El pianista y compositor de Venado Tuerto -referente del jazz argentino y mundial- habla de New York Sessions Vol. 2., el nuevo disco del Trío Sin Tiempo, que completan Mariano Otero en bajo y Sergio Verdinelli en batería. Además, analiza su flamante álbum Solo Brooklyn, de improvisaciones al piano, y dice: “Lo mejor es experimentar y compartir”.


Cada enero, Leo Genovese deja brillar las memorias de sus proyectos jazzeros al calor de su Venado Tuerto natal. Vive en Nueva York hace más de veinte años, es el mayor pianista argentino de jazz en el exterior, gira por el mundo y nunca pierde lazos con las raíces: las argentinas y las que aprende en otras tierras. El 9 de enero editó el disco Solo Brooklyn, en el que improvisa al piano varias obras desafiantes, y en abril se lanzará New York Sessions Vol. 2, su tercer álbum con el Trío sin Tiempo (con Mariano Otero en bajo y Sergio Verdinelli en batería). Desde Venado Tuerto, antes de volver a Nueva York, ¿adónde mira Genovese para avanzar?

“Llegué a la Argentina el 23 de diciembre y me voy a quedar hasta fines de febrero, pero con bastante intermitencia en la estadía”, sonríe Genovese, que nació en 1979 y al piano sigue construyendo territorios de jazz sin límites: criollos, neoyorquinos y universales. Su imaginación, su técnica y su vuelo se despliegan año a año en cada vez más grabaciones y aventuras sonoras sin fronteras. Además de sus proyectos propios (en quinteto, en trío y con varias formaciones expansivas), integra la banda de Residente -exCalle 13-, cuyo disco Las letras ya no importan, con participación de Genovese en la composición y en los teclados, ganó el Grammy 2025 como mejor álbum de música urbana.

Pero ya el Grammy había rodeado a Genovese en febrero de 2023, cuando se lo llevó en la categoría de Mejor solo improvisado de jazz por su performance en el tema Endangered Species, de la contrabajista Esperanza Spalding, para el álbum Live At The Detroit Jazz Festival (2017), del legendario saxofonista Wayne Shorter. Y a la par, con colores tan diversos de jazz, el pianista y creador santafesino tiene su pie local en el Trío sin tiempo, que tocará el 25 de febrero en Bebop Club (Uriarte 1658, Buenos Aires), con obras de sus discos Sin tiempo (2020), Ritmos de agua (2021) y adelantos de New York Sessions Vol. 2.

También seguro harán algún tema del álbum New York Sessions Vol. 1, que habían editado Genovese y Otero en 2025. Como dice el pianista, ahí “el juego del piano y el bajo generaban un paisaje sonoro, una invitación al silencio y un estado de paz”. Y en New York Sessions Vol. 2, en el que se sumó Sergio Verdinelli, “volvimos a sentir el flow, el entendimiento y la complicidad entre los tres -capta Genovese-. Todos aportamos músicas para la banda y las características de las composiciones de cada uno son el reflejo de nuestras personalidades. Entonces, abordar temas de los tres nos ayuda a vernos más profundamente como amigos y como músicos”.

El disco New York Sessions Vol. 2 tuvo un detalle iluminador. Lo grabaron en el famosísimo Rudy Van Gelder Studio, en Nueva York: uno de los más legendarios del jazz. Así lo vive Genovese: “Ahí se hizo prácticamente todo el catálogo del sello Blue Note de los años ‘60 y grabaron muchos de nuestros ídolos del jazz: John Coltrane, Bill Evans, Miles Davis, Thelonious Monk, Bud Powell, Herbie Hancock y Wayne Shorter. Así que fue una fiesta hacer ahí New York Sessions Volumen 2”. Primero “fue bárbaro que nos consideraran para trabajar con ellos una tarde: es un disco que grabamos en cuatro horas. Y el repertorio ya era parte de nuestro ADN, así que con Mariano y Sergio sólo tuvimos que relajarnos y conectar”.

La clave fue seguir el propio sonido: “Si bien hay lugar para solos e improvisación, el disco tiene el mismo encare del Volumen 1, con mucha simpleza”. ¿Qué más respira en New York Sessions Vol. 2, que editará Sony Music en abril? “Nos grabó Maureen Sickler, que fue la única asistente que tuvo el gran Rudy Van Gelder en su carrera. Todo fue muy especial porque ella es una genia del sonido. Además, uno respira el aire de ese estudio y dice: ‘Acá se grabó música con la cual crecimos: música que nos inspiró, nos influyó y nos abrió caminos’. Pero nunca nos sentimos intimidados por el lugar. Creo que pudimos dar todo. Sentíamos que estábamos en paz y capturamos un poco de eso en la sesión”.

Y por eso dice acerca de Mariano Otero y Sergio Verdinelli, los amigos del jazz que Genovese reencuentra en los veranos del Hemisferio Sur: “Lo mejor es experimentar y compartir, especialmente en tiempos en los que cautivar a alguien en diez segundos parece ser lo primordial”. Pero el Trío sin tiempo “es como esa planta que da frutos esporádicamente -entiende Genovese-. Durante todo el año, cada uno trabaja en su proyecto y piensa en este grupo que va a otro tiempo. No estamos corriéndole una carrera a nadie ni a nosotros mismos: las cosas simplemente van pasando”.

 

Los piques secretos

Y también aquí, entre los dedos de Leo Genovese junto al bajo de Otero y a la batería de Verdinelli, respiran los ritmos tierra adentro. El pianista y creador santafesino nunca pierde su conexión con las músicas de raíz folklórica argentina y latinoamericana. Como dice él: “Es la ceniza. De ahí venimos y para allá vamos”. Y piensa en un tema puntual dentro del nuevo repertorio del Trío sin tiempo: “Es una especie de estudio sobre la milonga y la música rioplatense, argentino-uruguaya. De hecho, muchos de los temas que yo propuse tienen raíces sudamericanas. Si bien los frutos fueron otro engendro, cuando los escuché en mi cabeza tenían que ver con alguna raíz de nuestra casa”.

– Si tuvieras que pensar en un tipo de jazz que te englobe al cruzar rítmicas folklóricas tan diversas, ¿cuál sería?

– Yo creo que me define el jazz criollo. Una vez, en Berlín, me junté con mi amigo, el gran cellista Martín Iannacone, que suele salir a tocar con tamborileros uruguayos. Fuimos y uno de ellos me preguntó: “¿Y vos qué piano tocás?”. Creo que quería saber de qué estilo yo toco el tambor piano -si estilo Ansina o Cuareim- de Montevideo. Y a mí no se me ocurrió otra cosa que decirle que mi toque es criollo. Es como lo aprendí. Y eso creo que me define un poco, desde el punto de vista de que lo criollo es la cruza: la raza criolla, el caballo y todo eso. Lo indígena americano cruzado con lo europeo.

La imagen crece en su mente y Genovese la desarrolla: “Me parece que desde las músicas van naciendo nuevas ideas; después algunas florecen en canciones nuevas y otras caducan para que nazcan otras nuevas, en otros lados. En un punto, busco lo relacionado con la aleación, la amalgama sonora que se halla en las orquestas sinfónicas, entre las familias de instrumentos y en todo lo que intenta acercarnos como seres humanos, más que los que nos dispara para extremos opuestos por cuestiones de pensamientos, de filosofías o de ideologías”.

Y así como de tanto en tanto desarrolla una formación de jazz para explorar los secretos de la milonga, Genovese guarda muchos otros proyectos pendientes: “Tengo los libros llenos de sueños no cumplidos, de canciones en el tintero y de ideas que quiero grabar. Hay búsquedas que quiero compartir y que tienen que ver con grupos de cámara, con distintas sonoridades y músicos”. Y un alto porcentaje de esos proyectos por venir “incluyen a músicos argentinos, y a otros de otros aires, con los que comparto durante el resto del año por todo el mundo”.

Trío sin tiempo: Verdinelli-Otero-Genovese. Foto: Gentileza del artista

¿Hay algún hecho musical de 2025 que haya cambiado tu perspectiva acerca de la música?

– Sí, una fiesta en la isla de Icaria, en Grecia: yo creo que llegamos tipo medianoche, una de la madrugada, y nos fuimos a las diez, once de la mañana. Toda la noche hubo bandas en vivo tocando música de esa isla. Y el ver cómo bailaban en círculos y cómo vivían de la música me inspiró para ir con ellos. Estaban bailando danzas tradicionales con rítmicas muy complejas, con compases en nueve, en trece, en siete: en subdivisiones que no tenemos en nuestras músicas folklóricas. Y haberme mandado así, como ignorante, pero invadido por la felicidad e inspirado por la comunidad, me llevó a intentar cambiar un poco los piques de nuestro folklore: busco abordar músicas de culturas lejanas desde las nuestras.

Ahí está la escuela sonora de Venado Tuerto: “Sí, es algo que me enseñaron Quintino Cinalli y Jota Morelli, dos pilares fundamentales para mí porque son bateristas, son de mi pago y siempre están dispuestos a tocar, a compartir y a enseñar. La búsqueda de identidad se va acentuando con los años cada vez más”. Y la conexión crece con los proyectos propios o con su piano al servicio de otros: “Ahí tengo que hacer un cambio de chip entre banda y banda, entre país y país, para poder presentarme al concierto, dar lo mejor y hacer el trabajo a conciencia, sea con quien sea. Eso me inspira para seguir creando mis cosas”.

 

El arte de no tocar

Allá por 2001, Leo Genovese se radicó en Estados Unidos para estudiar en la Berklee College of Music, en Boston, donde conocería a la reconocida contrabajista y cantautora Esperanza Spalding (cuyo grupo integró por años). Luego rumbeó para Nueva York: allí vive en el barrio del Prospect Park, en Brooklyn -uno de los cinco distritos de la Gran Manzana-, en un departamento decorado con instrumentos de viento de varios continentes; también están las partituras, los teclados y el acordeón. “Soy y sigo siendo un muchacho de barrio: voy a mis toques en bicicleta. Esa es la realidad”, sonríe.

Y en Brooklyn se ilumina siempre con nuevas músicas. El 9 de enero editó Solo Brooklyn, su nuevo álbum, con él al piano en seis “improvisaciones abstractas y oníricas que son a la vez románticas, salvajes, libres y hermosas”, dice 577 Records, el sello para el cual lanzó numerosos álbumes previos, solo y con distintos ensambles. ¿Qué tiene de particular, además, Solo Brooklyn? Fue grabado el 18 de enero de 2025 en el Festival Forward de Nueva York, en Brooklyn, y “continúa el legado de Forward, su célebre grabación para el festival de 2024”. ¿Cómo recuerda Genovese aquella noche de enero de 2025?

Portada de Solo Brooklyn.

Unos segundos de reflexión y responde: “En las grabaciones en vivo busco tocar casi con la mente en blanco e intento casi no escuchar, como si no estuviera presente en el momento del toque. Es una práctica que aprendí de mi amigo, el baterista Nat Mugavero: es el hecho de intentar desaparecer y buscar ‘no estar en control de la música’. Todo el disco Solo Brooklyn fue tocado improvisado, y, cuando lo escucho en busca de alguna conexión entre las improvisaciones, todavía puedo percibir el ejercicio de no estar presente a la hora del toque. Y eso es algo que puedo practicar contadas veces en el año”.¿Por qué? “Porque siempre estoy tocando canciones en conciertos míos o con otros amigos, abordando la visión de otra gente. Solamente me puedo poner en blanco, casi siendo más espectador que performer, pocas veces en el año. Y creo que el disco Forward, de 2024, y el disco Solo Brooklyn, de 2026, son representaciones de esta práctica. También el disco The Art of Not Playing, de 2024, con John Lockwood en contrabajo y Nat Mugavero en batería. A todos estos discos los atesoro en mi corazón porque puedo decir que no estuve presente, con el piano, mientras los grababa”.

¿A qué apelás para alcanzar ese nivel de conexión?

– Es intentar no escuchar. Es como pensar que, de alguna manera mágica, las manos tocan solas. Y uno tiene que confiar en ese proceso: confiar en que, en la música, el resultado no es lo más importante, sino la práctica en sí. Y al intentar adelantarme al tiempo y a la música, por así decirlo, no estoy escuchando lo que estoy tocando en el momento: estoy intentando captar -porque no siempre sucede- eso que no se ve pero que ahí está. Como si pudiera prever una jugada de gol.

Y, del mismo modo, Leo Genovese puede prever los conciertos que tendrá entre febrero y marzo: “Planificamos bastantes conciertos con el saxofonista Joe Lovano, que es mi gran maestro y amigo, y con alguien con el que siento mucha conexión, porque los dos tenemos raíces sicilianas. Él tiene familia en Rosario -una de sus primas vive allí-, yo también, y sentimos mucha conexión a la hora de tocar. Entonces, programamos una semana en un club de jazz en Nueva York y después un viaje a Finlandia para un par de conciertos suyos”.

Y más tarde, en marzo “vamos a estar haciendo un tributo a John Coltrane y a Miles Davis, porque este año se celebran los cien años del natalicio de los dos, así que, de la mano de Joe Lovano, con un supergrupo vamos a estar celebrando a esos dos pilares”. Además, Genovese tendrá un concierto con la banda The Mars Volta en el festival de rock Vive Latino, en México, a mitad de marzo. Y ya se prepara para otros proyectos nuevos: “Tengo un par de conciertos con grupos nuevos que he seteado en Nueva York. Uno en trío con dos maestros de la música, Jeff Williams en batería y el panameño Santi Debriano en contrabajo”

¿Y en abril? “Tengo un concierto con un cuarteto nuevo que armé con Billy Drewes en saxofón, Cameron Brown en contrabajo y Billy Mintz en batería. Cada uno tiene setenta y pico de años, así que para mí es una escuela tocar con esta gente tan sabia. A veces seteo estos grupos para que me enseñen: yo llevo mis temas, pero escucho cómo los abordan ellos. Como las orquestas-escuela de tango, que eligen a los bandoneonistas que estuvieron en todas las orquestas y se saben todos los piques, los toques y las articulaciones. Así se aprende en el escenario. Por eso estas bandas son todas orquestas-escuelas para mí”.

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