Dicen que volvió al tango, pero en realidad, de allí nunca se fue. Juli Laso tiene nuevo disco: Fabriquera. Pensado, producido y pulido junto a Daniel Melingo, en este trabajo ella se entrega nuevamente a su lengua madre. Tanguero, orillero, criollo. Y vuelve a lucirse como cantora e intérprete. Y a la vez, el disco opera como homenaje y celebración a Melingo, tras su fallecimiento unos meses atrás.


Naciste destinada a la milonga, al arrullo de un tango compadrón. Mientras ella canta, de fondo suena lo que tiene que sonar: bandoneón, contrabajo, guitarra. No es tal, pero bien podría serlo. Esa primera canción, esos primeros versos operan como un manifiesto, un aviso: este disco será tanguero. Porque Fabriquera, el nuevo trabajo de Julieta Laso, abre así. No dice “agua va” y ya plantó bandera: el tango, la milonga, los aires criollos y rioplatenses van a mandar.

“El disco es recontra tanguero” define ella enseguida, en algo así como un alto en el camino. Acaba de volver de viaje, tocará en Temperley en unos días, luego Salta. Y luego, de lleno a una serie de presentaciones oficiales del disco: Buenos Aires, La Plata, Mendoza, Mar del Plata, Córdoba, Rosario (el 6 de noviembre en Plataforma Lavardén), Tucumán. Podría decirse, entonces, que no es tan fácil seguirle el rastro a Laso: ocurre que suele tocar aquí y allá, recala un tiempo en Buenos Aires, otro en Salta; sale de gira por las provincias, por Chile –donde aprovecha a visitar a su amigo y colega Macha Asenjo del Bloque Depresivo. Podría decirse, entonces, que es un poco más fácil seguir el rastro de su canto, de sus interpretaciones. Siempre rondando alrededor de una música situada: tango, folclores y parte del cancionero popular de Latinoamérica. Basta nomás repasar sus discos: Tango rante (2010), Martingala (2018), La Caldera (2021), Cabeza Negra (2022) y Pata de perra (2023). Un mapa que es territorio.

Julieta Laso se presenta en Plataforma Lavardén (Rosario) el 6 de noviembre como parte de su gira de presentación de Fabriquera. Fotos: Gentileza de la artista

Y si se detiene, por ejemplo, en el último tiempo hay señales. Cabeza negra: acaso uno de los discos más importantes de tango de la última década, con dirección y producción de Yuri Venturín. Un contrabajo, una cuerda de bandoneones y una lírica interpretada que es, en realidad, un grito de guerra. Pata de perra, con producción de Macha Asenjo: un aire de cantina, una paleta de colores y tímbrica no tan usual en Juli. Y ahora, entonces, Fabriquera: la vuelta al barrio, a la comarca tanguera. Y con Daniel Melingo como productor, guía, curador de un tango particular.

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Si hay que volver a algún lugar, hacerlo adonde todo empezó y con un partenaire de fina estampa.

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Por eso: tango. “Con este disco veníamos trabajando hace dos años y medio. Y nos llevó, nos tomamos el tiempo. Había sido siempre un sueño para mí. Ya venía cumpliendo el sueño de cantar con el maestro Melingo y ahora esto, grabar estos temas tan importantes para mí con su dirección” dice.

– Vos siempre decís que entraste al tango por, entre otras cosas, Tita Merello. También que el disco Tangos Bajos te marcó mucho. Y que desde la primera vez que se encontraron y que él te empezó a invitar a sus shows, de algún modo, no se soltaron más.

– Así fue, sí. Cuando me llamó para invitarme a cantar con él fue una alegría muy grande. Mucha emoción. A partir de ahí se generó un vínculo hermoso, lo empecé a acompañar en casi todos los conciertos, viajé con él a Montevideo, con él y con los músicos. Y empezamos ahí ya a pensar en el disco. Teníamos sesiones semanales largas de pensar el disco, encuentros, charlas. Lo acompañé mucho también porque estaba trabajando a full. El disco Tangos Bajos para mí fue muy importante, cuando lo escuché en su momento me marcó mucho y vamos hacia ese lugar, a esos temas de esos discos.

El disco está casi enteramente dedicado al repertorio del propio Melingo. Canciones que formaron parte de sus discos, que son de su autoría o de María Celeste Torre, pareja del músico. O también de Carlos de la Púa, Dante Linyera, Evaristo Carriego, Federico García Lorca. Sí, todo un universo muy Melingo. La tímbrica, sobre todo tanguera: bandoneón, guitarras, contrabajo, cuerdas, unos pocos vientos y alguna que otra instrumentación. Fabriquera, por sobre todo, tiene a Juli Laso en un nuevo lugar como cantora. Su voz está contenida, bajo cierto sosiego, ya no la rabia, ya no el canto mordido. Quizás ya no tanto fraseo de guerrilla, más bien pequeños rezos como odas al tango mismo. Una dulzura rara de encontrar en los otros trabajos de Laso, acá ofrendada al propio Melingo. Su voz ocupando todo. Un instrumento más. Ella dice: “Esto fue un trabajo. Fue una decisión que en el disco tuviese mucho protagonismo la voz y y poner sí, el foco ahí y en creer en ese instrumento y en todos los lugares a los que se puede ir. Obviamente son infinitos, pero a los que puede ir uno por lo menos. Y para eso se trabajó mucho. Hay canciones que escucho y no me reconozco tanto y eso me pone muy contenta. Llevó trabajo, ¿no? El maestro hizo lo suyo y siento que de alguna manera me cambió la forma de cantar. Es difícil, porque son vicios de cantor pero ya desde que empecé a trabajar con él, en los lugares, en el vivo. Y ahora quiero seguir yendo por ese camino. De alguna manera sí me cambió la forma de cantar este disco”. Y agrega: “También me hizo grabar en distintas tonalidades, cosa que generalmente yo no hago entonces tiene como mucho cuerpo, la voz. Trabajamos mucho en los matices, en las intenciones y en el fraseo también mucha claridad hacia dónde ir”.

Julieta Laso y Daniel Melingo. Foto: Emiliano Rojas Salinas

Así, por ejemplo: la voz de Juli en Gatiyo (Melingo), un canto al oído en medio de una noche en un bosque o en el mar o en una autopista vacía o en la terraza de un edificio o en un puerto abandonado; la canción toda de Pequeño paria (Torre/Melingo) con Vicentico de invitado y esa coda lúgubre que dice «mamaste de ríos grises» y donde ambos van a coro con el corazón en la mano, también Este cuore (Centeya) con ella cantando con delicadeza versos como este: «tener un cuore así de que me vale/Se me sale del pecho, se me sale/Y si lo mandan pa’ un laburo ‘e cuarta, que bagayo ligué en la repartija».

A ver. Melingo fue un hombre de otro tiempo. Portó una elegancia de esas que están en extinción. Si hasta sus locuras las cargó con estilo. Y, por lo tanto, también portó un lenguaje de una riqueza que, no sólo no se puede medir en kilates, sino que además le era propio. Y algo de eso se trasluce acá. Por ello Fabriquera es a su modo una pequeña fiesta de una manera de decir, de pensar un determinado tipo de canción popular. En rigor, el disco son doce canciones: Fabriquera, ¿Que será de ti?, Este cuore, Pequeño paria, Gatiyo, ¡Cha digo!, El paso de la següiriya, Corazón y hueso, Agüita de Javel, Con toda la mar detrás, El futuro del amor, Pendiente. Grabadas en los estudios La Cocina de Bety de Juan Ravioli junto a los  músicos Javier Casalla en violín, Camilo Ferrero en bandoneón, Patricio Cotella en contrabajo, Agustín Della Croce en chelo, Muhammad Habbibi en trombones, el propio Melingo en guitarra, tzouras y voces; y las participaciones de Kubero Díaz y el ya citado Vicentico.

Julieta insiste con algo: el Maestro -como lo llama ella- estuvo al detalle en todo. Dos años de un trabajo puntilloso, a su tiempo. Tomas, escuchas, pruebas. Pero también todo lo demás: tiempo en común, invitaciones a cantar, compañía durante el rodaje del documental sobre Tangos bajos que está en plena producción, ocio compartido, camarines. El repertorio era, como se supone, mucho más amplio. Ella comenta: “El maestro me dijo que yo hiciera la lista de los temas que más me daban ganas de cantar, pero esa lista era mucho más larga de la que podíamos hacer, obvio, así que muchos quedaron afuera.  Hay muchos temas también de María Celeste Torres, muy importante en este disco, por sus canciones maravillosas hechas con el maestro y también su voz, que está muy presente en el disco. Estoy haciendo todo un proceso de duelo, es un poco fuerte ahora salir a cantarlo, a hacerlos así”.

– El disco no está pensado así pero, como se dieron las cosas, toma el tinte también de un homenaje, de una celebración del Maestro y de su obra.

– Si bien hubiese querido que siguiera ese vínculo tengo que agradecer a la vida haberme permitido estos años. Va a ser muy emocionante, en la presentación me van a temblar las piernas. Es muy importante para mí que van a estar sus músicos que trabajan con él hace más de veinte años. Va a ser fuerte para todos. Yo estoy súper orgullosa, estábamos los dos súper orgullosos y con muchas ganas de que saliera el disco, también muy felices del videoclip de ‘Corazón y Hueso’, que es una maravilla lo que hizo María Alché con un equipo de alto nivel, enorme, gente maravillosa. Yo estoy muy feliz de lo que conseguimos, obvio que estoy atravesando el dolor de la ausencia que en estos días de que salió el disco la volví a sentir. Estaríamos comentando todo. Tuvimos muchas conversaciones sobre la presentación así que por suerte todos lo pudimos decidir juntos. Yo estoy como en una conversación permanente.

Fabriquera, entre todas sus canciones, tiene una rareza. Una que se corre un poco del universo melingo. Se trata de Con toda la mar detrás del cantautor español Patxi Andión. “Es una canción que me cantaba mi padre -dice ella- como un recitado. Yo lo escuchaba mucho por mis papás y me encantaba. Esa canción me marcó a fuego de chica, siempre quise hacerlo. Y cuando le dije al maestro se recopó, le encantó y es el único tema digamos fuera de su obra. Tuve la suerte de conocerlo porque una vez fue a ver a la Fernández Fierro y cuando lo vi me volví loca. Me tiró la mejor onda, fue hermoso”.

 

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Vale señalar una cosa. El recorrido de Laso como cantora, su primer disco como tal, fue ya a sus casi treinta. Vale decir, no hay un pavoneo previo. Quizás esa edad sea un justo momento para meterse con ese asunto del tango. Quién sabe. A ella, como se ve, le calzó perfecto. Desde aquel Tango rante a este Fabriquera, con una temporada en la Fernández Fierro entre medio. Comenta: “No me hubiese imaginado yo que iba a cantar tango, no lo tenía previsto. No lo venía pensando: fue algo que apareció y que le di una chance porque yo estaba medio ahí.  Fue algo medio mágico, las cosas iban pasando pero no es que yo lo tenía previsto. Después sí, me puse a trabajar, le puse toda la fuerza. Todo se fue dando de una forma muy orgánica”.

– Menos mal que, como vos decís, le diste esa chance. Porque mira todo lo que vino después: tus discos solistas, La Fierro, colaboraciones, este trabajo con Melingo.

– Me cambió la vida, me llevó a conocer el mundo, la comunidad. Me salvó la vida el tango.

– ¿Sin exagerar?

– Sin exagerar.

 

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