó con el disco Un temblor, sólo queda ir hacia arriba. Así que se viene una música nuevamente entusiasmada con el tiempo del amor, de querer, de viajar. En agosto del año que viene haré una gira por Colombia y también voy a andar por Europa. Se vienen presentaciones por todo el país con esta celebración de mis quince años de música, lo cual llevará a un disco en vivo. Pero yo propongo y el árbol dispone: vos lo plantás y lo único que esperás es que crezca lo más libre que pueda.
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