Un panorama de cantantes y creadoras de Catamarca que ofrecen sus repertorios entre la tradición folklórica y la renovación: Itatí, Belén Parma, Nati Torres, Warmi Sosa, Leticia Aranda, Loy Carrizo y Luz Segura.
Catamarca vibra en diversas voces con fundamento. Entre las recónditas vidalas abrazadas con la caja y las nuevas tendencias del canto popular, numerosas artistas hacen pie en el folklore, desde Catamarca, con originalidad y sustancia. La provincia que dio a la precursora Margarita Palacios -una compositora fundamental- y que hoy expande al país la visión de raíz y vanguardia de Nadia Larcher, despliega un mapa de cantantes y creadoras que releen la tradición en forma viva y que buscan mayores espacios para el género femenino: aquí los testimonios de Itatí, Belén Parma, Nati Torres, Warmi Sosa, Leticia Aranda, Loy Carrizo y Luz Segura. Cómo resuenan, todas ellas, en los misterios sonoros de Catamarca.
Itatí y Belén Parma: el proyecto Catamarcanas
“El sonido catamarqueño nos atraviesa”, dice la pianista y cantautora Belén Parma, junto a su colega Itatí, que canta y toca el bombo legüero. Unieron sus trayectorias y su experiencia en el proyecto Catamarcanas para interpretar coplas, cuecas, vidalas y chayas, bajo un sonido íntimo, profundo y de raíz, en el que “la identidad melódica del territorio se vuelve encuentro”, como dicen ambas. ¿Qué siente Parma? “Articulamos un repertorio entre lo tradicional y lo nuevo, cantamos canciones que nos identifican como catamarqueñas y reivindicamos a cantoras no tan recordadas de nuestra provincia”.
¿Qué piensa Itatí en sintonía? “Vamos enriqueciendo de a poco nuestro repertorio con distintas obras y buscamos abordar Catamarca, y sus diversos colores, decires e idiosincrasias, con versiones criollitas, autogestionadas y autosostenibles”. También vibran con la identidad femenina en la música popular de raíz: “Para mujeres anteriores a nuestra generación fue bastante duro el camino -dice Parma-. Por eso tengo mucho respeto y admiración por cada una de ellas. Nosotras estamos intentando sumar nuestro mensaje y nuestra impronta, con algo para decir desde nuestra mirada como mujeres y como creadoras”.
¿Qué dificultades atraviesan en tanto artistas femeninas de folklore en Catamarca? “Tenemos que ser más las mujeres cantando -dice Itatí-. En las guitarreadas hoy no le dan el mismo tiempo a una mujer que a un varón. Es difícil ocupar esos espacios y la presencia sigue siendo muy desequilibrada”. Parma lo confirma: “Debería ser más orgánico y fluido. Una guitarreada es para compartir. Es duro tener que estar pidiendo un espacio para una canción, y eso mismo se traslada a los escenarios multitudinarios de Catamarca. Hay muchas mujeres que no han tenido el apoyo que se merecen en la región”.
Luego de editar Soy, su primer material de difusión, Itatí lanzó en 2017 el disco que lleva su nombre, y en 2023 editó Catamarqueñas – Parte 1, en el que rinde homenaje a distintas mujeres del territorio. Hoy prepara la segunda parte con composiciones propias e inéditas. Belén Parma, entre la raíz, las coplas y el jazz, editó Río y río, en 2018 (con Ricardo Bujaldoni), y Cesalpinia, en 2022, con canciones propias. Y, como Itatí, reivindica el rol de las mujeres creadoras en la música popular y se inscribe en una generación que expande los límites de género: “El hecho de ser catamarqueñas y cantar canciones que nos identifican como tales ya lo dice todo. Nuestra tarea es continuar un legado”.
Pero algo es cierto: “Poder salir de gira y tener presencia en distintos lados cuesta un montón en estos tiempos, aunque compartir con músicos de nuestra Argentina es maravilloso”, dice Itatí. Y Belén habla en sintonía: “Muchas de nosotras estamos siguiendo los pasos de Mercedes Sosa y de Margarita Palacios: buscamos mantener su manera de vivir la vida y la música”.
Y por eso mismo “fuimos parte durante años del Festival Margaritas, en Catamarca, para dar visibilidad a un montón de artistas femeninas y para que se cumpliera la Ley de Cupo Femenino en la Música generando un observatorio de grillas”. Ahora el Festival Margaritas “se discontinuó por distintas dificultades -aclara Parma-, pero es una tarea pendiente retomarlo. Tenemos que seguir luchando por mayores espacios para todas nosotras. Hay mucho camino por andar”.
Nati Torres: refinación y lucha
A los 27 años ella atesora un gran recorrido: catamarqueña radicada en Mendoza, Nati Torres brilla con su dúctil voz en forma solista y en su proyecto con Agustín Colom, con el que editó dos discos: Arborecer, de 2024, y Mapa del cielo, de 2025. Sutileza y territorio se aúnan en su búsqueda, que trae desde la cuna: su padre es guitarrista folklórico y el camino fue siempre con canciones populares. Nati Torres se recibió en 2023 de Licenciada en Canto Popular (por la Universidad Nacional de Cuyo), y, en 2025, de Licenciada en Música Popular con Orientación en Teclado; se acompaña con las teclas y también con la caja cuando aborda su corpus de canciones.
¿Qué fue lo más revelador que vivió con la música en Catamarca? Ella no duda: “Habitar espacios de militancia como el del colectivo de mujeres Margaritas, con el objetivo de reclamar por la Ley de Cupo Femenino. Yo era muy chica y aprendí mucho de esas mujeres de mi provincia”, dice. Después “tuve la posibilidad de habitar escenarios trascendentales, como el Festival del Poncho de Catamarca”, cuenta. Y ser artista femenina en la provincia “es una lucha que no termina, por más que haya habido logros. Hoy estamos atravesando un momento muy difícil para sostenerlos, así que hay que ponerles mucha fuerza y cuerpo”.
Para Torres “hay que cumplir la Ley de Cupo: hay que darles la posibilidad a las mujeres en los mismos escenarios que a los varones”. Pero distingue: “El solo hecho de que una mujer esté plantada cantando ya genera un sonido distinto y otra manera de decir las cosas. Por eso es importante generar nuevos espacios y, sobre todo, desnaturalizar las desigualdades. Los cambios no se dan en forma natural: hay que generarlos”.
¿A dónde vibra el sonido catamarqueño? Nati Torres lo siente: “En la vidala. Creo que es nuestra mayor bandera. También tenemos otros géneros, y grandes creadores, como Polo Giménez, Margarita Palacios o Selva Gigena, que compusieron cuecas, zambas y chacareras. El folklore catamarqueño es inagotable. Y a Margarita Palacios hay que reivindicarla siempre”.
¿Y su trabajo? El dúo con Agustín Colom “se conformó a la distancia, en la pandemia, y luego terminamos de concretarlo de cara a nuestra primera presentación en El Poncho, en 2022. Luego volvimos en 2023, 2025 y 2026. Allí pudimos mostrar las canciones de nuestro disco Mapa del cielo, en el que participan muchos músicos catamarqueños”. Ahora están preparando un EP con tres temas que abordan la problemática del agua: “Es un tema muy sensible en Mendoza y también en Catamarca. Yo estuve muy conectada con la lucha social en defensa del agua y este EP va en sintonía. Seguramente salga en la segunda mitad del año”.
Cuando canta folklore, Nati Torres sabe que capta sentires profundos y por eso mira siempre adelante: “Siento una conexión muy grande con mi identidad, con lo que soy y con mi tierra catamarqueña -dice-. Cuando descubrí los cantos con caja, descubrí mi voz, mi identidad y toda la tierra que tenía adentro: estar en los lugares, en la montaña, es una manera necesaria de transitar esos cantos. Y esa es una búsqueda que por suerte nunca se termina”.
Warmi Sosa: investigación y memoria
La cantora e investigadora popular catamarqueña Sandra «Warmi» Sosa, de 59 años, estudió las formas del canto de su provincia, trabajó en patrimonio cultural y aportó conocimientos en poblaciones urbanas y en las del interior. Fue una de las fundadoras del Coro de Cámara Municipal de Catamarca, con el maestro Jorge Gabriel Fontenla, quien falleció en 2025 en Buenos Aires. En los últimos años Warmi Sosa trabaja en el Museo Histórico y su finalidad es “ofrecer una narrativa de todas las líneas de tiempo que hubo en la formación de nuestro grupo humano, y de las personalidades que dejaron su impronta en nuestra cultura”.
En lo musical está grabando una cantata de Aníbal Albornoz Ávila “sobre los mitos de las culturas nuestras, del territorio diaguita-calchaquí, con músicas de Raúl Carnota, Juan Falú, Mario Díaz, Ramón Navarro hijo y otros compañeros catamarqueños. Lo estoy haciendo con un ensamble que me acompaña hace muchos años”, cuenta Warmi Sosa. Y despliega una idea: “Para mí es muy importante la sonoridad andina en mi música, y la cantata está en sintonía: se llama Cantoral calchaquí sobre lo divino y lo humano. Espero que podamos terminarla en 2026”.
El autor, el escritor y poeta Aníbal Albornoz Ávila, “es el papá de mis hijos -dice Sosa-. Nos casamos con muy cortos años y formamos parte de una movida linda que hicimos con la apertura de la democracia: un taller literario”. Aníbal “también hizo la dramaturgia de una obra teatral que se llama Agua de lavar almas: es un encuentro de ficción entre Violeta Parra y la coplera tucumana Gerónima Sequeida, cantora de vidalas y bagualas. En la obra, Gerónima quiere orientar a Violeta a que llore, cante, tome agua y permanezca con vida. Pero Violeta está empecinada en quitarse la vida porque está triste. La obra es una hermosura y yo tuve la suerte de interpretar a Parra”.
A partir de ello “empezó mi investigación sobre el canto ancestral nuestro, para poder orientar en el acervo andino a quien iba a ser el personaje de Gerónima Sequeida”. Y después llegó otra gran experiencia: la obra Margarita de los Valles, en la que Warmi Sosa interpretó nada menos que a Margarita Palacios, ícono musical, poético y gastronómico de Catamarca. La obra fue escrita por Jorge Paolantonio y tuvo dirección de Daniel Martínez. También actuaron Lucio López, Luis Medina y Juanjo Genesir, del grupo Americanta -en los roles de La tropilla de Huachi Pampa, contemporánea de Palacios-. Se trató de una comedia musical criolla, con cuarenta personas, que reunió lo tradicional con la proyección para atesorar la memoria de Margarita Palacios y su vigencia en Catamarca.
“Haber hecho el protagónico de ella fue hermoso, porque me dejó la impronta del juego -evoca Sosa-. Margarita, nacida en 1911, era una persona criada en el maravilloso mundo del circo, por sus padres, y ese universo, junto con el teatro, le abrieron una forma de pensar y de latir su vida muy diferente a lo que vivían las artistas de su época. Fue una pionera”. Gracias a esa obra, Margarita de los Valles, “cambió mi búsqueda y mi percepción del arte -revela Sosa-. Luego armé un grupo de vidaleras para abordar canto originario, y reivindicamos a los cantores de coplas y vidalas, que son los portadores de lo más americano y andino que se ha creado en estos territorios”.
Hoy Warmi Sosa mira lo recorrido sin olvidar “que ser una artista femenina en Catamarca es algo complejo. También es complejo tener una postura y una mirada respecto del arte de masas sin hacer concesiones: hacer un folklore poético que no siempre vaya en línea con los grandes festivales”. Piensa en la cantata por venir, en el esfuerzo que ponen todos los involucrados, y dice: “Esa obra va a ser algo de consulta para todos, y para que la gente busque un poco más de contenidos. Tiene una gran belleza en poesía y en arreglos. Es exquisita y por eso elijo cantarla”.
Leticia Aranda: desarraigo y conciencia
Ella nació en Colpes, Pomán, Catamarca, y abraza el canto desde los 9 años: primero con Las hermanitas Aranda, y luego, desde los 15, como solista. A los 18, Leticia Aranda se fue a estudiar a La Rioja, su segunda cuna de formación y trayectoria, pero Catamarca nunca se aleja, por más que desde 2022 viva en Buenos Aires: “Vos podés cambiar la ciudad donde vivís, el cielo donde volás, pero nunca vas a cambiar de dónde saliste”, dice Aranda.
Cumplirá 40 años el 15 de septiembre y ya tiene en puerta su primer disco solista Desarraigo. Pero ya tiene una larga trayectoria: cantó en múltiples escenarios -también en la Fiesta Nacional del Poncho, de Catamarca-; en 2022 editó el EP La Colpeña y en 2025 el single “La verde marrón”, con letra y música suya, y en el que canta junto a Nadia Larcher. “Yo sigo el camino independiente y a pulmón -concibe-. Desarraigo es un disco experimental, con un sonido no tradicional”.
¿De qué trata? “Desarraigo es un disco conceptual del canto con caja, con los modismos y la forma de cantar en Colpes -explica-. En mi vida atravesé muchos desarraigos: siempre me tuve que ir de Colpes. Primero me fui a La Rioja y luego a Buenos Aires, donde conocí músicos increíbles y arregladores maravillosos”. También celebra haber podido lograr que todas las letras del disco sean suyas: un gran paso personal y profesional.
En Desarraigo incluyó “Plegaria en vidalas (Tata mío)”, que compuso en homenaje a Camilo Matta, referencial compositor, arreglador y cantante de La Rioja: Aranda integró durante años el Coro Popular de Cámara de La Ciudad de La Rioja, creado y dirigido por Matta, y compartió muchos febreros de carnaval en la Chaya del Negro Matta. “Yo llegué a Buenos Aires en marzo de 2022 y Camilo falleció en junio -evoca-. Fue difícil para mí no poder despedirme, así que la manera que encontré de hablar un poco con él fue ‘Plegaria en vidalas’, en el que participan cantando varios artistas de La Rioja, e incluso Victoria Matta, su hija”.
Aranda también conecta con los problemas sociales y medio ambientales de Catamarca y por ello escribió la canción La verde marrón, pensando en el agua de su pueblo, e invitó a Nadia Larcher a que la grabaran. “Nosotros en Pomán no tenemos ríos que fluyan -asume Aranda-. Tenemos que irnos a la Quebrada de Ambato para ver algo de agua, que desde allí se direcciona para el riego por medio de canales que alimentan las acequias”. Esa realidad impregnó su escritura: “Lo primero que se me vino a la mente fue que Colpes significa ‘manantial de agua salada’ y por eso canto ‘sobra vida, falta el agua, pero florece la flor’”.
¿Cómo ve Aranda su rol como cantante comprometida con su realidad? “‘Nadie es profeta en su tierra’, dicen. Yo creo que es complejo no haber nacido en la capital de Catamarca. Creo que si Dios atiende en Buenos Aires, la Virgen del Valle atiende en el Valle Central -dice-. Para mí siempre fue un esfuerzo fabricar unas alas cada vez más grandes y siempre defender escenarios libres de violencia para las mujeres También milité el cupo femenino y siempre sostuve el mensaje para que el público tome conciencia”.
Asimismo “defiendo mucho a los autores de nuestra zona, y con el mismo objetivo de fortalecer y enaltecer el cancionero popular catamarqueño comencé a escribir mis temas. Creo que lo más maravilloso de un compositor es ser cantado en las guitarreadas: que alguien tome el sentir de una y lo pase por sus fibras más íntimas es un milagro hermoso e incomparable”. Y Aranda siempre atesora el misterio del canto anónimo: “Hay vidas de mucho sacrificio, de trabajar la tierra, de la falta de agua, que se vuelven un canto colectivo, y eso es tan mágico que se acomoda en cuatro versos de ocho sílabas. Luego de que empecé a generar rimas, me di cuenta de que las coplas siempre habían estado conmigo. El tuntún de las cajas es el latido del pecho y el de la tierra. Y eso es parte de un eslabón de hace siglos”.

Loy Carrizo: entre el corazón y la composición
“Amo las zambas románticas. Ese tipo de folklore me resuena”, dice a los 35 años Loy Carrizo, la cantante y compositora nacida en Saujil, Catamarca. En 2023 presentó su disco Mi verdad, el cual la afianzó como intérprete y como creadora de canciones siempre en su línea: “Soy muy fanática de lo lírico y lo romántico me re puede”, dice. Aquel primer trabajo tuvo ocho canciones suyas y las otras cuatro las eligió “desde el corazón”.
Pero el nuevo disco “tendrá otra concepción y otra búsqueda. Ya salió un primer single, Mujer canción, y estuve buscando el título. Lo importante es que se escuche bien y llegar al corazón de la gente. Mi objetivo es poder llegar a través del folklore versionado: mi música no es lo tradicional, tradicional. Es un poco más rockeado, más popero, y deseo de corazón que me vaya bien”.
Ahí está su sintonía: “Hasta ahora, en el disco nuevo hay varios temas míos y quiero seguir mostrando mi faceta de compositora, porque es algo de lo cual me siento muy orgullosa -dice-. Me preparo, estudio y trato de conectar mucho conmigo al componer. Pero también pienso mucho en la gente: en qué puede llegar a necesitar escuchar”. ¿Y cómo lo conecta consigo? “Pienso en una mujer que, como en mi caso, tiene un hijo chico y está soltera, o pienso en un momento festivo que necesitamos para pasarla bien. En eso me inspiro. Una de mis canciones habla de las costumbres que hay en el cerro: para mí se trata de pintar paisajes y situaciones de Catamarca en forma divertida”, dice Loy Carrizo.
Y revela algo esencial en ella: “Creo que primero fui compositora antes que cantante. Empecé a escribir a los 12, 13 años, con ideas obviamente muy inocentes, pero ya con la concepción de que fueran canciones, no versos sueltos ni poesías”. La primera obra que terminó cantando y armando musicalmente se llamó Recuerdos y la hizo para el padre de su hijo. “Éramos muy jóvenes y yo tenía 17 años cuando esa canción me apareció. Tiene letra mía y música de él. Era muy inocente, pero fue mi primera obra propia”.
Así se animó a mostrarse en el disco Mi verdad: “Fue un camino de autodescubrimiento para decir ‘me animo, soy lo que vivo, lo que pienso, lo que siento’, y en el disco me quise mostrar de manera transparente con la gente y que se vea que no tan sólo una voz o una mujer que canta las canciones que le gustan, sino que también tengo mi propia historia y mis propios temas de puño y letra: llevo un sentimiento puro plasmado en un papel”. Al principio “sentí una vergüenza tremenda por presentar mis canciones, pero después dije: ‘Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?’”.
Y luego sucedió que colegas suyas, mujeres cantoras de Catamarca, e incluso de Tucumán, comenzaron a versionar algunos de sus temas. “Itatí me grabó dos canciones en su disco, otras chicas también, y ahí dije ‘algo debo estar haciendo bien, tengo que seguir componiendo’ -recuerda-. Componer es una conexión conmigo, un momento de intimidad plena y es como mi terapia musical. Al principio fue complicado, porque no me animaba, pero luego me solté y dije: ‘Voy a cantar mis canciones. Eso me dio fuerza para continuar’”.
Entonces piensa en el sonido catamarqueño: “En el disco Mi verdad, la canción de ese nombre tiene como fondo el sonido de la caja. Nosotros en la caja encontramos algo muy íntimo, muy del latido nuestro, del corazón. Yo creo que en los parches está todo: en el de la caja y en el del bombo. Ahí está la magia y el sonido característico, no sólo de Catamarca sino de todo el Noroeste. Hay una conexión con el sentimiento que nos genera. Todas empezamos y seguiremos cantando con la caja en la mano. Es lo que nos identifica como cantoras. Además, reivindico a las mujeres no siempre tan reconocidas. A mí, ser mamá soltera me marcó de una manera ejemplificadora”.
Luz Segura: el disco pendiente y el camino
Ella prepara un álbum para contar sus inicios y los caminos de la raíz folklórica que abraza desde los 15 años: “En mi familia son todos músicos, bailarines, y mi abuelo materno, Miguel Ángel «Cacho» Villagra, nos dejó un legado muy grande con su grupo Los Arrieros de Valle Viejo”. Luz Segura cumplió 29 años el 9 de julio y, luego de su single Tricotando Poncho, sobre la Fiesta Nacional del Poncho, y de su versión del clásico Soledad de Catamarca, de Julio Lacarra, prepara un disco que pueda mostrar sus orígenes y su presente.
“Tricotando poncho fue lo primero que grabé porque yo siempre dije ‘si grabo algo tiene que ser contando sobre la Fiesta Nacional del Poncho, donde arranqué’ -dice-. La compusimos con mi tío, Néstor Fabián Villagra, y siempre suelo decir que es importante contar la propia historia y cómo uno va mutando: la Luz Segura de antes no es la misma que ahora”, explica. A su primer disco ya lo tiene en la cabeza y sólo faltan la logística y los recursos para terminarlo: “Me gustaría que se titule Luz Segura, simplemente, porque va a contar mi historia. Llevará doce temas con un sonido tradicional, pero también con piano, y quiero agradecer a Martín Carrizo, que busca colores para que amplíen lo autóctono”.
¿Qué experiencias hicieron sentirse a Luz Segura una cantante profesional? “Muchas, pero elijo un recuerdo. Me sucedió en el Festival de La Naranja de 2021, que la gente estaba súper copada cantando lo que yo estaba interpretando, y creo que ése es el objetivo, ¿no? El equilibrio, y que el público pueda responder a lo que uno hace. Pero nunca me había pasado, como aquella vez, que tantos oyentes se sumaran a lo que yo cantaba”. Luego Luz Segura pasó por muchos festivales de Catamarca y afianzó su mirada sobre la búsqueda de mayores escenarios para las mujeres: “Merecemos ser escuchadas y tener más espacios desde la igualdad. En ese sentido, la gran cantora Silvia Pacheco -que falleció en 2024- me dejó un legado y una gran enseñanza, que hoy atesoro”.
Pero “lo importante de todo es que ahora somos muchísimas y por suerte se nos está dando más espacio. La Ley de Cupo Femenino tuvo mucho que ver -sabe Segura-. Aún falta mucho, pero estamos en ese camino en Catamarca”. Y piensa en el legado de Margarita Palacios: “Su forma de interpretar tan picaresca era esencial. Cuando la escucho, entiendo que es importante el cómo y lo que queremos decir al momento de cantar. Mi fraseo también fue cambiando gracias a Margarita Palacios. Ella es una gran referente de nuestra provincia”.
A la par del canto, Luz Segura se desempeña como docente en el espacio de arte Caraffa, de San Fernando del Valle de Catamarca, y dice que aprende muchísimo de sus alumnos: “Tengo algunos que atraviesan algunas dificultades de salud y no sólo piensan en cantar mejor -cuenta-. Para mí, se trata de acompañarlos en sus procesos, en su día a día, y eso es muy fuerte para mí. Estoy agradecida de poder hacer un aporte desde la docencia, y también doy clases particulares de formación vocal. Todo alimenta mi búsqueda con el arte y con la vida”.
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