El pianista y compositor Santiago Torricelli editó Para lo invisible, un disco a trío junto a la cellista Titi Chiappero y la cantante Flor Bobadilla Oliva. Canciones de su repertorio que conforman un viaje sonoro sutil en donde la poesía es protagonista.


Con una alta carga poética este trabajo creado por el pianista y compositor Santiago Torricelli propone imágenes musicales intensas. Es una perfecta fusión entre la voz de Flor Bobadilla Oliva, el cello de Titi Chiappero y el piano del propio Torricelli, quién estuvo también a cargo de los arreglos y las composiciones. Constituye una obra integral donde poesía, música, pausas y arrebatos, componen la intención de un viaje profundo que busca conectar lo invisible con lo visible, el mundo del sueño y el de la vigilia.

Conceptos del cotidiano que giran en una atmósfera difusa entre sonidos y armonías de la música de cámara. Hay una trama que nos envuelve de misterio y nos arroja a la fantasía. Los efectos sonoros de naturaleza, los contrapuntos vibrantes y los silencios hondos, generan un clima que remite a otro tiempo, casi como en un film surrealista, fascinante. No se ve pero se imagina.

Titi Chiappero, Flor Bobadilla Oliva y Santiago Torricelli. Fotos: Javier Pérez Bassi

En 2024 Para lo invisible se estrenó en versión escénica, como “poema sonoro y visual” dice el compositor y con coreografía de Carla Rímola y Laura Figueiras, quienes fueron intérpretes de la obra. La misma se llevó a cabo en varias funciones a sala llena en El portón de Sánchez. Esta fusión de poemas y música interpretada por el río se podrá disfrutar en vivo el 31 de octubre a las 20hs en el Auditorio Astor Piazzolla del Centro Cultural Borges, con entrada libre y gratuita.

 

Un trío resonante y diverso

Flor Bobadilla Oliva es música y actriz misionera. Dialoga y se nutre a través de encuentros artísticos de músicas populares del mundo. Construye su trabajo desde la investigación de variantes del lenguaje. Recopila música y profundiza la historia desde los folklores. Fue becada por diversas instituciones para formarse, formar y crear. Grabó 8 álbumes musicales con proyectos propios, donde aporta parte de sus posibilidades tímbricas. Se desempeña interpretando música, teatro y audiovisual. También como jurado en teatro, cine y música. Colabora en redacciones y en composición de música para audiovisual. Recibió el premio Mercedes Sosa 2023 a Mejor Álbum de Folklore Alternativo, con su disco Solita Mi Alma. Con el Dúo Bote que integra junto a Abel Tesoriere en guitarra, ganó el premio Gardel 2024 a Mejor Álbum de Chamamé por su disco Aromas del tiempo.

Por su parte, Titi Chiappero es violonchelista egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Fue discípula del maestro Stanimir Todorov. Profesora de violonchelo en el Conservatorio “Astor Piazzolla” en el nivel superior. Ganadora de la beca del Mozarteum (2013) y del Fondo Nacional de las Artes (2016). En 2019 se radicó en Italia y obtuvo su Licenciatura en Violoncello y Máster en Música de Cámara en el Conservatorio Claudio Monteverdi de Bolzano. Ha actuado con las orquestas Filarmónica del Teatro Colón y Orquesta Sinfónica de Santa Fe y con diferentes formaciones camarísticas en Argentina y en Europa.

Santiago Torricelli es egresado y también docente de Piano y Música de Cámara en la UNA, donde es docente de las materias Piano y Música de cámara. Creador del Santiago Torricelli Ensamble con quienes editó el álbum Cercanía (2018) con obras originales y cofundador de la Agrupación Vuela Chiringa donde trabaja desde el 2016, con dos álbumes editados: Tonadí (2019) y Coplas para el Azar (2023). Recibió la beca de la Academie Nazionale de Villecroze para perfeccionarse en el repertorio camarístico para canto y piano (Francia, 2009). Realizó gran cantidad de presentaciones en Argentina, España e Inglaterra y Sigue trabajando en música para teatro y danza con grandes directores como: Juan Onofri Barbato, Juan Pablo Gómez, Carla Rímola, Laura Figueiras, Soledad Gutiérrez, Celia Argüello Rena, Roxana Grinstein. Con él conversamos sobre este nuevo material.

– ¿Cómo se formó este trío? ¿Cómo es trabajar junto a artistas grosas como Flor Bobadilla y Titi Chiappero, que vienen con talento y universos propios?

– Ellas son artistas que todo lo embellecen, todo lo recrean y todo lo hacen propio. Con Flor nos conocimos en 2018 y al poco tiempo hicimos un vídeo de El viento nos llevará. Ella tiene un modo de decir que es verdaderamente personal y yo creo que los intérpretes, aunque no sean compositores, pueden ejercer mucha influencia sobre los compositores. Y es lo que siento con Flor, escribir para ella me ha trazado un camino melódico hacia un color sonoro u otro. Ese universo que vos decís, ha sido una herramienta expresiva que me brindó mucho.

Posiblemente Titi Chiappero sea la artista con quien más he compartido el escenario en los últimos años. Tocamos juntos en varias obras escénicas, en proyectos míos o de otrxs artistas. Además es la actual violonchelista de Vuela Chiringa. Hasta hemos tocado varios recitales a dúo. Es rigurosa y sensible en partes iguales, y tiene una conexión con el sonido que me enamoró desde el primer momento. Amo compartir esta música con ella.

– ¿Cómo llegaron a esta propuesta de que el material cuente con una puesta escénica con danza?

– En principio habíamos pensado que hubiese una sola intervención de una bailarina y una pequeña puesta, para ello convocamos a las coreógrafas Carla Rímola y Laura Figueiras. Empezamos a trabajar y la danza ganó terreno y eso reformuló todo porque el espacio donde estrenaríamos debía tener un piso apto para la danza y buenos recursos de iluminación.  Rápidamente nos adaptamos y no reprimimos lo que naturalmente se fue dando en pos de sostener la idea original. Por eso decidimos presentarlo como «poema sonoro y visual» y fue estrenada como una obra escénica. Carla y Laura interpretaron la obra como bailarinas junto a Carmela Rodríguez, que es una bailarina en formación, una niña de 10 años para ser más claro, y su incorporación nació de la interpretación que hicieron las coreógrafas del contenido de los poemas. Fue mágico trabajar con Carmela, terminó siendo la cara de la obra y además realizamos una producción de fotografías artísticas con Carmela como protagonista de donde surgió la portada del disco. Las fotografías las tomó Javier Pérez Bassi y fueron escenificadas con los elementos que surgen del imaginario de la obra.

Portada de Para lo invisible

– Para abordar estas propuestas tan complejas ¿hay que ser pianista de música académica?

– No necesariamente, para abordar ésta o cualquier propuesta lo que se necesita es tener los medios técnicos que lo permitan. Pienso que no importa el cómo se hayan adquirido esos medios o cual haya sido el camino formativo. Mi historia con la música está atravesada por esa formación y es natural que haya una influencia, pero no creo que eso determine la complejidad o la simpleza. Lo que quizás sí determina son ciertos códigos compositivos.

– ¿Eligieron Shagrada Medra como sello, o el sello los eligió a ustedes?

– Ese es un acuerdo mutuo.  Si la propuesta estética del disco dialoga con la línea curatorial que Shagrada propone es fácil avanzar. Y así fue felizmente, porque hacen un trabajo muy valioso.  Tuvimos una charla muy amena con el Negro (Carlos Aguirre) donde me contó cómo funciona el sello y hablamos del disco y los motivos por el cual cumplía con las características de lo que ellos habitualmente incorporan al sello. Estamos muy contentos de ser parte de esa familia musical.

– El disco está poblado de poesía donde predomina lo natural: noches, tierra, otoño, invierno, luna, ritual, campanario, amuleto, ¿hay un guiño ahí más hacia el lado de lo popular?

– Es que yo no pienso la composición ni la poesía situándome en un lugar determinado respecto a lo que es popular, o lo que no lo es. Trato de ser fiel a mí mismo, y a lo que quiero transmitir. Yo encuentro en todas esas cosas que mencionás un símbolo, que quizás me permite desarrollar un mensaje que escape de la literalidad. Me resulta más orgánico utilizar un lenguaje asociado a la naturaleza que, por ejemplo el lenguaje urbano, pero no creo que eso alcance para establecer una etiqueta. Creo que lo importante no está en el lenguaje o las palabras que se usen, si no en lo que transportes con ellas.

– Como compositor que desarrolla su obra en diferentes terrenos: académico, popular, teatral, ¿dónde sentís mayor inspiración?

– Siento que este proyecto condensa como ningún otro muchos de mis intereses artísticos. Hay un poquito de cada una de mis búsquedas que confluyen en este material. Hace 20 años no hubiese sospechado que mi camino musical me iba a llevar a la composición de canciones, en ese momento toda mi energía artística estaba puesta en desarrollarme como pianista de música académica. Luego en algún momento sentí el impulso de hacer algo con lo creativo y fui abriendo ventanas y posibilidades sin ninguna estrategia. No he abandonado ninguna de las facetas en las que me he ido aventurando, a veces estoy un poco más aquí o allá pero todo sigue en pie, este año luego de la presentación del disco tengo programado un recital en el Salón Dorado del Teatro Colón junto a la soprano Victoria Ratto, es otro universo. Elijo abrazar todo lo que me haga feliz en el escenario.

– ¿En dónde reside la importancia de estos cruces musicales, efectos sonoros, poesía, que ya venís experimentando desde Vuela Chiringa? Se vislumbra una línea en estas fusiones y pienso en tu labor docente, en los alumnos de la UNA, ¿hay un mensaje ahí para ellos? 

– Los efectos sonoros ilustran ideas que están en las canciones pero no tienen un rol meramente decorativo. Arman sentido y cumplen una función estructural, especialmente si escucha en la totalidad sin detenciones. Toda mi labor docente está relacionada con la música académica. Y puntualmente a la interpretación. En la UNA tengo una cátedra de piano, que es la materia troncal de la carrera que estudian mis alumnos, con lo cual si bien mis proyectos no imparten mensajes de manera deliberada, soy consciente de que es muy probable que la actividad profesional que los profes realizamos tienen algún impacto en los alumnos, aunque estemos fuera del ámbito universitario. Mas allá del perfil de egresado que pueda tener la UNA, pienso que es un ámbito flexible, y si el mensaje es «nunca sabemos hacia donde nos va a llevar el camino de la música», bueno, me puedo hacer cargo de eso.

– Para lo invisible ¿hay que cerrar los ojos?

– Sí, creo que es una buena idea. Pero de ningún modo hay que dejar de mirar.

 

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