El dúo rosarino está integrado por Gisela Stival en voz y bandoneón y Andrés Guzmán en guitarra y voz. Acaban de editar su primer disco, que también se llama Río Sur. Repasan piezas del cancionero popular y suman una composición propia. Viajaron por Europa, África y Asia difundiendo nuestra música popular.
Es conocida la predilección de los rosarinos por la canción, pero manifestada por un creciente movimiento tanguero y joven en la ciudad, el tango viene abriéndose paso desde hace bastante. Es fuerte el vínculo que los artistas van adquiriendo con el río, respirando la cercanía, por ser ciudad ribereña que mira constantemente al Paraná. Los abraza la urbanidad, pero los incentiva el fluir del agua que los lleva a gestar una canción nostálgica, con tintes tangueros.
«Y decís que un tango errante / no te hace perder la calma/ y que no te llora el alma/ cuando gime un bandoneón/ y si tenés sentimiento lo tenés adormecido / pues todo lo has conseguido / pagando como un chabón…«, escribió Celedonio Flores allá por 1926, en el tango Muchacho, y en este disco viene a demostrar que la coexistencia de épocas está presente en todo el género.

Río Sur. Fotos: Mariano Ferrari
Todas esas expresiones, tradicionales y nuevas, se van fundiendo en bandoneón y guitarra. Se enlazan, se dibujan y se vuelven a enredar. Logran llegar bien lejos minimizando sonidos, pero con acertados arreglos y con una interpretación contemporánea. Estos instrumentos fundamentales con los que el dúo declara sus principios aportan un sonido popular y el aire criollo necesario para definir su repertorio como música argentina. Aquí y en todo el mundo.
Río Sur es el dúo y Río Sur es el disco. Ambos artistas son trabajadores incansables de la escena tanguera rosarina; sin embargo, en el disco hay zambas y chacareras junto a tangos y milongas. Éste es su primer trabajo editado y sintetiza el recorrido artístico de Gise Stival en voz y bandoneón, y Andrés Guzmán en guitarra y voz.
Sus voces empastan perfecto, las melodías son fieles y Río Sur versiona así, sin distorsionar los originales, temas muy reconocibles que han sido poco abordados. Agüita demorada, chacarera de los Hnos. Núñez; la milonga de Rafael Amor, El mate lavao; o el rescate amoroso de aquella zamba de 1963, Mi pueblo chico, de Luis Pérez Pruneda y Adela Christensen son algunos valiosos ejemplos. No falta Armando Tejada Gómez con una honda poesía cantándole a Mendoza su Zamba de los adioses, ni la dupla Charlo/H. Manzi, Celedonio Flores, Pedro Maffia, o Aníbal Sampayo. Y una obra original del dúo: La mestiza, que justamente hace alusión a la identidad cultural y a la antes mencionada fusión entre lo urbano y lo rural. «Yo soy la mulata brava/ nací en el arrabal/ hija de tu negra hermana/ sangre del pastizal/ navegante de las aguas/ chacarera en el andar…»
El dúo tiene más viajes que edad. Hicieron escuela recorriendo una impresionante gama de paisajes que constituyen la materia prima para próximos proyectos. A la vez, nuestra identidad viaja en las valijas con ellos a cada nueva región y se disemina como parte de una tarea tan artística como educativa. Todo un desafío que Río Sur asume en cada viaje compartiendo este relato musical argentino con públicos diversos y estableciendo una conexión emocional que trasciende los muros que construye el idioma y que bien sabe derribar el arte.
Río Sur se presentó en el Museo Estévez, la Biblioteca Argentina y la sala Lavardén; en el interior, lo hicieron en el Cabildo de Salta, La Usina Cultural y el Museo Arqueológico de Cachi; participó también en el Tercer Simposio Internacional sobre Redes y Ciudades Inteligentes de Bariloche.
A nivel internacional, el dúo giró por Europa y África visitando países como España, Portugal, Alemania, Polonia, Austria, Dinamarca, Suecia, Albania, Luxemburgo, Túnez y Egipto. Dictaron talleres sobre música popular argentina en prestigiosas instituciones como el Instituto Superior de Música de la Universidad de Túnez, el Słupski Orodek Kultury (Polonia) y la Academia Sadat de Ciencias de la Gestión (Egipto), llevando la música argentina a audiencias internacionales.
Andrés Guzmán es músico, docente y productor. Guitarrista, cantante, compositor y arreglador, con más de veinte años de trayectoria en proyectos vinculados a la música argentina. Egresado de la carrera Formación Artística para las Industrias Culturales. Ha integrado y dirigido diversas formaciones, como la Orquesta Escuela de Tango de Rosario y el Ensamble de Guitarras de la Universidad Nacional de Rosario. Forma parte de Escolaso Guitarra Tango Trío, con el que participó en festivales internacionales en Europa y América Latina. Ganador del Primer Premio del XIV Concurso de Guitarristas de la Asociación Guitarrística de Rosario (2005), Ganador Pre Cosquín 2011, y el Premio Rosario Edita 2022 al Mejor Álbum de Tango.
Gise Stival es cantante, docente y compositora. Formada en la Escuela Municipal de Música de Rosario y en Canto Lírico de la Universidad Nacional de Rosario, ha desarrollado una amplia trayectoria vocal atravesando distintos géneros, con especial dedicación al tango. Integró agrupaciones como la Orquesta Escuela de Tango de Rosario, la Orquesta Típica La Maleva y La Máquina Invisible, con la que obtuvo premios en el Mundial de Tango y reconocimientos como Rosario Edita y Circulart Medellín. Actualmente forma parte del cuarteto La Llevada y desarrolla proyectos vinculados a la voz, el sonido y la tecnología. En 2021 fue galardonada por la Fundación Williams por el proyecto interdisciplinario Nación Chaná – Relatos Cantados al Oído.
Andrés y Gise cuentan: – Nos conocíamos de la escena artística rosarina, compartiendo escenarios e incluso agrupaciones. Hace unos tres años aproximadamente decidimos buscar un espacio más íntimo de diálogo entre las voces y los instrumentos y así nace este dúo conformado por voces, guitarra y bandoneón, instrumentos troncales y representativos de gran parte de nuestra música.
– Desde el vamos hay una relación muy directa del dúo con el paisaje, ¿cuánto influye eso en el repertorio?
– Proponemos un recorrido, una mirada, una escucha por los diferentes territorios de la canción, éstas cuentan sobre el paisaje, el trabajo, las costumbres, las alegrías, las preocupaciones. La idea es transitar por la diversidad de colores y emociones de cada ritmo para conocernos y reconocernos más todavía.
– ¿Cómo les fue por ejemplo en Túnez o en Egipto, donde nuestra cultura no converge tanto?
– Hay una gran puerta de entrada al público internacional que es el tango, el género argentino más difundido mundialmente. En casi todos los lugares que visitamos hay una milonga, o un lugar donde se aprende a bailar tango. Esa puerta grande permite además el acceso a otros géneros, ya que por costumbre en las milongas se suelen agrupar 3 o 4 tangos en «tandas», así lo mismo vals y milonga, y entre las tandas se pone una canción de otro género para fomentar que las parejas cambien, en ese lugar suelen poner chacarera, o zamba o chamamé, entonces la sonoridad de la música argentina se va filtrando. La gente de otros países que transita estos espacios tiene llegada a nuestra cultura. Fuera del ambiente del tango el público es muy receptivo con la mezcla de voces y la sonoridad del bandoneón. La barrera del idioma es difícil pero tratamos siempre de explicar de qué hablan las canciones, mientras que las emociones son capaces de trascender el idioma lingüístico y musical.
– ¿Cuál es el mensaje que tienen para llevar afuera y cuál es la enseñanza que trajeron de estas giras?
– Siempre tratamos de hablar del mestizaje. Lo decimos claramente en una de nuestras canciones «La mestiza»: somos una mezcla de culturas, de tiempos y de ritmos. La intención siempre es compartir quiénes somos como argentinos. Desplegar un poco el enorme abanico cultural sumado a la distancia que nos refuerza el sentido de pertenencia. Cuando encontramos la escucha atenta y el respeto nos da la certeza de que nuestra música tiene una vigencia y una potencia que a veces nosotros mismos, estando acá, no terminamos de dimensionar.
– ¿Cómo sienten esta tarea de representar a nuestro país en otros continentes??
– Lo vivimos con una responsabilidad cargada de amor y orgullo. Tenemos muy en claro que no vamos a «tocar», sino a difundir nuestra cultura y para eso estamos en todo momento formándonos técnicamente, investigando, leyendo. No sólo compartimos nuestro repertorio en el escenario; también brindamos talleres y charlas sobre la música argentina, tanto desde lo técnico musical como desde un punto de vista más vinculado a la música como territorio.
– ¿Río Sur es un proyecto terminado, logrado, o sigue vigente y modificándose?
– Río Sur es, ante todo, un proyecto en movimiento. Si bien el dúo se formó hace poco tiempo, ya hemos hecho varias giras por norte y sur de nuestro país y giras por Europa, y parte de Asia y África. Nuestro (por ahora) reciente primer disco surge de las experiencias vividas en las giras. La elección del repertorio está relacionada con mostrar una diversidad de ritmos representativos de nuestra música a través de canciones no tan versionadas. En el futuro próximo vamos a difundir este nuevo material, aunque ya estamos trabajando en una nueva producción. Nuestra música se sigue modificando a través de la experimentación y el juego constante entre nosotros. Cada concierto es una oportunidad para que el arreglo cambie o para que surja una nueva historia. El proyecto sigue muy vivo, nutriéndose de cada nuevo puerto y de cada nuevo encuentro artístico.