La cantautora y pianista Luna Sujatovich es parte del ensamble femenino de voces y percusión La Colmena, con diecinueve integrantes. Aquí repasa su trayectoria -horizontal y grupal-, las claves de sus discos Oilando y Postal, y su presente: el 15 de noviembre tocan en Rosario.


Arden los tambores y se elevan las voces de las diecinueve mujeres de La Colmena: cantan al unísono, juegan con disonancias, suman palmas, bombo, caja, percusiones mínimas, y sus cuerpos acompañan las melodías y los ritmos latinoamericanos con ímpetu y fuerza grupal. ¿Hacia dónde avanza La Colmena? “Esto es sentirse parte de una comunidad, de una red: poner a prueba la escucha y aceptar que la palabra de todas es igual de valiosa. Y no sólo desde lo musical, sino desde lo humano. Este es un grupo que acompaña siempre: apostamos a una construcción colectiva”.

Lo dice la cantautora y pianista Luna Sujatovich y ve en perspectiva el proceso que hizo La Colmena desde su fundación en 2012: este ensamble de voces y percusión de Buenos Aires -que se presentará el 15 de noviembre en la Terraza de la Plataforma Lavardén, en Rosario- afinó con los años su trabajo horizontal, con direcciones artísticas rotativas y una concepción cooperativa, para expandir su visión creadora: sus arreglos de músicas tradicionales latinoamericanas, de canciones contemporáneas y de temas propios. Y en esa búsqueda pudieron compartir grabaciones y búsquedas con varios referentes: Lila Downs, Susana Baca, Marta Gómez, Nano Stern y la murga Agarrate Catalina.

Como dicen en su web, las integrantes de La Colmena “apuestan al desafío de construir por fuera de la individualidad, encontrando en esta red la posibilidad de crear estrategias originales y novedosas para producir, escribir arreglos y hasta componer de forma grupal”. Cabe nombrarlas a todas las demás para dimensionar la potencia de sus voces y percusiones: Sol Belous, Tamara Bregman, Felicitas Camardón, Sofía Carelli, Julieta Césari, Inés Crespo, Eva Cuevas, Eugenia Encina, Ludmila Gallardo, Laura Migliorisi, Victoria Moscatelli, Karen Ocampo, Lucía Pereyra, Lucía Pinto, Nadia Puértolas, Pía Sicardi, Mirian Spinelli y Wanda Wechsler.

La Colmena apuesta al desafío de construir por fuera de la individualidad, encontrando en la red estrategias originales para hacer música. Fotos: Gentileza de La Colmena

Y es Luna Sujatovich la que toma la palabra para captar el presente de La Colmena y su proyección hacia adelante: “El 15 de noviembre, en la Plataforma Lavardén de Rosario vamos a presentar nuestro material histórico, del disco Oilando, de 2015, y nuestro último disco, Postal, que salió en 2023, más los singles”. Y adelanta: “Este año, como proyecto nuevo hicimos una live session que va a salir dentro de poco”. Así, estratégicamente van generando ideas nuevas, a la vez que organizando tiempos, vidas y concepciones: La Colmena canaliza las miradas y sensibilidades de todas para afianzar su acción en red.

¿Cómo lo ve Sujatovich? “Creo que formar parte de un grupo horizontal es una experiencia muy difícil de tener en otros aspectos de la vida. Este es un grupo musical y esa es la actividad que nos une, pero la prioridad siempre está en lo humano. O sea, cuando una tiene un problema, se incorpora, se trabaja y se acepta. Y, con todo ese laburo, poder hacer música, que es uno de los motores de nuestra vida, es una experiencia poco comparable en otros lugares. Sobre todo porque no hay una directora: no le pagamos a nadie para eso”.

Entonces, estar en La Colmena es “sentirse parte de una comunidad y trabajar en equipo -remata Sujatovich-. Ese es un gran desafío para los seres humanos, porque a veces uno cree tener la posta, o se arma una idea de cómo tienen que ser las cosas. Pero nunca todo es como uno se lo planteó desde el principio: simplemente, ponés tu semilla para ser parte de un engranaje. Y, como dice Hugo Midón, ‘yo no me arreglo solito: necesito a los demás vivitos y coleando’”.

Y así las integrantes de La Colmena gestaron entre todas el disco Postal, en 2023, fruto de una larga búsqueda y un claro crecimiento respecto del primero, Oilando, de 2015. Postal arranca con el tema homónimo, el primero compuesto propiamente por las integrantes de La Colmena, y trae las participaciones de Noelia Recalde en voz y de Nuria Martínez en vientos. Sigue con Qué he sacado con quererte, de Violeta Parra, con Carlo Seminara en percusión, y con su versión de Mi grito, ese himno contemporáneo del uruguayo Mocchi. Avanza el disco con DLG, de Fito Páez, y con Como las hojas, quizá el tema más famoso de Noelia Recalde. Luego llegan Río, con Milagros Caliva en bandoneón, y Mil 500 vueltas, del chileno Nano Stern, con Lilián Saba en piano. Y Postal cierra con Mujer migrante: el segundo tema compuesto por La Colmena.

¿Qué sorpresas traen en Mujer migrante? Está la voz invitada de la peruana Susana Baca, se oye el bajo del uruguayo Daniel Maza marcando el pulso candombero y se suma la percusionista Marta «Perla» Robles, de la comunidad afroargentina Misibamba, además de una sección de bronces. El tema Mujer migrante opera como un manifiesto para La Colmena: es candombe porteño sobre el desarraigo según el punto de vista femenino, como dicen en sus estrofas iniciales: «Postales, letras lluviosas integran tu biografía. Tejiendo la cercanía de esa, tu vida rodante. Canción de mujer migrante, refugio de la deriva. La herida de la partida, sumergida en alma abierta. Origen que se despierta en la familia sentida. Encuentros y despedidas, recuerdos de andar errante».

En Postal -dijeron al unísono en una nota en octubre de 2024- “nos identificamos con temáticas del presente, de la coyuntura, de lo que nos parece importante en la vida y en el trabajo colectivo, y buscamos hacer arreglos de compositorxs contemporánexs, además de nuestras propias composiciones, que nacieron en pandemia y en parte reflejan lo importante que fue seguir unidas en esos tiempos tan difíciles”. Lo reafirma Sujatovich: “En Postal hay incorporaciones de algunos instrumentos que no habían sonado en el disco anterior, como vientos andinos. Además, en Mujer migrante hay un arreglo de vientos de metal, y así quisimos incluir el candombe porteño, que es un género y un ritmo de la comunidad afroargentina. Esa fue una decisión política: visibilizar a una comunidad que siempre fue negada y oprimida”.

Sujatovich: «Pasamos de ser chicas que queríamos agradar, a mujeres que piensan y que dicen que no». Fotos: Gentileza de La Colmena

«Hoy quisiera yo anidar en cada cuerpo arrasado que huyó fundando un pasado. Sueños echados al mar (al mar, al mar). Sirva el verso para andar y mirar para adelante. Aquí estoy pa’ acompañarte en un nuevo renacer. Para vernos florecer. Mudanza que se hace arte», sigue cantando La Colmena y batiendo parches en Mujer migrante. En lo temático, Sujatovich ve un contraste entre el primer disco, Oilando, y el segundo, Postal: “Eso tiene que ver con haber querido dejar de ser simplemente voces bonitas y pasar a ser voces comprometidas con algunas causas”.

Y lo detalla: “Las canciones del primer álbum, Oilando, traían temáticas más de paisaje, de contar sobre alguna zona, alguna región. Y el segundo entró en sintonía con el movimiento feminista: a lo largo del tiempo nos propusimos buscar temáticas que nos representaran en la actualidad. Y también paramos la oreja a compositorxs actuales. Por eso grabamos Como las hojas, de Noelia Recalde, o Mi grito, de Mocchi. Además, en la pandemia nos propusimos: ‘¿Qué tal si componemos alguna canción en forma colectiva?’. Y lo pudimos hacer con Postal y con Mujer migrante. Lo que empezamos a sentir fue: ‘Además de que nos gusta cantar juntas, ¿qué queremos decir cuando estamos en el escenario? ¿Qué queremos visibilizar, que esté oprimido?’. Siento que nosotras pasamos de ser chicas que queríamos agradar, con una pollerita de flores, a mujeres que piensan y que dicen que no: mujeres que se preocupan por las injusticias. Hacia ahí viró nuestro discurso”.

Sujatovich ve esa mutación en La Colmena “en forma retrospectiva” y en su mente aparecen escenas de los primeros tiempos del ensamble: “Nosotras existimos desde el año 2012, cuando todavía el feminismo y el ‘Ni Una Menos’ no tenían una pata fuerte. El discurso de desmontar el patriarcado tampoco estaba al nivel de hoy, si bien políticamente cada una tenía sus convicciones. Pero fuimos cambiando mucho con el tiempo: fuimos creciendo y tomando conciencia, y nuestro modo de accionar, que parecía sólo musical, terminó definido por la construcción colectiva. Por eso digo que ese cambio fue en retrospectiva. Nosotras nos juntamos a cantar, nuestro disfrute era la música con muchas voces, no por una cuestión política sino por un estilo y un género, pero se fue construyendo algo muy poderoso también desde lo humano”.

Aunque en La Colmena no esquivan los avatares del trabajo grupal. “Si bien hay un horario de ensayo semanal, a veces las prioridades van a estar puestas en el trabajo o en lo que da dinero, y eso también influye en La Colmena -siente Sujatovich-. La presencia física de algunas integrantes a veces se complica e incluso nos influye el tema de las maternidades o la vida misma. Todo eso hace que un grupo horizontal, sin rédito económico, lamentablemente quede a veces descuidado frente a otras prioridades. Si ganáramos un sueldo, en La Colmena, sería muy diferente. Eso lo sabemos todas. Así que sostener un espacio así es difícil, pero igual seguimos apostando por ello”.

Algo central en el método de trabajo de La Colmena, además de su taller de herramientas para la creación vocal colectiva, reside en la dirección artística rotativa: así afianzan lo individual en lo horizontal. ¿Cómo funciona? “Bueno, en el grupo hay algunas integrantes que hemos estudiado música -cuenta Sujatovich- y que tenemos una formación no sólo desde lo vocal, sino también desde la composición o desde la armonía. Al repertorio lo elegimos entre todas, pero después se arman grupos pequeños para hacer arreglos, las versiones, y de esos grupos hay una integrante que dice ‘OK, yo me voy a encargar de montar esta canción’. Intentamos que esos roles sean rotativos, pero si rotamos lo hacemos entre cinco personas”.

Eso también tuvo que ver con el paso del tiempo: “Antes pretendíamos que todas hicieran todo, como una cuestión súper democrática y súper horizontal al nivel cien. Pero con los años nos fuimos dando cuenta de que algunas no están para eso, pero sí están para poner su energía en otra cosa. No todas estudiaron música formalmente y tienen otras profesiones. Entonces, entendimos que es lo que se le da mejor a cada una y qué es lo que cada una disfruta. Siempre La Colmena fue un espacio de aprendizaje y de formación. En su momento entendimos que el grupo era un espacio para permitirnos explorar cosas nuevas, nuevos géneros y nuevos roles”.

En 2018, La Colmena afianzó uno de los hitos de su historia: la versión que hicieron del tema regional mexicano Zapata se queda, de Lila Downs. Aún hoy es el más resonante del grupo, con 1.900.558 escuchas en Spotify. Así arrancan, en Zapata se queda, con sus voces fusionadas y con coros adicionales, en contrapeso al ritmo mexicano: «Son las 3 de la mañana, dicen que pena un santito. Bajito yo oigo que dice: ‘Caminale despacito, ay mamá, caminale despacito’. Mi sueño me dice ‘no vayas’, mis piernas me dicen tantito, y cuando ya me doy cuenta caramba, me muevo poco a poquito, ay mamá. Me muevo poco a poquito».

¿Cómo lo recuerda Sujatovich? “Esa versión de Zapata se queda se viralizó en su momento por Facebook, en 2014, 2015, o por ahí un poco después. Y tuvimos la suerte de que llegara a Lila Downs y que ella nos invitara a ser su coro en un concierto que hizo en Buenos Aires, con orquesta. Y eso, además, fue el disparador para que nos fuéramos de gira a México con La Colmena. Estuvimos tres semanas de gira en condiciones súper lindas: la pasamos muy bien, nos divertimos mucho y conocimos muchos lugares súper inspiradores. Eso fue algo muy importante en la historia de La Colmena, en 2019”.

Hay otros hitos que Sujatovich reconoce en la vida del ensamble: “Tuvimos colaboraciones y compartidas con un montón de músicos, como el chileno Nano Stern, quien nos invitó a cantar en su show en Buenos Aires porque escuchó el arreglo que hicimos de su canción Mil 500 vueltas. También cantamos con la murga Agarrate Catalina, una vez en Buenos Aires y otra en Uruguay. Eso también nos afianzó”.

Y con todo lo recorrido, Sujatovich también puede mirar hacia adelante junto a La Colmena: ¿Hacia dónde se encaminan? “Estamos queriendo volver a México, entre otras cosas, pero seguir sembrando es difícil -dice-. Además, en el grupo hay muchas maternidades, en este momento, con chicos chiquitos. Por eso los pasitos que damos son pocos y tardamos mucho tiempo en comparación a una banda normal. Así que cada vez que hacemos una gira, como ahora en Rosario, para nosotras es un montón. Paulatinamente, todo lo que hacemos en La Colmena afianza nuestra construcción grupal y horizontal”.

 

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