Barco Hospital se titula el nuevo disco del compositor rosarino Adrián Abonizio. Un recorrido por 14 canciones, algunas inéditas y otras que ya formaban parte de su repertorio. Lo acompaña La Experanza, banda conformada por diversos músicos de la ciudad. “Hicimos todo lo necesario para estar felices de la vida con este disco y lo logramos”, dice.


Pieza fundamental de la movida que la prensa porteña bautizó como “la trova rosarina”, Adrián Abonizio muestra sus nuevas canciones, algunas creadas recientemente y otras que ya estaban en su repertorio pero aún no habían sido grabadas y registradas. Barco hospital, editado en formato digital por el prestigioso sello nacional Acqua Records, se publicó completo en plataformas este 5 de setiembre. Son catorce canciones, seis de las cuales Abonizio las fue dando a conocer desde agosto como adelantos en formato de singles.

En este trabajo, el creador de El témpano reafirma su talento como hacedor de canciones y contador de historias. Autor de clásicos como Mirta de regreso, considerada por la revista Rolling Stone como una de las cien mejores canciones de la historia del rock, sus temas siguen alimentando repertorios de grandes artistas de la música popular argentina.

En la producción del material trabajó un numeroso y notable staff. El trabajo técnico fue realizado por Renzo Alberá (grabación, edición y mezcla), Ignacio Ravagnan (asistente de grabación) y Carlos Altolaguirre (masterización).

Los “hacedores” del sonido del disco fueron Julián Cicerchia y el salteño Javier Rivero Goytia, quienes produjeron los arreglos y se ocuparon de las guitarras eléctrica, clásica  y acústica, además de la voz y los coros en casi todas las canciones. Con Cicerchia, Abonizio ya había publicado Satamente, un disco de tangos que selló la química musical entre ambos. El sólido y potente soporte musical incluye la labor de Rolo Verón (batería y percusión) y Bernardo Daluicio (bajo eléctrico, fretless y contrabajo).

Abonizio y La Experanza. Fotos: Gentileza del artista

En medio de las grabaciones, Abonizio bautizó al grupo de compañeros como La Experanza.  “Le puse así, con mucho sentido del humor, porque me encontré con gente muy creída de que la música realmente ayuda. Y bueno, se encontraron conmigo, que soy un tipo limitado para hacer arreglos. En este disco me saqué la grande con estos chicos con los que estoy laburando”, reconoce.

El proceso que desembocó en la edición del disco se inició a fines de 2023, continuó durante el 2024 y se completó este año. Abonizio fue puliendo canciones y repertorio, dejando afuera algunos temas y  mejorando otros. El tema Barco hospital es una obra que Abonizio creó hace más de cuarenta años. “En los años 2000/2001, cuando se estaba viniendo el mundo abajo, toqué en un bolichito en Buenos Aires y una amiga mía se emocionó con ese tema. No le cambié una coma, habla de que la gente espera más cosas, que no nos conformamos con lo poco que hay, que extrañamos cosas que a lo mejor no sucedieron, eso viene con la nostalgia que, como la melancolía, son muy importantes porque es el momento en que uno puede pensar en hermosos tiempos idos y también en lo que esperás del futuro”, cuenta el autor.

Las letras de los temas están plagadas de guiños y referencias que le surgen a Abonizio por su voracidad como lector atento y porque se nutre de varias fuentes a la hora de escribir. En Cinco corazones, por ejemplo, hay citas de frases de Edgar Allan Poe o de Atahualpa Yupanqui. “Para escribir letras es imprescindible leer mucho, interesarse por las grandes lecturas importantes como son La divina comedia, La biblia, El Corán y otras, porque si no, uno no tiene referencia, uno cree que escribe bien y cuando te encontrás con estos monstruos decís «tengo que empezar a escribir bien». A mí me gustan las citas, de Borges, de Pou, de Conrad, del Martín Fierro, porque son muy certeras, son palabras que uno no puede desarrollarlas, las pone textual y  se sigue con la idea”, explica. Con un ritmo en clave caribeña y también rioplatense, el tema cuenta con la participación del pianista Alan Rippari.

“En ese sentido, creadores que escriben canciones sienten que han llegado a un gran hallazgo, pero siempre hay alguien que antes lo dijo o lo pensó. A lo mejor no se dijo explícitamente, pero la idea quedó de leerlo. Uno tiene que, como se dice, “robar con delicadeza”. Yo veo una buena idea de alguien que escribe, le cambio el adjetivo, pero la idea me la quedo. También me fijo mucho en los grafittis, en los dichos y en las cosas cortitas que tiene nuestro gaucho criollo, porque eso tiene todas las dimensiones culturales del mundo, de los márgenes, el lunfardo también dice verdades extraordinarias. Yo me nutro de eso, no me hago el raro. Algunos tienen distintos tipos de traumas, mi trauma es que no soporto no leer y no soporto no escribir”, sintetiza.

En varios de los temas predomina el culto a la pasión, que es lo que despierta la escucha. Canción de extramuros relata cuestiones del barrio y sus personajes, El amor en todas partes cuenta historias cotidianas con recuerdos de infancia, del barrio y de la lucha que bien podrían integrar un cuento literario. Calle Paraná tiene un ritmo pegadizo, bien pop, que habla de una esquina, del cine del barrio, de ver el  tren pasar “silbando soledad”, ansiando encontrar un amor. “Dentro del grupo pasa algo extraordinario, nosotros nos emocionamos de lo que estamos haciendo. Cuando estás con tu colega tocando y al tipo se le cae un lagrimón, esa es la emoción verdadera, surge la humildad de pensar «ojalá que esto le suceda a la gente, que le toquemos alguna pequeña fibrita», sostiene.

En el grupo no hay liderazgos, Abonizio escribió los bocetos y el resto le dio forma, un trabajo similar al que realizó con La Máquina Invisible en aquel disco tanguero con la joven agrupación rosarina. Incluso, repite la decisión de registrar las canciones haciéndolos partícipes a los compañeros arregladores como autores. “Cuando te vas metiendo en el mundo de la música, te hacen creer que si uno le da un pedacito al otro te quedás sin nada, te convertís en una persona muy egoísta, muy temeroso de que no vas a cobrar nada de Sadaic o que el otro te va a hacer sombra. Me di cuenta con el tiempo de que las canciones que hacía no las terminaba yo, sino el arreglador”, confiesa al respecto. “De ahí en más, todo lo que hice lo compartí con otro, no por humildad o por demagogia, sino porque me parece que es justicia”, agrega.

Los aires y ritmos folklóricos estuvieron siempre en sus ideas musicales. Hombre de río es un chamamé. “Es una música sensible, emotiva y «para arriba», no sé tocarlo, pero me imbuí de las ideas, lo veo querendón y bien criollo. Este chamamé lento tiene la misma armonía que Oración del remanso. Cuando con Goldín conocimos este tema de Fander (Jorge Fandermole), nos agarró una hermosa envidia y por eso siempre digo que hay aprender de los que saben más, no de los que saben menos”, apunta. Acá participan Nieves Rosell y Rosa María Torres (voces) y Antonio Olivera (percusión) y Mauricio Boechi produce con su acordeón la atmósfera litoraleña que requiere la canción.

La carrera habla de las prohibidas carreras de galgos. El tema necesitaba un relator de esas contiendas y para tal fin Abonizio eligió a Jesús Emiliano, el comunicador de Bombal que relata el fútbol en Radio 2. “Jesús siempre me manda algunos relatos de goles maravillosos y cuando le propuse me dijo «sí querido, es un honor y un orgullo estar ahí, agradezco mucho», siempre con el tono épico que lo caracteriza. Es un amigo entrañable”, explica con risas.

Retrato de cocina, La niña Santa María, Daiana y Ramoncito, el pájaro fantasma, son temas en que destacan vocalmente Cicerchia y Rivero. En Adiós al dragón, también  interviene como cantante invitada Noelia García. Zapatitos de alelí dispara imágenes sensibles: es la historia de la hija de un albañil paraguayo que hace equilibrio en el andamio y que sigue atentamente el despertar de su niña.

Puntos cardinales es la obra que cierra el disco. Nuevamente con la participación vocal de Nieves Rosell, el tema transmite esperanza, reivindica la pertenencia a un país y sostiene firme la propuesta de no aflojar con los sueños. El armado de la canción tiene un cierre ideal y espectacular, deja al oyente con el envión que se necesita para salir al mundo con toda la energía necesaria para seguir viviendo pese a todo.

En “tiempos pandémicos”, a estas canciones se las definía como “canciones sanadoras”. El creador de Dios y el diablo en el taller, afirma que “la palabra puede ser un tormento o un alivio, en este caso las considero un rayito de luz  que alivia y fortalece”. “Queda mal que yo lo diga, pero pienso que es un gran disco, estoy orgulloso del resultado, hicimos todo lo necesario para estar felices de la vida con este disco y lo logramos”, concluye.

La generosidad explícita de Abonizio permite que en este disco luzca todo el equipo. La certeza de su lírica permite que, con realidad o ficción, las canciones posean ese anclaje en la vida cotidiana que hace que el oyente se identifique con las historias que se cuentan. Y, como si fuera poco, Abonizio y La Experanza lo ofrecen  con belleza estética y arte mayor.

 

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