Misión Camila
“Abrazar la cosmovisión charrúa implica decidir cómo queremos vivir hoy”
El dúo conformado por Andrea Barreto en voz y Héctor Santomil en guitarra, compone y canta para reafirmar la identidad charrúa. Ambos integran la comunidad Charrúa Etríek (Entre Ríos) y sostienen el proyecto desde hace más de 20 años. “Esta indagación sobre nuestra propia identidad nos ha llevado a recorrer un camino profundo de reconocimiento”, dicen.
Desde el año 2003, Andrea Barreto y Héctor Senaque Santomil caminan juntos un mismo territorio: el de la música, la memoria y la identidad. Bajo el nombre de Misión Camila, comenzaron a dar forma a una experiencia artística que brota de lo más hondo de sus historias personales y comunitarias. Héctor escribe la mayoría de las letras; Andrea les da cuerpo y vuelo con su voz. Entre ambos, las canciones se vuelven un espacio donde lo ancestral respira. En esta nota hablan ambos sin distinción.
El vínculo con la identidad charrúa no apareció de golpe, sino como un llamado silencioso que esperaba ser escuchado. Integran la comunidad Charrúa Etríek (Entre Ríos), nacida de inquietudes que fueron creciendo con el tiempo. Una de las semillas de ese despertar fue el encuentro con Rosa Albariño, docente, escritora, artista e investigadora pionera del pueblo charrúa en Entre Ríos. En homenaje a ella se designó por ley provincial el Día de la Mujer Originaria Entrerriana. Su mirada, siempre atenta a los gestos de la historia, fue abriendo puertas.
En una reunión literaria que solían compartir, Rosa leyó un poema inspirado en una figura que pasaba frente a su casa. La sorpresa llegó cuando reveló que esa persona era el tío de Héctor. Ese simple detalle se volvió un golpe de sentido: ¿cuánto de la identidad negada o silenciada habitaba sus propias familias? ¿Qué voces estaban aún esperando ser nombradas?

«La canción es una forma de afirmar que seguimos estando». Fotos: Gentileza Misión Camila
A partir de ese instante, la búsqueda se hizo inevitable. Conversaron con abuelas y mayores, revisaron recuerdos, escucharon esas verdades transmitidas con cautela, en voz baja. Como en tantas comunidades indígenas, la historia había sobrevivido no en papeles, sino en la oralidad que resiste, aun cuando alguna vez se la quiso obligar a callar. Bastaba una frase –“nosotros somos indios”, decía la abuela de Héctor con naturalidad– para encender otra vez el camino hacia las raíces.
Rosa, con su curiosidad luminosa, fue también puente hacia otros espacios en Villaguay (Entre Ríos): grupos de escritores, encuentros artísticos, el proyecto Alternativa Cultural Independiente, donde cada participante aportaba desde su disciplina. Allí, entre lecturas, canciones y aprendizajes compartidos, Misión Camila comenzó a tomar forma. Andrea cantaba desde niña; Héctor, sin tocar instrumentos aún, encontraba melodías y palabras. Con compañeros y amigos aprendió guitarra y se animó a llevar a la música lo que ya vivía en la poesía.
Así nació este dúo que lleva más de dos décadas explorando su linaje y transformándolo en arte. Cada canción es un gesto de memoria; cada interpretación, una manera de volver a mirar sus raíces y, al mismo tiempo, proyectarlas hacia adelante. Porque para Andrea y Héctor, cantar es decir: “permanecemos”. Y en ese gesto, el territorio se vuelve sonido, y la identidad, un camino que sigue latiendo.
– ¿Cómo surge esa militancia en la temática pueblos originarios? ¿Cómo es auto reconocerse charrúas, decir “acá estamos” y empezar a militar la canción?
– Toda esta indagación sobre nuestra propia identidad nos ha llevado a recorrer un camino profundo de reconocimiento. Con el tiempo fuimos comprendiendo lo que significaba asumir aquello que había sido silenciado durante décadas, incluso siglos, e incorporarlo a nuestra vida cotidiana. Entendimos también que el autoreconocimiento es un proceso íntimo y personal: cada persona lo transita a su manera, según sus propios tiempos, posibilidades y convicciones.
Para nosotros, pensarnos desde el ser charrúa es también una opción de vida. Abrazar esa mirada y esa cosmovisión transmitida por generaciones anteriores implica decidir cómo queremos vivir hoy. En Misión Camila, esa identidad se vuelve palabra, música y expresión diaria: las canciones llevan mensajes que forman parte de nuestra forma de estar en el mundo, de comprendernos y de decirnos.
El arte fue el medio que nos permitió abrir y sostener esta reflexión colectiva. A través de él fuimos llegando, con el tiempo, a asumir plenamente nuestra identidad. Ese proceso lo hemos compartido con las generaciones que nos siguieron, muchas de las cuales ya nacieron dentro de esta búsqueda.
La incorporación de la música, del arte y de la escritura ha sido fundamental para acompañar este camino identitario. Nos ha permitido seguir pensando, profundizando y tejiendo la memoria de nuestros antepasados con nuestro presente indígena, en una continua reflexión que da sentido a nuestro ser y a nuestra práctica cotidiana.
– ¿Cómo es hacer música charrúa contemporánea?
– A lo largo de nuestro camino artístico hemos ido incorporando muchas influencias en nuestra música. Como le sucede a cualquiera que crea, partimos de ciertos géneros, exploramos otros, y desde allí vamos moldeando nuestro propio lenguaje. Preferimos no nombrar autores para no dejar a nadie afuera, pero son muchos los músicos populares latinoamericanos —de nuestro país y de los países hermanos— que despertaron en nosotros inspiración y admiración, y que marcaron, de un modo u otro, nuestro rumbo creativo. Todas esas voces, esos ritmos y esas poéticas fueron dándonos forma.
Pero también nos sumergimos profundamente en la música originaria: la de los pueblos guaraní, qom, mapuche, entre otros. Nos acercamos, además, a las expresiones de nuestros hermanos afrodescendientes que llegaron a estas tierras en condición de esclavitud y que, aun en ese contexto doloroso, conservaron y transformaron su música. Todo eso entró por nuestros oídos, pasó por la reflexión y encontró un lugar en nuestra manera de expresarnos. Así, poco a poco, fuimos construyendo la identidad sonora de Misión Camila. A esa trama se sumaron también influencias del folclore, del rock y de otros géneros que ampliaron aún más nuestro horizonte.
– ¿Por qué se llaman Misión Camila?
– La historia del nombre está profundamente ligada a nuestro origen. Somos parte de una comunidad del pueblo charrúa y nacimos y crecimos en ese contexto. Allí también criamos a nuestros hijos, que nos acompañaron desde siempre en los encuentros de música, pintura y muestras que organizábamos. Nuestra hija Camila, inquieta y curiosa, solía correr de un lado a otro en medio de esos eventos. Cada presentación era, literalmente, “una misión” con ella. Entre amigos, y casi en broma, surgió entonces el nombre: Misión Camila. Y así quedó, como un reflejo de nuestra vida familiar, de nuestras raíces y de ese recorrido artístico que fuimos tejiendo juntos.
– En su obra Somos dicen “esto que hoy somos es el efecto de ayer, quisieron sepultarnos, hoy seguimos siendo los marginados”, ¿por qué decidieron dar ese mensaje?
– En el disco Somos hay un tema que intenta contar, de alguna manera, lo que ha ocurrido con nuestro pueblo originario. Lo presentamos por primera vez en el contexto del 12 de octubre, fecha que nosotros nombramos como el Día de la Memoria, Verdad, Territorio e Identidad de los Pueblos Originarios de Abya yala. Fue allí donde esta canción encontró su sentido más profundo.
La letra recorre la historia milenaria y ancestral de nuestro pueblo: cómo nuestros mayores vivían en relación y en comunión con la naturaleza, en un equilibrio que configuraba su mundo y su espiritualidad. Pero también habla del quiebre, del momento en que la invasión irrumpió y transformó para siempre nuestra cosmovisión. Todo lo que hoy conocemos como marginalidad, pobreza o desarraigo tiene su raíz en esos genocidios; en ese proceso que buscó borrar nuestra existencia, silenciar nuestras voces y fragmentar nuestros territorios.
Muchos hermanos y hermanas de las comunidades debieron emigrar a las grandes ciudades en busca de trabajo. En lugares como Buenos Aires viven integrantes de pueblos originarios que tuvieron que dejar atrás su familia, su cultura, su historia y hasta su lengua. La lengua, sobre todo, ha sido callada tantas veces para poder sobrevivir en la metrópolis. Ese silencio obligado también es una herida de la colonización.
Y sin embargo, a pesar de todo, estamos acá para decir que no desaparecimos. Que no pudieron exterminarnos. Que seguimos presentes. La canción —como las artesanías, el arte, la palabra y todas las expresiones culturales que creamos— es una forma de afirmar que seguimos estando, seguimos luchando y seguimos resistiendo.
– ¿Cómo ves la actualidad de los Pueblos Originarios en Argentina? “Como pudo suceder que esto haya pasado…y siga sucediendo” dicen en un tema.
– La realidad que atraviesan nuestros pueblos originarios la sentimos cada vez más complicada y difícil. Si bien la lucha sostenida durante tantos años permitió conquistar ciertos derechos —como el reconocimiento constitucional de nuestras identidades ancestrales, la consulta previa, libre e informada y diversas leyes vinculadas a la interculturalidad y a la tierra—, también vemos cómo esos mismos derechos hoy están siendo vulnerados.
A pesar de los avances formales, las organizaciones y representantes indígenas de todo el país seguimos reuniéndonos, debatiendo y levantando la voz para defender lo que nos corresponde. Sin embargo, la derogación de leyes fundamentales, como la 26.160, que impedía los desalojos de las comunidades, evidencia que el proceso de colonización continúa vigente. Esa fuerza histórica que avanzó sobre los pueblos originarios sigue actuando, empujando contra las identidades, los territorios y los derechos de estos pueblos milenarios.
El panorama es complejo. Muchas comunidades viven en condiciones de pobreza extrema, lo que dificulta incluso la posibilidad de encontrarnos entre nosotros: cada reunión implica un gasto que la mayoría no puede afrontar. En numerosos territorios persisten los desalojos, los amedrentamientos y los atropellos, mientras que estas situaciones casi no encuentran lugar en los medios de comunicación ni en la agenda política, salvo cuando intervienen comunicadores indígenas o medios sensibles al tema. La sensación general es que, en los últimos años, hemos retrocedido significativamente, no solo en Argentina sino también en otros territorios de Abya Yala, donde se experimenta un clima igualmente alarmante.
Frente a este escenario, buscamos estrategias para seguir adelante, para reencontrarnos y fortalecer la unidad de los pueblos. Creemos en el poder colectivo, en la necesidad de caminar juntos para revertir estas realidades. Mientras tanto, las injusticias siguen ocurriendo —como lo expresamos en la canción Historia Silenciada—, pero también sigue viva la convicción de levantarnos y resistir.
Desde la música intentamos transmitir esa fuerza y ese despertar. Nuestra expresión artística es una forma de mantener viva la memoria de nuestros ancestros, quienes lucharon para que hoy existamos y sigamos buscando un futuro digno. Todo lo que hemos construido durante más de veinte años en nuestras comunidades, a través del dúo Misión Camila, es fruto de esa herencia ancestral y de la decisión de no renunciar a nuestra identidad ni a nuestra voz.
– Que significa Hiumen Bascuade y cómo fue el rescate de la lengua charrúa?
A pesar de que nuestra lengua no tuvo una transmisión oral sostenida, todavía conservamos vocablos que quedaron allí, como semillas esperando su tiempo. Siempre decimos que es una lengua dormida, y que la forma de despertarla es traerla a nuestra vida cotidiana: cantarla, escribirla, nombrarla. Así recuperamos parte de lo que somos, porque la lengua es rica, y pensarnos desde esa lengua madre es también un modo de volver a encontrarnos con nuestra cultura. Por eso algunas de nuestras canciones están en idioma charrúa.
Entre ellas está Hiumen Bascuade, que quiere decir «Pueblo, levántate». En ese tema combinamos palabras charrúas con versos en castellano que ayudan a sostener el sentido. Son pocas las palabras en nuestra lengua, pero conceptuales, cargadas de historia y fuerza. La canción invita a nuestro pueblo originario, y también a todo el pueblo en general, a levantarse, a unirse y a caminar juntos para resistir y seguir luchando por los derechos que nos han sido quitados y vulnerados.
En el videoclip de la canción aparecen imágenes del Malón de la Paz, el último, el tercero, que se realizó en Buenos Aires. Ahí vimos muchas situaciones difíciles, pero también mucha dignidad. Hubo recitales, una muestra artística permanente, y participaron muchísimos artistas; entre ellos estuvimos nosotros, Misión Camila, presentes todos esos días en Plaza Lavalle. Cada jornada se hacía una marcha alrededor de la plaza, cerca del Congreso. Y aun así, estando en la capital del país, todo eso pasó desapercibido para muchos medios. Esa invisibilización tiene que ver con la negación hacia nuestros pueblos. Como dijimos antes, no estamos en la agenda política ni en los intereses de quienes deciden qué se muestra y qué no.
Galeano dijo una vez que los pueblos originarios no somos el problema, sino la solución a todo lo que se vive socialmente. Y lo sentimos así. Por eso la fuerza —como dice también nuestra canción— está en la madre tierra, que es quien nos inspira, quien nos alienta a juntarnos, a debatir y a caminar hacia esa gran marcha visible y contundente donde el pueblo unido pueda recuperar los derechos que nos han arrebatado.