Charo Bogarín editó su cuarto disco solista, Areté, que significa «tiempo verdadero» en lengua guaraní. El material recorre canciones en diversas lenguas originarias combinadas con sonoridades electrónicas, en pos de seguir difundiendo y “revitalizando” nuestra cultura ancestral.


En su cuarto disco, Areté/Tiempo Verdadero (2025), La Charo vuelve a sus raíces musicales: esa fusión entre los cantos indígenas y la música electrónica más noventosa. Con ritmos tecno-pop tribales y la emotividad de los cantos en lenguas originarias, el disco es una invitación al “resurgimiento de la alegría” y “un llamado al despertar interior”. De hecho, «Areté», un concepto de origen guaraní que significa «tiempo verdadero», es un portal artístico para conectar con lo sagrado, sanar, renovar y reconocer la herencia ancestral. “Era un concepto que tenía masticado desde hace mucho, que es totalmente en lenguas originales, pero lo que necesitaba cerrar era qué otras canciones incluir para que me significara un mapeo sintético de lo que son las lenguas originarias de territorio argentino con las culturas que tienen revitalizado su canto”, explica. “Porque tenemos muchas lenguas indígenas que inclusive están vigentes en nuestro país, pero no todas las culturas tienen su canto revitalizado”.

Con producción artística de Juan Sardi y Juan Blas Caballero, el disco fue publicado en noviembre de 2025 y tiene nueve cantos en lengua qom, guaraní, aché guayaki, tupí guaraní, mapuche, tehuelche y un canto de cuna en selk’nam. La cantautora, escritora e investigadora mapuche-tehuelche Carina Carriqueo colabora en la pieza que cierra el disco y que fue compuesta por ella: Canción de cuna selk’nam. “La lengua selk’nam está casi en extinción. El último trabajo musical que conocemos es el de la antropóloga franco-estadounidense Anne Chapman, que en 1964 toma el registro de la chamana selk’nam Lola Kiepja”, explica Bogarían. “No hay otro trabajo musical hecho en cuanto a revitalizar la lengua selk’nam desde la música. Como siempre mi mirada es muy antropológica, trato de aportar al acervo musical y realzar el patrimonio musical a través de estos ritmos tecno-pop y modernos”, dice la cantora, actriz e investigadora.

“Es un homenaje también a la electrónica de los noventa que tenía ese sonido un poco más duro, pero siempre con esta mirada amiga de investigadora y difusora de los cantos en lengua indígena –continúa-. Y aportando el concepto que es lo que da nombre al álbum, Areté. Como mujer guaraní, bajo ese concepto intento agrupar a todas las otras culturas y lenguas, dentro de este tiempo verdadero que es un lugar de encuentro, de reunión, de tomar conciencia del lugar del otro, de solidaridad, de conectarse con el ser humano y con la naturaleza también. Ese «Areté», que viene de la festividad Areté Guasú de los guaraníes fue el concepto que me convenció”, dice antes de emprender una gira patagónica que se extenderá entre el 30 de enero y el 8 de febrero. La Charo, además, se presentará junto a la cantautora Sofía Viola el 23 de enero a las 21 en Casa del Maestro De Vicenzo (Av. Agote y calle 363, Ranelagh).

«Tenemos muchas lenguas indígenas que inclusive están vigentes en nuestro país, pero no todas las culturas tienen su canto revitalizado”. Fotos: Alejandra López

 

– ¿Y por qué quisiste resaltar en este disco esa idea de «tiempo verdadero»?

– Primero porque el Areté Guasú representa como la semana santa para los cristianos: es un día muy espiritual de celebración para los guaraníes. Un día de encuentro para focalizar en la parte espiritual del ser humano. Entonces, es como hacer una pequeña escisión dentro del tiempo y el espacio en el que estás, ponerte tus vestimentas, tus máscaras, tus cantos, tus dioses, tu cultura; es un tiempo en el que la identidad cultural está en frente de esa celebración, porque traen sus costumbres, sus santos, sus demonios, sus creencias, sus dioses. Este álbum significa ese tiempo de espiritualidad, ese tiempo de magia, de reencontrarse, de resurrección también. Ese renacer que necesitamos todos en estos tiempos tan aciagos que estamos viviendo. Y para darnos cuenta qué es lo verdaderamente importante dentro de todo ese camino que estamos andando.

La otra invitada especial en el disco es la cantora qom formoseña Ema Cuañeri en dos cantos en lengua qom: Eikanoi y Ialole/Hijita mía. “Estamos como co-escritoras y compartiendo esas dos canciones que son un canto para curar y un canto de iniciación de las mujeres a su nueva etapa”, precisa Bogarín. “Lo que canta Ema son los cantos ancestrales que su padre le transmitió. Se transmiten de generación en generación, de clan a clan. Y lo que canto yo es la letra que aporto a estas dos canciones”, precisa. “Después está la canción Areté, que también tiene letra en aché guayaki y guaraní. Fue compuesta en un trabajo con las infancias que hice en Paraguay en una comunidad aché guayaki con una lideresa del lugar. Canto tehuelche, en tanto, es un canto tradicional de la comunidad tehuelche. Después, el Canto del zorro, Canto del pewen y Primavera verde son cantos en lengua mapuzungun, son tradicionales de la cultura mapuche”, completa.

– ¿Por qué pensaste precisamente en Ema Cuñeri y Carina Carriqueo?

– Porque son dos mujeres protagonistas con las cuales me siento muy identificada. Sentimos admiración mutua, nos seguimos en los trabajos que hacemos y tienen una visión muy parecida a la mía. Y porque aparte de abrevar en los cantos tradicionales también como artistas y mujeres indígenas tenemos que aportar nuevas canciones al patrimonio musical de cada cultura y debemos dar a conocer estos cantos. Entonces, son mujeres sabias, muy estudiosas y a su vez muy brindadas; van haciendo camino, difundiendo, dando a conocer su cultura desde un lugar muy amoroso y legítimo.

 

Cantos de sanación y transformación

El disco surgió con una idea ambiciosa pero posible: hacer un mapeo musical sintético de la música en lenguas originarias de territorio argentino. Desde sus inicios con Tonolec, hace veinte años, Charo Bogarín viene trabajando con cantos indígenas del país y la región sudamericana. En esos primeros años, junto a su coequiper, el productor musical chaqueño Diego Pérez, Bogarín investigó, recopiló y abordó cantos y músicas provenientes de la comunidad qom. Con el dúo –hoy en pausa- incluso hicieron una versión en idioma qom de Cinco siglos igual, de León Gieco. “Mi ascendencia es guaraní, soy tataranieta de un cacique Guairare, que era una zona del Guairá, en el centro de lo que hoy es territorio paraguayo”, precisa Bogarín, que nació en Formosa pero creció en Resistencia, Chaco. “Mi primer acercamiento con el canto indígena fue con lo qom, que significa «nosotros». Fue el primer acercamiento a la música indígena que tuvimos con Tonolec justamente porque en el lugar donde crecimos y nació Diego el coro qom Chelaalapí está vigente desde 1962”, detalla.

«Son canciones alegres para que conectes con lo más luminoso de tu ser más allá de las oscuridades que nos tocan atravesar”. Fotos: Alejandra López

“Entonces, teníamos la fuente perfecta para abrevar en el lugar en donde nacimos y crecimos. Por eso, los primeros trabajos se inician con esta investigación mía sobre los cantos de estas músicas y todo el trabajo de producción y sonoridad que hace Diego con la música electrónica”, se explaya. “Recién en 2008 empezamos a investigar en territorio misionero e intercambiando música con los coros de niños guaraníes de siete comunidades de Misiones. Luego hicimos trabajos con los guaraníes de Brasil y personalmente hice trabajos con las comunidades aché guayakí y maká de Paraguay. El primer álbum de La Charo, en 2017, abre con un canto de Luzmila Carpio en lengua quechua. Tengo facilidad de aprendizaje y composición en lenguas ancestrales. No me cuesta para nada pronunciarlos, memorizarlos y hacerme carne. El ADN nativo guaraní indígena sirve para conectarme con todos los otros idiomas ancestrales. En el disco nuevo hay canto tehuelche, mapuche y selk’nam”.

La génesis del disco data de antes incluso de la pandemia, a fines de 2019. Charo empezó a macerar la idea de este trabajo cantado íntegramente en lenguas originarias antes de la publicación de su tercer disco, Formoseña (2022). Las canciones están construidas con letras que hablan de la naturaleza, de animales totémicos, de la sanación y el renacer. Lo empezó a trabajar con su productor habitual Juan Sardi y en la última etapa del proceso se sumó la mirada de Juan Blas Caballero, con quien ya había trabajado en el disco Legado (2019), el homenaje a Mercedes Sosa. “Primero grababa a capela las voces del canto y Juan Sardi ponía toda la musicalidad, la armonía y los instrumentos a partir de la melodía de la voz”, cuenta sobre los inicios del proyecto. “Pero fue necesaria la aparición de Juan Blas Caballero para darle esta visión más mainstream al disco. Me gustaba este sonido duro que le puso, con líneas de bajo más tecno, con sintetizadores más clásicos como los que tenían Depeche Mode o la banda francesa Air”, resalta.

En líneas generales, Areté es un trabajo musical que transmite una sensación de festividad, armonía y alegría, no algo sombrío o melancólico. Son cantos vinculados con la sanación, la gratitud, la esperanza, la transformación y los ciclos de la vida. Es, en definitiva, un disco luminoso. “Creo que refleja también lo que es mi personalidad y mi espíritu. Lo que es la personalidad de la cultura guaraní, que está signada por cantos infantiles”, grafica Bogarín. “Todos los niños y niñas de las comunidades guaraníes de Paraguay, Brasil y Argentina saben cantar, bailar y celebrar. Entonces, ese canto, que es sanador, es muy propio de las infancias. Y conectarte con tu niñez hace que puedas rescatar esos momentos en donde te caías pero al rato ya estabas celebrando y jugando de nuevo, sin esa oscuridad que vamos adquiriendo a medida que vamos transitando nuestra vida, nuestros caminos; las tragedias que tenemos que vivir, las penas que tenemos que sobrellevar”, explica.

Y completa la artista e intérprete: “Areté es un tiempo espiritual, un tiempo de sanación y conexión con lo verdadero. Es importante recuperar esa capacidad de sobreponernos, de ser resilientes, que es algo que tenemos de manera innata cuando somos pequeños y jóvenes, pero luego la vamos perdiendo. Son canciones alegres para que conectes con lo más luminoso de tu ser más allá de las oscuridades que nos tocan atravesar”.

– ¿Te interesa especialmente reivindicar la diversidad cultural del país?

– Mi trinchera son las canciones, las letras, es la música que difundo y canto. Es mi mirada sobre cómo tiene que ser la música que uno difunde; que tiene que tener un color propio, con identidad, con voces que somos descolonizadas, manteniendo ese color local del lugar que nos dio vida y nos nutrió. Entonces, para mí es muy importante ese lugar artístico en donde una se planta, por eso también Mercedes Sosa siempre aparece como un faro nuestro. Una mujer que más allá de lo musical tenía una ética para abordar y elegir las composiciones que cantaba y difundía. Y era una plantada de bandera política también. Hay que entender que el canto es político y que lo que hacemos a través de nuestra disciplina artística es defender una visión de mundo, una visión del territorio que tenemos. Entonces, este álbum es como una clara plantada de bandera, sobre todo porque que tiene este conjunto de canciones en lenguas originarias e indígenas en un momento en el que la cultura está muy cascoteada. Los artistas tenemos que salir a defender lo propio, lo identitario, lo importante que es seguir aportando a la cultura a través de nuestro arte. También hay buenos indicios por parte de los jóvenes que hacen música urbana, como Milo J, que está abrevando en las fuentes, en las raíces y rescatando los saberes de los más antiguos. Me da mucha esperanza estas nuevas expresiones culturales que tenemos y esta idea de agruparse en clanes pequeños para construir nuevamente. Trueno y Wos son otros de los bastiones nuevos que tenemos, porque que defienden nuestra cultura y siempre están buscando qué decir desde el territorio y el barrio en el que nacieron.

– ¿En este momento de tu trayectoria encontrás un circuito o escena afín en donde moverte con tu proyecto?

– Sí. Es un poco adrede este disco. Porque me parece que con el canto indígena, que es un poco lo identitario que están buscando los chicos de esta generación vinculada con la música urbana, se puede abrir una nueva puerta. Es un lugar que no está siendo ocupado y puede ser tomado como referencia. Ese lugar lo tenía Tonolec, pero no está hoy en la escena. Entonces, ¿cómo volvemos a presentar una propuesta que sea vistosa, identitaria y moderna? Este es el disco que quería escuchar pero no lo estaba escuchando hace tiempo. Presentía esta necesidad que hay de las nuevas generaciones de asirse y encontrar una raigambre que los estimule para invitarte a los escenarios para mezclar su música con la tuya, para hacer su versión de lo moderno con lo ancestral. Una con el camino recorrido ya viene ocupando otros lugares. Y puede brindar la trayectoria y lo aprendido. Entonces, creo que Areté también puede abrir nuevos espacios. De hecho, el primer espacio fue la invitación a participar a fines de noviembre en la jam Cindy Cats en el microestadio de Ferro. Más allá del circuito habitual o tradicional, está bueno que nuestra música esté presente en nuevos espacios o incluso disponible en formato vinilo para que los DJ’s lo puedan pinchar en una disco y suene la música en lugares más descontracturados, con otro tipo de público.

– ¿La idea de editarlo en vinilo también tiene que ver con resaltar la gráfica, la portada y las letras? ¿Recuperar también lo físico, lo tangible?

– Estamos tan alienados por lo digital que ya hemos perdido el contacto con lo físico, hasta en las relaciones mismas. No nos vemos, nos conectamos. Entonces, también es una plantada de bandera de volver a un formato físico, real, vintage, analógico. Es un concepto enorme al cual yo ofrezco resistencia a través de este formato físico. La gente, por ejemplo, ya no compra cedés. Entonces, ¿qué formato le ofrecés para que lean las letras, para que puedan acceder de nuevo a información a la que de otra manera no tendrían acceso? El músico independiente también está siendo arrasado por esta ola de ya no más formato físico. Subimos todo a la nube, a lo digital, a las plataformas, porque también es más barato. Entonces, la cuestión económica nos va premiando también y nos va arrastrando hacia lugares que no están tan buenos. Hay que tener la lucidez también para ver todo eso.

– ¿Qué aprendizaje te dejan estos cuatro años en la vicepresidencia del Instituto Nacional de la Música (Inamu)?

– Mi aporte ha sido la creación de la Fonoteca Nacional de Arte Sonoro Indígena. Es un acervo digital de cientos de canciones de diez culturas: ranquel, mapuche, tehuelche, mbya guaraní, qom, wichi, selk’nam, huarpe, charrúa, chaná, kolla. Hay una sección especial de videos de relevamiento de canto con caja, siguiendo el camino de Leda Valladares. Hicimos primero en Catamarca un registro con cincuenta copleras y copleros. Y vamos a subir ahora otro que hicimos en Salta con setenta copleras y copleros. Hay coplas, bagualas, vidalas y chayas. Es un acervo ordenado para que docentes, etnomusicólogos, estudiantes y músicos puedan abrevar y saber sobre el canto indígena que hay en el territorio argentino. Pero también es una obra abierta. El año pasado fuimos a relevar el canto de cuatro abuelas mapuches en Chubut y también el canto pilagá en Formosa.

– ¿Tonolec está en una especie de paréntesis o es algo indefinido?

– ¡Indefinidísimo! Somos re hermanos con Diego, nos hablamos todos los años, nos seguimos el rastro, nos amamos. Pero cada uno está en su etapa de expansión del universo, conociendo gente, viajando por el mundo. Creo que tiene que ser algo muy orgánico como fue cuando fundamos Tonolec y como fue durante quince años que estuvimos juntos. Ninguno de los dos siente algún tipo de presión (por la vuelta del dúo) y sabemos que cuando tenga que ocurrir va a ocurrir. En 2025 cumplimos veinte años con Tonolec, tuvimos la intención de juntarnos con Diego y componer de nuevo, pero la verdad es que los dos estábamos muy abocados a nuestros proyectos solistas y nos dimos cuenta que íbamos a tener que dejarlo para más adelante. Por lo pronto, hemos dejado una maravillosa obra que las nuevas generaciones pueden seguir tomando como referencia.

 

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