León Gieco y Alin Demirdjian: canciones compartidas para recordar el genocidio armenio
La cantautora argentino-armenia cuenta cómo su proyecto Una provincia, una canción, inspirado en De Ushuaia a La Quiaca, motivó a León Gieco a que grabaran juntos y a ser parte del concierto conmemorativo del genocidio armenio. Además, cómo es el nuevo disco de Alin.
“Hola, Alin. Acá León Gieco. Me gustó mucho Una provincia, una canción. Hagamos algo para el 24 de abril, el día de la memoria del genocidio armenio”, le dijo León a la cantautora argentino-armenia Alin Demirdjian, de 35 años. Corría octubre de 2024, ella vivía en Armenia y León Gieco le mandó unas palabras por WhatsApp por su proyecto musical y audiovisual Una provincia, una canción: Alin, a la manera de De Ushuaia a La Quiaca, cantó y grabó en 2019 con artistas en diecinueve regiones de Armenia y Artsaj. Y la invitación de León Gieco se tornó en acciones: este año grabó con Alin Demirdjian dos canciones que simbolizan la migración y el exilio y el 28 de abril ambos, más Lito Vitale, se presentaron con la comunidad armenia en el Teatro Avenida de Buenos Aires.
Alin Demirdjian, de Vicente López, llevaba viviendo cinco años en Armenia cuando recibió el mensaje de León Gieco por Una provincia, una canción, que ella impulsó en las repúblicas de Armenia y Artsaj para promover sus culturas dentro y más allá de sus fronteras. León Gieco comenzó a intercambiar mensajes con Alin («¿qué se te ocurre que grabemos para recordar el genocidio armenio a manos de los turcos?») y ella le respondió: «¿Por qué no unimos en castellano y armenio la canción Las golondrinas, de Falú y Dávalos, y el tema tradicional armenio Tsitsernak (golondrina), de Barsergh Kanachyan y Gorg Dodorkyan? Son ideales para representar la diáspora».
León Gieco aceptó la idea y propuso que a la grabación la produjera Lito Vitale, también en teclados; además se sumaron Facundo Guevara en percusión, Mariano Delgado en guitarra, Javier Malosetti en bajo, Nuria Martínez y Gimena Lucero en sikus, más el vientista Norayr Kartashyan y la kanunista Mar Margaryan, desde Armenia. Las golondrinas/Golondrina -con su video respectivo- en el que cantan Alin y León en ambos idiomas, se lanzó en plataformas digitales el 24 de abril, en el 110º aniversario del genocidio.
Y el lunes 28 de abril fue el gran concierto organizado por las Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA) en el porteño Teatro Avenida (Avenida de Mayo 1222): con León, Alin y Lito Vitale, junto a la Orquesta de Aeropuertos Argentinos, dirigida por Néstor Tedesco, y el Coro de las 110 Voces, bajo la dirección de Santiago Chotsourian. ¿Cómo lo vive ella? “Fue increíble conocer a León Gieco y grabar y cantar estas dos canciones juntas. León es una persona muy generosa y fue una sorpresa encontrarlo. Un regalo hermoso de la vida”.
Y así se unieron las puntas de un mismo lazo: “En 2019 yo realicé el proyecto Una provincia, una canción en once regiones culturales de Armenia y en ocho del estado de Artsaj, que por la guerra de 2020 hoy está ocupado por Azerbaiyán. Una provincia, una canción y la participación de León Gieco en Las golondrinas/Golondrina sirven para recordar lo mismo: las amenazas que sufrimos los armenios desde siempre”.
Profundiza Alin: “Cuando me preguntaban en 2019 qué significaba Una provincia, una canción yo respondía que era una especie de De Ushuaia a La Quiaca, pero en Armenia. A León le gustó la conexión y creo que por eso también se sensibilizó para grabar Las golondrinas/Golondrina en castellano y armenio, y para ser parte del concierto del 28 de abril. Está todo relacionado”. Fue increíble “la actitud de León, que hizo De Ushuaia a La Quiaca con Gustavo Santaolalla en 1985. Me emocionó que se interesara por lo que sufrieron los armenios. El mensaje de las golondrinas va perfecto con la fecha que quisimos conmemorar: el exilio y el deseo armenio de volver a la madre patria”, dice Alin.

León Gieco, Lito Vitale y Alin Demirdjian. Fotos: gentileza de la artista
El video de las canciones muestra lugares de Argentina y de Armenia. “El concepto es esta mixtura cultural; esta unión entre ambos países. Es muy importante para mí, y para la colectividad armenia, que León Gieco se haya sumado a nuestra causa: es una de mis banderas de toda mi vida”, prosigue Alin, que a la par posee una amplia trayectoria como cantautora de temas de folk-rock-pop con múltiples influencias. En 2014 editó su primer disco, Buscando el ámbar; en 2017 lanzó De leones y deshielos y el 6 de diciembre de 2024 llegó a las plataformas su álbum Las pequeñas grandes cosas: la reconfirmación de su calidad como cantante y creadora de canciones que surcan diversos estados de ánimo y logran conmocionar.
–¿Qué aprendiste de León Gieco en el proceso de grabación de Las golondrinas/Golondrina?
–Él siempre fue un referente para mí desde muy chica, y vi que León Gieco está muy activo y es muy trabajador. Todo el tiempo llevó el proyecto a buen puerto y estuvo muy presente como productor. Él siempre tira para adelante. La sensación que me dio es que nunca le tuve que estar atrás, como una artista nueva, a una figura consagrada de la música argentina. Y yo siento que él es así con todo: es lo que transmite en cada cosa que hace. Por eso es León Gieco.
–¿Qué otras implicancias tiene que hayan grabado juntos Las golondrinas/Golondrina?
–A la causa armenia, y al mensaje de las canciones, yo los relaciono también con la guerra de 2020, cuando Artsaj fue invadida y anexada a Azerbaiyán. A mí me tocó estar en Armenia cuando estalló la guerra y el mensaje de las golondrinas, de mi parte, es también en honor a todos los chicos caídos en 2020 y a todas las personas exiliadas y refugiadas, para que en algún momento puedan volver a Artsaj. Que puedan exigir su derecho a retornar a su tierra de origen. Armenia y Artsaj comparten los mismos dolores históricos.
Las pequeñas grandes cosas
Cada año, Alin Demirdjian vuelve a la Argentina para reencontrarse con su familia y planear nuevos caminos con la música. Y cuando retorna a Armenia reside en su capital cultural Gyumri, a 121 kilómetros de Ereván, la capital del país. En Gyumri, además de cantar promueve el proyecto turístico Let’go, let’s play, con juegos para que los visitantes reconozcan los lugares clave de la ciudad. También aprendió peluquería en un local tradicional armenio: es una viajera constante con sus canciones y con sus discos. Y así llegó al último: Las pequeñas grandes cosas.
Las ocho canciones del álbum, cuenta Alin, “tienen una línea unificadora. Fueron todas escritas en el mismo momento y me están trayendo muchas satisfacciones. Siento que sus mensajes llegaron a la gente de la manera que yo quería”. Y da un ejemplo: el tema Las pequeñas grandes cosas, que cierra el disco, “es una banda sonora de los momentos alegres de la vida de la gente, que va imaginando sus propios versos: su propia lista de las cosas que la hacen feliz”.
La letra de la fina balada Las pequeñas grandes cosas dice: “La sonrisa de una niña; la primera luz del día; las canciones de Los Beatles; que haya helado en el freezer; ir de noche en bicicleta; en mi almohada mi cabeza; la guitarra siempre a mano; arroz con leche el primer bocado. Las pequeñas grandes cosas que me hacen feliz”. Y así va enumerando otras cosas personales que a la vez pueden llegarles a los demás: “Un café con medialunas, y tu mano en mi cintura; cantar a gritos como loca; darte besos en la boca; escuchar la lluvia al dormir, acurrucada en la noche sin fin; ver las gotas en el vidrio, deslizándose de a poquito. Las pequeñas grandes cosas que me hacen feliz”.
El disco -producido junto al mexicano Héctor «Tory» Cardoso- arranca bien folk con Fósiles, otra de esas canciones de Alin cuya letra y melodía logran una unión perfecta: “Algún día tendré coraje y saldré a mi jardín. Tomaré una pala y cavaré. Enterraré los fósiles de esta historia. Los regaré a tu memoria hasta florecer”. Y sigue: “Algún día me iré de viaje con un bolso y un atril. Tres pinceles y acuarelas llevaré. Y pintaré todo ese amor que no pudimos darnos. Lo enmarcaré, se lo daré a un extraño y no regresaré”.
Alin Demirdjian tiene un don natural para las melodías, que acrecienta con una constante búsqueda del sonido que mejor pueda acompañar sus inspiraciones. La canción Dueña de mi poder atesora suaves guiños al Spinetta de Artaud. Miro pasar las nubes tiene una intro de guitarra que hace recordar a The Strokes. La reposada No me apartes de tu luz logra el tono justo con la guitarra slide que la acompaña. Y las dos baladas que siguen, unidas por las cuerdas, construyen un momento puntual dentro de Las pequeñas grandes cosas: Aunque duela fuerte y Togh lini aydpes, la canción armenia del disco (algo que también incluyó en los dos anteriores). Y ambas melodías se elevan en su nítido espesor.
Tras la intro de piano, Aunque duela fuerte dice: “No me quise ir, yo nunca te quise dejar. No me quise ir, yo nunca te pude olvidar. Aunque duela fuerte, voy de frente. Desespero al no tenerte. Abrázame. Entrégame calor una vez más. Quiéreme y sabrás que esto es real. Quiéreme y no habrá final jamás”. Tras la canción armenia, Alin se permite, de vuelta al folk, una reflexión mística y cotidiana en Dios, en una línea sonora que la conecta con la tradición de las solistas del rock argentino.
“Siento que el disco Las pequeñas grandes cosas tiene algo distinto de mí a nivel compositivo -dice Alin-. Busqué crecer en la creación de canciones. No quedarme siempre en mi zona de confort como autora y compositora, sino empezar a abrir otras formas de decir”. En lo temático, el álbum “trae, como siempre, aspectos de dolor y de nostalgia, pero tiene un tinte esperanzador y de agradecimiento, en el ejercicio de ver las pequeñas grandes cosas del día a día: los detalles en los cuales nos podemos enfocar, frente a lo difícil del mundo. Frente a las cosas tan grandes y dolorosas que vivimos, quizá la felicidad esté en esas cosas chiquitas de nuestra cotidianeidad. Ese es el refugio, y el ejercicio es agradecer por ellas: abrir los ojos todos los días, enfocar y poder percibirlas”.

«Siento que no se me puede encajar en un solo estilo, y eso es lo que me identifica como persona y como artista». Fotos: Gentileza de la artista
–¿Qué lograste confirmar con tu nuevo disco?
–Creo que, como en todos mis trabajos, no hay un solo estilo musical: hay una mezcla de estilos en un mismo álbum. Por ejemplo, siempre traigo algo más folk, como Fósiles, pero mis referencias musicales son muy variadas. Siento que no se me puede encajar en un solo estilo, y eso es lo que me identifica como persona y como artista. También dialogo con los referentes que me marcaron el oído y el corazón musical durante toda mi vida, y siempre pienso qué es lo más adecuado para decir en cada momento.
–Tras el evento con León Gieco y la comunidad armenia del 28 de abril, ¿cuáles son tus planes? ¿Vas a seguir viviendo en Armenia o querés volver a la Argentina?
–La verdad, no lo tengo definido aún. Pero estoy pensando en poder estar en Argentina más tiempo, porque extraño y quiero volver a hacer más proyectos musicales acá: tengo muchas ganas de colaborar con otros artistas. Por supuesto, ya tengo canciones para grabar otro disco. Quiero seguir haciendo talleres de composición y formarme más como autora y compositora. Esa es la idea para los meses que se vienen.
–Cuando estás en la Argentina, ¿qué extrañás de Armenia?
–Mi casa en Gyumri, porque le puse mucho amor a ese hogar. Es una casa antigua y tiene algo de museo para mí. Eso es lo que yo más extraño de Armenia: el lugar que yo me armé para vivir allá.
–¿Qué recuerdos tenés del proyecto Una provincia, una canción?
–En agosto de 2019 lo empezamos a grabar y fueron varios meses de gira, de rodajes y de registros. Cada lunes se subía un episodio de los diecinueve y eso duró cinco meses, hasta 2020. Nos sorprendió la repercusión que tuvo dentro y fuera de Armenia. Creo que fue lo más importante que hice en mi vida en muchos niveles: tener una idea, conseguir una gran beca de la organización Birthright Armenia y concretar el proyecto en tan poco tiempo. La investigación fue súper intensa, con los músicos de cada región y con distintos estilos. Fue un laburo muy grande y un gran desafío como gestora y artista. Y, sobre todo, es enorme lo que significó para mí como argentino-armenia: pudimos recorrer Armenia y Artsaj de punta a punta y conocimos un montón de gente muy interesante, con muchas historias y detalles culturales de cada lugar. A mí, como mujer armenia de la diáspora, me cambió bastante la vida y es algo que no voy a olvidar jamás.